martes, 31 de mayo de 2011

4°CAPÍTULO


Ya eran como 1 mes y unos días. Empezaba a acostumbrarme a estar sola, deseando que él venga…la idea se hacía cada vez más lejana.
Me sentí bien esa noche, Bill se quedó a tomar un poco de café conmigo, hablamos un poco de su carrera  y luego se fue. No lo abrazaba así desde años. Pensaba en lo que cruzó mi mente ese día.
Quizá yo aún lo amaba…
-No creo, ni siquiera te fijaste en su cuello o te importaba besarlo…ya no lo amas.-me convencí. Me la pasé hablando de Andi todo el tiempo.  Seguí yendo a trabajar normal, al menos ya comía un poco. La visita de Bill me alegró, el poder ser hermanos de nuevo y ya no algo más.
Me encontraba con Fer en el trabajo, ella seguía dándose muestras de cariño con Fran, aunque ella parecía un poco distante cuando él la besaba. Ya no la veía tan feliz, quizá el amor se acabó y extrañaba a Tom de nuevo.
-¿Todo bien?-le pregunté mientras almorzábamos.
-¿Qué? ¡Ah, sí, todo bien! Es sólo que pienso…
-Piensas… claro, Fer. Y yo soy idiota.-bromeé.
-Sí que lo eres. ¡Mentira!-reímos.
Supuse que ella me lo contaría a su debido tiempo, no quería presionarla.

Ya eran dos meses. Decidí ubicarlo, quizá le había pasado algo, un accidente o no sé. Lo llamé pero su celular estaba apagado.
-¿A quién pudo llamar? A Shania ni en sueños. ¡Su jefe!-pensé.
Busqué en algunas de sus agendas el nombre jefe o Henry Oxford. No lo hallé.
Llamé a su trabajo y nadie lo habían visto. Fue entonces cuando empecé a alterarme.

Fui a trabajar un poco tarde y salí temprano gracias al permiso que pedí. Llegué a casa y pensaba en que podía hacer, si algo le pasaba no me lo perdonaría. Pasé por la contestadora y la vi de reojo.
-Un mensaje.
Apreté el botón para escucharlo.
-Hola, Vai. Bueno… estoy trabajando en… lejos de Berlín. He pensado en quedarme un mes más, yo… necesito pensar y…supongo tú también y… no sé para qué diablos llamé.

Y colgó.
Al menos sé que estaba bien. Me dio nostalgia y me puse a llorar de nuevo.
-Pero qué sensible estás.-me regañé.
Ya que sabía de él, me fui a dormir ya que tenía un poco de sueño.

Al menos mi semana ya no fue tan trágica. Fer seguía un poco misteriosa con Fran y no me decía nada, pero sé que algo se traía.
Me sentía tan mal al estar sola, como si fuera una soltera, ya me había acostumbrado a él.

No sé cómo, pero sobreviví a todo ese mes. Eran como 3 meses sin verlo, ya se supone debía estar llegando. Bueno, en realidad faltaba una semana para el 3 mes.
De nuevo en el trabajo me puse un poco mal, no quería comer porque sentía que iba a regresarlo todo. Me sentía muy nerviosa y tenía retorcijones. Desde luego fue suficiente para que mi jefe me botara del trabajo, me dijo que debía descansar y que si mañana me sentía mal, que no fuera.
Estaba muy flexible conmigo. Fer me aconsejó lo mismo,  a ella la veía bostezar todo el día. Qué andará haciendo en las noches que está tan cansada.
Es broma.

LOVE IS THE END-KEANE


 


Fui a casa sin otra opción, cerré la puerta y me apoyé en ella. Poco a poco caí al piso, me deshice de los tacones y de nuevo empezaba a sollozar. Pensaba en él… en todas las cosas bonitas que pasamos, el viaje de luna de miel, la playa, el mar, los 2 jugando como niños. Sus bromas…
-Lo siento-escuché murmurar.
Me paré muy rápido y limpié mis lágrimas, ahí estaba él sentado en el sofá, apoyando los codos en sus rodillas. Estaba con otro terno que de hecho yo no había visto jamás.
Acaricié uno de mis brazos y evadía su mirada. Él se veía bien a comparación mía.
-Te veo más delgada.-no dije nada. -¿Deseas algo de comer?
-¿Pretendes hacer que nada pasó?-le dije con la voz débil. Podía estar triste pero mi orgullo permanecía ahí, siendo una barrera indispensable para cuando me sentía atacada, también era mi fuerte.
-Yo…no quise volver…
Pensaba abandonarme. Genial. No llores, Vai. No llores.
-¿Y qué haces acá?
-Porque yo…yo…-al fin me animé a verlo, su voz estaba extraña. Se acercó a mí, quise moverme pero para desgracia mía la puerta me impedía retroceder. Esquivé su rostro, pero lo miré de reojo. Estaba llorando.-Yo…no puedo vivir sin ti.

Mis ojos se humedecieron, se puso a llorar como si fuera un niño pequeño y asustado. Jamás había visto ese lado tan sensible. Llevé una de mis manos a mi boca y también lloré.
No sé cómo, quería abrazarlo y consolarlo, mis manos se movían sin mi permiso. Me deshice de mi orgullo por un momento y lo estreché con fuerza contra mi cuerpo.
Me correspondió de inmediato, era la pelea más larga que habíamos tenido, me levantó un poco del suelo y besó mi cuello.
Tomé sus mejillas en mis manos y acerqué su frente a la mía hasta chocarlas, sonreí un poco.
-Te amo, no vuelvas a desaparecer así. Perdóname, soy una estúpida, lo que dije fue horrible, no pienso abortar ni nada, yo…
-Bien, está bien, yo te entiendo, sueles hablar incoherencias cuando te enfadas. Te presiono mucho, lo sé. Ya olvidemos todo. Mira cómo estás, y todo es mi culpa, perdóname, mi amor.
-Ya, no más perdón, te amo.
Le di un pequeño beso y fuimos a la cocina abrazados intentando olvidar todo.
Hizo algo de comer, al fin tenía hambre de nuevo.
-¿Dónde estuviste?-tenía mucha curiosidad en saberlo.
-Le pedí a me jefe que me llevara con él a Magdeburgo otra vez, necesitaba alejarme de ti, o eso creía pero te extrañe más y me di cuenta que si te amo y que no importa nada. Sólo quiero estar contigo. Pero hoy me sentí muy mal, como si algo me faltara y creí que podrías ser tú y acerté, ahora me siento completo.
Sonreí.
Esa noche dormimos desde las 5 de la tarde, al fin abrazándolo y sintiendo su calor, ya no moría de frío.

Se lo conté a Fer y pensó que sería una buena idea ir a comer todos juntos en pareja, no sonaba mal.
Finalmente pasó la semana del último mes de junio, Andi y yo no habíamos peleado.

El domingo de esa semana, salimos en 4. Fer y Fran, yo y Andi a un restaurant francés.
-y Dime algo, Fran. ¿Por qué te llamas Françoise si eres italiano?-lo cuestioné mientras bebíamos un poco de vino.
-Lo que pasa es que mi madre es francesa y mi padre italiano, yo nací en Italia.
-Vaya mezcla.-admití riéndome.
-Vai.-me regañó Fer, sólo le saqué la lengua.

Hablamos de tonterías, a veces mientras Fer y yo conversábamos; Andi le preguntaba cosas a Fran.
Fue una noche estupenda en un lugar muy privado.
Comimos unos platos extraños los cuáles no mencionaré porque jamás entendí bien el nombre, ni siquiera podía pronunciarlos, mucho menos los recuerdo. Pero si estaba buena.
Comida deliciosa.
-¡Ahora el postre!-aplaudí emocionada, moría por comer un delicioso helado de ron con pasas. ¡Se me hacía agua la boca tan solo pensarlo! Como si no hubiera comido helados en un año.
-Vale, me parece genial. ¿Qué deseas, amor?-indagó Andi.
-Ron con pasas. ¿Ustedes?
Vi que la sonrisa de Fer derrepente desapareció, se quedó mirando un punto fijo, creí que pudo acordarse de algo… ¿Quizás?
-Chocolate estaría bien, ¿cierto Fer?-le dijo Fran.
-¿Estás bien?-habló Andi un poco preocupado. Ella se llevó la mano a la boca y salió disparada al baño, creo.
Nos quedamos mirándonos el uno al otro, algo confundidos. Sabía que Fer intentaba adelgazar pero no creo que sea al extremo de volverse bulímica y fingir algún mal.
Comimos el helado, solos, ya que Fer nunca salió, especulé en ir pero…pensé que no sería bueno, ella ya me contaría. Espero no tenga nada que ver con lo que me oculta.

-¡Al fin en casa!-me alegré echándome en el sofá.
-¿Qué le habrá pasado a Fer?-cuestionó Andi colgando su saco y soltando la correa de su pantalón.
-La llamaré.

Esperé unos segundos para que me contestara, se notaba débil.
-¿Estás bien?
-¡Maldita comida francesa! No pienso volver a ese restaurant nunca más en mi vida, me cayó re mal la comida de porquería, aún sigo en el baño de mi casa desde hace unas horas. ¿Ustedes están bien?
Miré a Andi que me hacía señas para que le dijera. Le dije que me esperara un rato.
-Estamos bien y eso sí, llenos. Te perdiste del helado, estuvo buenísimo.
-¡No me hables de comida!-chilló. De nuevo regresó todo al inodoro.
-¡Perdón!-arrugué la frente.-Te llamo luego, nena. Mejórate.

Colgué.
-Sigue mal, la comida la cayó mal, pobre Fer.
-Sí, ya la ves mañana en el trabajo y me cuentas qué tal le fue.
-Bien, voy al bañó.

Me retiré y me lavé los dientes. Me lavé el rostro quitando todo el maquillaje, me miré al espejo y sonreí.
Tomé mi vientre de nuevo por inercia. No creo que esté embarazada. O quizá dentro de un mes más…se me presente algo como mareos y eso…o quizá no.
¡Esperen! Ya eran 3 meses de lo que pasó…ya debería tener molestias pero… no sentía nada.

Al día siguiente, Fer no asistió al trabajo, me preocupé mucho por ella, me encontré a Fran en un pasillo.
-Se quedó dormida, por más que la desperté no se quiso levantar, me dijo que se sentía muy mal.
-Quizá debamos llevarla a un doctor. Fer siempre ha sido sensible del estómago, cualquier cosa muy fresca le cae mal, iré a verla en el almuerzo.-sugerí.

Fui a verla, me dijo que se sentía mejor y que no había comido nada en todo el día.
-Te veo demacrada.-admití.
-Sí, ya sé. Debe ser porque he regresado todo lo que comí ayer y hace una semana. Fue horrible. No pienso ir hasta mañana o unos días.
-Deberías comer algo. Te vas a enfermar más, o quizá debamos ver a un doctor.
-Vai…
-Un mate de anís es bueno para el estómago, no comas fruta ni verduras, mejor sólo un…
-Vai…
-Caldo de pollo quizá, eso te puede hacer bien.
-¡Cállate!-chilló y se fue corriendo al baño de nuevo. Corrí a la puerta muy preocupada, de nuevo vomitaba.
-¿Estás bien?
-¡Sí idiota, por eso vomito! Parezco bulímica, mierda.-gruñó.

¡Qué genio!
Después de irme y hacerle un mate, quedé algo preocupada. Estaba muy mal, le comenté a Andi, frunció el ceño, iba a decir algo pero se contuvo. No lo presioné, mejor no.
Al día siguiente la fui a ver, toqué el timbre y me abrió de inmediato, me jaló adentro muy rápido, las ojeras que tenía eran gigantes. Me miraba con impaciencia.
-¿Qué?-murmuré.
-Ya sé que me pasa, Vai. No te lo conté porque soy una idiota pero… ¡Rayos!
-¡Habla de una vez!-la presioné.
Levantó una mano, era una prueba de embarazo.
-eso es…un…
-¡Sí!-me dijo nerviosa.-y Salió positiva.-finalizó. Nos quedamos mirándonos la una a la otra.
Entreabrí los labios, ella estaba embarazada.
-¡Por eso tenía sueño, por eso vomité toda la semana, por eso estoy tan mal! ¡Maldita sea, estoy embarazada!-chilló y se puso a llorar. Sus cambios de humor eran impresionantes.
La abracé  fuimos a la cocina. No sabía hasta que punto su embarazo podía ser indeseado.
-¿Fran lo sabe?-inquirí tomando asiento.
-No, no creo…olvídalo.
-¿No crees qué, Fernanda? –la forcé. Ella me había ocultado algo desde hace mucho, antes de que se pusiera mal.
 -Me vas a gritar.-admitió. Se sentó a mi lado también.
-¡Si es malo, lo haré!
-Puede hacerle mal a mi bebé.
-Vale.-terminé cediendo.
-Vai, ¿No es cierto que Bill fue a verte hace… unos 2 meses?-verdad, era cierto y yo nunca se lo conté.
-¡No me digas que el hijo es de él!-la adrenalina recorrió mi cuerpo, sentí mi corazón latir más rápido.
-¡NO! ¿Estás loca? ¡Déjame terminar!-me alivió escuchar eso, ella prosiguió.-ese día que Bill te fue a ver, Fran tenía que hacer un proyecto y se quedó en su oficina con unos amigos un par de días. Así que no vino a dormir. Tocaron el timbre y creí que podía ser Fran. Cuando la abrí me topé con alguien… era Tom. Me quedé helada y… hablamos un poco, quizá mucho. Yo no le conté que estaba con otro, intenté botarlo y tratarlo mal pero no pude… me di cuenta que lo sigo amando a pesar de lo que hizo.  No sé cómo pasó pero nos besamos y… el resto es historia.
-¿A qué te refieres con “historia”?-pregunté para confirmar lo que pensaba.
-¡Vai, estás idiota o qué! ¡Lo hicimos! ¿Bien?
Sí, era eso lo que pensaba.
-¿Quieres decir que el hijo es de… mi hermano?-llegué a mi conclusión.
-Yo no he tenido relaciones con Fran por un buen tiempo por su proyecto y en la semana jamás pasa nada por el trabajo así que… creo que sí.-admitió con la voz ahogada.

Me quedé en silencio total. Mi hermano iba a ser papá. ¡Oh por Dios!
-¿Piensas decírselo a Fran?
-No… creo. Este bebé no estaba planificado. Y no es tonto. Si no lo hice con él es obvio que lo hice con otro. Se dará cuenta y terminará conmigo y Tom es tan inmaduro que no deseará tener un niño así que seré madre soltera.

Madre soltera. Menos mal yo no estaba embarazada. La situación de Fer era complicada, por supuesto me tenía a mí para lo que sea. No sabía que decirle porque de todas las cosas ya estaban hechas.
-Ese bebé no tiene la culpa de nada, pobrecito. Si supiera que fue un accidente y que nunca fue esperado…
-Tienes que decírselo a Tom, y debes cambiar esa mentalidad. Mira, voy a sacar cita con un doctor e iremos a ver las ecografías, ver que el bebé esté bien y… vas a ser mamá.
-¿Es eso bueno en mi situación?
-Eres una mujer y es una bendición tener un bebé, ven.
La tomé entre mis brazos y Fer de nuevo lloró por un buen rato.

Llegué a casa y lo primero que hice fue llamar a un doctor. Saqué cita para el sábado. Hoy era martes.
-¿Está bien?-se preocupó Andi.
-Sí, eso creo. Ella está embarazada.
-¡Wow, Fran va a ser papá!-dijo algo feliz.
-No, Andi. Tom va a ser papá.
Enarcó  una ceja y frunció el ceño.
-Pero si ellos no se ven y…
-Bill vino  a verme.-lo interrumpí.-Me aconsejó y bueno, ese mismo día Tom fue a ver a Fer y pasó.
-Vaya, Tom lo sabe o… ¿No?
-No, eso lo veremos después. Voy al baño, me siento un poco mal.
-¿Qué te pasa?-se aproximó preocupado ayudándome a pararme.
-No sé, me mareé derrepente. No almorcé, quizá es eso.
-Vamos a comer entonces.

Comimos, y me sentí mejor. Ya eran 9 de la noche y moría de sueño. A pesar de todo eso, no se iba. Me estaba muriendo de sueño los últimos meses. Tomé mi vientre por inercia de nuevo.
¿Y si estaba embarazada también?

Andy miraba televisión en la sala, de pronto el mareo de nuevo y esta vez las nauseas vinieron con él.
Fui al baño de inmediato tratando de no hacer mucho ruido. Después de salir me sentí mal y preocupada. Yo no quería tener un bebé pero… ¿Y si ya estaba dentro mío?
Después de quedarme dormida con mucho miedo, fui a trabajar normal. Por un momento creí que podía ser inventos míos y sólo una comida que me cayó mal.
Pero seguía así a pesar de no comer. Fue entonces cuando me animé. Llamé a Fer por teléfono.
-¿Qué pasa?-me contestó.
-te noto mal.
-En el baño de nuevo, este bebé es muy cruel con mi cuerpo.-se quejó mi amiga.
-Bueno, quiero que vengas a mi oficina en el break y me acompañes a una farmacia.
-¿Te sientes bien?-se interesó en mí.
-Te cuento luego, viene el patético asistonto que no sabe tocar puertas. Adiós.
-¿Hablando por teléfono?-ingresó él como siempre molestando.
-A la próxima si quieres tocas la puerta ¿No?-le incriminé con un tono sarcástico.
-El jefe te manda esto.
Soltó un folder lleno de papeles.
-Quiere que los revises para la tarde. Son del nuevo proyecto-me dijo triunfante.
-Ya, lo haré. Sé que confía en mí y mi opinión es muy importante sobre cada proyecto. No como otros. Me disculpas, pero ya es hora de almuerzo. Así que muévete de mi oficina que la pienso cerrar.
Me lanzó una mirada asesina y salió disgustado. Fer ya estaba afuera. A pesar del embarazo se veía regia. Maquilló las ojeras que ya no eran tan intensas. Llevaba una falda hasta la cintura algo corta, stilettos negros y altos y una blusa ploma, y su cabello medio ondeado hasta su espalda se veía bien.
Sonreí y le conté lo que planeaba hacer.
-Ahora tienes que esperar y me avisas cuando veas algo azul o rosa.-me aconsejó.
-Bien.-le respondí desde el baño. Era una prueba de embarazo. Esperaba impaciente hasta que pasaron los 3 minutos y la vi.
-¡Oh, por Dios!-chillé con la voz estrangulada.
Salí y Fer la vio.
-Estás embarazada.-me dijo.
¡Genial!

Esa noche llegué a casa muy triste. En realidad no sabía cómo sentirme.
-Todo bien.-inquirió Andi.
-Sí, eso creo. Necesito hacerme unos análisis de sangre.-solté al fin.
-¿Por qué, estás mal?-se quitó el mandil de cocina y sentí que mi respiración se aceleró.
-Es que… no estoy segura pero…
Busqué en mi cartera algo.
-Voy al baño.
Lo dejé ahí parado con toda la duda encima.
Compré otra para salir de dudas. Hice de nuevo la prueba y esperé.
-¿Estás bien?-me dijo desde afuera no contesté estando muy ansiosa. Pasaron como 10 minutos, la prueba ya tenía el resultado pero no me atrevía a mirarla.
-¡Vai, qué te pasa, me preocupas!-dijo alterado.
Abrí la puerta con lentitud.
-¡Estás pálida!-se asustó.
Poco a poco recuperaba la compostura.
Le mostré lo que tenía en manos. Era positivo de nuevo.
-¿Eso es una…prueba de…?-inquirió extrañado.
Asentí.
Miró que era positiva.
-¿Tú estás… embarazada?-me preguntó sin aliento.
-Eso creo. Es la segunda y salió positiva. Pero nada es seguro, Andi porque…
Me abrazó sin dejarme terminar, muy fuerte.
Me quedé algo  fuera de mí. Poco a poco pasé lo abracé también. Podía sentir lo feliz que estaba y eso me hizo sonreír. Sí él era feliz yo también. Eso lo entendí recién.
Quizá ser mamá no era tan mala idea.
-¡Vamos a ser papás! ¿Verdad?-gritó emocionado.
-No estoy muy segura pero creo que sí. ¡Ya cálmate!-le aconsejé.
El se veía muy feliz.
Si antes cuidándome era excesivo, imagínense ahora. No dejaba de hablarme a mi vientre y  me hacía cosquillas con los labios.
Me sentí bien y no tan mal como creía.
Claro que seguía mareándome y todo. Pero igual necesitaba análisis de sangre.
Me hizo ir hasta donde mi mamá. Jamás creí que Bill y Tom seguían aquí.
-¡Mamá!-la saludé efusivamente. A Gordon también y es cuando los vi bajar a ambos. Bill y Tom.
Sentí de nuevo como corría la sangre tan rápido.
-¡Vai!-se  me acercó Tom abrazándome.- ¿Cómo has estado? Te veo bien, Hola Andreas.-lo saludó soltándome.
-Hola, Vai. ¿A qué se debe esta visita?-habló muy despacio y con mucha suavidad. Era raro.
-No, es que…
-¡Ya diles!-me apresuró mi esposo.
-¿Decirnos qué?-mi madre se me acercó curiosa.
-No estoy segura pero… creo que estoy embarazada.
Hubo un silencio sepulcral entre todos.
Después de eso mi mamá se emocionó, Gordon también y todos en realidad. Pero Bill seguía en las gradas.
-Iré a cambiarme y bajo.-me dijo muy rápido para desaparecer entre las gradas.
Estaba raro.
Era domingo así que comimos un poco de helado en la noche.
-¿Estás bien?-me acerqué a Bill con mi copa de helado. Era la segunda.
-¿Es en serio?-dijo entre dientes.
-Sí.-afirmé.-Pero claro, no estoy muy segura.-recalqué.
-¿Cómo así lo supiste?-murmuró.
-2 pruebas de embarazo y las dos salieron positivas.-tomé otra cucharada de helado y la llevé a mi boca.-No pareces muy feliz por mí.-objeté.
-No… es eso.-fingió un sonrisa-es sólo que me cuesta creer que has crecido tanto y que ya… vas a ser mamá… del hijo de mi mejor amigo.-arrugó la frente. Parecía pensativo.
-Ya te lo dije.-se lo recordé, al parecer andaba olvidando que yo ya no tenía 17 años.-ya no soy una niña. Soy una mujer.
Cuando dije mujer recordé mi primera vez, fue mala idea porque los retorcijones volvieron. Tomé mi vientre.
-¡Maldita sea!-me encogí de dolor.
-¿Estás bien?-se inquietó tomándome por los hombros.
-Sí, es sólo que… me mareo muy seguidamente y…
Andi llegó a auxiliarme. Le dijo un “yo me encargo” a mi hermano y me llevó al baño. Las ganas de helado se me fueron por completo.

Después de eso, resolvimos ir a casa. Era mejor.
Fuimos y bueno, Bill al parecer se disgustó con la idea de ser tío y olvidé por completo hablar con Tom, necesitaba saber hasta cuando se quedarían para que Fer hable con él de su embarazo.

La semana se fue rápido, algunos en el trabajo que se enteraron me felicitaron, podía ver a  Fer confundida, ella tenía que ocultarlo todo, por lo menos por ahora.
Llegó el sábado y tuvimos que engañar a Fran que era una salida de chicas para que no viniera con nosotras. Andi nos esperaba en el hospital.
Fuimos a la sala, sacamos análisis para ella para cerciorarnos de que esté embarazada, ella no quería aceptarlo aún. Se sentía un poco mal. Aproveché en sacar los míos, ahora quedaba esperar. Llamaron a Fer, entonces entramos todos.
Le echaron en la cama y pudimos ver a un pequeño corazón latiendo incesante en su vientre. Se veía increíble. Imaginé lo mismo en el mío.
Ella lo vio, y me miró sonriente.
-No puedo creer que un bebé sea de ese tamaño y que esté dentro de mí.-Admitió al borde del llanto.
-¿Violet Kaulitz?-se asomó una enfermera por la puerta.
-Yo.
-El doctor la espera por sus análisis.
-ya vengo, Fer.-ella asintió. Andi tomó mi mano y salimos a su oficina.
No estaba, nos sentamos ansiosos, los nervios me comían. Él tomó mi mano de nuevo y me sonrió, yo le correspondí.
-Todo estará bien.
-ok.
De pronto entró.
-Perdón, como no venían fui a chequear a un paciente. Bueno, aquí están sus análisis y debo decirle que se encuentra muy bien de salud aunque le faltan algunas cosillas. Coma un poco más de vitaminas  y listo.
Ambos esperábamos el “Está embarazada” pero nunca lo dijo.
-¿Es todo?-pregunté, empezaba a sentirme inquieta.
-Sí, gracias por venir.
Andi y yo nos miramos extrañados.
-Me refiero a… ¿No estoy embarazada?-farfullé poniéndome de pie.
-¿Para eso se hizo los análisis?
-¡Sí!-grité.
Debió decirlo, espere un momento.
Salió del lugar y no vino hasta en unos 20 minutos, empezaba a desilusionarme. Era increíble pero al parecer si quería ser mamá.
Regresó con otro papel y se sentó.
-ya revisé bien los papeles y… lamento decirles pero no, no estás embarazada.
-Pero… pero ¿Y los síntomas? Los tenía todos. Sueño, mareos, vómitos.
-No está embarazada. ¿Alguna vez tuvo un niño?
-No, es la primera vez que creí que estaba embarazada.
-¿Deseabas tenerlo?-me miró fijamente. Andi estaba a mi lado mirando al piso confundido.
-Al principio no, pero luego al hacer las 2 pruebas de embarazo que salieron  positivas…me sentí feliz. Es que…
-Violet, escúchame. Hay muchas veces que las pruebas se equivocan, no son 100% seguras. Los síntomas pudieron ser parte de un embarazo psicológico. Cuando alguien desea ser madre con todas sus fuerzas y no puede, suele pasar estas cosas. Quizá deban intentarlo de nuevo. ¿Estaba usted en días fértiles?
-Si…-dije con la voz apagada, estaba alterada y tenía ganas de llorar. No estaba embarazada, todo es tiempo ni lo estuve. Me volví loca. ¡Loca!
-¿Sabe si es fértil?
Genial, encima ni siquiera podía tener hijos. El aire empezó a acabarse a mí alrededor y poco a poco se me nubló la vista.

No sé cuánto tiempo pasó, cuando desperté él estaba ahí conmigo.
-Todo está bien amor, tranquilízate.-me pidió muy sereno.
-¿No puedo tener hijos? No puedo creerlo, será mejor que te busques a alguien que si pueda, Shania no estaría mal, ella es bonita y…
-¿Por qué te precipitas? ¡Tranquila! No pienso cambiarte con Shania y no me importa si no puedes tener hijos. Te amo.
-¡No puedo tener hijos!-chillé para romper en llanto.
-¡Sí puedes, por Dios, cálmate! El doctor ya se ocupó de revisarte y eres fértil, no siempre quedas embarazada, Vai. Suele pasar.
-¡Pero lo hicimos dos veces! ¡¿Cómo no iba a quedar embarazada?!-grité aún más fuerte.
-¡Qué tal si el problema soy yo!-refutó. Me quedé en silencio, podía ser.-Ya, escúchame. No tenemos ningún problema, todo está bien. Podemos intentarlo de nuevo y si no funciona, ahora la tecnología a avanzado y podemos hablar con él sobre esos métodos de incubación y todo.

¿Métodos para tener hijos? ¡Pero qué mierda!
-¡No! Yo no quiero métodos.-le repliqué histérica. Me paré, ya no quería estar echada, no creí que el no estar embarazada me chocaría tanto.
-¡Tienes que recostarte o te pondrás peor!-intentó retenerme para que me quede echada, pero como sea me lo quité de encima. Me dirigí a la puerta, no quería estar ni un segundo más en un hospital.
Salí a pesar de oír a mi esposo gritándome desde atrás.
-¡No te pongas así! Al principio no querías tener hijos y ahora que te dicen que no estás embarazada te pones histérica.
-¡No quiero oírte!-farfullé entre dientes tratando de mantener la cordura.
-¡Podemos intentarlo de nuevo!-se posicionó delante de mí deteniéndome. Lo miré fijamente a los ojos con otra lágrima bordeando mi mejilla.
-No habrá segunda vez.-le dije con firmeza. Pasé por su costado dejándolo un poco confundido.
Fui a  buscar a Fer, pasaba con un largo pasillo, derrepente sin querer estaba la sala de bebés al frente mío. Me acerqué y los vi a todos, durmiendo. Se veían tan diminutos, frágiles y hermosos.
-Nunca estuviste embarazada.
Toqué mi vientre de nuevo y las ganas de llorar se aparecieron otra vez.
Continué caminando, una enfermera pasó con un bebé por mi costado, veía mujeres embarazadas por todos lados.
¿Por qué siempre es así? Hay algo que no quieres ver y huyes de eso y sin embrago no deja de perseguirte y lo ves en todas partes. Es como si todo estuviera en contra tuyo.
Al fin la vi conversando con el doctor, dándole indicaciones supongo. Ella sonreía y asentía, el doctor también sonreía.
Me detuve a metros de donde ella estaba. Limpié mis lágrimas y esperé a que terminara. Pero Fer se giró a mí y al verme su sonrisa se borró. Le agradeció al doctor y vino a mí.
-¿Qué te pasó?-me preguntó. Arrugué la frente y me descargué en su hombro.
Después me sacó afuera. Llamó a Andi para decirle que yo estaría con ella, supuse que dijo que sí. Me llevó a su casa en un taxi, yo no decía nada. No podía ni balbucear palabra me era imposible hablar con tremendo nudo en la garganta. Después de que llegamos y yo estaba un poco serena, se lo dije.
-¡No hay bebé!-admití con la voz ahogada.- ¡Fue un embarazo psicológico! Nunca hubo nada, no hay nada en mi vientre. Y yo hasta lo sentía, Fer. Te juro que la idea de ser mamá ya empezaba a taladrar mi corazón. Es como si poco a poco con imaginar un cochecito o una cuna fuera subiendo un peldaño más arriba y derrepente caigo hasta abajo sin amortiguador. ¡No estoy embarazada!
Me abrazó mirándome con ternura. Me pasé así toda la tarde. Era lo peor que me había pasado en toda mi vida.
-Tengo que ir el lunes a decirle a todo el mundo que no hay bebé,  a mi madre que no será abuela…menos mal no le dije a papá aún, pensaba ir a verlo hoy con la supuesta ecografía. ¡No sabes lo mal que me siento!-de nuevo al borde del llanto.
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-¿Aló? Mi amor, la futura mamá, como estás… ¡Ya pensé en nombres!
-¡Mamá, cállate!-repuse con un hilo de voz.
Notaba su confusión por haberle contestado de esa forma. No quería que nadie me dijera mamá porque no era una.
-¿Vai?
-No hay bebé. Todo fue un error. En el análisis nunca salió un bebé. Fue un embarazo psicológico. Díselo a todos a quienes les dijiste que serías abuela. Lo siento mucho.
Oprimí los labios esperando respuesta.
-No hay bebé… ¿Es una broma, hija?
-¡Tú crees que yo bromearía con algo así!-arremetí empezando a enfadarme. Necesitaba de alguien ahora. De él.-Pásame con Bill, quiero hablar con él.
-¡Bill, hijo, baja de inmediato!
-Mamá no puedo estoy hablando por teléfono.-respondió gritando.
-Esa chica le quita mucho tiempo a tu hermano.
-¿Chica, quién?-pregunté llena de curiosidad limpiando mis mejillas.
-Su enamoradita, ¿Cómo, Bill no te lo contó?
Me quedé en silencio. Era extraña la sensación interna. Cólera, celos o… no sé.
-¿Vai?
Colgué de inmediato. Es como si después de haberlo visto, necesitaba tenerlo de nuevo disponible para mí. Él debía hacer su vida como yo la hice.
Egoísta, estaba siendo egoísta de nuevo.
Me tiré en la alfombra de la sala y deseé que todo fuera un sueño, pero no lo era.

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3°CAPÍTULO


Entramos a casa, e sentía bien volver después de tal pelea. Me dejé caer en el sofá y Andi a mi lado. Nos quedamos unos minutos mirando a la nada, en silencio que por cierto no era incómodo.
Ya eran las 7 de la noche derrepente, estábamos ahí sentados riendo de algunas cosas de nuestra adolescencia.
-Haré algo de comer. ¿Deseas algo en especial?-inquirió frotándose las manos y mirándome.
-No, nada. Iré a ponerme el pijama.

Caminé directo a mi habitación, bueno nuestra, y me deshice de los tacones y mi vestido. Decidí darme una ducha.
Después de salir, me cambié, me senté en una cómoda silla al frente del mueble donde estaban todas mis cosas; cremas, perfumes, maquillaje.
Me miraba al espejo mientras secaba mi cabello, de pronto me fijé en el reflejo de atrás; la ventana.
¿Cómo pude haber querido suicidarme sólo por…?
Bill.
-¡Qué aniñada eras! ¡Eso fue una completa estupidez! Cómo Bill no me pegó una bofetada para que reaccionara.
Me puse de pie y me acerqué a la ventana, estaba todo oscuro y desolado. Uno que otro carro pasaba por allí lo cuál era un poco extraño.
Sonreí al pensar en la noche anterior, fue algo espectacular.
-¡Mierd*!-la sangre huyó de mi rostro al pensar en…

Lancé la toalla y me dirigí a la cocina.
-¡Andreas!-lo llamé exaltada, no estaba ahí. Sólo había un tomate picado.
Salí desesperada, lo encontré en el pasillo.
-¿Me llamas?
-Dime que te protegiste anoche.

Levantó una ceja y se quedó mirándome.
-¿Protegerme? Pero de que si no tenemos ninguna enfermedad ni…
-¡Sabes de lo que hablo! No te hagas el ingenuo ahora.
-No lo hice.-soltó muy suelto de huesos.-¡Ni que un bebé fuera una amenaza para protegernos, por Dios!

Fruncí el ceño, llevé una mano a la frente y miré al suelo. Sentía que iba a explotar de cólera. Yo no quería quedar embarazada.
-¿Lo hiciste a propósito otra vez? ¡Y yo caí como una imbécil! ¡Maldita sea ya hablamos de esto!

Me alejé de ahí pensando en lo que podría pasar, yo no quería tener un hijo.
-¡Vamos, Vai! Ya somos grandes, tenemos un trabajo estable, ¿Por qué no intentarlo?
-Es una decisión responsable tomada por dos, no por uno. ¿Entiendes?
-¡No entiendo porque no quieres! Yo quiero un bebé…
-¡Pero yo no! No puedo tener un hijo.-le refuté empezando a llorar de nuevo. Tratando de no mirarlo porque sentía que iba aventarme a él y golpearlo.
-Ya pasó de todas, no podemos mirar atrás, si quedas embarazada…No puedes optar por otra cosa que tenerlo.
-Me usaste, creí que querías revivir la llama que empezaba a apagarse pero no…
-Vai…
-¡Cállate!-me tapé los oídos y caminé de un lado a otro, pensando en que no estaba lista, no aún.
Esto no podía estar pasándome. ¿Por qué seré tan estúpida?
-Algo si te diré, Andreas. No pienso tener ese hijo.

Me miró anonadado, abrió la boca ligeramente, iba a decirme algo. Luego se calló, negó con la cabeza, podía empezar a verlo enojado.
-¡No pensarás en…! ¡Oh por Dios! ¿Qué clase de mujer eres?
No le respondí. No me sentía yo misma ahora.
-¡Sí tú haces algo así yo…!
-¡Tú qué! ¿Piensas amenazarme? Es mi hijo y yo soy quien sufrirá los cambios del embarazo, decido lo que me da la gana.-repliqué.
-No. Si se te ocurre hacer algo así, voy a hundirte en la cárcel por más que te ame y desapareceré de tu vida.
-¡Me harías un favor!-le grité.
-No sé qué diablos te pasa.-vociferó muy fuerte. Pasó por mi lado y cogió su chaqueta.
-¿A dónde vas?-pregunté ahogada en mi llanto.
-¡Qué te importa! Esto no está funcionando, no pienso seguir contigo si sigues con esas estúpidas ideas de niña inmadura.

Abrió la puerta y se fue. No intenté retenerlo ni menos.
Me quedé sola en un rincón de nuestro apartamento. Pasaron nos minutos, no iba a quedarme ahí sola, de brazos cruzados sin hacer nada. Me paré, cogí una chaqueta también para cubrirme de la fuerte tormenta y salí.
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-No creí que vendrías.
-Como no, Andreas, al contrario, me alegra que hayas accedido hablar conmigo. ¿Qué pasa?-preguntó Shania sorbiendo un poco de café, estaban en un Starbucks, a las 10 y media de la noche. Él no pidió nada.

-No sé, me dijo que quería…que no quería tener un hijo.-pensó en decirle lo de abortar, pero era algo muy privado aparte que él sabía que Vai hablaba tonterías cuando estaba molesta.
-Mm, ya veo. Sabes, somos distintas cada una de las mujeres. De seguro ella esta insegura o no está preparada para afrontar algo tan grande que es tener un hijo.
-Debe ser…-el silencio se apoderó de ambos, hasta que ella lo rompió.
-Es extraño.-rió-Mientras hay mujeres que no pueden tener hijos y desean uno; hay otras que pudiendo, no los quieren.
Notó la incomodidad de Andreas, por supuesto que su esposa estaba en la  lista 2.
-Oh, lo siento. No quise decir eso…A mí por ejemplo me encantaría tener un bebé, es un sueño que anhelo desde los 16, lo único que me falta es encontrar al padre.
-Ya lo encontrarás, Shania.-sonrió él por un microsegundo.
-Sí, supongo. Tiene que ser alguien perfecto, amoroso, romántico, guapo…algo así como tú.
Empezó a aniquilarlo con la mirada, él la evadió.
-Oh, qué tonta, no quise decir que seas tú, sino alguien con tus características.-sonrió coqueta.
-Sí entendí.
Ambos rieron.
Como no ceder a sus encantos. Ella era la chica de la cual todos caerían. Alta, una belleza inigualable. Piernas delgadas, bien formadas y estilizadas, una cintura pequeña, un escote muy pronunciado, su cabello cobrizo caía por su espalda tocando sus caderas con sutileza, unos ojos pardos grandes y unos labios en forma de boca perfecta, y encima un lunar al costado del labio, vaya amiguita la que tenía Andi.
Y encima le encantaba usar minifaldas.

-No sé qué haré, yo la amo y no quiero estar así con ella pero…cada vez las peleas son más constantes.
-Mira, así como mujer te lo digo: Ve a tú casa, búscala y hablen bien, planifiquen y queden en alguna conclusión. Quizá ella aún no está preparada para ser madre. Eso debe ser…ve.
-Sí, tiene razón…iré. Muchas gracias, Shania.
-De nada, para eso están los…amigos.-se apoyó en el espaldar de la silla y cruzó las piernas.

Andi se puso de pie, se colocó la chaqueta de nuevo y dejó un beso en su mejilla, ella guiñó un ojo y él salió de ahí.
-Por supuesto que no pienso ir a casa de nuevo.-se dijo a sí mismo.
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-¡Pero quién jode a esta hora!-gruñó Fernanda. Abrió la puerta con toda la flojera encima y entonces la vio. Vai estaba ahí con los brazos cruzados y el cabello mojado. Los ojos llorosos y lista para entrar en pánico.
-¿Vai?-la llamó aún sin creerlo.
-¡Pasó de nuevo, pasó de nuevo, Fer! Andi se fue de la casa y me dejó sola llorando.
Rompió en llanto de nuevo abrazando a su amiga. Ella intentó no tocarla para no mojarse, pero el cabello de Vai ya escurría agua por todo el piso de su sala.
La hizo entrar resignada y trajo una toalla, la envolvió y fue por una taza de café caliente. Tendría que limpiar ese charco al día siguiente.
Ya sintiéndose mejor, Fer se animó a preguntar.
-¿Qué dices que pasó?
-Es que…Andi y yo nos peleamos de nuevo.
-Otra vez…-dijo con pesadumbre, se acomodó un poco en el sofá. Yo asentí con la cabeza.
-Mira, esto es raro. O tú eres una insegura e inestable que no sabes lo que quieres o él es un idiota que no deja de insistir en lo mismo.
-Él es el idiota.-respondí defendiéndome.-Me sedujo, recuerdas que te dije que la pasé genial ayer, lo hizo todo para embarazarme. ¡Lo hizo adrede, no porque me quiere! ¡Lo único que quiere de mí es un hijo y ya!
Una lágrima cayó de nuevo a mi taza de café quitándome la sed. Dejé la taza en la mesita del centro.
-¿Por qué no quieres un hijo, Vai?-insistió ella en el tema.
-Te espero arriba, amor.-le dijo Fran pasando con una cerveza en mano. Ella asintió.
-¿Duerme aquí?-inquirí.
-Sí, le gusta dormir conmigo, no por ya sabes qué, pareciera que de verdad me quiere. Bueno, habla.
-Bien, no quiero porque…no me siento lista para sumir el rol de ser mamá. Siento que aún no es mi tiempo…quiero esperar más, ni siquiera tengo ese instinto maternal, es horrible.
-Dile eso y asunto arreglado.-puntualizó apoyándose en el espaldar de la silla y cruzando los brazos.
-¡Crees que no lo he intentado! Él no entiende que no estoy preparada, sólo quiere un hijo y punto, sin importar nada. Tengo miedo de quedar embarazada porque lo hicimos 2 veces  y sin protección.
-¿Estás en tus días fértiles  o no?-me preguntó. Pensándolo bien, saqué mi cuenta, conté los días…
-Sí, son días fértiles, Fer. Estoy fregada. Le dije que si quedaba embarazada, no lo tendría y se enojó.
-¡Serías capaz de abortar!-chilló llevando las manos a la boca-¡Si le quitas la vida a mi sobrino yo te la quitaré a ti!-me amenazó.
-¡Shh!…por supuesto que no lo haría. No soy una asesina ni nada…lo tendría… ¡Pero es que estaba de cólera y le dije eso! ¿Qué esperabas?
-y… ¿Terminaron? ¿Se van a divorciar?
-¡Cállate, ni lo menciones! No quiero divorcio ni nada… pero el me dijo que si seguíamos así… dejaríamos todo aquí. Pero es otra de nuestras peleas, volveremos.
Ella se quedó en silencio mirándome con ternura.
-Bueno… ¿Vas a regresar a tu casa?-preguntó.
-Hoy no… ¿Puedo quedarme? Si quieres me quedo en el sofá y me taparé los oídos para no escuchar nada… no quiero verlo por ahora.
-Dale, amiga, quédate.
Nos abrazamos, me jaló una mejilla y se fue a traerme unas frazadas. Me dio una almohada y otro pijama seca y me eché.

Embarazada…tomé mi  vientre, no lo soportaría…un niño en mi vientre…no estaba lista, no aún…
A la mañana siguiente, fui a casa a cambiarme, no me importó llegar tarde. Temía encontrarlo ahí y a la vez deseaba verlo en la cocina haciendo el desayuno y que me diga un lo siento. Pero no lo hallé.
Fui al trabajo inventando cualquier excusa a mi jefe, el se tragó todo, confiaba en mí…
Ya era el almuerzo y por un momento…pensé en verlo parado en la puerta de su auto, con una sonrisa esperando por mí.
Abrí la puerta del edificio y miré por toda la calle…no había nada. Fer se percató de a quien buscaba pero no dijo nada.

Me ofreció quedarme en su casa de nuevo, esta vez rechacé su oferta. Fui a casa con la esperanza aún encendida. Abrí la puerta, fui a la cocina, nuestra habitación, el baño, la sala…
No estaba.

Me eché en mi cama y deseé que todo terminara. Tenerlo  a mi costado, justo tenía frío. Pero él no estaba.
Me puse a llorar de nuevo hasta quedarme dormida.

Aún así, el día siguiente tenía una chispa de fe, pero fue un día igual al anterior.

Así se pasó toda una semana completa. Me sentaba en las tardes a leer un libro y mirando como el sol se ocultaba, esperando que él estuviese bien. En las noches a las justas tomaba un café y me iba a dormir sin lograrlo con éxito. Tenía pesadillas, algunas veces con bebés muertos, que  algo le pasaba a Andi o bien Shania me lo quitaba. Me levantaba exaltada y me ponía a llorar.

-¿Má?-le dije antes de ponerme a llorar.
¿A quién mejor recurrir si no es tu madre?
Me miró preocupada y me apoyó en su hombro para que llorase. Después de contarle todo, me ofreció un poco de café, bebimos.
-Puedes quedarte a dormir, nena. Para que no estés sola…-me ofreció.
-No, está bien así, necesito estar sola y pensar bien las cosas.
Después de irme, de nuevo lo mismo, llegar a casa y llorar de nuevo.
¿Es que acaso no podía dejar de llorar? Esa no era la solución y yo lo sabía pero…no sé.
-Creo que se acabó, Vai.-me dije a mi misma. Ya eran 2 semanas y media que me encontraba sola en mi apartamento sin una llamada suya y sin saber absolutamente nada de él. Quizá él decidió terminar conmigo pero no se animaba a decírmelo porque tiene miedo que me suicide o algo.
Tomé mi vientre de nuevo. ¿Y si estaba embarazada, aún así me dejaría?
-Si es que estás ahí, a lo mejor estaremos solos hasta que mamá encuentre a algún chico que desee ser padre.-le hablé a mi vientre.

Me sentí mal de nuevo, quizá si fue mi culpa todo esto… Andi a lo mejor si rompió conmigo. Me puse a llorar de nuevo y me fui a dormir.

-¿Te encuentras bien? Te veo demacrada. Hace tiempo no veo a tu esposo por acá.-me preguntó mi jefe, me había llamado a su oficinapara hablar conmigo.
-Es sólo que…-miré al suelo y rasqué mi nuca, no quería decirlo…-tuvimos una pelea fuerte y no va a casa desde hace 3 semanas.
Mi voz se quebró y respiraba con dificultad. Mi jefe me abrazó inesperadamente.

Me dio algunos privilegios por mi situación sentimental, sabía que afectaban bastante a tal punto de no comer casi nada y pasármela con una cara larga todo el día.
Hasta mi maceta de cactus estaba por morir. La miraba y me daba pena, pero no hacía nada por ella. Como si nada tuviera sentido ahora…
Me vi en un espejo en el baño del edificio. Estaba con los ojos rojos, una ojeras muy marcadas y efectivamente un poco delgada, supongo no era bueno. Me daba igual ahora…

Mi jefe me botó a casa muy temprano y me dijo que comiera algo. Que podía tomarme el tiempo que quisiera para recuperarme…
Subí grada por grada hasta llegar al 4 piso de mi apartamento, abrí la puerta con lentitud y la cerré de igual forma. Me quedé un buen rato de espaldas. Quizá debería ir con mi madre de nuevo, hacía 2 semanas que fui a su casa y me sentí mejor.
Suspiré y me di la vuelta.



-¡Bill!-grité dejando caer mi bolso al suelo, con los ojos como platos, no podía creerlo.
-Hola, Vai.-me contestó. Estaba muy cómodo sentado en mi sofá, con los brazos apoyados en cada extremo de este y las piernas cruzadas. No lo veía hace… ¿2 años? Claro, mi boda.
-¿Qué…qué haces acá?-inquirí con un tono medio molesto creo, intentando ocultar mi asombro. Me sentía rara y los nervios me carcomían por dentro. ¿Qué te pasa Violet?
-Lo siento, sé que no debí meterme así a tu casa, pero la puerta estaba abierta…
-Seguro olvidé cerrarla, qué estúpida soy.-reaccioné al fin y caminé en dirección a mi habitación buscando las llaves en mi cartera. No las encontraba.
Dejé el bolso en mi cama, tomé un poco de aire y me armé de valor para salir de nuevo rumbo a la sala.
-Las llaves están ahí, las dejaste en la puerta, Vai.-señaló la pequeña mesita del centro. Las tomé en mis manos y empecé a jugar con ellas, caminé un poco y me apoyé en una pared al frente de él.
-Me alegra que hayas sido tú quien las encontró y no alguien más…-admití. Al fin y al cabo si era cierto. Cómo dejé las llaves en la puerta…
-¿Cómo te va?-me preguntó, como si no supiera… ¿O no sabía? ¿Acaso no le era extraño no ver a Andi pegado como una garrapata a mí como cuando éramos unos adolescentes?
Andi había cambiado un poco.
Como dicen, una vez que obtienen lo que quieren… se olvidan de los mimos, las salidas, los regalitos…ya ni les importa. En este caso, él sólo quería casarse conmigo… ¡Ah! Y tener un hijo.
-Bien, sí, eso creo.-repliqué aún apoyada a la pared mirando a todas partes menos a él.
Tomó una postura más seria, se inclinó un poco y apoyó los codos en sus rodillas, se venía algo. No lo conoceré.
-Mamá me contó lo que pasó.-musitó mirando al suelo.
-¡Genial! ¿Te contó algo más?-tenía que ser mi madre…
-No, en realidad. Sólo me dijo que tuviste una pelea y… vine a ver si estabas bien.
-Estoy bien.-contesté tajante. ¡Claro qué estaba bien!...sí, claro. A quién quieres engañar, Vai.
-Recuerdo que siempre intenté protegerte de la adversidad, de todo. Me apena no haber estado contigo estos últimos años.
-Ya no puedes, ya crecimos. Todo cambió ahora. Tengo que defenderme sola.-repliqué fría.
De pronto las llaves se me cayeron dejando todo el ambiente en silencio, incómodo. Justo lo que quería evitar.
-Lo único que te aterraba en ese entonces era quedarte sola, la soledad…me pedías que no te deje dormir sola, que estuviera ahí contigo.
-No hablemos del pasado, eso es algo de lo que no quiero hablar. Fue bonito pero…yo era sólo una niña, no sabía lo que hacía.
-Creo que yo tampoco…-admitió sin sentirlo.-Pero no todo ha cambiado, Vai. Sólo mírate. No hay que ser adivino para saber que te encuentras nada bien. La soledad te ronda y eso no te gusta, por eso lloras cada que puedes.
-¿Qué sabes tú si lloro?-contesté a la defensiva, un poco fastidiada. Odiaba que me conociera tan bien.
-Tus ojos…
Me quedé en silencio…la soledad…sí que me aterraba y eso me hacía sentirme mal. Oprimí los labios, empezaba a hurgar en mis sentimientos…
-¿Qué quieres que te diga? ¿Qué me encuentro mal por dentro, qué una sonrisa ya no es suficiente para disimular lo que siento porque por más que quiero taparlo todo, es cuando más sale a flote? ¡Estoy destruida! ¡Yo de verdad lo amo, Bill, lo amo más que a nada!
Exploté y fue igual que los otros días, llorar y llorar.
Él se puso de pie, y se aproximó a mí. Me tomó de los hombros, me miraba con ternura y culpabilidad. Cogió mis cabellos y los puso tras mi oreja, lo miré entonces y…parecía algo indeciso, así como yo. No sabía si abrazarme o no, ni yo. Mordí mi labio inferior y fue entonces que lo que sea que nos separaba; desapareció.
Me abrazó muy fuerte y yo correspondí. Me sentí  como una chica de 17 años, cuando todo era diferente. Yo estaba segura de que amaba a Andreas pero…quizá si fue un error casarme con él. Quizá debí esperar un poquito más…quizá yo aún lo amaba.
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BILL

Era extraño abrazarla después de tanto tiempo. La vi en su boda pero no la abracé, y teniendo en cuenta que ella tenía 26 años, se casó a los 24 y yo la dejé a los 17… eran como 9 años sin tenerla entre mis brazos.

Me agobiaba un poco la idea de verla, por lo menos hasta hace unos días…después de que Andi me contara lo que pasó creí que sería bueno ir a visitarla.
No creí verla tan diferente…aunque por dentro seguía siendo la misma Vai que yo conocía,  mi Vai.
Parecíamos 2 extraños, que no tenían confianza. Parecía que no quedaba nada de lo que fue, ni cenizas.

Para mí no fue sólo un juego, para mí fue algo más. Yo sí sabía lo que hacía…porque yo si estaba seguro de amarla.
Nos sentamos en el sofá y es cuando finalmente me contó todo, concordaba con lo que Andreas me había contado excepto que ambos le echaban la culpa al otro, aunque Vai empezaba a echarse la culpa a sí misma algo que Andi nunca haría, o quizá sí.
-Así que…es casi todo por el bebé.-coincidí con ella, sonaba lógico. Andreas siempre fue terco.
-Pero hay algo más…-murmuró muy preocupada.-Es posible que yo…bueno, que esté embarazada. Estaba en mis días fértiles y…pasó eso 2 veces y no se protegió. Sí él me deja y se va y yo estoy embarazada… ¿Qué haré?
¡Embarazada!... debería alegrarme pero no…
-Me tienes a mí y a mamá.-contesté dándole ánimos. Además para ser honesto, Andreas jamás la dejaría.- ¿Te digo algo?
Ella asintió.
-En realidad mamá no me lo contó, fue él. Me llamó hace unas noches atrás. –Al mencionarlo, se giró para verme muy interesada.-Está igual que tú. –negó con la cabeza secando una lágrima.
-Y qué más da. Al parecer él no piensa venir. ¿Te dijo algo?-se apresuró a preguntar muy interesada.
-Aparte de que te amaba, no.
-¿Volverá?-inquirió esperanzada. Yo no podía decirle nada.
-No me lo dijo.-mentí.- ¿Cuándo sabrás si estás embarazada o no?-retomé el tema anterior.
-No lo sé, supongo en un par de semanas más… ¿Qué se supone que voy a hacer?
-Por ahora aclara tu mente y tus ideas. Ya él volverá para decirte algo.
-¿Tú sabes qué?
-No, Vai. No me dijo nada.
-¿Qué haré cuando lo vea?-se mostró realmente alarmada. Por un momento creí que pasaría algo entre los dos, quizá es por eso que vine inconscientemente. Pero no dejaba de hablar de mi mejor amigo, a lo mejor ella si me olvidó rápido, al igual como empezó todo.
-Mira, cuando no sepas que hacer o decir; sólo haz lo que sientas.
Si aplicara ese consejo en mi vida… estaría ahorita dándole un beso. La deseaba de la misma forma como hace 8 años.
Ella sonrió por primera vez desde que llegué.
-¡Wow! Eso fue profundo, no lo olvidaré, Bill.