-¿Qué pasó?-preguntó Bill tras su gemelo.
-¡Se acabó! ¡Todo se fue a la mierda, Bill!-contestó llorando.
-¿Por qué lo dices? ¿Fer terminó contigo?-se apresuró a preguntar inquieto.
-Eso ya lo había hecho hace tiempo.-replicó Tom enfadado.-Ella está embarazada. Tiene 2 meses y medio.
-Coincide con la fecha en la que fuiste a verla y yo fui a ver a Vai. No me digas que tú…
Tom miró a su hermano fijamente.
-No, es del gorila con él que me peleé hoy.
Esquivó la mirada de su gemelo y se sentó en su cama. Ninguno habló. Un trueno retumbó en todo Berlín, una tormenta se avecinaba.
-Ella está embarazada, Bill. Y de otro hombre. Yo si vine aquí fue por una razón, por ella. Porque amaba todo lo que hacíamos juntos, amaba su risa, su voz, la manera en que me decía idiota cuando discutíamos, lo linda que se veía cuando se enfadaba. ¿Sabes? Siempre odié ser el culpable de sus lágrimas. No sé como fui tan imbécil de engañarla, ahora me quedé sólo.
-Pero hay otras chicas afuera…
-¡NO! ¡Yo la quiero a ella! No quiero a ninguna otra.-gritó poniéndose de pie y dirigiéndose a la ventana. La abrió totalmente y dejó a la lluvia entrar a su habitación junto al fuerte viento.
-¿Qué haces?-se estremeció Bill al sentir el viento helado.
-No tengo idea. Necesito estar sólo, ¿Te puedes ir?
Bill salió sin decir más y fue en busca de una casaca. Su novia seguía abajo muy confundida. A penas lo vio aparecer en las gradas, se paró y se aproximó a él.
-¿Qué le pasa a tu hermano?
-Nada… tuvo una pelea con la chica que salió. ¿Salimos?-evadió el tema.
-No me quieres contar… ¿No confías en mí?-se entristeció.
-Sí, claro que sí. Pero no puedo contarte cosas. Esto es algo personal de Tom que sólo me lo contaría a mí. Yo no puedo decírselo a nadie.
-¡Genial! ¡No confías en mí!-se cruzó de brazos dándole la espalda.
-Sí lo hago, nena es que…
-Tengo frío. Mejor me voy. Cuando confíes en mí, me llamas.
-Pero…-intentó detenerla, Bill.
-Nada de peros. Adiós.
Cogió su chaqueta y salió a pesar de la lluvia. Bill se asomó a la ventana para verla, caminaba muy gracioso para evitar pisar los charcos, rió en silencio.
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La semana se pasó rápido, a pesar de que yo deseara lo contrario. No quería que llegara el sábado y salir en “4”. No soportaba a la rubia, sus ideas y no quería ver a Bill.
Intenté hacer de todo para enfermarme, desde ir a un parque a lloverme con poca ropa hasta caminar descalza por casa siempre. Abrir las ventanas y que el frío entre, salir de la ducha caliente y que el aire frío chocara con mi cuerpo produciéndome un resfriado… pero justo ahora que no me cuidaba, el maldito resfriado no aparecía.
Llegó sábado y con él, un Andy un tanto perturbador.
-¿Por qué no quieres ir? Es de mala educación. Ella nos invitó.
-No creo que lo pague todo.-lo contradije arreglándome frente al espejo muy fastidiada.
-Y eso qué, lo que pasa es que estás celosa y no quieres admitirlo.
-Esa palabrita de nuevo…-me puse de pie y empecé a andar en círculos.
-Es la verdad. Lo entiendo, es tu hermano.
-¡Qué no son celos! Las rubias son… patéticas. Paso.-dije entre dientes.
-Y aquí vamos de nueva con las rubias…-suspiró Andi.
-Mejor no hablemos del tema.-finalicé.-Si voy, es por compromiso y ser educada. Es todo. Te espero en la sala.
-Pero si a ti te encantaba pasar tiempo con Bill.-lo escuché hablar tras mis espaldas.
-Sí, solía gustarme.-me apresuré a contestar sólo para mí.
Ya estábamos en el auto rumbo al centro comercial. Yo estaba más que de mal humor, tenía arañas caminando en el vientre y no hallaba como calmarlas y calmarme yo. Presentía que iba a estar un poco fastidiosa con la cabeza de poodle, espero equivocarme.
Dejó en carro en el estacionamiento. Me tomó la mano y caminamos al centro. Había muchísima gente lo cual dificultó que los divisáramos rápido. Aunque la cabeza de la rubia era fácil de distinguir.
-Si ves una cabeza que parece una coliflor amarilla, es la poodle.-le insté a Andi con mi sarcasmo de nuevo.
-Vai, no hagas esas bromas en su presencia.-me regañó calmado.
-Bien, lo intentaré pero no aseguro nada.
-Allá están.-señaló en una mesa dentro del centro.
Fuimos hasta allá, conversaban amenamente, ella… estaba lacia. Su cabello era mucho más largo que el mío ahora y… rubio. Se veía linda, atraía miradas de todas partes. Pero no sólo estaban ellos, también 4 guarda espaldas. 2 para cada uno.
-¡Bill!-saludó mi esposo. Yo sólo le di una sonrisa amable a la rubia y a mi hermano ni lo miré.
-Vamos a comprar entradas o no encontraremos nada.-sugerí. Entonces, la rubia sacó 4 tickets de su bolso.
-Ya no hace falta. No había comedia, Bill mencionó que te gustaban las comedias. Así que veremos una romántica.-se dirigió a mí.
-Genial.
-¿Vamos yendo?-interrumpió Andi. Los 4 caminamos. Bill con su novia por delante que un poco más y lo acaparaba sólo para ella, yo y Andi atrás. Él me hablaba de algo pero no lo escuchaba. Miraba a los guardaespaldas atrás de ellos, y a sus costados. Y miraba como ella le susurraba cosas al oído, como Bill sonreía, como le tomaba la mano con fuerza y se apoyaba en su hombro. Todo eso me resultaba abrumador, no quería seguir viéndolos pero era imposible si los tenía al frente. Sabía que no debí venir.
Entramos, nos acomodamos, y empezó la película. Era recontra dramática y romántica. Me recordaba a “The Notebook”. Miraba algunas partes y otras… de reojo los miraba a ellos. Ella lloraba y se colgaba de Bill, él sólo la acariciaba. Andi tenía mi mano tomada. Y yo, algo molesta.
Acabó, nos paramos, fue un final… feliz y triste. Ambos mueren pero juntos…
Me gustaría envejecer junto a la persona que tanto amo.
¿Andi?
Sí, eso creo. Ella seguía llorando.
-Bill, te amo, quiero que también nos volvamos viejos juntos y que nunca me dejes. Me gustaría morir junto a ti.-sollozaba.
-Claro que sí, nena. También te amo.-replicó él.
Remedé a la rubia en silencio, Andi me observó y sólo suspiró.
Te amo. ¿Qué significaba esa palabra? Sólo iban unos cuantos meses y ya se decían te amo.
¡Ah, qué irritante!
-¿Nos podemos ir?-intervine interrumpiendo su momento.
Ambos retomaron la compostura, Bill me miró a los ojos por primera vez por sólo segundos, cogió a su novia por una mano y la jaló a la puerta. A su lado fueron sus gorilas.
Fuimos a un Starbucks a tomar unos frapps. Se le pasó lo sentimental y ella y Andi conversaban muy bien, mientras yo y Bill estábamos aburridos.
Aparte que tener ahí a los guardaespaldas era incómodo. De cuando en cuando ella se giraba a su novio y le acariciaba la mejilla, Bill sólo sonreía.
-¡Oh, paparazzis!-chilló y empezó a saludarlos. Mi hermano bajó la mirada, pero ella le sujetó la barbilla y le plantó un beso.
Eso fue todo, ya no podía seguir ahí mirando todo. Era como si mil pedazos de vidrio se clavaban en mi corazón.
-Ya vengo.-dije, me paré y me giré sin mirar atrás. Me tomaron fotos algunos paparazzis, pero no importaba ya.
Había un hermoso balcón que divisé cuando entramos. Fui allí y me acerqué a mirar un poco el cielo nublado. Respirar aire frío no me haría nada mal. Pero empezaba a dolerme la garganta.
-Y ahora si vienes, resfriado de mierda.-murmuré abrigándome con mis brazos.
-¿Todo bien?-me preguntó una voz masculina. Era Andi. Se aproximó a mi lado y metió las manos al bolsillo de su pantalón.
-Sí, eso creo. Me enfermaré muy pronto.
-Lo lograste al fin.-replicó sonriendo apoyándose en la baranda.
-¿Cómo sabías que pretendía eso?
-Era obvio, mi amor.-se aventuró a responder. Sonreí y coloqué una mano sobre la suya.
- Siempre recuérdame que me amas.-repuse en voz baja.
-¿Por qué lo dices?-me miró con curiosidad.
-No preguntes.
Lo abracé por un instante.
-“Puedo olvidarlo”-pensé. Cerré los ojos para sólo pensar en él y todos los momentos lindos que pasamos, pero sólo aparecía Bill y los momentos lindos que pasé con él, un claro ejemplo: el día en el que fuimos uno.
Oprimí los ojos con fuerza intentando desaparecer todo eso, era en vano.
-Ve adentro, la ru…
-Sophie.-me corrigió.
-Sí, ella, no tendrá con quien hablar.-sonreí.
-¿Estarás bien?-alzó un brazo colocándolo en mi hombro.
-Sí, sólo quiero mirar la ciudad.
Dejó un largo beso en mis labios, de reojo, vi a Bill saliendo del baño y me miró con recelo. De inmediato me aparté de Andi.
-¿Pasa algo?-frunció el ceño.
-No es sólo que… creí ver a alguien conocido. Ve, mi amor.
Él se fue, para cuando quise ver si Bill seguía ahí, ya se había ido.
-¿Qué diablos me pasa?-me regañé a mí misma. En eso sentí una fuerte mirada en mis espaldas, me giré ahí estaba él, mirándome. Me volví rápidamente, tragué saliva con dificultad e intenté no parecer nerviosa ni nada. No me hablaba por días y yo no pensaba dar el primer paso. De hecho, era mejor si no nos hablábamos hasta que se fuera. No quería lastimar a Andi, él no se lo merecía.
Él no me merecía.
Se colocó a mi lado también, rascó su nuca, miraba de un lado a otro. Me di media vuelta, si él iba a quedarse, entonces me iba yo.
-¡Violet!-me llamó justo cuando estaba en la puerta. Me quedé helada, pensé en seguirme pero no pude. Tomé fuerzas y di un paso más para irme contra mí voluntad, era mejor. Entonces me cogió del brazo, algo brusco, me adentró al balcón, se percató de que no haya nadie mirando y cerró la puerta del balcón.
¡Genial!
-¿Qué te ocurre? Quiero irme con mi esposo-me puse a la defensiva mientras un fuerte viento azotaba mis cabellos.
-No hasta que hablemos bien.-indicó con el gesto endurecido. Tenía cólera y a la vez miedo a mis reacciones. No quería echar todo a perder con mi esposo. Bill hacía que yo perdiera la razón y el control sobre mí.
-Entonces habla. ¿Qué quieres?-musité dándole la espalda de nuevo. Se apoyó en el barandal alado mío, yo me hice más allá para evitar estar cerca suyo, fue en vano, él se apegó.
-Quiero una explicación. –sentenció muy serio.
-No tengo nada que explicarte. ¿Me puedo ir ahora? Ni siquiera sé porque te lo pregunto.-gruñí. De nuevo me acerqué a la puerta, cuando intenté abrirla me jaló de un brazo, me apegó a su cuerpo y en un segundo ya estaban sus labios encima de los míos. Intenté apartarlo con todas mis fuerzas, lo miraba con los ojos abiertos pero él los tenía cerrados. Sus brazos eran como una cárcel, los tenía alrededor de mi cintura y espalda apegándome a su cuerpo violentamente. Por más que intentaba quitármelo de encima no podía, pensaba en ¿Qué pasaría si mi esposo entraba por esa puerta? ¿Qué pasaría si la rubia entra y nos ve? ¿Qué pasaría si un paparazzi tomaba una foto y la publicaba mañana en todas partes? Mil cosas andaban en mi mente en círculos. Golpeaba su pecho con insistencia, me hacía para atrás pero él se acercaba más. No parecía querer terminar con eso, fue entonces que dejé de luchar. ¿Qué pasaría si me dedicaba a disfrutar el momento?
Poco a poco fue soltando la presión en mi cintura y sobre mis labios. Se alejó y se aclaró la garganta, miraba al suelo con total confusión y yo miraba directo a través de sus ojos.
-¿Qué sentiste?-inquirió al fin tras su silencio. Era tal la cólera que tenía en mi interior que llevé una mano a su rostro y la estampé a su mejilla con fuerza volteando su rostro a un costado, pero él no dijo nada.
-Eso te lo dice todo.-repuse con frialdad. Abrí la puerta y salí de ahí con paso apurado e irritada. Me había besado sin mi permiso y mi orgullo me prohibía quedarme de brazos cruzados. Aparte que Andi estaba presente. No podía engañarlo mientras él estaba a metros mío y ser tan fresca.
-¿Y Bill?-me preguntó la rubia.
-¿Me ves con cara de saberlo?-repliqué amarga. Ella levantó las cejas. Andi suspiró de nuevo. En eso Bill llegó como si nada y se sentó a su lado.
-¡Mi amor, dónde estuviste!-inquirió preocupada.
-En el baño. ¿Me perdí de algo?-alegó sonriendo absorbiendo un poco de su frapp.
¡Pero qué obstinado era!
-¡Ah!-protesté en silencio y me puse de pie haciendo un ruido ensordecedor con la silla. Cogí mi cartera y salí de ese local. Miles de paparazzis afuera, no me importó nada. Preguntas, fotos… ya nada importaba.
Caminé al estacionamiento y me quedé parada esperando a Andi. Estoy segura no tardaría en venir.
Ahí estaba.
-¿Por qué hiciste eso? Es de mala…
-¡¡A la mierda con la educación!! No aguanto a Bill ni a su rubia.-Grité-¡No espero que lo entiendas y la verdad que tampoco me importa, sólo quiero largarme de este lugar de una maldita vez! ¿Me das las llaves o qué?-extendí la mano. Me las dio, subí al auto y él en el asiento de copiloto. Arranqué con fuerza y manejé intentado descargar toda mi ira yendo a velocidad y esquivando carros poniendo mi vida en riesgo y la de Andreas.
Cuando llegamos a casa, sólo atiné a lanzar mis cosas en el sofá, ir en busca de mi cama y tirarme allí y llorar de impotencia.
-¡Cree que con esa actitud va a hacer que yo caiga por él! ¡Se equivoca!-discutía mentalmente.- ¡Me robó un beso en un lugar público y luego como si nada, qué le pasa!
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Pasó el fin de semana, me la pasé encerrada en casa y para colmo, enferma. Tenía un dolor de cabeza terrible y mi voz se había vuelto más gruesa de lo normal. Lunes llegó y no fui a trabajar, llamé a mi jefe, al escuchar mi voz, me dijo que definitivamente si hubiera ido, me hubiera regresado a casa. Le agradecí por tal gesto, no todos podría agradecer de tener un jefe como el mío.
-Mi amor, hablé con David.-me comentó Andi mientras me traía un mate con limón y miel.
-¿Tu jefe?-repliqué reincorporándome.
-No, mi amigo del bar del centro de Berlín.
La sangre huyó de mi rostro, lo malo de cuando me emborrachaba es que siempre recordaba todo, así que ni siquiera podía comportarme frescamente.
-¿A…así?-titubeé.- ¿Qué te dijo?-inquirí inocentemente. Bebí un sorbo del mate, hice una mueca de dolor ya que estaba caliente. Espero no le haya comentado nada de que amaba a Bill y toda esa basura que dije.
-¿No me digas que no lo sabes?-replicó torciendo la boca.
-N…no. Estaba ebria, ¿Recuerdas?
-Exacto. Pero, tú siempre recuerdas lo que haces a pesar de estar ebria.
¡Cómo me conocía este hombre!
-Bien. ¿Qué te dijo?
-¡Todo! ¿¡Cómo pudiste beber todo eso?! La cuenta salió más de 500 euros. ¿¡Estás loca?!
-Al parecer… estaba.-contesté acomodándome de nuevo para dormir.
-¡Por qué tomaste tanto! ¡Pudo hacer daño, además estando ebria alguien pudo hacerte algo o…!
-¡Andi, no ahora, por favor!-murmuré oprimiendo los ojos.-Cómo si saber que no estaba embarazada y que todo fue psicológico no fuera suficiente. ¿Sabes cómo me afectó eso? ¡Creo que no porque tu no tuviste esos supuestos síntomas! No quiero hablar de esto, me siento mal ahora. ¿Puedes dejarme sola?
No me respondió, sentí que se levantó de la cama y se fue.
Llegó el martes y no mejoré ni un poco. Me la pasé todo el día en la cama sin comer nada. Pero me levanté para bañarme al menos.
Andy regresaba a las 4 de la tarde, así que me la pasaría sola toda la mañana. Pensaba en la novia de Bill, el mesero que sabía de lo de Bill. Creo que debería decirle que no sabía lo que hablaba.
Me puse de pie y me cambié, a cuestas salí de mi casa hasta el centro de Berlín a buscar al amigo de Andi.
Entré al bar, estaba algo vacío. Me senté en la barra y en eso apareció.
-¿Le sirvo…? ¡Olvídelo!-se dio media vuelta al reconocerme.
-¡Espera, no te vayas! No he venido a tomar esta vez, sé que Andi habló contigo y… me contó que tú le dijiste todo.-me incliné para estar más cerca de su rostro.- ¿Hasta qué punto le contaste “todo”?-le di énfasis a la última palabra.
-Bueno, lo de su… romance con…su hermano, no.-hizo una mueca de asco.
-Qué bueno. Debes saber que… cuando estoy ebria suelo hablar incoherencias y… puede que haya dicho muchas. No tengo ningún romance con mi hermano y de hecho… ¡Eso es estúpido!-me reí muy fuerte haciendo que los pocos clientes giraran en mi dirección.-Eso quería decirte. No le digas nada a Andi porque se volverá paranoico y dirá que es otro Bill y que lo engaño o no sé. Alguna estupidez.
Él asintió desconfiado. Busqué en mi cartera algo de dinero.
-¡Sólo cállate la boca!-murmuré más seria dejando 50 euros en la barra, el sonrió y los guardó rápidamente en su bolsillo.
¡Qué bien! Ahora si parecería que engaño a Andreas y que por eso le di dinero. Creo que lo había empeorado.
Pasé por una licorería rumbo a mi casa. Creí que no me llamaría la atención, pero terminé retrocediendo.
Salí de ahí con 2 botellas de tequila y una de whisky. Llegué a casa, abrí una y bebí como una alcohólica. Después de tragar todo ese sabor amargo, miré la botella, estaba empezando a refugiarme en el alcohol lo cual era… malo.
No paré hasta acabarla toda, por lo menos el dolor de cabeza desaparecía. Ya eran casi las 4, así que me levanté del suelo de la cocina con cuidado de no caerme, guardé todo y me fui a echar a mi cama. La vista me fallaba un poco, me sentía muy mareada. No sé como llegué a mi cama y me recosté. Justo la puerta sonó, esconder el olor fuerte del alcohol era imposible así que… igual se daría cuenta. Lo sentí entrar a la cocina.
-¡Violet!-gritó. Empecé a reírme, me sentía como una niña malcriada que había desobedecido órdenes de sus padres. Me senté en la cama a esperarlo, entró molesto soltándose la corbata.
-¡Has estado tomando!-gruñó. Asentí.
-Perdón.-logré articular con cuidado, me reí y luego me tapé la boca para que no se enfadara más.
-Pero… ¡Por Dios! ¡Pareces una niña! ¿Qué diablos te pasa?
-Me dolía mucho la cabeza y… perdóname, no quise hacerlo pero… algo adentro me obligó.-me excusé saliendo de mi cama y caminando arrodillada hacia donde él estaba. Quería abrazarlo y darle un beso.
-¡Vai, hueles a alcohol!-se alejó de mí.
-¡Ahhh!-perdí el equilibrio y me fui a un costando cayéndome de la cama al suelo. De inmediato vino a ayudarme y ponerme de pie.
-¡Siéntate!-me dijo. Me senté y me sobaba el brazo, pero no dolía.
-¿Te hiciste daño en el brazo?-se preocupó intentando ver mi brazo.
-No.
-¿Y por qué lo sobas?
-por inercia.-encogí los hombros. Negó con la cabeza.
-Te amo, ¿Lo sabías?-rodeé su cuello con mis brazos encarcelándolo y quise darle un beso, pero él se puso de pie e intentó quitar mis brazos.
-¡Basta, Vai, cuando se te pase, te daré mil besos, pero ahora no!-murmuraba intentando echarme en la cama, pero yo no lo soltaba.
-¡Sólo un besito!-rogué. El me dio nada más que un piquito, pero yo aproveché y me tiré encima de él, quería desabotonar su camisa y quitarle la corbata, Andi se resistía.
-¡Hazme lo que quieras!-dije contra sus labios.
-¿¡Qué!?-replicó algo… asustado.
-¿Quieres que yo te quite la ropa?-inquirí mordiéndome el labio.
-¡NO!-gritó.
Me quité el polo muy rápido mientras estaba encima suyo. Introduje mis manos bajo su camisa mientras lo besaba. De pronto se escapó de mis brazos y me dejó en el suelo, arrodillada.
-¡Vai, contrólate!-pidió cerrando los botones de su camisa algo agitado.
-¿Ya no me deseas?-se me quebró la voz.
-¡Ay, no!
Se acercó a mí, aún con la camisa fuera del pantalón. Ahora yo lo quería lejos. Me senté en el piso quitando sus manos de mí, intentaba abrazarme.
-¡Ya no me quieres! De seguro Shania te ha dicho que ya ni me toques.-sollozaba.
-¡Te deseo y no sabes cuánto! Pero ahora no estás en tus cabales y… así no funciona. Ponte la ropa y te traeré un café. No vuelvas a tomar por favor.
-¡Ya no me quieres!-musité de nuevo. Dejó un beso en mi frente y se fue de la habitación. Busqué mi polo y me lo puse y me recosté de nuevo. Creo que él tenía razón.
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-¿Sabes qué me di cuenta?
-¿Qué?-contestó Stephen, el amigo de Andreas, sentado en el sofá.
-Cada que mi esposa toma, se vuelve más… ardiente. Y yo a veces soy muy débil…-confesó Andi en voz baja por si Vai lo escuchaba.
-Pues agradécele a Dios que te dio una esposa ardiente.
-¡Sólo cuando toma!-se apresuró a contestar el rubio.
-Sí, bueno. La mía no quiere hacer nada desde que tuvimos al bebé. Dice que no, que está cansada… Una vez que tienes un hijo, ya no vuelves a dormir tranquilo.-le contestó su amigo bebiendo un poco de cerveza en lata.-Oye, quería mencionarte algo…
Se acomodó y se le acercó a Andreas misteriosamente.
-Supongo que ya te habrás dado cuenta de cómo te mira Shania, ¿no?-sonrió con picardía.
-¿Y?-replicó Andi.
-¿Cómo que Y? ¡Eres ciego o qué! ¡Tiene unas curvas de infarto! ¿No te has dado cuenta que quiere algo contigo?
-Soy un hombre casado y no hables de eso en mi casa, Vai te puede escuchar.
-Vamos a tomar un café.
-¡La tengo que cuidar!
-¿Eres su nana o qué? Andi, pasas mucho tiempo con tu mujer, vamos a tomar un “Café”-dándole énfasis a la última palabra.
El timbre sonó justo cuando Andi iba a responder. Se paró y fue a abrir.
-¡Bill, hermano!-lo saludó con un abrazo.- ¿Qué te trae por acá?
-Bueno, quería conversar con mi hermana.
-¡El mismo Bill Kaulitz en persona!-se sorprendió su amigo. Le dio la mano, Bill sonrió alagado.
-¡Ahí está! Él puede cuidar a tu esposa mientras tú y yo vamos a tomar un café.-comentó Stephen muy entusiasmado.
-No creo, mejor…
-¡Me parece una excelente idea!-interrumpió Bill al rubio, con una sonrisa de oreja a oreja, no podía ser mejor.- Ve, Andi, yo cuido a mi hermana.
-Pero ella... ha tomado y…
-¡Yo la cuido, Andi!-alzó la voz.
Bill se dio el trabajo de ponerle le casaca a su amigo y botarlo hacia la puerta. Stephen lo jalaba también.
-Le hice un poco de sopa, se lo das. Y dale café después, ella está muy ebria.
-Por supuesto, adiós, pásenla bien.-el pelinegro cerró la puerta casi en la cara de Andi. Sonrió para sí mismo y caminó directo a la habitación. Se quedó en el umbral de la puerta mirando la figura femenina recostada dándole las espaldas.
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Fer se hallaba tomando una infusión, mirando al patio por la ventana de su cocina. No podía creer que iba a tener un hijo de Tom.
No podía creer tampoco lo que le había dicho hace días. Miraba su vientre, aún no se notaba el embarazo, pero las faldas que solía usar para ir a trabajar empezaban a ajustarle la cintura. Fran iría en esa tarde a verla.
Tenía aún en mente la pelea de Fran y Tom en su oficina. Su jefe la había regañado y le mandó un memorándum a Fran. El timbre sonó, era él. Fue a abrir muy seria, él la recibió con una sonrisa, pero Fer no la devolvió.
-¿Estás bien?... No me digas que sigues molesta por la pelea.
-No, en realidad no. Bueno un poco. Te ves fatal, mira tu ceja.-se enterneció Fer.
-Sí, me duele, pero ya pasará, quizá con un besito.
Ella sonrió. De pronto su semblante cambió y tuvo que correr en busca de un baño. Fran se preocupó y se quedó en la sala esperándola.
-¿Estás bien?-se puso de pie de un salto, se acercó a ella.
-No es nada-se aclaró la garganta- Me cayó mal la comida.
-Estás así de rara desde hace tiempo. ¿Me ocultas algo como lo de ese hippie?
-Es mi ex… sólo que él no sabía que yo estaba contigo.
-Pero dime que al menos terminaron.
-¡Claro que sí! Es sólo que… aún no lo asimila.-miró al suelo apenada.
-Ya veo, dime porque estás mal. ¿Acaso estás embarazada?
Los ojos de Fer se sobre abrieron. Ella le dio la espalda, Fran se había dado cuenta.
-¡No qué te pasa, es imposible! Yo no estoy embarazada.-se defendió casi gritando.
-¡Sólo decía! ¿Vamos a tomar café? O quizá por ahí un poco de coctel de algarrobina, los que tanto te gustan- sonrió su novio.
-Quisiera pero no. No tengo ganas mi amor.-fingió de nuevo.-Mejor tomamos algo aquí y…
No pudo continuar ya que se desvaneció y por poco cae al suelo, Fran la cogió en el aire y la llevó a su habitación. Le hizo oler un poco de alcohol ya que no reaccionaba. Poco a poco despertó.
-Voy a llamar a un doctor.
-¡No lo hagas!-suplicó ella.
-No me quieres decir que te pasa y yo no soy un imbécil.-le recriminó algo enfadado.
-Fran… es que estoy embarazada.
-¿¡Qué!?
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-¿A qué has venido?-inquirí notando su presencia. Había escuchado su voz, lo menos que quería era verlo.
-Quería conversar contigo lo que pasó ese día.
-No lo recuerdo, pierdes tu tiempo. –contesté tajante. -Déjame dormir y vete, llama a Andreas, tengo hambre.
Se fue, esperaba a mi esposo, ansiosa. Estaba borracha y temía hacer algo malo. No quería engañar a Andi.
Sentí unos pasos, supuse era Andreas, así que me acomodé. Me quedé pasmada al verlo con un plato de sopa. Entró, lo dejó en la mesa de coche y se sentó en mi cama.
-¿Andi?
-Salió con un amigo. Le dije que yo te cuidaría.
-No, no pienso quedarme sola contigo.
Me puse de pie como pude, intenté caminar y me bloqueó el camino.
-¡Escúchame!-gritó.
-¡No, muévete Bill, no quiero verte, mucho menos en mi casa!
-Quería pedirte perdón por mi actitud ese día.
-Bien. ¿Te vas ahora?
Sé que estaba siendo frívola, pero no sentía nada, la verdad, más que enojo e ira. Salí y por supuesto, terminé resbalándome con la alfombra, fue peor el hecho de pararme porque no podía. Pronto vino a auxiliarme y me resigné y me dejé ayudar, fui a la cocina con él.
-Te haré un café.
-No quiero nada tuyo.
-Deja de ser testaruda.-reclamó.
Me hizo el café, se demoró un poco ya que no conocía la ubicación del azúcar ni del café, tampoco preguntó, siempre fue así de orgulloso, igual yo no le iba a decir nada. Lo miraba preparar el café y retrocedí en el tiempo, hace 8 años, cuando aún nos… ¿Amábamos? Verlo en la cocina preparándome algo, yo feliz contemplándolo en silencio… algo así sentía ahora.
¿Cómo pudo cambiar todo en 8 años? Se supone era amor del bueno, ¿O no? Pronto lo dejó en la mesa y él se sentó al frente mío. Lo miré de reojo, estaba serio. Jaló la silla para estar más cerca de mí.
-No te acerques más.-le advertí.
-¿Por qué no?-preguntó muy curioso. Yo sé que él sabía la respuesta, pero se hacía el tonto.
-Porque… no.
-Vaya excusa.-resopló resignado.
-¡Ya basta!-me puse de pie produciendo un sonido fuerte con la silla.- ¿Qué quieres, a qué has venido?
-Sólo a disculparme por haberte besado sin querer.
-Fue queriendo, Bill.
-Fue un impulso, sólo eso. ¿Olvidas que solía perder el control? Aparte que fueron 8 años sin verte, me causaba curiosidad saber que sentiría al besarte después de este tiempo.
-¡Ya olvida el pasado! ¡No puedes vivir en el pasado y el presente a la vez! Tu novia es el presente y…y…-me quedé en silencio, lo que iba a decir era un tanto doloroso, pero no mucho, creo.-Yo soy tu pasado.
¡Lo dije!
Bien, Vai. Estás mintiéndote.
¡Claro que no! ¡Es cierto!
Sabes que no. Tu aún… lo…
¡No digas eso!
-¿Quieres que te diga algo?-interrumpió Bill mi monólogo con mi conciencia.-Prefiero quedar encapsulado en el pasado antes que vivir en el presente. Ese día que vine a visitarte, al decirte que yo no sabía lo que hacíamos hace 8 años, mentí. Sabía muy bien lo que hacía y no me arrepiento. Puede que tú si hayas sido una niña y que realmente no sabías lo que hacías, no lo sé, pero yo no, Vai.-Me habló muy serio y algo enfadado…-No he dejado de pensar en ti, el día en que te casaste y como me dolió verte con… con… mi mejor amigo, casándote con él. Ahora eres su esposa. Imagina como me puse cuando me dijiste que podrías estar embarazada, menos mal que no…y… lo envidio, ¡Lo envidio mucho! tengo muchos celos y mucha cólera. Tú eras mía, mi pequeña Vai y ya… no. Te fuiste de mis brazos y no quisiste volver y ¿Sabes que es lo peor?-levantó la mano acercándose a mí, esta vez sí estaba llorando… Bill llorando…-Que yo aún te estoy esperando. Llámalo masoquismo o como quieras, pero te amo y jamás dejaré de hacerlo. Yo te lo dije un día y sigo cumpliendo con esa promesa. Jamás dejaré de amarte.-dijo entre dientes.-Eso es todo. Adiós.
Volteó el rostro y se fue, me dejó ahí parada sin poder moverme. No sabía si lo había alucinado y eran efectos del alcohol o era cierto, me giré.
-¿Y Sophie qué?-me aventuré a preguntar.
-Sophie es sólo una chica linda. Nada más.
Cerró la puerta tras suyo y entonces comprendí que no eran alucinaciones. Caminé en dirección incierta y me senté al filo de la ventana. Miré todo Berlín… Cerré los ojos. Sentí una brisa, podía jurar que era el mismo aire que me acompañaba ese día en el lago, recordé todo lo que viví en Leipzig, mi casa, mi habitación… el psiquiatra, Romina, Mathew, Aaron, Karinne… mi vida.
Cuando abrí los ojos, las lágrimas me habían ganado. Miré mi cuerpo, sólo traía un short de dormir y un polo. De pronto era como si la borrachera se marchara, limpié mis lágrimas con cólera. Me puse de pie y me fui a dormir, tratando de no pensar en lo que Bill había dicho.
-Él es tu pasado, Vai, Andi es tu presente.-intentaba convencerme.
“Tú también prefieres vivir encapsulada en el pasado, jamás dejarás de amarlo del todo, también fue una promesa”
Entonces me di cuenta que mis sentimientos hacia él, habían renacido. Y estaban allí, presentes ahora mismo en mi corazón y en mi mente.