martes, 6 de diciembre de 2011

10° CAPÍTULO





Pasé la noche sola y confundida.
El día llegó y al fin hoy sería libre. Me levanté, me bañé y me puse la ropa que encontré que era la misma que traía el día que entré.
Me vi al espejo, recordé lo mal que me veía hace unos días. Ahora, me sentía mejor, pero aún así no pensaba salir de ese hospital con la cara lavada. No tenía ni un delineador, así que con los lentes de sol bastaría al menos.
Tendí  la cama, dejé la bata doblada y me coloqué el reloj de mano. Eran 6:30 de la mañana. Me senté en el sofá en el que había estado Bill la noche pasada. Suspiré.
Tenía que ir por mis maletas y mudarme al nuevo departamento. Andreas debía seguir en Italia con Shania sin saber que su “esposa” por poco muere.
-Y por idiota.-me dije a mí misma. Tocaron la puerta muy despacio. El doctor normalmente entraba sin tocar. Fruncí el ceño y fui a abrirla.
-Vai, estás despierta… ¡A esta hora!-se sorprendió al ver su reloj.
-Tom…-sonreí- Ya no aguanto un día más. Quiero ir a mi apartamento y… quiero decir al departamento  de Andreas y sacar mis cosas.
-¿Te vas?-me miró extrañado.
-Sí, compré uno hace unos días antes de… de venir aquí. Necesitamos tiempo y es mejor que él se quede con el departamento y yo me busque el mío.-bajé la mirada al suelo. Tom lanzó un largo e interminable bostezo.
-¡No entiendo qué haces aquí!-negué con la cabeza riéndome. Él no solía levantarse temprano.
-Bill tiene la culpa. Iré por café, ¿Quieres algo?
-Sí, chocolate caliente con café. Vainilla francesa, por favor. Mediano.
-Vale.-se dio media vuelta y se fue. Me asomé a la ventana, estaba un poco nublado y con una leve neblina, parecía que el día sería frío.
-Y yo no tengo ni una chaqueta conmigo.-murmuré cruzando los brazos.
-¿Contemplando la ciudad?
Di un respingo del susto y me giré. Era Bill apareciendo a mi costado, fruncía los labios y su mirada se perdía en algún lugar de la ciudad.
Me sentí muy incómoda y a la vez feliz de tenerlo ahí. Digamos que la noche anterior no había sido muy confortable.
-Sí… creo.-titubeé. Tenía tantas preguntas asaltando mi cabeza, quería saber porque se fue sin decir nada, que pensaba de lo que le dije y… quería pedirle que tome mi mano y me llevara a algún lugar donde no exista el dolor, la tristeza, donde estemos solos él y yo… para siempre.
-Creo que te asusté. Lo siento.-se disculpó. Levanté la vista a sus ojos de nuevo, él no correspondió. O no quería mirarme o bien no se había percatado de que lo miraba… lo cual era absurdo. Él no era ningún tonto.
-¿Tengo algo en la cara?-soltó de pronto dirigiendo sus ojos cafés a los mío muy sutilmente.
-N-no… nada.
-¿Por qué no dejas de mirarme?
-¡Arg!-renegué de mi misma y fui de nuevo al closet vacío fingiendo arreglar algo. Tenía que pensar en algo que decir…
Con el rabillo del ojo me percaté que se apoyó en la pared y cruzó los brazos. Intenté mirarlo, tenía los ojos clavados en mi espalda.
Regresé mi vista al closet y a lo que hacía. Doblar por cuarta vez la bata del hospital. Me preguntaba si aún me miraba… con cuidado, levanté la vista y… ¡Genial! Seguía mirándome muy serio.
Lo miré una vez más, dos… ¡Diablos, seguía observándome!
-¿Tengo algo en la espalda o en la cara?-inquirí con un tono molesto.
-En realidad, eso es lo que me sorprende. No tienes nada de maquillaje. No te veía así desde…
Se calló. Quitó la vista de mis ojos y ladeó el rostro. Rió nervioso.
-Desde hace… años.- me miró de nuevo y no me di cuenta que se había aproximado a mí y estaba ya muy cerca mío. Acercó su rostro al mío, mi respiración aceleraba. ¡Cómo le gustaba jugar conmigo!
-Tengo delineador si necesitas.-sonrió dulcemente.
-Gracias, pero no lo quiero. –repliqué sin pensar acercándome incluso un poco más.
-¿Estás segura?-sonrió captando mis pensamientos en el aire. Se aproximó aún más. Podía ver la pupila de sus ojos perfectamente, podría describirla detalladamente al igual que los lunares en su rostro.
-Sí…-me acerqué más mordiéndome los labios.
Miré los suyos, estábamos a centímetros, oía su respiración. Bill echó vistazo a mis labios. Íbamos a juntarlos. Después de 8 años… yo ya no podía dar un paso atrás. Estaba debilitada. Un estornudo nos recordó que no estábamos solos.  Se dio media vuelta tomando una gran bocanada de aire y estirándose como si nada hubiera pasado. Tom apareció en la puerta con un poco de papel higiénico.
-Creo que me resfrié.-dedujo estornudando de nuevo.
-¿Mi vainilla francesa?-me aproximé. Saqué mi vaso, iba a beber un sorbo cuando el doctor me quita el vaso de las manos.
-¡Echada! Ultima chequeada.
Fruncí los ojos y me eché. Me revisó mientras Tom seguía estornudando y Bill observándome.
-Listo. Tiene que regresar en una semana para su cita con la psicóloga y un chequeo más. Si no toma las pastillas lo sabré, así que no me engañe o pretenda hacerlo.
Me guiñó un ojo, me deseó buena suerte y se fue.
-¡Vámonos!-musité feliz. Cogí los lentes de sol y me los puse. Sentí que me colocaron una chaqueta en los hombros.
-Hace frío.-puntualizó Bill, muy serio. Se había quitado la suya para dármela. –Tom, ve trayendo tu auto. Nos encontramos en la entrada principal.
Mi hermano asintió y se fue. Otra vez los dos, solos. 
Caminamos en silencio hacia la puerta de entrada. Sentía claramente que me miraba de vez en cuando como si esperara algo de mí.
-Escuché que te mudarás.-rompió el hielo de pronto.
-Sí… planeo hacerlo hoy. Pero antes, quiero visitar a mamá y darle la sorpresa.
-En realidad ella sabe que salías hoy. Se lo dije en la mañana.-me avisó formando esa típica sonrisa torcida. Como me gustaba…
-¡Genial! Mi plan se arruinó.-comenté sonriendo.
-Entonces… iremos a ver a mamá y de ahí te dejo en tu… departamento.-puntualizó. Me detuve.
-¿Iremos?-pregunté alzando una ceja.
-Sí, escuchaste bien.-se detuvo para responderme y siguió avanzando obligándome a correr para alcanzarlo.
-Pero tú… ¿La poodle no vino contigo?
-¿Perdón?
-¡Sophie! Tu novia, Bill…-intenté no sonar desesperada por saberlo.
-No, ella se quedó en Los Ángeles. Genial, ¿No?
-Pareciera que tu novia te agobia…
-Hay veces que… necesito espacio. Es un poco asfixiante, dominante e… inquieta.
-¿Dominante? ¿A qué te refieres?-bajé la mirada al suelo mientras sonreía. Bill lanzó una risita nerviosa.
-Pues… no sé cómo explicarlo.
-¿Insaciable?
-¿De qué hablas?-se sorprendió.
-Olvídalo. No lo sé…

Quería o pretendía saber si ellos mantenían una vida sexual activa. Imaginarlo en brazos de una rubia hueca me daba… ¡Cólera!... o quizá celos.

Llegamos, Tom ya nos esperaba afuera. Fuimos como lo planeé, a la casa de mamá, saludé a Gordon, reímos un poco y tomamos desayuno. Era extraño estar con ellos después de tanto tiempo. Todos juntos como una… familia.

-Sí mamá, me cuidaré. Te llamaré apenas termine de instalarme.-la abracé fuertemente.
-¡Promete que no te olvidaras!-asentí.-Te quiero, Vai. No olvides que las puertas de esta casa están abiertas para ti siempre.
-Lo sé. Adiós. Te quiero.
Salí de casa algo melancólica.
-Iremos en mi auto.-apareció Bill.
-Tom no… viene.-me percaté mirando hacia atrás.
-No. No quería. Yo te llevaré. –me guiñó un ojo y se subió a su auto.
Tragué saliva. Intenté abrir la puerta de atrás, estaba con llave. Bill abrió la puerta de copiloto.
-Ven, a mi lado.-me llamó. Era exactamente lo que no quería. Estaba muy confundida y… estar a su lado me confundiría más.
-Antes, iremos a mi departamento un momento. Olvidé algo y necesito sacarlo. ¿Te parece?
Asentí sin mirarlo.
Prendió la radio, escuchábamos Aerosmith. El tarareaba una canción mientras yo pensaba en Andreas. Me dolía tanto lo que nos estaba pasando. Tenía ganas de llorar. Odiaba el amor. Pero es imposible vivir sin él…
Te puede hacer sufrir como también ser la persona más feliz del mundo.
Te puede hacer llorar como también sonreír.
Te puede hacer razonar o volverte loco.
Te puede volver débil como también darte fuerzas.
El amor puede hacerte desear la muerte como también desear la vida…
Es tan complicado y a la vez sencillo.
-¡Maldito bipolar!-susurré mirando por la ventana, insultando al amor.
-¿Me hablas?-bajó Bill el volumen.
-No…
Detuvo el auto y se bajó. Quedarme en el auto me pareció una idea genial, así no tendría que pasar más minutos incómoda a su lado… pero abrió mi puerta educadamente.
-Vamos.
Tuve que bajar. Yo sólo lo seguía. Subimos por el ascensor. No pude evitar verme en el espejo. No me sentía bien sin maquillaje y algo despeinada.
-Estás linda.-intervino. Lo miré por el espejo y sonreí.
La puerta se abrió. Llegamos a su apartamento. Pude percibir el olor a cigarro en la sala.
-No deberías fumar.-lo regañé muy seria
-No puedo evitarlo, me relaja…-frunció los labios mientras abría las cortinas.
-Deberías cuidarte.
-¿Qué harías si me pasa algo?-inquirió dejando de hacer lo que hacía.
Clavé los ojos en los suyos. Me había preguntado eso hace muchos años. Pero no lo pensaba desde hacía tiempo. Tenía la mente ocupada con Andreas o bien evadía esa pregunta…
Simplemente moriría si a Bill le pasara algo. No podría ni imaginarlo. Preferiría ser mil veces yo la que sufriera en vez de él… Aunque pensándolo bien, ya lo había hecho sufrir… más de una vez.
-¿Qué sentiste cuando creíste que había muerto?-respondí con otra pregunta.
-Responde la mía y yo responderé la tuya.
Lo pensé bien. Debía escoger las palabras adecuadas para decirlo… no quería sonar desesperada.
-Pues… yo no lo sé. –alegué mirando a otro lado.
Las palabras adecuadas… Bravo Violet. Te mereces un premio.
-…Si quieres ve algo de televisión mientras busco algunas cosas.-encendió la TV, lanzó el control al sofá y se estaba yendo. Era como si no hubiera escuchado mi respuesta.
-¡Hey, respóndeme ahora! –le exigí. Tenía mucha curiosidad de saberlo, de alguna u otra forma ya lo sabía…
-Eres una tramposa, Violet. Pero no es necesario que respondas. Yo si te diré la verdad… deseé ser yo el que muriera. Quería pedirle a Dios, decirle que se lleve mi alma a cambio de la tuya… deseé estar en tu lugar…
Se aproximó a mí lentamente, mirándome afligido. Sus ojos miraban los míos. Observaba mis cabellos, mi rostro con detenimiento. Llevó un brazo tras mi espalda.
-Deseé la muerte. Si tú dejas la tierra, ¿Por qué yo querría quedarme?
-Sophie, es tu novia…-contesté veloz al percatarme de lo cerca que estaba.
-Sabes que no la amo, Violet.
-¿Entonces qué haces con ella?-repliqué sintiendo su respiración en mi cuello. Yo no me movía a pesar de que mis 5 sentidos me lo clamaban. Ahora tomaba mi cintura tímidamente, paseaba su nariz de mi cuello a mis mejillas y mi frente, tenía los ojos cerrados.
-Intento llenar un vacío, Vai…
-¡Entonces por Tom, nuestra madre! Ellos son suficiente razón para que te quedes…-intenté nuevamente con la voz temblorosa cerrando los ojos al sentir que dejó un beso en mi cuello.
-Ninguna razón me abastece tanto como tú… ¿Sabes cuánto he deseado este momento desde la última vez que te vi hace 2 años?
No respondía, la respiración se me iba lentamente, sus labios se acercaban a los míos con lentitud.
-Detente… Bill. Esto no es correcto. –ladeé el rostro sin éxito y totalmente débil. Frágil… iba a caer…
-¿Correcto?.... Intenté no pensar en ti, conocí a Sophie y creí  que podría intentar algo con ella, lo que sea con tal de continuar con mi vida, como tú me lo dijiste una vez. Todo este tiempo te he evadido… pero no puedo más.-dijo intentando buscar mis labios otra vez.
-¡Basta!-una lágrima resbaló mi mejilla. Aún así no me movía.
-Si tú me dijeras que también me amas como yo a ti ahora mismo, te juro que lo dejaría todo. A Sophie, la banda… todo, sólo por ti.
-Bill…
Llevé mis manos a su rostro y lo sentí húmedo. Él también lloraba…
Poco a poco me aproximé a sus labios. Sentía tantas ganas de besarlos a pesar de saber que no debería…

“Boda a la vista. Esta mañana,  Sophie Cricquets fue intervenida por los paparazzi en un centro comercial. Anunció ante cámaras que pronto, será Sophie Kaulitz.

Al escuchar eso, todas las fuerzas llegaron a mí de pronto. ¿Y me estaba diciendo que me amaba cuando estaba a punto de casarse con ella? Me giré a la televisión. Bill carraspeó pero hizo lo mismo. El momento “mágico” se había arruinado.

-¡Yo y Bill nos vamos a casar muy pero muy pronto! Ya lo hemos discutido y a ambos nos parece una idea genial. ¡No puedo esperar a ser parte de su familia!

Sería mi cuñada, ¡Genial! Rodé los ojos.

-¿Entonces está decidido?-preguntó un paparazzi.
-¡sí! ¿Puedo mandar saludos?-El paparazzi asintió.- ¡Hola mami Simone, papi Gordon!

Cambié de una expresión de ironía a una de indignación… ¿Mami Simone? ¡Pero qué…diablos pasa por la cabeza de las rubias para decir tanta estupidez!

Bill, Si ves esto, mi amor, ¡Te amo! Y espero que regreses pronto a nuestro dulce hogar.

-¿Escuchaste? Te está esperando.-sonreí sarcásticamente. Bill ladeó el rostro y se rascó la nuca.

Lanzó un beso y siguió con su camino saludando a todos.
-Así que esperamos con ansias la fecha de su boda. Regresando con Hayley Williams…


-Con que te vas a casar… - solté con ironía sonriendo para esconder mi enojo.- ¡Y me decías todas esas cosas…!-pero por supuesto, no pude esconderlo mucho- ¿Crees que soy una estúpida o qué?

¡Él estaba comprometido con una… una rubia!
Tomé mi cabeza en señal de desesperación.
-Es imposible… Yo no he… ¡Ni siquiera lo hemos conversado! ¡Vai no es cierto!-llevó las manos a su cabeza.
-¡No te excuses!
Iba a decirle unas cuantas horribles cosas más pero… pensándolo bien… estaba siendo una egoísta otra vez… ¡Una perra egoísta otra vez! Porque se supone que aún sigo casada…
Si lo quieres… su felicidad es la tuya, ¿No?... sí…
-¡No son excusas! Yo te amo y…
-¡Cállate!... escucha.-lo interrumpí.-Yo me casé, tú también puedes. Debes ser feliz…  así como te lo dije. Déjame ser la primera en decirlo. ¡Felicidades!
Ese dolor en la garganta otra vez… estaba reprimiendo mis ganas de llorar con fuerza. Quería salir corriendo… se iba a casar…
-¡No pienso casarme con ella!-gritó.
-¿No?
-No… No puedo… no la amo. ¡No puedo casarme con alguien a quien no amo!-gruñó molesto.
-¿Y qué piensas hacer? ¿Salir ante la prensa y decirles que tu novia mintió? ¿Hacerla quedar como una mentirosa?... y más hueca de lo que es…
Se quedó pensativo.
-¿Y por qué no?-replicó con el mismo tono que yo usé.
-¡Porque eres famoso! ¡No puedes desmentirlo! –chillé. -Estaré en el auto.

Salí de ahí lo más rápido que pude. Llegué al ascensor, me contuve hasta que la puerta se cerró. Me dejé caer y lo imaginaba caminando al altar con la rubia… De seguro se le vería hermoso con un terno oscuro… aunque Bill odiaba los ternos, ¿Qué vestiría para su boda?
-Algún día se tenía que casar, Vai.-me dije a mi misma. Intentaba hacerme sentir mejor… había pasado por varios días grises, pero este sí que fue negro…
¿Qué se siente ver que el amor de tu vida se vaya a ir para siempre de tu lado? ¿Qué se vaya a casar con alguien que nunca lo amará como tú? ¿Qué jamás sonreirá como sonreía contigo?
-Qué jamás será feliz como conmigo lo fue…-murmuré.
Traté de esconder la cabeza entre mis manos, pero el ascensor se abrió asustándome.
-¿Está bien?-susurró el hombre que ingresó preocupado.
-Sí… estoy… bien.-me puse de pie rápidamente sonriéndole y limpiando mis mejillas.
-Hace un poco de frío afuera.-comentó.
-Sí…
Hice con mis cabellos un moño y me puse lentes de sol.
-El sol ya no está. Parece que va a llover. Le aconsejo abrigarse. Será la noche más fría del mes.
El ascensor se abrió y el señor dio un paso al frente alejándose de mi lado. Me quité los lentes.
-La noche más fría… -susurré.-Peor aún para mí que estaré sola… y sin cama…
Lo vi abrazar a un niño de 8 años, pronto apareció una mujer con rasgos latinos y con un vientre de unos 5 meses… se veía dulce. Era una escena familiar perfecta. Se me escapó una sonrisa del rostro. El ascensor se cerró, me imaginaba con un niño… mi hijo… pero no pude visualizar al padre… Bill no podría ser porque… sería el tío y Andreas… ya no estaba segura de querer si quiera pensar en formar una familia con él.
Llegué al primer piso finalmente. El señor tenía razón. Ya no había sol como para usar lentes y hacía frío. Intenté darle calor a mis brazos desnudos sin tener éxito.
Quise abrir la puerta del carro y… ¡Sorpresa! Estaba con llave.
Golpeé mis piernas con las palmas y fruncí los labios.
¡Qué día! ¿Podría pasar algo peor?
Una gota fría golpeó suavemente en mi nariz.
Lluvia…  miré al cielo y tardaron en llegar miles de miles de gotas… empecé a lloverme y Bill no bajaba… podía tomar un taxi y así evitaba verle la cara después del amargo momento que pasamos, pero mis cosas se hallaban en su maletera…
Me distraje viendo los carros pasar por la autopista, la gente con sus paraguas… La alarma del auto sonó, muy agudo por cierto. Me giré y Bill ya había llegado. Las puertas estaban abiertas. Abrí la puerta trasera. No pensaba sentarme a su lado después de todo.
No compartimos palabra alguna en el resto del camino.
-No es necesario que subas.-le dije al llegar al estacionamiento de mi edificio.
-De seguro son más de una maleta. Déjame ayudarte.-contestó serio bajándose del auto.
Al bajarme yo, vi el auto de Tom afuera. Corrí a la puerta principal para evitar lloverme. Ahí estaba Tom con las manos en los bolsillos. Me sonrió al verme.
-Mamá me mandó. Dijo que si te vas a mudar, necesitarías manos. Aquí estoy.
-Sólo sacaré un par de maletas. No pienso tomar nada. ¿No te lo dije?
-No recuerdo… da igual, vamos.
Bill nos alcanzó pronto. Tomamos el ascensor hasta llegar a mí… nuestro departamento. Rebusqué la llave en mi cartera, la hallé y la introduje  a la puerta. Al ver adentro, todo seguía igual. El mismo olor a cigarro que fumé la última vez, todo en su sitio… mis maletas en la puerta de la cocina. Sólo había dos grandes y una pequeña.
-Eso es todo. –comuniqué colocando algunos cabellos rebeldes tras mis orejas. Tom se adentró para sacarlas junto con Bill. Yo me fui directo a mi habitación. La recorrí con la mirada, la mesa de noche, la lámpara, el edredón, abrí algunos cajones y revisé el closet. No había nada más que quisiera llevarme conmigo. Salí a paso lento con nostalgia por los buenos tiempos que pasé allí. Cuando llegué a la sala, ambos conversaban amenamente, sonreí levemente cuando de pronto, vi a quien menos quería ver. Todo atisbo de felicidad desapareció de mi rostro. Me miraba serio, pero podía detectar tristeza en su mirada también.  Tom se percató de él y dejó de inclinarse. Bill al dirigir la mirada hacia la de su hermano, pudo ver a  Andreas parado en la puerta.
-¡A Ti te quería ver!-soltó furioso caminando directo a él y empujándolo violentamente fuera de la puerta que por poco lo hace caer si no hubiera ese muro en el pasillo.
-¿Qué diablos te pasa, Bill?-se exaltó arreglando su chaqueta de cuero.
Bill arremetió de nuevo, esta vez llevó un puño a su mejilla.
-¡Bill!- Tom reaccionó e intentó detener a su hermano. Andreas seguía en shock recibiendo los golpes hasta que le respondió de la misma forma. Yo sólo miraba de alguna u otra forma hipnotizada con la escena, hasta que sacudí la cabeza y me metí en la pelea. Tom alejaba a Bill quien seguía insultándolo sin parar y Andreas se tocaba el labio mientras yo me puse delante de él.
-¡Basta, Bill! ¡Son mis problemas, no te metas!-grité. Bill me miró con la respiración agitada, quitó las manos de su hermano y se adentró al departamento enojado. Tom lo siguió, y yo también me adentre mirando a mis costados. Los vecinos empezaban a salir alarmados. Andreas me siguió a mí.
-Quería hablar contigo. –anunció mi esposo ante el sepulcral silencio.
-Adelante.
-A solas.-agregó tocándose el labio y arreglando su ropa.
-Son mis hermanos, sólo habla.-respondí más que molesta, desanimada. Aburrida por tener que escucharlo y a la vez interesada.
Dudó al comienzo, pero no tenía de otra.
-Vai… ya… las cosas no…-carraspeó sin saber cómo decirlo.
- ¡Sé que no funcionan, por eso me voy! ¡Ya estoy cansada de…!
-¡QUIERO EL DIVORCIO!-me interrumpió alzando la voz y cerrando los ojos para evitar ver mi reacción. Me callé de inmediato. Llevé una mano al rostro sin comprender, deseando haber escuchado mal… no podía haber dicho  divorcio.
-¡Eres un…!-se quiso aventar de nuevo.
-¡Bill, sólo… déjenme a solas!-lo corté. Bill pasó por su lado rozándolo el hombro y dedicándole una mirada de odio, Tom era indiferente. Cogió las maletas, me lanzó una mirada cómplice que entendí al instante: Estaremos abajo, cualquier cosa llámanos. Y me llevaré tus maletas.
 Ambos se fueron y cerraron la puerta…
-¿Dijiste… divorcio?-la palabra no salía de mis labios. No podía pronunciarla bien.
-Tienes mi e-mail. Mándame la dirección de tu nuevo departamento y mandaré a mi abogado con los respectivos papeles para que sólo los firmes. Es todo…
Tocaba su labio insistentemente para ver si aún tenía sangre. Estaba algo rojo y empezaba a hincharse.
-¿Divorcio?-volví a murmurar… me di media vuelta, ya podía sentir mis ojos empezando a humedecerse.-Sólo por… una pelea…
-No es sólo una pelea. La podríamos solucionar y listo. Es muchas cosas de ti y de mí… no es como creí que sería Vai, es mejor separarnos antes que seguir haciéndonos daño. Ehm…  Adiós…
Quería girarme y decirle algo. Aún no sentía la puerta abrirse lo cual me indicaba que él también esperaba que yo le diga algo. La puerta se abrió entonces. Me giré.
-¡Divorcio!-grité. Las lágrimas se me resbalaron por las mejillas. Simplemente me quebré y empecé a llorar sin consuelo. -¡Hay miles de formas de solucionar los problemas, Andreas! Tú sólo estás huyendo de ellos.-chillé.
-No estoy huyendo de nada. Ya para que discutir de esto si… los papeles llegaran pronto.- Entonces lo comprendí todo…
-Fue Shania, ¿Cierto? ¡Ella!-hablaba vocalizando cada palabra, en especial dándole énfasis a la última. Ella… - Puedo poner las manos al fuego por lo que voy a decir. Te estuviste acostando con ella. Ella te metió esa idea en la cabeza y tú sólo eres un idiota.-me puse de pie y me acerqué a él.
-En serio, acéptalo. Se acabó. Adiós Violet.
Salió sin decir más. Me quedé sola, en medio de la sala pensando en lo que siempre temí pensar. Divorcio. No creí que algo así me pasaría a mí. Todo parecía perfecto… esto no era más que una prueba para demostrar lo estúpida e inocente que había sido…
Pasaron unos minutos, ya tenía que irme. Todo lo que pensé que pasaría luego… se esfumó. Andreas me buscaría a mi nuevo departamento ya muy bien amoblado. Me vería feliz, indiferente a lo que pasó y sola, independiente. Me pediría perdón y yo a él, me llevaría rosas o una botella de vino, solucionaríamos las cosas como siempre lo hacíamos después de cada ruda pelea y de ahí, me iría de nuevo a nuestro departamento pero teniendo ya el mío como un lugar de refugio. Luego quizá discutiríamos otra vez, lloraría, buscaría a Fer, me iría a mi departamento, me buscaría y nos disculparíamos y así pasarían los años. Yo tendría un hijo a pesar de todo, aún así seguiría trabajando. Pensaríamos en el nombre y yo sería la mujer más feliz del mundo. Nos volveríamos viejos, pasaríamos los últimos años de nuestra vejez sentados en el sofá mirando como el sol se ocultaba. Saldríamos a caminar por la cuadra tomándonos de la mano como los ancianitos que alguna vez vimos mientras me llevaba a mi trabajo. Recordaríamos nuestra niñez, juventud, cuando me pidió matrimonio, el nacimiento de nuestro hijo, el de nuestros nietos quizá, comeríamos dulces los domingos a las 6 de la tarde como siempre y moriríamos tomados de las manos como lo planeamos una vez.

Bajé las últimas gradas del edificio directo al carro de Bill, pero no estaba.
-¡Aquí!-me llamó Tom. Fui a su auto entonces.
-¿Y Bill?
-Se fue. Después de bajar me dijo que tenía que hacer unas cosas y se fue… supongo necesitaba aire, estaba sulfurado.
-Ah…
-¿Dónde es?
Le di la dirección y no comentó nada del divorcio. Subió mis maletas al 15 piso. Me había mudado al centro de la ciudad. Era mejor. Tenía todo cerca… hasta lugares para dejar mi currículum. Tenía que buscar otro trabajo para no verle la cara a Andreas.
Tom me ayudó, le agradecí, me dio un beso en la mejilla y se fue. Ya eran casi 4 de la tarde y no había almorzado. Ordené pizza desde mi celular, llegaron en menos de 10 minutos. Otra ventaja de vivir en el centro de la ciudad. Me senté en el piso de madera para comerla. Luego abrí mi laptop y busqué por internet que podría comprar para ir llenando mi departamento. Por lo pronto, una cama… de 2 plazas.

1 mes se había ido. No le había escrito nada a Andreas ni tenía la mínima intención. Podría verse como que no quería separarme de él por terquedad, porque seguía siendo mi esposo, porque parecía la típica mujer que se niega sólo para molestarlo. En realidad, no sabía por qué.
No lo había visto y eso me alegraba de alguna forma. Fer ya tenía otro mes más de embarazo y su vientre había crecido aún más. Ya sabía el sexo: sería un niño. Fran seguía creyendo que era el padre, a pesar de que ya no seguían juntos. Él dijo que se encargaría de su hijo. Después de esa noche que Tom fue a visitarla, Fer se tornó distante, fría con Fran. Todo se esfumó y estaba oficialmente soltera… pero sola.
Un día, nuestro jefe nos llamó para una reunión. Me dijo que si yo no iba, lo entendería, pero yo no entendí porque me diría algo así. Intentó disuadirme de ir a tal reunión a la cual iría toda la empresa. Debí haberle hecho caso.
Hicieron un buffet inmenso, era una mesa larga en una de las recepciones del hotel con el que habían firmado un contrato o algo así. Fer fue conmigo. Saludó a  Fran cuando lo vio pero noté su incomodidad. De pronto, nos pidieron atención. Agradecían al hotel por la recepción y especialmente a un grupo de personas por las cuales el dueño italiano de este hotel, dueño de otros negocios también, había aceptado firmar. Pasaron un grupo de personas, eran 5. Dentro de ellas, Andreas y Shania. Tenían alguna cercanía extraña, yo creí que de alguna forma él sufría como yo, pero su sonrisa era sincera…  no parecía estar afectado por el divorcio. Shania le decía cosas al oído y reían. Después de que los agradecimientos terminaran, decidí que era hora de irme y comprendí porque mi jefe me disuadía. Fer me dijo que se iría conmigo y si podía quedarse en mi departamento, le daba flojera ir al suyo. Accedí. Salimos de ahí muy rápido. Pero un grito de mi nombre, nos detuvo. Fer volteó, sólo me dijo “Te espero en la puerta”
Era Andreas.
-¿Cómo estás?-preguntó.
-Bien. Adiós…
-¡Espera!-me tomó del brazo. Miré su mano apretando con fuerza mi brazo, me soltó de inmediato.
-No me has dicho donde vives. Mi abogado no tiene como ubicarte, así que-Y… un hombre apareció. Era muy joven y rebuscaba en su maletín.  Me dio un lapicero y me dio los papeles. Los revisé con la mirada sin leerlos, sólo hacía tiempo.
-¿Pasa algo?-inquirió.
-No…
Tomé el lapicero, era sólo una firma y estaría oficialmente divorciada, ya nada me uniría a él. ¿No era eso lo que quería? Tenía miedo de cometer un error o quizá aún la esperanza de que regresáramos…
-Sólo tienes que firmar…
-¿Crees que es fácil?-alcé la voz ante su insistencia.
Esquivó mi mirada.
-Estaré adentro. Le das los papeles a mi abogado, por favor.-se dio media vuelta y Shania apareció en la puerta buscándolo con la mirada. La sangre se me subió a la cabeza. Tomé el lapicero con fuerza y firmé sin dudar.
-¡Ahí los tienes!-musité por poco lanzándolos. Su abogado los tomó y se despidió. Andreas murmuró un “Gracias” y se fue. Shania lo siguió sin mirarme. Me acerqué a Fer y no me preguntó nada. Era mejor así.
-¿Tienes hambre?-intenté introducir un tema cualquiera.
-No… sólo sueño. Este bebé pesa un montón.
-Comparé un café. Acompáñame.
Fuimos al primer café que encontramos. Entré lo pedí y no tenía dinero al cash.
-¿Cómo no van a aceptar tarjetas de crédito?-me quejé educadamente buscando una maldita moneda desesperada.
-Se malogró la máquina. Lo sentimos.
-Fer, dame una moneda de un euro.
Buscó en su bolso, por un descuido lo abrió demasiado y cayeron un montón de cosas del suelo. Se quiso inclinar a recoger. Lo evité y recogí sus cosas visualizando una moneda. Pagué el café olvidándome de las cosas de Fer en el suelo cuando me percato de la cara de la vendedora. Era de sorpresa, levantó una ceja y curvó los labios. Cuando me giré, Fer se había quedado mirando extrañada una… ropa interior masculina. Un bóxer para ser precisa. Mi cara de pavor no fue suficiente para que ella lo guardara rápido. Es como si hubiera viajado al pasado recordando algún suceso que la afligía, sus ojos estaban vidriosos.
-Fer, guarda eso.-murmuré inaudiblemente.
Ella pareció no escucharme, ensimismada en su mundo hasta que al parecer finalmente volvió al café, miró a todos asustados, guardó esa prenda rápido y salió confundida. Apenas me dio el café, salí rápido escuchándolos murmurar a mis espaldas.
-Pero qué…
-¿Podemos irnos?-me interrumpió. Entendí que no quería hablar del tema.
Llegamos, le presté una pijama grande que compré una vez creyendo que estaba embarazada… nunca la usé por supuesto.  Ya en la cama, yo dispuesta a dejar que mi mente me hablara toda la noche, no se callaba desde hacía meses, desde que él se había ido a Italia. Fer irrumpió el silencio.
-Hace mucho tiempo, cuando creí que amaba a Tom y él a mí, estábamos… en una tienda.-rió al recordarlo. Me acomodé para escucharla mejor. – Entré porque vi una tanga negra con unos detalles en encaje muy sensuales, pensé que algún día podría usarlos cuando Tom y yo… bueno, tú sabes. Lo obligué a entrar, él estaba de todos los colores. Soltó mi mano y dijo que iría a la sección masculina para no sentirse extraño. Accedí. Busqué esa tanga y otras más, unos cuantos sujetadores, era extraño estar en esa tienda con mi enamorado… comprando ropa interior. Imaginé que la frecuentaríamos luego sin sentirnos avergonzados si algún día nos casábamos. Había parejas ahí. Cuando me acerqué a caja a pagar, él vino con algo en la mano. Supuse era un bóxer. Negro. Cuando lo pagamos, me ofrecí a pagar su compra, era broma, él lo sabía. No quiso pero yo insistí. En realidad sólo quería saber que había comprado. Cuando la cajera guardó todo en una sola bolsa, a un costado Tom se puso a buscar lo suyo, sacó mi tanga negra. La miró asombrado y me dijo “¿En serio te piensas poner esto?”-Le dije que sí, eran cómodas. Vi como sus ojos disimuladamente se dirigieron a mi cuerpo. No le cabía en la cabeza como algo tan diminuto podría entrar en mí. “Mejor no uses ropa interior” comentó con ironía, burlándose. “Yo no entiendo que tanto puede caber ahí”-me burlé también sacando su bóxer. Reaccionó al instante quitándolo de mi manos, avergonzado. Se la quité de nuevo y las junté, comparándolas. “Son del mismo color”-dije.-“¿Cómo vas a comparar? Sólo mira el tamaño”-señaló. “Bien que esta la comparaste 4 veces más grande que tu talla para aparentar que…”-no me dejó terminar, gritó mi nombre y me reí. De pronto, me pidió algo que yo jamás creí me pediría. “Oye, ¿Me la podría quedar?” al principio lo tomé como broma, pero vi lo serio que estaba. Era la más linda que había visto, por eso mismo se la di, pero a cambio pedí su bóxer. Él accedió. Ambos quedamos en que sería de buena suerte que él se quede con la mía y yo con su bóxer.  Fue en esta misma cartera hace casi un año cuando la metí. No recordaba que la traía aquí hasta hoy…

miércoles, 9 de noviembre de 2011

9° CAPÍTULO



Estaba indeciso si llamarla o no, tenía su nombre en la pantalla de su celular, sólo tenía que apretar el botón verde.
-¿Has visto mi cartera, Andi?-escuchó la voz de Shania quien estaba parada atrás suyo.
-No, no la he visto.-decidió voltear mientras colgaba su teléfono  y la expresión de su rostro cambió del de preocupación a sorpresa. Estaba ella apoyada a la pared con una ropa interior diminuta que dejaba poco a la imaginación y tenía una bata de dormir. Lo miraba seductoramente con esos hermosos ojos pardos. Andi se dio media vuelta muy asustado.
-¿Qué pasa? ¿Nunca has visto a una mujer semi desnuda?-habló usando un tono muy dulce y meloso.
-Sí, claro que sí…-titubeó nervioso.- Es sólo que eres mi amiga y… no se suele verse a las amigas así y… ¿Podrías ponerte ropa?-la miraba por el reflejo de la ventana.
-¿O qué?-alegó ella aproximándose peligrosamente.
-Es que yo… soy casado.
-Sí, pero tú y ella ya no se llevan bien. Estás sólo, con una mujer… linda, eso creo, y… ella está lejos, jamás se enterará.-masajeó un poco su espalda mientras le propinaba caricias.
Lo hizo darse media vuelta y mirarla.
Llevó las manos a su camisa y empezó a desabotonarlo uno por uno. Andi la evadió y se movió de allí.
-¡Shania, podré estar pasando por malos momentos, pero la amo!-replicó muy serio.
-¿Sí?
De nuevo ella se acercó y lo empujó haciendo que cayera en el sofá,  se puso a horcajadas encima de él y empezó a pasearse por su cuello, Andi quería ser fuerte, pero la atracción que sentía por aquella pelirroja era fuerte. Recordó las palabras de su amigo, todos deseaban a Shania y nadie desaprovecharía una oportunidad así, sólo un idiota…
-No soy un idiota.- dijo entre suspiros.
-Lo sé, demuéstralo. –susurró a su oído mordiéndolo levemente. Se percató de que Andi miraba aún la pantalla de su celular y de nuevo el número de Vai. Se estiró para extirparle  el celular y lanzarlo detrás suyo.
-Pero…-dudó él.
-Sólo disfruta, Andi…                
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Poco a poco fue recobrando la vista, era una pared blanca lo que veía. Giró a un costado y traía una aguja conectada a su brazo, era suero. Caía gota por gota suministrándole algo de energía.
Miró al otro costado y había una ventana. Estaba aún claro lo cual demostraba que aún no era de noche, pero el cielo estaba cubierto de nubes negras que descargaban toda su ira sobre Berlín. La lluvia provocaba un sonido muy fuerte al chocar con las ventanas. No sólo eso, se escuchaba también como golpeaba el suelo y como los carros pasaban a velocidad.
Se sintió desorientado, ¿Él en un hospital? Intentaba recordar cómo llegó ahí, un accidente… ¿Dónde estoy?
Recordó que estaba con su novia en Los ángeles, entonces los hechos empezaron a llegar abruptamente a su cabeza. Enlazó todo. Viaje a Berlín, presentimiento negativo, Vai… pastillas… desfibriladores… su corazón no latía…
-¡Violet!
Se sentó bruscamente, sacó la aguja de su brazo y la lanzó, se puso de pie y cayó a los dos pasos, se mareó un poco pero eso no iba a impedirle saber de su hermana.
Salió, miraba a todas partes sin saber a dónde ir. Eran miles de pasillos y enfermeras moviéndose.
-¿Disculpe?-le habló una a lo lejos.
Al ver que se dirigía a él, empezó a correr haciendo que la enfermera y unos doctores empezaran  a perseguirlo, tenía que hallar a Vai, pero ¿Dónde estaba?
Siguió corriendo, de pronto se estrelló con uno de los doctores, cayó al suelo y lo sujetaron fuerte.
-¡POR FAVOR! Debo encontrar a mi hermana, ella tuvo un accidente, venía con ella en la ambulancia, necesito encontrarla, ¡Necesito encontrarla!-gritó alterado, lo llevaron a cuestas a su habitación.
-¡Necesito saber de ella, se llama Violet Kaulitz, es mi hermana, por favor, enfermera!-clamó a la mujer que lo revisaba intentando colocarle el suero de nuevo.
-¡Quédese quieto!-gruñó enfadada.
-¡Por favor, es mi hermana! Le aplicaron esas cosas para… para… revivirla y no reaccionaba…
Ella se detuvo, lo miró muy abatida.
-¿Desfibriladores? Sólo llegó un caso hoy con un infarto.
-¿Infarto?.... debe ser ella, ¿Dónde está?
La señorita se apiadó de él. Lo tomó por el brazo y lo condujo  a una habitación. Lo miró y abrió la puerta.
Él quedó en shock negando rotundamente, no podía ser ella. Había una persona cubierta con una sábana blanca.
-Falleció hace unas horas, van a trasladarla a la morgue en…
-¡Vai no está muerta!-gritó.
-¡Ya debemos irnos!-lo jaló la señorita. Bill se negó y la empujó haciendo que esta cayera al suelo, empezó a ponerse violento. Lloraba en silencio, la había tenido en sus brazos hace algunas horas y ella estaba allí, sin vida. Se echó encima y oprimió los ojos con fuerza, cerró los puños empezando a llenarse de odio, todo era culpa de Andreas, Bill siempre supo que él no la merecía, él no la entendería. Ella estaba así de fría por la culpa de Andreas, su mejor amigo.
Manos intentaron apartarlo, empezó a golpearlos a todos, llorando de impotencia, no podía ser cierto. ¿Cómo se lo diría a mamá o a Tom? Andreas… a penas lo viera le propinaría un par de puñetazos, quizá más…

Su pequeña… ya no estaba.

Se sentía desolado, vacío, su corazón acababa de irse… y no lo volvería a tener… no quería alejarse de ella, quería verla una vez más, pero cada vez eran más los que intentaban detenerlo. Entonces decidió jalar la sábana y aunque sea verla de lejos por última vez… aunque… ¿Última vez?
No, no podría sobre vivir sin ella, entonces, la vería pronto, muy pronto, prefería la muerte antes que la vida. Si Vai no estaba, ya nada tenía sentido.
Jaló la sábana y la vio y entonces dejó de moverse… la expresión de Bill desapareció de su rostro. Los enfermeros lo jalaron y él ya no opuso resistencia. Ya no.

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El celular de Tom sonó, contestó y halló a su madre desde el otro lado de la línea llorando, había llamado a la novia de Bill y ella le dijo que se había ido a Berlín en la mañana, Vai ni Bill contestaban el celular y ella acababa de despertar de un mal sueño que tuvo. Tom de inmediato, salió del hotel en el que estaba en busca de Vai. Si Bill no estaba en Los Ángeles, estaba en Berlín y su única razón… su pequeña hermana.  Apenas llegó, había un gran tumulto de gente. Sus guardaespaldas lo cubrieron y gracias a una vecina, supo que Bill y Vai estaban en un hospital. Se le erizó la piel al recordar lo mal que la había pasado cuando Vai intentó suicidarse, subió a su auto de lunas polarizadas junto a sus amigos y se fue al hospital.
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El celular de Andreas sonó, él quiso contestar, miraba el celular mientras respiraba agitadamente.
-No contestes. De seguro es tu esposa queriendo saber que haces.-lo disuadió Shania besando su cuello.
-¡Mejor aún!
Intentó contestar, pero ella lo impidió frustrando su intento con la mano. Miró a Andi a los ojos e hizo que soltara el celular poco a poco hasta que este cayó al suelo, la batería se salió y se apagó.
-No es nada importante, confía en mí. La estamos pasando bien, ¿O no?
-Pero…
-¡Shh!-lo calló para besarlo de nuevo. Andi sentía que debía contestar, pero la estaba pasando muy bien. Shania siguió besándolo mientras lo abrazaba.
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Tom carraspeó, si ni Andreas contestaba el celular, entonces si había pasado algo malo. Llegó, se bajó junto a los guardaespaldas de nuevo y preguntó por Bill Kaulitz a la recepcionista. Fue hasta la habitación lo más rápido que pudo y vio a Bill totalmente despeinado y  con el rostro lleno de lágrimas negras. Se veía confundido mientras varias personas lo llevaban por cada brazo.
-¡Bill!- gritó.
Bill al verlo, no mostró sentimiento alguno.
-¡Es mi hermano, suéltenlo!- habló pausadamente, dudaron en soltarlo pero lo hicieron, Bill abrazó a Tom fuertemente y empezó a llorar una vez más.
-¿Y Violet?-preguntó en voz baja, pero la enfermera logró oírlo y respondió por Bill.
-Ella falleció de un infarto hace unas horas… -afirmó la señorita de cabellos dorados suavemente.
-¿Qué?-pronunció Tom con delicadeza. Nadie contestaba los celulares, Bill no decía palabra alguna, sólo lloraba y negaba con la cabeza, diciendo ‘no’ con los labios… entonces era cierto.
-Tom, espera…-lo llamó Bill débilmente. Pero él ya se había ido a buscar a su hermana.
La misma enfermera fue tras Tom esta vez, lo condujo a la habitación.
Tom entró, no quería llorar, no sentía ganas de llorar, estaba neutro.
-Lo dejaré sólo…-cerró la puerta y se fue.
Se aproximó a la camilla y poco a poco fue destapándola, vio sus cabellos castaños, se veían algo… raros. Continuó así, oprimió los ojos temiendo lo que vería y la destapó totalmente. Sabía que al abrirlos podría encontrarse con la escena más desagradable de toda su vida. Tenía que hacerlo. Los abrió entonces y grande fue su sorpresa. Sonrió pero luego la sonrisa se fue de su rostro. Tampoco estaba bien reírse de esa mujer que no era su hermana, eso significaba que estaba viva.
Porque estaba viva, ¿Cierto?
Salió de nuevo a la recepción, corriendo tan rápido como podía.
-¡Violet Kaulitz, por favor!- dijo entre jadeos.
-La habitación 5, justo en el 2 piso.
Tom fue, era cerca. Buscaba puerta por puerta, la seis, pasó por la cuatro, la dos… frunció el ceño, se paró y dio media vuelta, había otro pasillo y divisó el número cinco. Abrió la puerta con lentitud.
Se escuchaba la máquina que detonaba pequeños sonidos, muy constantes. Se acercó y la vio, era su hermana. Sonrió calmado y muy tranquilo. Tomó su mano.
-¡Me asustaste, tonta!- murmuró.
Sacó su celular y llamó a su madre, tenía que darle la noticia de todas formas.
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Bill se echó en la camilla, dejó a la enfermera hacer su trabajo, colocarle el suero. Él miraba el techo, traía formas interesantes. Sintió el pinchazo y sólo cerró los ojos. Los volvió a abrir, de todas formas no podía pararse y correr, ahora estaba sujeto por tipos de seguridad y con algunos cinturones que evitaban que se moviera.
-¿Cuándo puedo irme?-le preguntó a la enfermera.
-Cuando se estabilice físicamente y emocionalmente, en especial.
Vio que ella levantaba una inyección, chequeando que la aguja no estuviera obstruida.
-¿Qué es eso?- volvió a preguntar con una voz muy débil mientras ella aplicaba la última gota de la inyección en el suero, empezaba a sentir como el líquido ingresaba por sus venas y se distribuía por todo su cuerpo.
-Es un tranquilizante, lo hará descansar. Buena noches, señor Kaulitz.
Bill no quería, pero sus párpados pesaban, ya el cuerpo no le obedecía, cerró los ojos y sus pensamientos lo abandonaron.

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Sentí una voz ronca y masculina, dirigí mi rostro a esa voz y abrí los ojos un poco, no veía bien, pero quién no reconocería esas trenzas.
-¿Tom?- balbuceé.
-Descansa, Vai. No sé qué diablos hiciste esta vez, pero según una vecina, Bill se había vuelto loco al verte desmayada. Él te trajo hasta aquí. Lo vi hace un rato y estaba demacrado, al parecer lloró, estaba despeinado, y  se comportó como un idiota según una enfermera. Golpeó a todos por ver a la chica de la habitación.
-¿A mí?- aclaré curvando los labios en una sonrisa.
-Eso creía, la chica de esa habitación estaba muerta y pensó que eras tú. Tuvieron que llamar a 5 guardias para estabilizarlo, empezó a golpear a todos y no quería soltar ese cuerpo pensando que era su hermanita. Luego lo sacaron de ahí y justo lo encontré en el pasillo. Mientras que la enfermera  me contaba todo, me llevó al cuarto y cuando fui a ver a esa Vai, no eras tú. Era otra chica… muy guapa pero fría. Así que me tranquilicé, pensé que habías…. Tú sabes…
No pudo concluir la frase, yo oía atentamente. Siempre Bill me salvaba, él siempre llegaba en el momento preciso. Es como si él y yo estuviéramos… conectados. Lo había hecho sufrir por segunda vez…
-¿Y qué me pasó?- indagué mientras una enfermera se adentró a mi habitación.
-Oh, perdón. Creí que estabas sola. ¿Tú no eres…?
-Sí, el hermano del chico de arriba. Ella es la enfermera, Vai. La que me contó de Bill y su desequilibrio mental.
-¿Ella es… la hermana? ¿No es la de arriba?-replicó ella sin darme mucha importancia.
-Sí, ella es mi hermana. Bill se volvió paranoico al creer que estaba muerta. Será mejor que le vaya a avisar.
-¡No es necesario!- lo interrumpió antes de que saliera de la habitación.-Está durmiendo, le apliqué un sedante por si… intentaba hacer algo en la noche. Estaba fuera de sí… así que tú eres la hermana.
Miró en su registro, negó lentamente.
-Llegaste con un paro cardiaco al hospital y tu hermano desmayado. Logramos estabilizarte a tiempo. Según el doctor-dio la vuelta a su hoja.-Traías una sobredosis, pudiste haber muerto. ¿Cuántos frascos de pastillas tomaste?
-Eh…
-Se honesta.-agregó.
-En la semana me tomé como 4, necesitaba dormir y no lo conseguía por lo que aumentaba la cantidad diariamente.
-Continúa.-me ordenó.
Tom oprimió los labios, se veía molesto.
-Yo… tuve unos problemas… con mi esposo y no podía conciliar el sueño. Tomaba esas pastillas con un poco de amm…-me daba tanta vergüenza tener que admitir que ¡las tomaba con alcohol!
-¿Agua? ¿Alguna soda, café o… alcohol?- su mirada era penetrante…  oprimí los ojos.
-Ron en realidad… creo que soy alcohólica-admití sintiendo como mis mejillas ardían…- Hoy en la mañana, iba a mudarme y vi el  cuarto frasco con algunas pastillas, no me pareció dejarlo con tan pocas así que las tomé todas. ¡Eran sólo 2!
-Continúa-volvió a repetir.
-Ya estaba sintiéndome un poco rara esos últimos días, tenía calor en las noches, constantes dolores de cabeza… pero esas pastillas de la mañana fueron la gota que derramó el vaso y de pronto sentí dolor de pecho, mareos, dolor de cabeza, no podía respirar bien y… me caí.
-Y qué bueno que ese chico la encontró, si no ahora usted estaría probablemente en mejor vida.
-Lo siento, soy una irresponsable. Nunca medí las consecuencias. –admití  jugando con las manos.
-Bien, la revisaré.

No dijo más, me examinó a mí, a las máquinas, revisó el suero y se fue.
Todo quedó en silencio de nuevo, sólo estaba Tom mirándome.
-¿Qué?
-Vai…
-¡Sí, ya sé! Lo siento, no debí hacer eso.
-Ya estás un poco grande para andar jugando así.  Que intentaras aventarte a la autopista cuando un camión venía y el hecho de cortarte las venas… ok. Eras una adolescente… pero ya tienes  26 años. No eres una…
-¿Niña?-lo interrumpí.- Tom… sé muy bien lo que quieres decir…
-Bueno, fuera de eso… ¿Dónde está Andreas?-preguntó apoyado en la pared metiendo las manos a los bolsillos.
Ladeé el rostro a la ventana y suspiré. Llovía muy fuerte. No quería hablar del tema…
-Está de viaje en Italia con Shania, de seguro ahora mismo ellos dos están teniendo sexo. ¡Genial! ¿No?
Mi hermano no respondió.
-No creo, Andi podrá ser lo que quieras menos infiel.
-Es un idiota, Tom. Ya nuestra relación no puede seguir… o voy a terminar suicidándome uno de estos días.-cavilé la idea y me imaginé saltando de un puente.
-¿Por él tomaste esas pastillas?
-Sólo quería olvidarlo todo.  Yo lo amo, Tom. Pero no sé si él me ama de la misma forma.
-Si te ama, sólo que es algo testarudo. Siempre soñó con tener un hijo desde que éramos  niños de 9 años.
-Yo… no los quiero, aún no. Él no lo entiende.
Derramé una lágrima. Intenté esconderla, pero él la notó y cambió de tema de inmediato.
-Fer te habrá contado que me mandó a la mierda, ¿No?
-Sí, Tom, ella te ama, y sólo tienes una opción para recuperarla, claro, si es que quieres. Pero debes estar listo para ello, y no debes tomarte mucho tiempo o la perderás igual.-afirmé haciendo todo un enredo.
-¿De qué hablas?-enarcó una ceja cruzando los brazos muy interesado.
-Si le dices que… te quieres casar con ella, Fer dejaría todo por ti. Todo, Tom. Hasta a Fran.
-¡Ja! Aún no sé si quiero casarme.
-Eres un perro.-admití sonriendo.
-Sí, lo sé.-coincidió conmigo lo cual fue raro. Normalmente cuando lo insultaba, me devolvía el insulto o bien se auto halagaba. Egocéntrico.
-Pero el hijo no es mío, Vai. Hará la prueba cuando nazca y…
-Tom, Fer me dijo que no te lo dijera, pero debo hacerlo. Es tuyo, lo juro. Tienes miedo de perder tu libertad, pero ganarás más que eso y mucha felicidad. Créeme.
-Pero Fer insiste que…
-¡Fernanda está más desequilibrada que yo mentalmente! ¿Ok? Es tuyo.
-¿Mío?... lo sabía. -Empezó a jugar con un anillo que traía en la mano.
-¿Y eso?- curioseé.
-Pensaba decirle que se casara conmigo pero… las fregué porque me arrepentí. Soy un idiota, Vai. Un completo inmaduro e imbécil.
-Espero le propongas matrimonio, Tom. Vas a ser papá.-dije con un tonito algo ridículo. Él sonrió.
-Voy a ser papá.-murmuró luego y volvió a sonreír.
Ambos de pronto dejamos de conversar, él se fue a su mundo con Fer y yo me adentré al mío. ¿De verdad Bill había golpeado a todos por verme?  Sonreí. Recordé las noticias de verlo irse con la poodle, él vino y me encontró en el suelo. Sólo recordaba ver sus zapatos antes de quedar inconsciente. Necesitaba verlo, los años habían transcurrido y yo había enterrado en una fosa mi amor por él, pero al parecer, no fue suficiente, porque después de enterrar mi amor, este creció, salió al exterior, floreció y ahora estaba dando frutos. Nunca murió del todo, sólo lo enterré y en tierra fértil por error…

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Tom entró a la habitación de su hermano, lo vio con los ojos cerrados.
-Estás durmiendo, regresaré luego.-murmuró y se dio media vuelta.
-No, Tom. Pasa.- le dijo Bill repentinamente. Entonces, él se giró y lo vio aún con los ojos cerrados, frunció el seño.
-Sólo pensaba con los ojos cerrados, es más sencillo. Así no me distraigo.
-Ah, claro… ¡Por cierto, casi lo olvido! Vai está…
-Viva.-lo interrumpió.-Lo sé, la destapé y  no puedo creer que abracé a una muerta que no era mi hermana.
-Estás con sentido del humor, hermanito.
-Sí, pero Andreas me lo quitará. Llámalo de nuevo.-ordenó.
Tom marcó el celular de su amigo, pero de nuevo este sonaba apagado.
-Nada.-puntualizó desilusionado, jamás pensó que su mejor amigo, el esposo de su hermana menor, su cuñado, no estaría en un momento tan terrible como este. Al parecer no le interesaba.
Bill negó con la cabeza y cambió de tema.
-¿Y cómo está Vai?
-Ah, vengo de verla… ella está bien, ya está despierta y conversamos un poco sobre Fer.
-¿En qué habitación está?-inquirió Bill.
-La cinco del segundo piso. Resulta que el hijo si es mío, Bill. Así que seré papá. Apenas salgamos de aquí, iré a verla…
-¿Papá? Y yo tío. Eres un idiota.-se burló de él el pelinegro.
-Gracias. Hoy todos me insultan.-contestó mordaz el de trenzas.-Lo mismo me dijo Vai. Bueno, ella me dijo perro. Da igual. Es mi hijo y aún así Fer no quiera verme… voy a correr con todos los gastos del niño. El novio de Fer supongo piensa que es suyo… que pena por él.
-Quisiera ir a verla…
-¿A Fer?-se sorprendió Tom.
-¡No, a Violet! Quiero verla… ¿Podré salir de aquí?
-¡De ninguna manera, señor Kaulitz!-ingresó una enfermera a  la habitación. Traía otra inyección en la mano.- ¿Cómo te sientes?
-Bien, estoy bien. ¿Me puedo ir ahora?
-Lo dudo. Primero le pondré otro sedante y…
-¡Ya no, por favor! Sólo me puse así porque… no imaginaba la muerte de mi hermana… ella es importante para mí…
-¡Hasta más que yo, su gemelo!-lo cortó Tom. La enfermera rió mientras chequeaba signos vitales.
-Y ya estoy bien. Reconozco haberme portado mal y le pido perdón por… bueno… empujarla…
-Sí, aún lo recuerdo. Podrás salir mañana, al parecer, todo marcha bien. Pero claro, antes tendrás una visita por el psicólogo y listo.
-El sedante no lo quiero. Estoy muy cansado como para escaparme de nuevo.
La señorita dudó, pero accedió ante la insistencia de Bill. Se dispuso a salir de la habitación no sin antes decirle a Tom que el horario de visitas había culminado. Los gemelos se despidieron, justo su madre ingresó como una loca a la habitación. Era de imaginarse, lo besó lo abrazó y le dijo que había estado con Vai, por eso tardó. Georg y Gustav entraron también, compartieron una pequeña conversación y la enfermera ingresó a botarlos a todos.  Ya eran casi 10 de la noche. Las luces se apagaron, sólo había resolana de alguna habitación de ese piso, pero era muy baja.  Ya no podía aguantar más, Bill se puso de pie muy despacio y caminó de puntillas a la puerta, observó bien primero y luego abrió la puerta lentamente. Con la bombilla de su celular, se guió. Segundo piso. Tenía que llegar ahí.
Bajó un piso y finalmente, halló la puerta sin mucho esfuerzo.
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-¿Vai?-escuché una voz parecida a la de mi madre…
-¿Mamá?
Ella ingresó y me abrazó con fuerza, empezó a llorar. Me lamenté por todo, recordé la vez que quise suicidarme… odiaba verla llorar y por mi culpa.
-¿Acaso estás loca, hija? ¿Desde cuándo tomas pastillas para dormir?-me gritó.
-¿Cómo lo sabes?-pregunté confundida, la enfermera seguro le dijo.
-¡Responde!
-Mamá, ya estoy grande como para que me regañes. No podía dormir y… tenía que tomarlas.
-¡Intentaste de nuevo hacerte daño! ¿No piensas en tu familia o esposo? ¡Si Bill no iba, estarías muerta!
Cerré los ojos, no aguantaba oírla.
-Si vas a gritarme, por favor, retírate. Mamá, necesito descansar, en serio.
-¡Es que me preocupaste!-tomó mi mano entre las suyas y la apretó fuertemente.- ¡No lo vuelvas a hacer, hija, sabes que te quiero!
-Ok.-dije desganada.
-Alcohólica y con tendencias suicidas…-agregó Simone en un murmuro.
-¡Mamá te oí! Lo siento mucho. Ya sé que no soy una niña y que parezco una inmadura. Ya me lo han dicho. Perdóname, no volverá a pasar.-Simone sólo sonrió y dejó un beso en el dorso de mi mano.
-¿Y dónde está Andreas?-cuestionó buscándolo con la mirada por todo el reciento. La tensión había llegado a mi habitación… Andreas…
-Se fue de viaje a Italia con una ‘amiga’. A él no le importo mamá, por eso no está aquí.-respondí con cólera.
Mi madre se quedó callada. Unió los hechos supongo, pastillas para dormir, Andreas de viaje, las peleas constantes…
-Bueno, ¿Sabes dónde está Bill? Quiero verlo también.
-Pregúntale a la enfermera.-contesté.
-Bueno, te amo mi vida.- dejó un beso en mi frente.-Vamos, Gordon.- y salió.
-Descansa, princesa. Tu madre sólo se preocupa por ti.-agregó Gordon antes de irse.
-Lo siento mucho.
Me sonrió y se fue. Vi a Georg entrar junto a Gustav.
-¡Georg! –murmuré emocionada.
-¡Enana! –Me dijo.-Me alegra que estés bien. En serio. Pero, no hagas estas cosas de nuevo. Bill se pone loco como un caballo y nosotros somos los que sufrimos sus arranques de cólera.
-Ok…
- Vai es cierto. Al menos piensa en nosotros antes de hacer lo que haces.- intervino Gustav.
-¡OK! –sonreí alzando la voz.-Gracias por venir a verme, al menos. Vayan a ver a Bill. Yo ya estoy bien.
-¿Todo bien?-inquirió Gustav.
-Todo bien, comandante Gustav.-bromeé.
-Cuídate.- Geo dejó un beso en mi mejilla y salió. Gustav, besó mi frente y sonrió, le correspondí. Al fin sola de nuevo.
-¡No olvides pensar en nosotros!-apareció la cabeza de Georg.
-¡Ya vete!- le respondí con una sonrisa.

Suspiré largamente y me quedé pensando. Las luces empezaron a apagarse, no sé cuánto tiempo habría pasado, pero deduje que era tiempo de dormir. Cerré mis ojos esperando a que el sueño llegara, pero algo me hizo abrirlos. Miré por debajo de la puerta y vi una sombra. Me asusté un poco. Eso de que en los hospitales penaban me aturdía. La perilla de la puerta se movía a la derecha con lentitud. Cerré los ojos con miedo, a lo mejor era la enfermera… sentí que se abrió, pero no sentí pasos acercarse a mí, lo cual me asustó más. ¿Qué tal si era algún fantasma o espíritu o algo así?
De pronto la tibiez de una mano cogió la mía, haciéndome dar un respingo.
-Lo siento, Vai. Mi Pequeña… sólo quería verte y asegurarme de que estés bien y… viva.-murmuró soltándome de inmediato. Esa voz se me hizo muy conocida, era suave, melodiosa… hermosa.
Abrí los ojos. Podía ver la sombra alta de un chico delgado. Era mi hermano, como no reconocerlo. Se estaba dando media vuelta para salir, no quería que se fuera.
-¡Estoy despierta! –hablé en voz baja. Él se giró y se acercó a mí marcando una sonrisa en su rostro, lo pude ver a pesar de la oscuridad.
-¡Mi pequeña! Creí que dormías. ¿Cómo te sientes?
Yo estaba más concentrada mirando su mano, quería que tome la mía otra vez, pero no lo hacía.
-Eh… bien. Me siento mejor. Dolores de cabeza pero… son menos intensos cada vez. ¿Tú? Me enteré que golpeaste a algunas enfermeras, doctores y guardias.
Él rió inaudiblemente. Yo miré su mano de nuevo, él tenía una en el bolsillo y la otra algo inquieta.
-Sí, así es. Parecía un monstruo.
-Jamás podrías serlo. Eres muy lindo para ser un monstruo.- admití algo tímida.
-No creó que el hombre al que le dejé el ojo morado diga eso.
Ambos reímos.
Parecía que no tenía la mínima intención de tomar mi mano de nuevo. Así que le di una indirecta…
-Tu mano está muy tibia.-balbuceé.
-¿Tú crees? Hace algo de frío afuera. Estuvo lloviendo en la tarde.
Genial, no captó. No quería ser más directa, me daba… algo de cobardía.
-Ah, no sabía. Creo que la mía esta algo fría.-intenté de nuevo.
-Si me di cuenta.
-Ah…-me di por vencida.
-Sí…
-Tus manos siempre han sido lindas… más que las mías.- ¿Será que entendió ahora?
El silencio de nuevo en mi habitación, sólo escuchaba los carros pasar de vez en cuando, Bill bajó la cabeza.
-Si quieres que tome tu mano, sólo tienes que decirlo.-musitó derrepente. Me sorprendió. Al parecer si se había percatado de mis indirectas. Me sonrojé, si la luz estuviera encendida, podría haberme visto de todos los colores. Quería decir que sí, gritar. Pero no me salía nada. Encogí la mano en un puño y miré hacia otro lado. Pude sentir entonces que acarició el dorso de mi mano con las yemas de sus dedos por unos segundos hasta que su mano quedó quieta cubriendo todo mi puño por completo.  Entonces, por inercia, la giré y así nuestras palmas chocaron y juntamos nuestras manos. Se sentía bien.
-Mamá estuvo aquí y me regañó.-metí algún tema de conversación para ya no estar tan nerviosa.
-Si me dijo que vino a verte.
-Tom también, intenté convencerlo que le proponga matrimonio a Fer.-agregué.
-Seguro accedió, la ama mucho.-sonreí.
-Pues no, espero al menos lo piense. Una ayuda no me vendría mal.-insinué.
-Haré lo posible. Tom es terco.-carraspeó.
-Pero el amor… todo lo puede.
-A veces no.-suspiró largamente, sabía perfectamente a lo que se refería. A nosotros.
Inconscientemente quité mi mano muy rápido.
-Creo que mejor… deberías irte. Si te ven fuera de tu habitación…-puntualicé aclarando mi garganta.
-Sí, es cierto… Bueno, sólo quería saber que estabas bien. Ahora que lo sé… me iré. Nos vemos mañana… vendré a verte… ¡claro, si tú quieres!-agregó  veloz.
-¿Por qué no querría?
-No lo sé…
-Nos vemos mañana.-finalicé. Se fue de nuevo de puntillas, cerró la puerta muy despacio. Ahora estaba sola de nuevo y más…. Confundida no era la palabra… quizá más segura de mi misma de que todo había sido un error… Andreas fue mi error.
Bill al parecer seguía amándome, al igual que yo a él…

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-¿Tom?
-Sí, ¿Quién eres?-contestó el celular muy serio.
-Soy Andreas. Vai no contesta el celular ni Bill, menos mal tú sí. ¿Algo pasó?-inquirió despreocupado.
Tom guardó silencio por unos segundos.
-Andreas, Vai casi… casi se nos va. Tuvo un paro cardiaco y dejó de respirar por segundos. Bill la encontró desmayada en su departamento. Te he llamado con insistencia para que vengas, pero tu celular estaba apagado. Mi hermana casi se muere, Andreas. Es tu esposa, ¿Acaso lo olvidaste?
Al otro lado de la línea sólo se oía silencio.
-¿Vai casi muere? ¿Dónde está?
-En un hospital, como era de suponerse. Ya está mejor.
-Gracias por avisarme, ¿Cuándo saldrá?
-No lo sé.
-Bien, ya estaré yendo.
Colgó de inmediato y se sentó en el sofá. Tenía una reunión en 1 hora y su esposa estaba mal. ¿Esposa?... sí, seguía siendo su esposa.  Alguien lo tomó por los hombros con delicadeza, era Shania. Dejó un beso en su cuello, ella estaba sólo con pijama y una bata de seda roja encima.
-Ya vamos a cambiarnos. Preparé la tina con agua caliente y burbujas, ¿Me acompañas?-intentó seducirlo. Había dormido con ella esa noche y fue genial.
-Shania, Vai está en un hospital, casi se muere y yo aquí contigo engañándola. ¿Te parece poco?
-Mi amor, la diferencia es que…  yo si quiero darte un bebé y ella no…
-¡La diferencia aquí es que ella es la firme, mi esposa, y tú sólo eres la otra, mi amante! Esa es la diferencia.-alzó la voz poniéndose de pie y quitando bruscamente las manos de Shania de sus hombros.
-¿La otra?... suena horrible, pero lo sé…  y no me importa. Sé que te gusto, Andreas. Me deseas tanto como yo a ti.-empezó a aproximarse a un confundido Andreas, él sólo miraba al piso intentando hallar respuestas a sus preguntas.
-¡No me toques! –Exclamó- Tenemos que ir a la maldita reunión y de ahí saldré a Berlín.
-Haz lo que quieras, pero no te engañes. Ayer no me decías nada de esto. Tú ya no la quieres y lo sabes, ahora soy yo la que está en tu cabeza. Dime, ¿Qué harás cuando la veas y hables con ella? Regresar a Italia, aquí conmigo a nuestra suite, de nuevo la noche será llena de pasión y listo, es todo lo que harás. Admite que lo tuyo con tu mujercita, se acabó.  Él único favor que puedes hacerle es ser honesto con ella y contigo mismo y decirle la verdad. De todas formas, necesitas tiempo para pensar. Ve tú.
Ella se fue a su habitación, a bañarse sola. Andreas pensaba en lo que ella había dicho, odiaba que todo fuera cierto. Se alistó, iría yendo a la reunión y después a Berlín. Llamó por teléfono para comprar los pasajes. Ver a Vai sería difícil… muy difícil.
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-¡Buenos días!-exclamó un hombre ingresando a mi habitación. Abrió las cortinas de golpe haciendo que cerrara los ojos con fuerza.-Es hora de levantarse, señorita Kaulitz. Ya son 7 de la mañana.
-De la madrugada dirá.-balbuceé con sueño. ¡Estaba loco! ¿Levantarme 7 de la mañana?
¡Malditos hospitales!
-¡Es bueno que los pacientes cuenten con humor! Me gusta, Señorita. A ver, vamos  a chequearla.
Hizo todo lo respectivo de un chequeo, mientras me preguntaba cosas, le conté la historia de porque ingerí tantas pastillas.
-¿Podré salir pronto? Odio los hospitales.
-Pues…-dudó, miró su reloj, las máquinas que mostraban mis signos vitales y finalmente, prosiguió.-De aquí a un par de días.
-¡Pero me siento bien!
-Físicamente, aún está delicada. Mentalmente, está peor. Tiene de todas formas que visitar a un psicólogo de pareja… ¿Su esposo?
-No le intereso, ¿No le dije?-respondí con sarcasmo.
-¿Ve? La herida está ahí, puede volver a  ingerir esas pastillas, además, hay casos de mujeres que se suicidaron por problemas iguales al de usted. Terapia, eso le vendría bien. 2 veces por semana al psicólogo, la ayudará bastante. Mañana le haré el chequeo final porque… la veo bien. Pero vendrá a la siguiente semana para chequearla otra vez.
-Bien, sólo quiero irme.
Alguien abrió la puerta intempestivamente y agitado, era Bill pero esta vez ya peinado y cambiado. Al verme sonrió, lo vio al doctor y se disculpó por entrar así. No pude evitar sonreír al verlo.
-Perdón, es mi hermana.
-¿Tú eres el de arriba que golpeó a unos guardias?-le preguntó el doctor, Bill asintió tímidamente.
-Bien, ¿Ya viste a la psicóloga?-Mi hermano negó.
-Acompáñame. Señorita Kaulitz, descanse. Hasta luego.
El doctor salió, lo seguí con la mirada hasta ya no verlo, entonces él habló.
-Ya me dieron de alta.
-¿En serio? Yo tengo hasta dos días aquí. Y visitar a la psicóloga una vez por semana por… esto de mi problema con…
-No es necesario que lo digas, Vai.-me consoló un poco y de nuevo tomó mi mano, esta vez la suya estaba fría.
-¡Estás helado!-exclamé ante ese contacto, me soltó de inmediato.
-Lo siento… mejor voy con el doctor, ya vengo.-musitó muy tímido y salió de allí.
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Andreas entró a su departamento, estaba igual de siempre y tenía un par de maletas a lado del sofá. Supuso eran de Vai, ¿Se iba?
Era obvio que sí. Salió de allí sin tocar nada. Buscaría algún hotel para quedarse, no quería ir al hospital, no era buen momento para ir a ver a su esposa. Además si alguien fuera, podría encontrarlo como Bill o Tom y no tenía ganas de ver a nadie. Tomó un taxi y se fue.
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Después de que Bill se fuera, mi madre fue a verme llevándome un ramo de flores, esta vez Georg y Gustav me saludaron y se fueron con Tom, a tomar un café. Gordon conversó conmigo, y desde luego me daba consejos sobre mi problema, pronto una mujer llegó, era una chica de unos 30 años, alta y morena de cabellos castaños. Era la psicóloga. Botó a todos educadamente y me preguntaba cosas sobre amor y mi familia. Tenía miedo de que me dijera algo extraño como “Amas a tu hermano de una forma… extraña” o se diera cuenta de todo. Cuidaba cada palabra que salía de mi boca. Se demoró una hora y luego salió, en una semana tendríamos la segunda cita, miércoles para ser exactos. El día se pasó rápido, ya me sentía mejor. La psicóloga me había ayudado mucho. Llegó la noche. Creí que dormiría sola, pero de pronto Bill apareció con una manta y se sentó en el sofá de alado.
-¿Qué… qué haces acá?-le dije algo contrariada.
-Como ya  no estoy echado en una cama… decidí acompañarte. ¡Sólo si quieres!
-Bill, ¿Por qué no querría?
-No lo sé…
Vino una enfermera y me dijo que mañana me daría de alta. Fue la mejor noticia del día, aparte de saber que dormiríamos en la misma habitación Bill y yo. Me quitó finalmente la aguja del suero, esas cosas de la nariz y ahora podría… dormir más cómoda. Le permitieron quedarse conmigo, eso fue bueno. Era mi hermano…
Salió y nos deseó las buenas noches. Él se sentó, apoyaba los codos en las rodillas y miraba al suelo.  Creí que se había dejado atrás el tema de lo “nuestro” y lo de quedarse a dormir sólo si yo quería.
-Creí que quizá no querrías ni verme, Vai. Por todo lo que pasó… y mucho menos dejar que me quede a dormir en tu habitación esta noche. Todo lo que pasamos y… -se quedó callado, me giré a un costado de forma que le daba la espalda, me resultaba incómodo hablar de nuestro pasado.
Pero la curiosidad me ganaba.
-¿Y?-lo animé  continuar.
-Violet, se sincera. A veces yo veo cosas sonde no hay nada pero… Bien, ¿Quieres que me quede?
Era obvio que sí. Pero no podía decírselo porque… me sentía cohibida. Eso era.
-¿Por qué me preguntas eso?-inquirí frunciendo el seño.
-¿Por qué me respondes con otra pregunta? Sólo di sí o no. Me iré si no quieres que me quede, lo entiendo.-soltó con firmeza. Yo tragué saliva y mordí mi labio inferior. Era tan fácil responder pero complicado que saliera de mi boca. Sentí que se puso de pie, me giré y sí, me lamentaría si es que el cruzaba esa puerta, pero el sí no salía de mis labios. Abrió la puerta, se estaba yendo…
-¡No…!-se detuvo.
-¿No qué?-murmuró con frialdad en la voz, eso me entristeció.
-No te vayas, quédate, Bill. –musité con desesperación en la voz. De nuevo cerró  la puerta y yo me giré dándole la espalda otra vez, afligida. Escuché un leve chirriar del sofá, lo había jalado para estar más cerca de mí.
-No era tan difícil.
No dije nada, para mí si lo había sido.
-Violet, quiero que me digas que nos pasó.  Todo era… hermoso cuando tu y yo…
-¿Te parece que ahora debamos hablar de eso? Por si no lo sabes estoy atravesando una crisis emocional, Bill. Todo está gris en mi vida en este momento, no quiero hablar de ese pasado.-gruñí muy fastidiada y al borde del llanto.
-No sé porque me quedé… -murmuró levantándose otra vez.
-¡Maldita sea, no quiero que te vayas!-grité sentándome en la cama de golpe. Las lágrimas empezaron a rodar por mis mejillas.
-N… no llores, por favor, no por mi culpa.-se aproximó a mí sin saber qué hacer, si tocarme la mejilla, abrazarme tal vez…
-¡Cada vez que estás cerca de mío… me… me confundes, me vuelves vulnerable, frágil!... o quizá más estúpida…  ¡No sé qué me pasa! ¡Me frustras! ¿Entiendes?-hable rápido sin dejar de llorar,  escondí mi rostro entre mis manos, apoyé los codos en mis rodillas esperando a que dijera algo, pero nada salió de sus labios.
-Creo que deberías descansar.
Me quedé mirándolo sin comprender.
-¿¡Es todo lo que me vas a decir!?-murmuré molesta.
No respondió, cogió su casaca y salió muy rápido de mí habitación dejándome en la nada, preguntándome qué diablos pasaba por su cabeza… y por su corazón…