miércoles, 22 de junio de 2011

6°CAPÍTULO


-¿Qué pasó?-preguntó Bill tras su gemelo.
-¡Se acabó! ¡Todo se fue a la mierda, Bill!-contestó llorando.
-¿Por qué lo dices? ¿Fer terminó contigo?-se apresuró a preguntar inquieto.
-Eso ya lo había hecho hace tiempo.-replicó Tom enfadado.-Ella está embarazada. Tiene 2 meses y medio.
-Coincide con la fecha en la que fuiste a verla y yo fui a ver a Vai. No me digas que tú…
Tom miró a su hermano fijamente.
-No, es del gorila con él que me peleé hoy.
Esquivó la mirada de su gemelo y se sentó en su cama. Ninguno habló. Un trueno retumbó en todo Berlín, una tormenta se avecinaba.
-Ella está embarazada, Bill. Y de otro hombre. Yo si vine aquí fue por una razón, por ella. Porque amaba todo lo que hacíamos juntos, amaba su risa, su voz, la manera en que me decía idiota cuando discutíamos, lo linda que se veía cuando se enfadaba. ¿Sabes? Siempre odié ser el culpable de sus lágrimas. No sé como fui tan imbécil de engañarla, ahora me quedé sólo.
-Pero hay otras chicas afuera…
-¡NO! ¡Yo la quiero a ella! No quiero a ninguna otra.-gritó poniéndose de pie y dirigiéndose a la ventana. La abrió totalmente y dejó a la lluvia entrar a su habitación junto al fuerte viento.
-¿Qué haces?-se estremeció Bill al sentir el viento helado.
-No tengo idea. Necesito estar sólo, ¿Te puedes ir?

Bill salió sin decir más y fue en busca de una casaca. Su novia seguía abajo muy confundida. A penas lo vio aparecer en las gradas, se paró y se aproximó a él.
-¿Qué le pasa a tu hermano?
-Nada… tuvo una pelea con la chica que salió. ¿Salimos?-evadió el tema.
-No me quieres contar… ¿No confías en mí?-se entristeció.
-Sí, claro que sí. Pero no puedo contarte cosas. Esto es algo personal de Tom que sólo me lo contaría a mí. Yo no puedo decírselo a nadie.
-¡Genial! ¡No confías en mí!-se cruzó de brazos dándole la espalda.
-Sí lo hago, nena es que…
-Tengo frío. Mejor me voy. Cuando confíes en mí, me llamas.
-Pero…-intentó detenerla, Bill.
-Nada de peros. Adiós.
Cogió su chaqueta y salió a pesar de la lluvia. Bill se asomó a la ventana para verla, caminaba muy gracioso para evitar pisar los charcos, rió en silencio.

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La semana se pasó rápido, a pesar de que yo deseara lo contrario. No quería que llegara el sábado y salir en “4”. No soportaba a la rubia, sus ideas y no quería ver a Bill.
Intenté hacer de todo para enfermarme, desde ir a un parque a lloverme con poca ropa hasta caminar descalza por casa siempre. Abrir las ventanas y que el frío entre, salir de la ducha caliente y que el aire frío chocara con mi cuerpo produciéndome un resfriado… pero justo ahora que no me cuidaba, el maldito resfriado no aparecía.

Llegó sábado y con él, un Andy un tanto perturbador.
-¿Por qué no quieres ir? Es de mala educación. Ella nos invitó.
-No creo que lo pague todo.-lo contradije arreglándome frente al espejo muy fastidiada.
-Y eso qué,  lo que pasa es que estás celosa y no quieres admitirlo.
-Esa palabrita de nuevo…-me puse de pie y empecé a andar en círculos.
-Es la verdad. Lo entiendo, es tu hermano.
-¡Qué no son celos! Las rubias son… patéticas. Paso.-dije entre dientes.
-Y aquí vamos de nueva con las rubias…-suspiró Andi.
-Mejor no hablemos del tema.-finalicé.-Si voy, es por compromiso y ser educada. Es todo. Te espero en la sala.
-Pero si a ti te encantaba pasar tiempo con Bill.-lo escuché hablar tras mis espaldas.
-Sí, solía gustarme.-me apresuré a contestar sólo para mí.

Ya estábamos en el auto rumbo al centro comercial. Yo estaba más que de mal humor, tenía arañas caminando en el vientre y no hallaba como calmarlas y calmarme yo. Presentía que iba a estar un poco fastidiosa con la cabeza de poodle, espero equivocarme.
Dejó en carro en el estacionamiento. Me tomó la mano y caminamos al centro. Había muchísima gente lo cual dificultó que los divisáramos rápido. Aunque la cabeza de la rubia era fácil de distinguir.
-Si ves una cabeza que parece una coliflor amarilla, es la poodle.-le insté a Andi con mi sarcasmo de nuevo.
-Vai, no hagas esas bromas en su presencia.-me regañó calmado.
-Bien, lo intentaré pero no aseguro nada.
-Allá están.-señaló en una mesa dentro del centro.
Fuimos hasta allá, conversaban amenamente, ella… estaba lacia. Su cabello era mucho más largo que el mío ahora y… rubio. Se veía linda, atraía miradas de todas partes. Pero no sólo estaban ellos, también 4 guarda espaldas. 2 para cada uno.

-¡Bill!-saludó mi esposo. Yo sólo le di una sonrisa amable a la rubia y a mi hermano ni lo miré.
-Vamos a comprar entradas o no encontraremos nada.-sugerí. Entonces, la rubia sacó 4 tickets de su bolso.
-Ya no hace falta. No había comedia, Bill mencionó que te gustaban las comedias. Así que veremos una romántica.-se dirigió a mí.
-Genial.
-¿Vamos yendo?-interrumpió Andi. Los 4 caminamos. Bill con su novia por delante que un poco más y lo acaparaba sólo para ella, yo y Andi atrás. Él me hablaba de algo pero no lo escuchaba. Miraba a los guardaespaldas atrás de ellos, y a sus costados. Y miraba como ella le susurraba cosas al oído, como Bill sonreía, como le tomaba la mano con fuerza y se apoyaba en su hombro. Todo eso me resultaba abrumador, no quería seguir viéndolos pero era imposible si los tenía al frente. Sabía que no debí venir.

Entramos, nos acomodamos, y empezó la película. Era recontra dramática y romántica. Me recordaba a “The Notebook”. Miraba algunas partes y otras… de reojo los miraba a ellos. Ella lloraba y se colgaba de Bill, él sólo la acariciaba. Andi tenía mi mano tomada. Y yo, algo molesta.
Acabó, nos paramos, fue un final… feliz y triste. Ambos mueren pero juntos…
Me gustaría envejecer junto a la persona que tanto amo.
¿Andi?
Sí, eso creo. Ella seguía llorando.
-Bill, te amo, quiero que también nos volvamos viejos juntos y que nunca me dejes. Me gustaría morir junto a ti.-sollozaba.
-Claro que sí, nena. También te amo.-replicó él.
Remedé a la rubia en silencio, Andi me observó y sólo suspiró.
Te amo. ¿Qué significaba esa palabra? Sólo iban unos cuantos meses y ya se decían te amo.
¡Ah, qué irritante!
-¿Nos podemos ir?-intervine interrumpiendo  su momento.
Ambos retomaron la compostura, Bill me miró a los ojos por primera vez por sólo segundos, cogió a su novia por una mano y la jaló a la puerta. A su lado fueron sus gorilas.

Fuimos a un Starbucks a tomar unos frapps. Se le pasó lo sentimental y ella y Andi conversaban muy bien, mientras yo y Bill estábamos aburridos.
Aparte que tener ahí a los guardaespaldas era incómodo. De cuando en cuando ella se giraba a su novio y le acariciaba la mejilla, Bill sólo sonreía.
-¡Oh, paparazzis!-chilló y empezó a saludarlos. Mi hermano bajó la mirada, pero ella le sujetó la barbilla y le plantó un beso.
Eso fue todo, ya no podía seguir ahí mirando todo. Era como si mil pedazos de vidrio se clavaban en mi corazón.
-Ya vengo.-dije, me paré y me giré sin mirar atrás. Me tomaron fotos algunos paparazzis, pero no importaba ya.
 Había un hermoso balcón que divisé cuando entramos. Fui allí y me acerqué a mirar un poco el cielo nublado. Respirar aire frío no me haría nada mal. Pero empezaba a dolerme la garganta.
-Y ahora si vienes, resfriado de mierda.-murmuré abrigándome con mis brazos.
-¿Todo bien?-me preguntó una voz masculina. Era Andi. Se aproximó a mi lado y metió las manos al bolsillo de su pantalón.
-Sí, eso creo. Me enfermaré muy pronto.
-Lo lograste al fin.-replicó sonriendo apoyándose en la baranda.
-¿Cómo sabías que pretendía eso?
-Era obvio, mi amor.-se aventuró a responder. Sonreí y coloqué una mano sobre la suya.
- Siempre recuérdame que me amas.-repuse en voz  baja.
-¿Por qué lo dices?-me miró con curiosidad.
-No preguntes.
Lo abracé por un instante.
-“Puedo olvidarlo”-pensé. Cerré los ojos para sólo pensar en él y todos los momentos lindos que pasamos, pero sólo aparecía Bill y los momentos lindos que pasé con él, un claro ejemplo: el día en el que fuimos uno.
Oprimí los ojos con fuerza intentando desaparecer todo eso, era en vano.
-Ve adentro, la ru…
-Sophie.-me corrigió.
-Sí, ella, no tendrá con quien hablar.-sonreí.
-¿Estarás bien?-alzó un brazo colocándolo en mi hombro.
-Sí, sólo quiero mirar la ciudad.
Dejó un largo beso en mis labios, de reojo, vi a Bill saliendo del baño y me miró con recelo. De inmediato me aparté de Andi.
-¿Pasa algo?-frunció el ceño.
-No es sólo que… creí ver a alguien conocido. Ve, mi amor.
Él se fue, para cuando quise ver si Bill seguía ahí, ya se había ido.
-¿Qué diablos me pasa?-me regañé a mí misma. En eso sentí una fuerte mirada en mis espaldas, me giré ahí estaba él, mirándome. Me volví rápidamente, tragué saliva con dificultad e intenté no parecer nerviosa ni nada. No me hablaba por días y yo no pensaba dar el primer paso. De hecho, era mejor si no nos hablábamos hasta que se fuera. No quería lastimar a Andi, él no se lo merecía.
Él no me merecía.
Se colocó a mi lado también, rascó su nuca, miraba de un lado a otro. Me di media vuelta, si él iba a quedarse, entonces me iba yo.
-¡Violet!-me llamó justo cuando estaba en la puerta. Me quedé helada, pensé en  seguirme pero no pude. Tomé fuerzas y di un paso más para irme contra mí voluntad, era mejor. Entonces me cogió del brazo, algo brusco, me adentró al balcón, se percató de que no haya nadie mirando y cerró la puerta del balcón.
¡Genial!
-¿Qué te ocurre? Quiero irme con mi esposo-me puse a la defensiva mientras un fuerte viento azotaba mis cabellos.
-No hasta que hablemos bien.-indicó con el gesto endurecido. Tenía cólera y a la vez miedo a mis reacciones. No quería echar todo a perder con mi esposo. Bill hacía que yo perdiera la razón y el control sobre mí.
-Entonces habla. ¿Qué quieres?-musité dándole la espalda de nuevo. Se apoyó en el barandal alado mío, yo me hice más allá para evitar estar cerca suyo, fue en vano, él se apegó.
-Quiero una explicación. –sentenció muy serio.
-No tengo nada que explicarte. ¿Me puedo ir ahora? Ni siquiera sé porque te lo pregunto.-gruñí. De nuevo me acerqué a la puerta, cuando intenté abrirla me jaló de un brazo, me apegó a su cuerpo y en un segundo ya estaban sus labios encima de los míos. Intenté apartarlo con todas mis fuerzas, lo miraba con los ojos abiertos pero él los tenía cerrados. Sus brazos eran como una cárcel, los tenía alrededor de mi cintura y espalda apegándome a su cuerpo violentamente. Por más que intentaba quitármelo de encima no podía, pensaba en ¿Qué pasaría si mi esposo entraba por esa puerta? ¿Qué pasaría si la rubia entra y nos ve? ¿Qué pasaría si un paparazzi tomaba una foto y la publicaba mañana en todas partes? Mil cosas andaban en mi mente en círculos. Golpeaba su pecho con insistencia, me hacía para atrás pero él se acercaba más. No parecía querer terminar con eso, fue entonces que dejé de luchar. ¿Qué pasaría si me dedicaba a disfrutar el momento?
Poco a poco fue soltando la presión en mi cintura y sobre mis labios. Se alejó y se aclaró la garganta, miraba al suelo con total confusión y yo miraba directo a través de sus ojos.
-¿Qué sentiste?-inquirió al fin tras su silencio. Era tal la cólera que tenía en mi interior que llevé una mano a su rostro y la estampé a su mejilla con fuerza volteando su rostro a un costado, pero él no dijo nada.
-Eso te lo dice todo.-repuse con frialdad. Abrí la puerta y salí de ahí con paso apurado e irritada. Me había besado sin mi permiso y mi orgullo me prohibía quedarme de brazos cruzados. Aparte que Andi estaba presente. No podía engañarlo mientras él estaba a metros mío y ser tan fresca.
-¿Y Bill?-me preguntó la rubia.
-¿Me ves con cara de saberlo?-repliqué amarga. Ella levantó las cejas. Andi suspiró de nuevo. En eso Bill llegó como si nada y se sentó a su lado.
-¡Mi amor, dónde estuviste!-inquirió preocupada.
-En el baño. ¿Me perdí de algo?-alegó sonriendo absorbiendo un poco de su frapp.
¡Pero qué obstinado era!
-¡Ah!-protesté en silencio y me puse de pie haciendo un ruido ensordecedor con la silla. Cogí mi cartera y salí de ese local. Miles de paparazzis afuera, no me importó nada. Preguntas, fotos… ya nada importaba.
Caminé al estacionamiento y me quedé parada esperando a Andi. Estoy segura no tardaría en venir.
Ahí estaba.
-¿Por qué hiciste eso? Es de mala…
-¡¡A la mierda con la educación!! No aguanto a Bill ni a su rubia.-Grité-¡No espero que lo entiendas y la verdad que tampoco me importa, sólo quiero largarme de este lugar de una maldita vez! ¿Me das las llaves o qué?-extendí la mano. Me las dio, subí al auto y él en el asiento de copiloto. Arranqué con fuerza y manejé intentado descargar toda mi ira yendo a velocidad y esquivando carros poniendo mi vida en riesgo y la de Andreas.
Cuando llegamos a casa, sólo atiné a lanzar mis cosas en el sofá, ir en busca de mi cama y tirarme allí y llorar de impotencia.
-¡Cree que con esa actitud va a hacer que yo caiga por él! ¡Se equivoca!-discutía mentalmente.- ¡Me robó un beso en un lugar público y luego como si nada, qué le pasa!
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Pasó el fin de semana, me la pasé encerrada en casa y para colmo, enferma. Tenía un dolor de cabeza terrible y mi voz se había vuelto más gruesa de lo normal. Lunes llegó y no fui a trabajar, llamé a mi jefe, al escuchar mi voz, me dijo que definitivamente si hubiera ido, me hubiera regresado a casa. Le agradecí por tal gesto, no todos podría agradecer de tener un jefe como el mío.
-Mi amor, hablé con David.-me comentó Andi mientras me traía un mate con limón y miel.
-¿Tu jefe?-repliqué  reincorporándome.
-No, mi amigo del bar del centro de Berlín.
La sangre huyó de mi rostro, lo malo de cuando me emborrachaba es que siempre recordaba todo, así que ni siquiera podía comportarme frescamente.
-¿A…así?-titubeé.- ¿Qué te dijo?-inquirí inocentemente. Bebí un sorbo del mate,  hice una mueca de dolor ya que estaba caliente. Espero no le haya comentado nada de que amaba a Bill y toda esa basura que dije.
-¿No me digas que no lo sabes?-replicó torciendo la boca.
-N…no. Estaba ebria, ¿Recuerdas?
-Exacto. Pero, tú siempre recuerdas lo que haces a pesar de estar ebria.
¡Cómo me conocía este hombre!
-Bien. ¿Qué te dijo?
-¡Todo! ¿¡Cómo pudiste beber todo eso?! La cuenta salió más de 500 euros. ¿¡Estás loca?!
-Al parecer… estaba.-contesté acomodándome de nuevo para dormir.
-¡Por qué tomaste tanto! ¡Pudo hacer daño, además estando ebria alguien pudo hacerte algo o…!
-¡Andi, no ahora, por favor!-murmuré oprimiendo los ojos.-Cómo si saber que no estaba embarazada y que todo fue psicológico no fuera suficiente. ¿Sabes cómo me afectó eso? ¡Creo que no porque tu no tuviste esos supuestos síntomas! No quiero hablar de esto, me siento mal ahora. ¿Puedes dejarme sola?

No me respondió, sentí que se levantó de la cama y se fue.
Llegó el martes y no mejoré ni un poco. Me la pasé todo el día en la cama sin comer nada. Pero me levanté para bañarme al menos.

Andy regresaba a las 4 de la tarde, así que me la pasaría sola toda la mañana. Pensaba en la novia de Bill, el mesero que sabía de lo de Bill. Creo que debería decirle que no sabía lo que hablaba.
Me puse de pie y me cambié, a cuestas salí de mi casa hasta el centro de Berlín a buscar al amigo de Andi.
Entré al bar, estaba algo vacío. Me senté en la barra y en eso apareció.
-¿Le sirvo…? ¡Olvídelo!-se dio media vuelta al reconocerme.
-¡Espera, no te vayas! No he venido a tomar esta vez, sé que Andi habló contigo y… me contó que tú le dijiste todo.-me incliné para estar más cerca de su rostro.- ¿Hasta qué punto le contaste “todo”?-le di énfasis a la última palabra.
-Bueno, lo de su… romance con…su hermano, no.-hizo una mueca de asco.
-Qué bueno. Debes saber que… cuando estoy ebria suelo hablar incoherencias y… puede que haya dicho muchas. No tengo ningún romance con mi hermano y de hecho… ¡Eso es estúpido!-me reí muy fuerte haciendo que los pocos clientes giraran en mi dirección.-Eso quería decirte. No le digas nada a Andi porque se volverá paranoico y dirá que es otro Bill y que lo engaño o no sé. Alguna estupidez.
Él asintió desconfiado. Busqué en mi cartera algo de dinero.
-¡Sólo cállate la boca!-murmuré más seria dejando 50 euros en la barra, el sonrió y los guardó rápidamente en su bolsillo.
¡Qué bien! Ahora si parecería que engaño a Andreas y que por eso le di dinero. Creo que lo había empeorado.
Pasé por una licorería rumbo a mi casa. Creí que no me llamaría la atención, pero terminé retrocediendo.
Salí de ahí con 2 botellas de tequila y una de whisky. Llegué a casa, abrí una y bebí como una alcohólica. Después de tragar todo ese sabor amargo, miré la botella, estaba empezando a refugiarme en el alcohol lo cual era… malo.
No paré hasta acabarla toda, por lo menos el dolor de cabeza desaparecía. Ya eran casi las 4, así que me levanté del suelo de la cocina con cuidado de no caerme,  guardé todo y me fui  a echar a mi cama. La vista me fallaba un poco, me sentía muy mareada.  No sé como llegué a mi cama y me recosté. Justo la puerta sonó, esconder el olor fuerte del alcohol era imposible así que… igual se daría cuenta. Lo sentí entrar a la cocina.
-¡Violet!-gritó. Empecé a reírme, me sentía como una niña malcriada que había desobedecido órdenes de sus padres. Me senté en la cama a esperarlo, entró molesto soltándose la corbata.
-¡Has estado tomando!-gruñó. Asentí.
-Perdón.-logré articular con cuidado, me reí y luego me tapé la boca para que no se enfadara más.
-Pero… ¡Por Dios! ¡Pareces una niña! ¿Qué diablos te pasa?
-Me dolía mucho la cabeza y… perdóname, no quise hacerlo pero… algo adentro me obligó.-me excusé saliendo de mi cama y caminando arrodillada hacia donde él estaba. Quería abrazarlo y darle un beso.
-¡Vai, hueles a alcohol!-se alejó de mí.
-¡Ahhh!-perdí el equilibrio y me fui a un costando cayéndome de la cama al suelo. De inmediato vino a ayudarme y ponerme de pie.
-¡Siéntate!-me dijo. Me senté y me sobaba el brazo, pero no dolía.
-¿Te hiciste daño en el brazo?-se preocupó intentando ver mi brazo.
-No.
-¿Y por qué lo sobas?
-por inercia.-encogí los hombros. Negó con la cabeza.
-Te amo, ¿Lo sabías?-rodeé su cuello con mis brazos encarcelándolo y quise darle un beso, pero él se puso de pie e intentó quitar mis brazos.
-¡Basta, Vai, cuando se te pase, te daré mil besos, pero ahora no!-murmuraba intentando echarme en la cama, pero yo no lo soltaba.
-¡Sólo un besito!-rogué. El me dio nada más que un piquito, pero yo aproveché y me tiré encima de él, quería desabotonar su camisa y quitarle la corbata, Andi se resistía.
-¡Hazme lo que quieras!-dije contra sus labios.
-¿¡Qué!?-replicó algo… asustado.
-¿Quieres que yo te quite la ropa?-inquirí mordiéndome el labio.
-¡NO!-gritó.
 Me quité el polo muy rápido mientras estaba encima suyo. Introduje mis manos bajo su camisa mientras lo besaba.  De pronto se escapó de mis brazos y me dejó en el suelo, arrodillada.
-¡Vai, contrólate!-pidió cerrando los botones de su camisa algo agitado.
-¿Ya no me deseas?-se me quebró la voz.
-¡Ay, no!
Se acercó a mí, aún con la camisa fuera del pantalón. Ahora yo lo quería lejos. Me senté en el piso quitando sus manos de mí, intentaba abrazarme.
-¡Ya no me quieres! De seguro Shania te ha dicho que ya ni me toques.-sollozaba.
-¡Te deseo y no sabes cuánto! Pero ahora no estás en tus cabales y… así no funciona. Ponte la ropa y te traeré un café. No vuelvas a tomar por favor.
-¡Ya no me quieres!-musité de nuevo. Dejó un beso en mi frente y se fue de la habitación. Busqué mi polo y me lo puse y me recosté de nuevo. Creo que él tenía razón.
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-¿Sabes qué me di cuenta? 
-¿Qué?-contestó Stephen, el amigo de Andreas, sentado en el sofá.
-Cada que mi esposa toma, se vuelve más… ardiente. Y yo a veces soy muy débil…-confesó Andi en voz baja por si Vai lo escuchaba.
-Pues agradécele a Dios que te dio una esposa ardiente.
-¡Sólo cuando toma!-se apresuró a contestar el rubio.
-Sí, bueno. La mía no quiere hacer nada desde que tuvimos al bebé. Dice que no, que está cansada… Una vez que tienes un hijo, ya no vuelves a dormir tranquilo.-le contestó su amigo bebiendo un poco de cerveza en lata.-Oye, quería mencionarte algo…
Se acomodó y se le acercó a Andreas misteriosamente.
-Supongo que ya te habrás dado cuenta de cómo te mira Shania, ¿no?-sonrió con picardía.
-¿Y?-replicó Andi.
-¿Cómo que Y? ¡Eres ciego o qué! ¡Tiene unas curvas de infarto! ¿No te has dado cuenta que quiere algo contigo?
-Soy un hombre casado y no hables de eso en mi casa, Vai te puede escuchar.
-Vamos a tomar un café.
-¡La tengo que cuidar!
-¿Eres su nana o qué? Andi, pasas mucho tiempo con tu mujer, vamos a tomar un “Café”-dándole énfasis a la última palabra.
El timbre sonó justo cuando Andi iba a responder. Se paró y fue a abrir.
-¡Bill, hermano!-lo saludó con un abrazo.- ¿Qué te trae por acá?
-Bueno, quería conversar con mi hermana.
-¡El mismo Bill Kaulitz en persona!-se sorprendió su amigo. Le dio  la mano, Bill sonrió alagado.
-¡Ahí está! Él puede cuidar a tu esposa mientras tú y yo vamos a tomar un café.-comentó Stephen muy entusiasmado.
-No creo, mejor…
-¡Me parece una excelente idea!-interrumpió Bill al rubio, con una sonrisa de oreja a oreja, no podía ser mejor.- Ve, Andi, yo cuido a mi hermana.
-Pero ella... ha tomado y…
-¡Yo la cuido, Andi!-alzó la voz.
Bill se dio el trabajo de ponerle le casaca a su amigo y botarlo hacia la puerta. Stephen lo jalaba también.
-Le hice un poco de sopa, se lo das. Y dale café después, ella está muy ebria.
-Por supuesto, adiós, pásenla bien.-el pelinegro cerró la puerta casi en la cara de Andi. Sonrió para sí mismo y caminó directo a la habitación. Se quedó en el umbral de la puerta mirando la figura femenina recostada  dándole las espaldas.
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Fer se hallaba tomando una infusión, mirando al patio por la ventana de su cocina. No podía creer que iba a tener un hijo de Tom.
No podía creer tampoco lo que le había dicho hace días. Miraba su vientre, aún no se notaba el embarazo, pero las faldas que solía usar para ir a trabajar empezaban a ajustarle la cintura. Fran iría en esa tarde a verla.
Tenía aún en mente la pelea de Fran y Tom en su oficina. Su jefe la había regañado y le mandó un memorándum a Fran. El timbre sonó, era él. Fue a abrir muy seria, él la recibió con una sonrisa, pero Fer no la devolvió.
-¿Estás bien?... No me digas que sigues molesta por la pelea.
-No, en realidad no. Bueno un poco. Te ves fatal, mira tu ceja.-se enterneció Fer.
-Sí, me duele, pero ya pasará, quizá con un besito.
Ella sonrió. De pronto su semblante cambió y tuvo que correr en busca de un baño. Fran se preocupó y se quedó en la sala esperándola.
-¿Estás bien?-se puso de pie de un salto, se acercó a ella.
-No es nada-se aclaró la garganta- Me cayó mal la comida.
-Estás así de rara desde hace tiempo. ¿Me ocultas algo como lo de ese hippie?
-Es mi ex… sólo que él no sabía que yo estaba contigo.
-Pero dime que al menos terminaron.
-¡Claro que sí! Es sólo que… aún no lo asimila.-miró al suelo apenada.
-Ya veo, dime porque estás mal. ¿Acaso estás embarazada?
Los ojos de Fer se sobre abrieron. Ella le dio la espalda, Fran se había dado cuenta.
-¡No qué te pasa, es imposible! Yo no estoy embarazada.-se defendió casi gritando.
-¡Sólo decía! ¿Vamos a tomar café? O quizá por ahí un poco de coctel de algarrobina, los que tanto te gustan- sonrió su novio.
-Quisiera pero no. No tengo ganas mi amor.-fingió de nuevo.-Mejor tomamos algo aquí y…
No pudo continuar ya que se desvaneció y por poco cae al suelo, Fran la cogió en el aire y la llevó a su habitación. Le hizo oler un poco de alcohol ya que no reaccionaba. Poco a poco despertó.
-Voy a llamar a un doctor.
-¡No lo hagas!-suplicó ella.
-No me quieres decir que te pasa y yo no soy un imbécil.-le recriminó algo enfadado.
-Fran… es que estoy embarazada.
-¿¡Qué!?
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-¿A qué has venido?-inquirí notando su presencia. Había escuchado su voz, lo menos que quería era verlo.
-Quería conversar contigo lo que pasó ese día.
-No lo recuerdo, pierdes tu tiempo. –contesté tajante. -Déjame dormir y vete, llama a Andreas, tengo hambre.
Se fue, esperaba a mi esposo, ansiosa. Estaba borracha y temía hacer algo malo. No quería engañar a Andi.
Sentí unos pasos, supuse era Andreas, así que me acomodé. Me quedé pasmada al verlo con un plato de sopa. Entró, lo dejó en la mesa de coche y se sentó en mi cama.
-¿Andi?
-Salió con un amigo. Le dije que yo te cuidaría.
-No, no pienso quedarme sola contigo.
Me puse de pie como pude, intenté caminar y me bloqueó el camino.
-¡Escúchame!-gritó.
-¡No, muévete Bill, no quiero verte, mucho menos en mi casa!
-Quería pedirte perdón por mi actitud ese día.
-Bien. ¿Te vas ahora?
Sé que estaba siendo frívola, pero no sentía nada, la verdad, más que enojo e ira. Salí y por supuesto, terminé resbalándome con la alfombra, fue peor el hecho de pararme porque no podía. Pronto vino a auxiliarme y me resigné y me dejé ayudar, fui a la cocina con él.
-Te haré un café.
-No quiero nada tuyo.
-Deja de ser testaruda.-reclamó.
Me hizo el café, se demoró un poco ya que no conocía la ubicación del azúcar ni del café, tampoco preguntó, siempre fue así  de orgulloso, igual yo no le iba a decir nada. Lo miraba preparar el café y retrocedí en el tiempo, hace 8 años, cuando aún nos… ¿Amábamos? Verlo en la cocina preparándome algo, yo feliz contemplándolo en silencio… algo así sentía ahora.
¿Cómo pudo cambiar todo en 8 años? Se supone era amor del bueno, ¿O no? Pronto lo dejó en la mesa y él se sentó al frente mío. Lo miré de reojo, estaba serio. Jaló la silla para estar más cerca de mí.
-No te acerques más.-le advertí.
-¿Por qué no?-preguntó muy curioso. Yo sé que él sabía la respuesta, pero se hacía el tonto.
-Porque… no.
-Vaya excusa.-resopló resignado.
-¡Ya basta!-me puse de pie produciendo un sonido fuerte con la silla.- ¿Qué quieres, a qué has venido?
-Sólo a disculparme por haberte besado sin querer.
-Fue queriendo, Bill.
-Fue un impulso, sólo eso. ¿Olvidas que solía perder el control? Aparte que fueron 8 años sin verte, me causaba curiosidad saber que sentiría al besarte después de este tiempo.
-¡Ya olvida el pasado! ¡No puedes vivir en el pasado y el presente a la vez! Tu novia es el presente y…y…-me quedé en silencio, lo que iba a decir era un tanto doloroso, pero no mucho, creo.-Yo soy tu pasado.
¡Lo dije!
Bien, Vai. Estás mintiéndote.
¡Claro que no! ¡Es cierto!
Sabes que no. Tu aún… lo…
¡No digas eso!
-¿Quieres que te diga algo?-interrumpió Bill mi monólogo con mi conciencia.-Prefiero quedar encapsulado en el pasado antes que vivir en el presente. Ese día que vine a visitarte, al decirte que yo no sabía lo que hacíamos hace 8 años, mentí. Sabía muy bien lo que hacía y no me arrepiento. Puede que tú si hayas sido una niña y que realmente no sabías lo que hacías, no lo sé, pero yo no, Vai.-Me habló muy serio y algo enfadado…-No he dejado de pensar en ti, el día en que te casaste y como me dolió verte con… con… mi mejor amigo, casándote con él. Ahora eres su esposa. Imagina como me puse cuando me dijiste que podrías estar embarazada, menos mal que no…y… lo envidio, ¡Lo envidio mucho! tengo muchos celos y mucha cólera. Tú eras mía, mi pequeña Vai y ya… no. Te fuiste de mis brazos y no quisiste volver y ¿Sabes que es lo peor?-levantó la mano acercándose a mí, esta vez sí estaba llorando… Bill llorando…-Que yo aún te estoy esperando. Llámalo masoquismo o como quieras, pero te amo y jamás dejaré de hacerlo. Yo te lo dije un día y sigo cumpliendo con esa promesa. Jamás dejaré de amarte.-dijo entre dientes.-Eso es todo. Adiós.
Volteó el rostro y se fue, me dejó ahí parada sin poder moverme. No sabía si lo había alucinado y eran efectos del alcohol o era cierto, me giré.
-¿Y Sophie qué?-me aventuré a preguntar.
-Sophie es sólo una chica linda. Nada más.
Cerró la puerta tras suyo y entonces comprendí que no eran alucinaciones. Caminé en dirección incierta y me senté al filo de la ventana. Miré todo Berlín… Cerré los ojos. Sentí una brisa, podía jurar que era el mismo aire que me acompañaba ese día en el lago, recordé todo lo que viví en Leipzig, mi casa, mi habitación… el psiquiatra, Romina, Mathew, Aaron,  Karinne… mi vida.
Cuando abrí los ojos, las lágrimas me habían ganado. Miré mi cuerpo, sólo traía un short de dormir y un polo. De pronto era como si la borrachera se marchara, limpié mis lágrimas con cólera. Me puse de pie y me fui a dormir, tratando de no pensar en lo que Bill había dicho.
-Él es tu pasado, Vai, Andi es tu presente.-intentaba convencerme.
“Tú también prefieres vivir encapsulada en el pasado, jamás dejarás de amarlo del todo, también fue una promesa”
Entonces me di cuenta que mis sentimientos hacia él, habían renacido. Y estaban allí, presentes ahora mismo en mi corazón y en mi mente.

martes, 7 de junio de 2011

5° CAPÍTULO



Fue insoportable tener todas las miradas en mí  a pesar de haberle informado un día antes a mi jefe que todo fue un error y se lo dijera a todos los que sabían para que no me miren con sorpresa al día siguiente o bien, evitar verlos a la cara si es que yo les daba la noticia.
Fue en vano.
Es como si sintieran compasión por mí.
Podía imaginar sus pensamiento “Pobrecita, creyó que estaba embarazada”  “Creo un hijo en su mente, ¿Tan necesitada está?”
¡¡Patético!!

Ya en mi oficina, cerré cortinas y todo lo que había para que nadie me mirase.

Me puse a pensar en la “Enamorada” de Bill. Y él no me había dicho nada.
La confianza entre los dos estaba perdida de todas formas.
¿Y ahora qué hacer?
“Cuando no sepas que hacer o decir, sólo haz lo que sientas”
-Qué sabio consejo. ¿Quién me lo dio? ¡Oh, cierto, Bill!-me contesté a mí misma en voz alta con ironía.-Bien, ¿Qué quiero hacer? Irme a una heladería y comer algo de ron con pasas. Mejor… ¡A lo mejor funciona!

Me puse de pie, alisté mis cosas y fui en busca de mi jefe.
Armé una pequeña obra teatral, le dije que me sentía muy mal y me puse a llorar, que todos me observaban, hablaban a mis espalda y…
-¡Ve, tómate tu tiempo! Necesitas descansar un poco.-me dijo arrugando la frente con un rostro lleno de compasión.
-¡Muchas gracias!-contesté ahogada en mi falso llanto.

Salí de ahí, antes busqué un baño para arreglar mi maquillaje.
Ya eran 3:30 de la tarde, ya debía haber algún bar abierto.
Busqué uno al que Andi solía ir con sus amigos, era elegante y había muuucha cerveza.
-Hola.-saludé sentándome y dejando mi bolso en la mesa del bar.
-Señora, ¿Qué tal?-me preguntó muy amablemente, ya nos conocían.- ¿Cómo está su esposo?
Me di cuenta que “Señora” aún no encajaba conmigo, no me sentía señora.
-Andi está bien, llámame Vai, señora… me hace sentir muy vieja.-reí un poco.-Dame una botella de cerveza y luego un whisky doble en las rocas. ¡Ah, después tráeme una botella de tequila y unos cuantos limones y esa botellita de sal! Ya después hablaremos de que más tomaré.
Me miró extraño, con los ojos sobre abiertos.
-No te preocupes, pienso pagarlo todo.-lo tranquilicé, aunque seguía viéndome sorprendido.
-No es eso, Vai. Es sólo que va a tomar mucho. Le hará  mal y…
-Me haría mal si estuviera “Embarazada”.-le di énfasis a la palabra.-Pero como no… ¡Tráeme la maldita cerveza!-me alteré.
Se fue de inmediato. De nuevo me sentí mal… embarazada.
Me puse a llorar de nuevo. Trajo la cerveza abierta y me la puso en frente.
-Vai, yo creo… que…no…no debería tomar.-balbuceó mirándome con miedo.
Apenas puso a botella encima, no dudé en embrocármela de una. Me tomé hasta la última gota sin parar.
-¡Wow! Jamás había hecho eso.-le informé limpiando los rastros de cerveza en mis labios con el dorso de mi mano haciendo una mueca de asco.- ¿Me traes el whisky? ¡Pero ya! No te preocupes por mí, tengo mis razones para hacer esto.

Me lo trajo, lo tomé y continué. Terminé con toda la botella de tequila también y 3 limones.
Ahora podía jurar que veía 4 hombres atendiéndome.
-Tráeme… una botella… de cerveza más.-arrastré las palabras. A las justas podía pronunciar.
-Yo creo que…
-¡No… me importa lo que tú… ddddigas!-tartamudeé.
Me la trajo de todas. De ahí, se me soltó la lengua y les conté mi desgracia a los 4 chicos que me atendían. Lo loco es que todos tenían la misma cara del amigo de Andi. ¿O será qué estoy viendo cuádruple?
Me reí a todo dar.
-¿Embarazo psicológico?-inquirió curioso.
-Sí, créeme que yo…  tampoco tenía la… mennnor idea.-hablé como pude. Le di otro sorbo a mi botella y se terminó.
-¡Se me acabó!-le recriminé, empecé a llorar.- ¡Se acabó la cerveza!-dije entre sollozos.
-¿Le traigo otra?- me ofreció muy atento.
-¡Ay, pero que lindo eres!-le guiñé un ojo.-Vale.
Me pasó otra. Al parecer mi historia le parecía interesante.
-Oye. ¿Tú has escuchado de mi hermano?
-¿Bill Kaulitz?-contestó mientras secaba unos vasos.
-¡Exacto!-Le dije con dificultad en mi voz.-Él mismo. ¿No es lindo?
-No sabría decirle, no soy gay.
-Ya lo sé… A mí me parece lindo.-admití. Él sólo asintió.-Yo lo amaba tanto… ¿Usted sabe como lo amaba yo?
-N… no.-titubeó.
-Con mucha pasión. Pero bueno, era una niñita de 16 o 17 años. Fue una gran historia de amor la nuestra.-
-¿De… de amor?-enarcó una ceja.
-Sí, de eso. Y ayer que llamé a mi madre para decirle que mi embarazo era psicológico; ella me dijo que él tenía enamorada. Fue extraño. A veces desearía ir a verlo y decirle… “Te amo”-recalqué con una cara de idiota. De hecho, no sabía lo que hacía. Sólo hablaba y hablaba. Pero no importaba lo que decía.
-¿Y… y su esposo?-inquirió él lleno de dudas sacándole brillo a su copa sin darse cuenta.
-¿Qué tiene? ¿Nunca amó  a 2 hombres a la vez?
-No, Vai. No soy gay…
-¡Ya, no seas imbécil, gordito! 2 chicas.-me burlé de él.
-No, nunca.
-¡Qué raro eres! Bueno, sé que a Andi lo amo pero… nunca tanto como a Bill.
-Pero Bill es su hermano, ¿Cómo lo va a amar?
Ignoré su pregunta, estaba en las nubes.
-¿Sabes? ¡Me acabas de hacer dar cuenta que aún amo a Bill! ¡Eres un ángel!
Me lancé encima de él sin importar la distancia de la mesa del bar que nos separaba. Por poco se cae, todos giraron a mirarme.
-¡¿Qué!?-gruñí molesta en 4 patas sobre la mesa.
-Tranquilícese, por favor.-me apartó de él completamente avergonzado.
Me empecé a reír como una completa loca. Su expresión me resultó tan graciosa.
-¿Sabes qué? Voy  ir a buscarlo y decirle que aún lo amo. Pero, dame una botellita más para agarrar fuerzas y toma mi tarjeta de crédito, cóbrate.
-Vai, esta es una tarjeta de recarga para celular.-me la devolvió.
-¡Ja, qué tonta!... Te seré honesta, la verdad que ni miro.-busqué en mi cartera pero… nada me era familiar todo estaba deforme.-Busca, gordito. Debe haber algo en mi billetera, la tarjeta de crédito debe estar por ahí.
Tomé sus cachetes y jugué con ellos. Puso mala cara y siguió buscando algo tímido. Cuando al fin la encontró, se cobró lo que yo debía y me la devolvió.
-Eres un Dios.-lo alagué  e inconscientemente; lo acerqué a mí y le planté un besito de agradecimiento en los labios. Me apartó de inmediato.
-¡Gracias!-logré pronunciar.
Me puse de pie y el piso se movía con la gente y todo, no sé como llegaría a casa de mi mamá buscando a Bill.
-¡La vida es bella!-grité en plena calle dando vueltas cual niña. Empezó a llover y me sentía tan fresca y liberada y por supuesto, muy valiente. Tomé un taxi, al menos recordaba la dirección.

-¡Allí, en la puerta de allá!-le grité haciendo que frene agresivamente.-Tome.
Intenté abrir la puerta y salir. No podía.
-Señor, su puerta.
-Señorita, ¿Cree que soy tonto o qué? ¡Esto es un recibo!-me recriminó, yo lo veía como un billete.
-¿En serio? ¡Mil disculpas, caballero, señor taxista!
Me reí tontamente y buscaba algún billete. Lo acerqué a mi rostro asegurándome de que era dinero y no otro pedazo de papel. 20 dólares.
-Ya, esto sí es dinero y quédese con el vuelto. ¿Me abre la maldita puerta?-refuté golpeándola para que se abra.

Después de bajar; caminé bajo la lluvia en zigzag hasta que llegué a la puerta. Tomé otro sorbo de mi botella y toqué el timbre.
Mamá apareció en el umbral, entre abrió los labios un poco al verme.
-¿Vai?
-¡Mami! qué lindo verte ahí, parada en la puerta.-sonreí y me reí de nuevo.
-¿Has estado… tomando?-se sorprendió.
-Sí, bueno un poquito.-le di otro sorbo a mi botella mientras indicaba el “poquito” con mis manos.
-¿No tienes frío?
-No, todo “Cool”. ¿Tú sí?-pregunté tambaleándome.
-¿Mamá quién es?-apareció Bill muy bien camuflado. Me miró y se quedó anonadado, lo vi en su rostro.
-¡No puede ser Vai!-se enfadó- pasa hijita te vas a enfermar. ¿Qué has estado haciendo? ¡No me digas que Andreas te dejó de nuevo y por eso estuviste tomando!-me reprimió, y estaba alterada.
-Mamá, ve a la cocina, yo ayudo a Vai.
-¡No puede ser, no puede ser! ¡¡Tu hermana está ebria!!-se precipitó y se tocaba el pecho. Tom apareció y se burló de mí, llevó a mamá al 2 piso ya que tenía la respiración acelerada.
¡Ni qué fuera un pecado estar ebria!
Tomé otro sorbo largo, esta vez, Bill me quitó la botella.
-¿Qué haces? Devuélvemela.-le reproché.
-No, ¿Por qué has estado tomando?-me recriminó con enfado en la voz, pero aún así pasivo.
-Porque no estoy embarazada.-puntualicé intentando quitarle la botella, por supuesto no lo lograba, él era muy alto y yo no estaba en mis cabales. Aparte que estaba torpe.
-o sea, tomas porque no estás embarazada. Y si lo estuvieras no tomarías.-hizo un enredo de palabras, pero lo entendí. Creo que estaba burlándose de mí.-Vai…
-Exacto, porque le haría mal al bebé. –interrumpí.
-Pero tú nunca has tomado.-musitó arrugando la frente.
-Hoy sí.
Dejé de luchar y busqué algo donde sentarme.
-Ahorita me siento libre, sin presiones-di un largo suspiro-… “Cool”-reí como una idiota de nuevo.
-Llamaré a Andreas.
-¡No!
En mi afán por detenerlo, tropecé con la alfombra cayéndome al suelo.
Me ayudó a levantarme.
-¿Por qué te lastimas así? No debiste tomar.-me dijo tomándome del brazo. Cuando estuve de pie, le contesté.
-No tenía con quien hablar.-mis ojos se humedecieron.-Ni nadie que me proteja. No estoy embarazada y… me siento sola. Tú siempre llenabas ese vacío pero ahora ya no estás. Estoy sola…
Una lágrima rodó por mi mejilla. La limpié de inmediato. Pero fue muy tarde porque brotaban a borbotones. Estábamos frente a frente.-Tenía que refugiarme en alguien o algo, la cerveza me ayudó.-dije con un hilo de voz.-También el tequila, whisky y…
-Vai…-se contuvo a decir. Acarició mis cabellos con delicadeza y preocupación.
-Te amo, aún te amo.-le confesé débilmente. No sé si era lo que sentía pero… no sabía que decirle.
Levanté la mirada a sus ojos. Seguían siendo bellos. Los centímetros que nos alejaban, fueron recortándose, lo tenía tan cerca de nuevo. Él parecía no querer pero a la vez sí.
-¡Dios, me siento mejor!-dijo una voz femenina que salía de atrás mío, del baño para ser exactos.- ¿Bill?
Él se apartó de mí de inmediato y se dirigió a su lado.
Me giré para verla, esa voz no la conocía.
-Nena, qué bueno. Eh… ella es mi hermana.-me señaló indeciso.
-¡Ya me estaba asustando!-se tomó el pecho y me sonrió.-Creí que era alguna de tus ex.
-¿Y tú eres?...-intervine enarcando una ceja. Podría jurar que se me pasó la borrachera.
-Sophie. La novia de Bill.-dijo sonriente tomando a Bill de una mano. Él correspondió mirando al suelo.

Si antes estaba al borde del llanto… ahora estaba hecha trizas. Bill se notaba incómodo. Miraba de un lado a otro con nerviosismo.
-¿Una rubia?-protesté sin creérmelo. El  de las rubias solía ser Tom y no él.
-¿No te gusta el color de mi cabello?-se preocupó ella.
-Tienes cabeza de poodle.-admití.
-Vai.-me regañó Bill.
-¿En serio? ¡Voy a matar a mi estilista!-se quejó.
-Nena, voy  a hablar con mi hermana como verás…
-No, boba, te insulté, te dije perro pero en femenino.-interrumpí siendo educada por no decirle perra… Debí decírselo…
-¿Perdón?-se sintió ofendida.
-Está ebria, no le hagas caso, debo hablar con ella, Sophie.
-¡No, Bill, no te preocupes!-cogí mi bolso y mi botella que la dejó en la mesa del centro. Le di otro sorbo y de inmediato se acercó a mí para quitármela.
-¡No te atrevas a tocarme!-chillé enfadada, muy enfadada. La lancé una mirada asesina a esa rubia, estaba mirando su cabello y luego me miró a mí.
-Vai…-intentó explicar.
-Ve con tu rubia, cásate con ella y déjame en paz.-le grité.
Salí de la casa muy apurada. Caminé con rapidez en medio de la lluvia, por un momento creí que vendrías tras de mí, me giré, pero no… no estaba. Los ojos se me llenaron de lágrimas de nuevo. Ya no éramos unos niños, quizá ya no me amaba lo suficiente como para ir tras mío, yo ya estaba casada.

Fui a casa, estaba sobria…ya era de tarde, me sentía fatal.
-¿Mi amor?-inquirió Andi preocupado al verme en ese estado. No respondí hasta que caí en la cuenta que él seguía esperando una respuesta. Entonces reaccioné.
-Estoy bien.-contesté caminando rápido a mi habitación.- Estoy loca, deberías encerrarme en un manicomio o bien llevarme con un psiquiatra.
 Me encerré en el baño y me vi en el espejo. Estaba despeinada, con el cabello y el cuerpo mojado, la máscara de mis ojos había manchado mis mejillas de negro. Traía los ojos rojos y sin brillo.
Lloré de nuevo al verme así, sentía pena por mí misma, por mi corazón indeciso. Creí haberlo olvidado pero al parecer él seguía presente. Cuando lo vi la primera vez… no lo noté. Pero ahora sí.
¿Y qué se supone que tenía que hacer? Siguiendo el consejo de Bill… siento que debo… ¿Quitarme la vida?
-No otra vez con eso.-me regañé mirándome en el espejo. Suicidarse era una idea estúpida y yo no era una niña. Ahora Andi formaba parte de mi presente y Bill de un pasado…
Al parecer un pasado que yo no quería dejar escapar…

Abrí la ducha, caía agua fría. Me metí y me quedé sentada bajo las heladas gotas que caían sobre mí por unos minutos. Quizá eso enfriaría mi cabeza y podría pensar mejor.
Tocaban la puerta con insistencia, era Andi preocupado supongo. No me moví. Dejaron de tocar, ni siquiera sentía frío. Al poco introdujo una llave y la abrió.
Me miró ahí abajo abrazando mis piernas. Se arrodilló a mi costado, cerró la llave y me abrazó.
-Estás helada.-me dijo. Me tomó entre sus brazos y me sacó de allí, me dejó sentada en una silla de la cocina y fue por una toalla y la colocó alrededor mío. Yo traía la mirada perdida, sumisa en mis pensamientos. Teniendo una lucha interna muy fuerte.
Es imposible vivir en el pasado y en el presente a la vez, pero no quería entenderlo. Él tenía que hacer su vida con… quien sea, así sea una rubia con cabeza de poodle. No importaba, su felicidad era lo primero.
Si él es feliz, entonces yo también. ¿Cierto?
¿Cierto?

¡Tenía que venir!

Si Bill no hubiera venido, no tendría esta batalla interna en mi cabeza que me atormentaba. Si él no hubiera venido, mi corazón no estaría indeciso ni yo.
¡Maldita sea!
Dejó una taza de café caliente en la mesa y acercó otra silla al frente mío. Se sentó y me miraba.
Por supuesto que me incomodaba.
-¿Qué…Porqué me miras así?-reclamé mirando al suelo.
-¿Así cómo?-respondió.
-No sé, no me mires.-repliqué con la voz débil pero con una nota de enfado.
-¿Por qué no?-replicó apoyado en el espaldar de la silla, muy tranquilo.
-¡Ya basta!-chillé molesta.
No dijo nada, pero seguía mirándome.

-Vai, ¿Qué te pasa?-me preguntó aunque más parecía una reprimenda.
-Nada.-objeté muy veloz.-Todo bien.
-No es cierto. Lo sabes.-murmuró muy serio.-A veces te comportas como una niña.
-Niña…-suspiré. Eso era, no había madurado del todo… ¿A mis 26 años seguía comportándome como una niña?
Eso me gustaba de Andi, él era muy directo para decir las cosas, decía mis verdades en mi cara aunque pueda enfadarme.
-Sí, pareciera que te olvidas que ahora ya no eres sólo tú, no puedes pensar sólo en ti. Somos dos. Todo lo que te pase a ti, me afecta a mí. Es inevitable.
Pensaba en lo que decía, oía sus palabras con atención aunque nunca pareciera.
-Prométeme algo.-arrugó las cejas escuchando con atención.-Nunca me dejes ir.-le pedí con un hilo de voz antes de que las lágrimas me ganaran de nuevo.
Me acerqué a él y lo abracé. Él correspondió.
-Perdón por ser inmadura algunas veces. Creo que esto me afectó mucho.
-No te preocupes. Yo intento entenderte, en serio que lo hago.  A veces no lo logro y me frustro y no sé qué hacer contigo ni conmigo.
-Es mi culpa, perdón.
-Vale, ya no importa.-me tranquilizó.

Eso era lo que amaba de él y extrañaba de Bill. Andi me hacía enojar pero todo acababa bien, con Bill jamás peleaba porque era siempre yo la que no hacía nada que lo molestara.
Es como si siempre quise mantenerlo en una bola de cristal, tocándola  con cuidado, sin dejar que nadie la dañe, ni mi estupidez. Así tenía a Bill. Y Andi me tenía así también, pero cuando era necesario, me hacía caer de la bola de cristal.

Estaba celosa, eso era. Pero… ¡Una rubia!
-Y lo del psiquiatra… ¿Hablabas en serio?-inquirió con duda.
-¿Pretendes llevarme a uno?-contesté riéndome.
-Bueno, no es mala idea.
Me reí más.
-Es en serio.-concluyó.
Ok, ¿Qué tan malo puede ser ver a un psiquiatra desde la última vez que fui?
-Debes estar bromeando. Ahí hay mucho locos, pero de verdad.
Recordé al tipo que juraba que sus gotitas de sangre eran gusanitos…no, olvídenlo. No pienso pisar un hospital.

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-¿Estará el Doctor Roberts?-le pregunté a la recepcionista.

Sí, estaba en un hospital.

Andi al final terminó llevándome. Me dijo que me haría bien conversar con alguien que sabía de estos casos.

Esos días me los pasé yendo al doctor, no era tan aburrido ni medio loco. Me aconsejó y puedo asegurarles que me sentía cada vez mejor. Quien sí empeoraba era Fer. Su vientre empezaba a notarse. Teníamos que hacer algo.
-Tienes que decírselo a Tom.-aseguré sin ningún reparo.
-No puedo, Fran me mataría. Le he prohibido ir a mi casa y empieza a sospechar que algo me pasa.
-No lo quieres, ¿Por qué no sólo se lo dices y ya?
-Es tan fácil decirlo, Vai. Hazlo tú. Él está muy enamorado de mí.-suspiró mirando a Fran por la ventana muy feliz conversando con un amigo, apenas divisó a Fer, la saludó con la mano. Ella sonrió.
-¿Estás segura que es de Tom?-vacilé. Mi amiga se convirtió en  una chica de relaciones pasajeras. Solía tenerlas con todo aquel que le pareciera lindo creyendo que así dañaría a Tom cuando en realidad se dañaba a sí misma.
-¡Sí! ¿No crees en mí?-se entristeció un poco.
- Sólo que… dudo un poco. Has estado con muchos chicos y…
-Sólo estuve con Tom esa noche. Fue extraño. No ha vuelto a ir a mi casa. Caí de nuevo en sus redes como una estúpida. Seguro sólo quería pasarla bien y… ¡Oh por Dios! ¡Vai, no digas que estoy aquí!-se lanzó al piso y caminaba de 4 patas escondiéndose tras el escritorio.
-¿Qué tienes?-me paré de la silla y me giré. Me puse igual que Fer, pero fue muy tarde porque Tom me vio e ingresó a la oficina.
-¿Te escondes de mí?-preguntó con una sonrisa torcida.
-¡No! ¡Claro que no! ¿Por qué yo haría eso? Ja Ja, se me cayó un… arete. Sí, eso.-musité nerviosa.
-Bueno, como digas, Vai. Buena la borrachera de ese día. Estabas de paso porque cuando bajé ya no te vi.-me hizo acordar de aquel desagradable día.
-Sí, algo así.-di una respuesta ambigua.
-Bill está triste. ¿Tienes algo que ver?
-¿Por qué tendría yo que ver en su tristeza?-solté irónicamente.
-Porque eres la única capaz de malograrle el día.
Sí claro.
-Seguro fue su poodle.
-¿Su qué?-preguntó riéndose por la expresión que usé.
-Su novia, perdón, me equivoqué, a cualquiera le pasa.
-Estás celosa.-adivinó.
-¡No!... ya deja de hablar de él, ¿Qué quieres?-cambié de tema. Obvio que sabía que iba por Fer. Fran aún no se percató de la entrada de Tom a la oficina de Fer. Cuando se dé cuenta, se armaría una…
-¿Fer? La quiero a ella. Quiero hablar con ella.
-¿De qué?-intervine muy interesada.
-Qué te importa. Tema de dos.-me calló.
-Tom, tómalo como un consejo. Iremos ambas a verte, bien. Ahora será mejor que te vayas.
-No me voy sin antes hablar con ella.-puntualizó cruzándose de brazos.
-pues pierdes tu tiempo porque… no está. Se fue a… comer y… vendrá en la noche.
-La esperaré.
Tomó asiento en la silla en la que yo estuve, genial. Fer seguía  ahí escondida y nerviosa.
En eso vi a Fran mirando a Tom con curiosidad. Me tensé, si entraba y preguntaba algo…Tom no sabía que Fer tenía novio.
-Vai.-me saludó entrando. Fer estaba pálida del susto. Tom ama pelear y Fran sabía defenderse. Estupendo, esto olía mal.- ¿Fer?
Tom se giró al escuchar el nombre de Fer saliendo de la boca de Fran.
-¿La buscas? Yo también.-contestó Tom.
-Fran, acompáñame abajo yo…-intenté interrumpir, fue en vano.
-¿Quién eres?-Fran entró a la oficina y cerró la puerta.
-Tom, y tú.-se puso de pie y le extendió la mano. Fran tenía cara de desconfianza y Tom ya estaba prendiéndose. Oprimí los labios, muy nerviosa. Me acerqué a ambos ya que no se soltaban las manos.
-Françoise. ¿Para qué buscas a mi novia?
Genial, dijo novia.
¡Fin de la historia y la paz en este edificio! Fer se mordió el labio y cerró los ojos. Se venía lo peor…

-¿Novia dijiste? Debe ser un error.-pronunció Tom lentamente sin quitarle la vista.
Hice que se soltaran de las manos e intenté sacar a Tom de ahí a jalones, no se movía.
-Tom, debo hablar contigo.-me metí de nuevo, sin lograr nada, claro. Para ellos yo no existía.
-No, no lo es. Es mi novia. ¿Para qué la quieres?
-no son tus asuntos. Debo hablar con ella de nuestra relación.
-¿Relación? Ella jamás estaría con un hippie como tú.
-no soy hippie, idiota. ¿No reconoces mi estilo, hip hop?-se le acercó más.
-¿Me has llamado idiota?-se prendió Fran, podía ver el fuego en su mirada y las ganas de asesinar a mi hermano.
-Sí, ¡IDIOTA! ¿Eres sordo o qué?
Es cuando Fran reaccionó y le dio un golpe haciendo que Tom callera.
-¿Te dolió mariquita? Ven pues.-lo retó.
-¡Fran, basta, es mi hermano!-me puse entre los dos, Fran parecía un demente, no me escuchaba por más que le gritaba. Estaba desesperada.
Tom se pasó y le devolvió el golpe. Fran lo lanzó al escritorio lanzando todo al suelo y Tom lo empujó haciendo que cayera alado del tacho de basura haciendo que los papeles de dentro salgan. La gente se quedó mirando el espectáculo sorprendida fuera de la ventana. Algunos entraron a separarlos.
-¡Basta, Basta!-salió Fer de donde estaba, muy alterada.
 Después de separarlos ambos se insultaban verbalmente. Fran sangraba de la nariz y Tom del labio. Ambos se habían golpeado en los rostros.
Querían zafarse y continuar su pelea para demostrar quién es el más hombre.
Fer se sintió culpable y se puso a llorar. Ambos la vieron y es cuando ella salió de lo que quedaba de su oficina. Salí con ella.
-Andi, ven por favor. Necesito que te lleves a Fran de aquí.-lo llamé por celular.
-¿Qué pasó? Justo salí de una reunión.-replicó preocupado.
-Se peleó con Tom en la oficina de Fer. Nuestro jefe nos matará. Ahora estoy yéndome con Fer a su casa.
-Bien, voy.
Colgué y marqué a Bill.
-¿Bueno?
-Bill, llévate a Tom a casa, se peleó con un amigo y… está aquí dónde trabajo.-hablé seria con retorcijones en el vientre.
-Creí que llamabas por otra cosa…
-Es todo lo que quería decirte, adiós.-colgué muy fría. Ahora no podía pensar en Bill, necesitaba hablar con Fer.

Llegamos a su casa y serví un poco de café.
-No puedo creer que llegaran a esto.-se quejó aún con lágrimas en los ojos.
-Sabes como es mi hermano. Él venía para hablar de lo que hicieron ese día. Estoy segura. Deja de llorar le hará mal al bebé.-le aconsejé alisando sus cabellos.
-¿Qué haré ahora?
-Debes hablar con Tom y decirle lo del bebé.
-No puedo hacer eso. Por mí que ni se entere. Él no vale la pena, me gustaría decirle a Fran que él es el padre.
-Fer, ambas sabemos que no es así. No puedes mentirle con algo así, es un asunto importante. No pienses sólo en lo que te conviene. Ahora piensas por dos.-señalé su vientre. Ella lo miró y lo acarició con ternura.
-No quiero ir sola entonces.
-Iré contigo.

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-¡Au, au, Andreas!-se quejó Fran.
-¡Ya cállate, pareces un cabro!-siguió curando sus heridas.
-¿Quién era ese imbécil?
-El ex novio de Fer.-contestó sin importancia.
-¿Ex? No lo sabía. ¡Au!... ¿Y por qué la buscaba?
-No lo sé. ¡Eres un imbécil! ¿Sabes que esto puede costarte el trabajo?-lo regañó.
-Estaba de cólera, ese tipito me puso de un humor…
-Así es Tom, siempre buscó pelea por todo. Ojala no te voten, hermano.
-Me da igual… si lo vuelvo a ver buscando a mi novia, no tendré compasión de él.
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-¡Tom, Tom, Tom! ¿Cuándo aprenderás a no comportarte como un animal?
-Gracias, Bill.-contestó el aludido mientras se dejaba echar alcohol por Bill en el labio.
-Tu frente está horrible, parece que tuvieras un durazno ahí. ¿Con qué te golpeaste?
-Me caí  del escritorio y no se con que me di en la cabeza. Había un macetero ahí.-recordó.
-Genial, te dejó más imbécil de lo que ya eres.-le colocó un curita en la frente.
-¡Bill! ¿Puedes dejar de insultarme?
-Vale, ya, no te enfades.
-Su novio… Fer no tiene novio.
-¿Y qué tal si tiene? Pero eres tan idiota que piensas que ella por ti va a llorar y quedarse sola porque la engañaste.
-¡Bill, basta! Mejor cállate.-se puso de pie apartando la mano de Bill bruscamente.
Se vio a un espejo y traía la frente hinchada, el labio también y un arañón en la mejilla.
-Me veo mal.-admitió.
-Sí, recontra mal. Ojala se te cure todo antes de irnos, si los paparazis te ven así, armarán un gran escándalo.

El timbre sonó. Bill fue a ver, su hermano no podía salir.
-Bill, hola. Quiero hablar con Tom.-indicó Fer.
-Pasa.-se hizo a un costado sin dejar de mirarme.
Yo entré y me quedé parada en la puerta mientras Fer iba a la cocina a hablar con Tom.
Bill cerró la puerta y se quedó parado tras mío. Luego pasó por mi costado y se sentó en el sofá. Abrió un periódico y se puso a leer.

Su insensibilidad me hirió como un puñal filoso en el corazón. Lo miraba con tristeza, a él no pareció importarle. Entonces di unos cuantos pasos y me apoyé en uno de los sofás de al frente suyo. Traté de enfocar mi mente en otra cosa que no sea él, era doloroso tenerlo tan cerca y recordar todo. El psiquiatra al parecer no me ayudó del todo. Seguía igual.

Rasqué mi cabeza indecisa si dar el primer paso y hablar o quedarme callada esperando a que me hable. De pronto escuché que se puso de pie, me giré para verlo, subió las gradas rumbo al 2 piso. Quería decirle ¡Espera, quiero hablar contigo!... pero las palabras no salían.
Lo vi desaparecer y es cuando me dejé caer en el suelo y me puse a llorar de nuevo.
¿Por qué tenía que dolerme tanto sus actitudes?

Marqué el número de mi esposo en el celular y lo llamé.
-¿Aló?-me dijo desde el otro lado de la línea.
-Andi, quiero que vengas a casa de mi madre ahora, te necesito.
Mi voz me delató, me respondió que de inmediato iría ahí. Colgó y solamente me quedaba esperar.
Llegó unos 20 minutos después, al menos logré calmarme. Le abrí y me abalancé a sus brazos. Él me rodeó y me preguntó que me pasaba.
-No sé.-le dije.                                                                                           
Secó mis lágrimas y estaba preocupado.
-Cuéntame como te fue con Fran.-me precipité a preguntar.
-Está bien, con el ojo algo hinchado y unas heridas en el labio. La hemorragia de su nariz no paraba pero no era grave. Si hubiera continuado, lo hubiera tenido que llevar al hospital.
-Qué bueno.-contesté desanimada.
El timbre volvió a sonar. Andi fue amable y la abrió por mí.
-¿Está Bill?
Miré por el rabillo del ojo, era la rubia. Las escaleras sonaron, me volví y era él, mi hermano bajando muy rápido. Le sonrió a Andi y este también. Saludó a su novia como correspondía, con un beso en los labios y la abrazó fuertemente.
Ella entró frunciendo el ceño, como si nunca la hubiera abrazado así.
-¿Quién es él, Bill?-preguntó por Andi.
-Él es mi mejor amigo y… y… el esposo de mi hermana.-miró hacia otro lado.
-Ah, hola, es un gusto.-sonrió. Andi dejó un beso en su mejilla, entonces le tomé la mano muy fuerte. Ella evitó acercarse a mí.
-¿Ella es tu enamorada, Bill?-se interesó mi esposo.
-Si, Andi. La conocí en París hace unos meses, y bueno, nos enamoramos. Y aquí nos ves.-sonrió como si contara algo romántico. Por supuesto que no lo era, no para mí.
-¡Qué lindo. Me alegra, Bill! Los felicito, se ven lindos juntos.
-¿Oh, en serio?-se sorprendió la rubia abrazándolo por la cintura.
-Sí. En serio.
-Sí nos lo han dicho, unas amigas allá al verme con él me dijeron que éramos el uno para el otro. Hasta Paris Hilton se alegró por mí.
¿Estaba alardeando? ¡Pero qué le pasa!
-Oh, ¿La conoces?-inquirió mi esposo tomándome por los hombros muy relajado.
-¡Claro! Somos amigas muy cercanas. La conocí hace años en unas pasarelas de Dior. Ella fue a ver el desfile y bueno, tenemos una linda amistad. Nahomi también fue, es una chica muy dulce. Pero a Bill lo conocí hace poco. Nunca creí que terminaría con él.
-Ni yo, nena. Te quiero.-y le dio un largo beso en los labios, mientras yo miraba tal escenita y moría de la cólera.
-¿No son lindos?-me preguntó Andi, paseé mis ojos por los suyos un momento y coincidí con él.
-Sí, lindos.-claro que con mala gana.
Después de que dejaron de besarse, Bill me miró sonriendo y es cuando lo capté todo. Se me prendió una chispa de intuición. ¡Quería sacarme celos!
Y vaya que lo estaba logrando. Eso era jugar sucio, pero jugaré también. Veremos quién pierde.
-Sí, así son los primeros meses.-intervine con una sonrisa cargada de falsedad y rencor. Andi me codeó para que me callara.-Por supuesto que con nosotros es diferente. Yo lo tuve siempre delante de mí pero nunca me di cuenta que lo amaba tanto. Menos mal el no desistió de la idea de conquistarme y me enamoré de él, por primera vez supe que era amor.- Sabía que eso enfadaría a Bill. Miré a Andi.-Te amo.-le dije.
Y también lo besé, pero con pasión.
-Vai…-murmuró alejándose de mí.
-Lo siento, pero es que te amo.-acaricié sus mejillas, el sonrió y me besó en el dorso de la mano.
-¡Oh, tengo una idea!-se alarmó la rubia.
-¿Sabes pensar?-comenté con sarcasmo. Andi me codeó de nuevo.-Lo siento, fue una broma.
Ella me ignoró.
-¿Por qué no salimos los 4 juntos a algún lugar? A cenar o tomar café en un Starbucks, sería genial. ¿No mi amor?
-Mejor no.-dijimos Bill y yo a la vez y nos miramos por escasos segundos.
-Me parece genial.-La apoyó Andreas. Le lancé una mirada asesina.
-No creo que mejor…-intervine sonriendo.
-Vamos a incomodar y…-me cortó Bill.
-Sí, quizá otro día y…-hablé yo de nuevo tartamudeando.
-¿Cuándo salimos?-me interrumpió Andi.
-¡Discutamos eso ahora! ¿Por qué no…?-contestó la rubia animada.
Ambos se fueron a conversar y sentarse en un sofá dejándonos a mí y a Bill de pie.
No me tomé la molestia de mirarlo, así que me fui alado de mi esposo.
-Entonces el sábado a las 7 en el centro comercial, genial. Podemos ver una película romántica y…
-¡Qué cursi eres!-la corté. Andi me miró mal de nuevo.-Lo siento, sigue.-me disculpé a duras penas con la novia de Bill cuando sabía muy bien que yo era otra cursi.
-Y de ahí vamos a tomar helados o unos fraps a un Starbucks y luego una cena, conozco un restaurant de primera con comida gourmet deliciosa. Ahí solía ir con Paris cuando veníamos a Berlín.
-De seguro ella te contagió el vacío en tu cabeza, parece una enfermedad  y encima rubias las dos.-me introduje de nuevo en su conversación. Andi dio un largo suspiro el cuál traduje en un: ¡Ya cállate!
Me alejé de ahí sin decir más, pero por supuesto. A un lado opuesto del de Bill.
Luego Fer salió muy triste de la cocina. Salió de la casa sin dirigirse a mí o saludar. Tom salió después restregando sus ojos con rabia y se fue al 2 piso subiendo las gradas de dos en dos. Salí tras mi amiga. Si ella se iba, yo también.

-Fer, espera. ¿Qué le dijiste?-la perseguí, no dejaba de caminar y rápido. Se detuvo y se giró hacia mí. Me miró con culpa y pena, limpió una lágrima rebelde que se escapó.
-Le dije que me deje en paz, que ya no lo amo y tengo otro chico en mi vida…
-¿El embarazo?-le recordé.
-También…le dije que estaba embarazada y que el hijo era de… de…  de Fran.
-¿¡Qué?!-balbuceé sin creerlo.