viernes, 27 de abril de 2012

14°CAPÍTULO


Caminé sin mirar atrás. Sabía que él estaba atrás mío. Ahora me sentía ligera, como si una gran roca hubiera sido retirada de mis heridos y débiles hombros. Pensé que Fer debería hacer lo mismo.

Me senté en una de las bancas y miré de nuevo al reloj. Sólo habían pasado diez minutos. Bill se sentó a mi lado.
-Fer va a estar bien.-me brindó su apoyo mientras me abrazaba. Apoyé mi rostro en su hombro. Era como si todo fuese como alguna vez lo fue. Yo y él juntos, sin más peleas, como hermanos.  Los ojos se me cerraron y el sueño me venció otra vez a las 2:10 am.

-¡Vai, despierta!-me sacudió ligeramente mi hermano y me ayudó a ponerme de pie.  Ya eran cinco de la mañana y Fran salía de la sala de partos junto a Tom conversando muy animados.
-¿Qué? ¡No, no se llamará Samara! ¿Estás loco?-rió Fran.

Bill y yo fruncimos el ceño y nos miramos muy desconcertados.
-¡Ya nació, Bill, es una niña!-sacudió Tom a su hermano arrancándolo de mi lado y abrazándolo. Bill no podía entender.
-¡Es niña!-me habló Fran. Lo miré y miré a Tom.-Ya no te preocupes. No más peleas. ¿No me vas a felicitar?
-¿Felicitar?-repetí. A quién debería felicitar es al padre y Fran no lo era.-Pero Tom…
-Ya me quedó muy en claro que no soy el padre. Ya felicité a Fran y tú deberías hacer lo mismo.-me interrumpió mirándome muy serio y esbozando luego una tímida sonrisa.
-Felicidades, Fran.-lo abracé muy rápido.- ¿Y cómo se llamará?
-Fer debe decidir el nombre.-contestó Tom.
-¿Despertó?-pregunté animada.
-No… ella sigue inconsciente. Estuvo dormida en todo el parto o cesárea. El doctor dice que estará bien. Lo grabé todo en mi celular.-sonrió Françoise.

Esto no podía ser cierto. ¿Ambos felices de la nada? ¡Por supuesto que no!
-¡Ya! ¿Por qué no se están agarrando a golpes? ¿Qué pasó? ¿Qué pactaron?
Ambos se quedaron callados.
-Nada, Vai. Quedamos en que lo sabríamos una vez realizada la prueba de ADN. Mientras tanto, estamos en tregua.-afirmó Tom.
-Ya despertó.-anunció la enfermera mirando a Tom y Fran sospechosamente para retirarse.
Fui la primera en ir, apenas entré a la habitación, Fer me miró sonriendo.
-¡Soy mamá!-me dijo entre sollozos. No pude ser fuerte y me lancé a su lado llorando también.
-¡Felicitaciones, Fer!
-¿Dónde está ella?-me preguntó de inmediato.
-Toc-toc ¿Se puede?-ingresó la misma enfermera con bebé en brazos arrullándola.
-¡Ay por Dios, no!-murmuró Fer.
-¿No qué?-la miré asustada.
-¡Es muy pequeñita! ¿Si la abrazo muy fuerte o la cargo mal y…?
-Es cuestión de instinto.-la animó la enfermera. Se la extendió y vi los brazos de mi amiga temblar. Cuando la tuvo en sus brazos, sus ojos brillaron de alegría. Era como si estuviera contemplando al ser más perfecto, maravilloso y frágil del universo. Me acerqué, me senté en la cama a su lado y la vi. Abrió los ojos y fue como si la habitación se iluminara, como si nos cegara por su intensa belleza. Esos ojos eran castaños como los de Tom y el cabello, lo poco que tenía, era del mismo color, un poco ondeado. Compararla con un ángel era muy poco.
-Es mía… -atinó a decir Fer sonriéndole con ternura y tocando una de sus diminutas manitos.
-¡Mira, nena! Ella es tu mamá.-le dije a la pequeña como si fuera a entenderme. La pequeña miraba a Fer con curiosidad, la contemplaba como si estuviera tallando cada detalle del rostro de su madre en su memoria.
-¡Soy tu mami!¡Qué hermosa eres, princesa!
-¿Y cómo se va a llamar?-pregunté anonadada.
-Cómo su madre.-ingresó Tom jugando con sus dedos, muy nervioso.
Fer levantó la vista y no lo vio con rencor como otras veces, sólo lo ignoró con dulzura. No había espacio ni tiempo para renegar.
-No…- lo contradijo ella.-Quiero que se llame…
-¡Fanchesca, como el padre!-intervino Fran ganándole el sitio
a Tom y sentándose al otro costado de Fer. Ella lo miró incómodo y levanto la vista luego hacia Tom, quien no se movía del umbral de la puerta.
-No.-contesté tajante. Pero pareció no oírme.
-Si se parece a mí cuando era un niño. ¡Di papá, di papá!-le hablaba Fran a la niña.
-Fran, no puede hablar-le contestó mi amiga algo irritada.
Su celular volvió a sonar y Fran salió disparado nuevamente. Fer le volvió a echar un vistazo a Tom ahora que estábamos solos de nuevo.
-¿No… no la quieres ver?-inquirió algo tímida dirigiéndose a mi hermano.
Él sonrió y se acerco a paso lento.
Se sentó alado de Fer y sonrió nervioso al ver a la niña.
-¿Cómo la llamarás?
-No sé, dime tú. Ella es tu…
Se quedó callada borrando todo atisbo de sonrisa.
-¿Mi qué?-insistió Tom.
-Tu… tu… ¡Ahijada!  Serás su padrino de bautizo.-dijo recuperando la compostura. Tom bajó la mirada y sonrió.
-Bueno… sería un honor…
Se puso de pie de pronto, con una mano en el bolsillo y salió sin decir nada.
-¡Dios, casi se lo digo!-suspiró Fernanda aliviada.
-Deberías decirle la verdad.-le dije convencida de que ello era lo correcto. Y es que así lo era.
-Ya dije que por la misma razón que tú…
-¡Le dije a Bill que lo amo con todo mi ser cuando estabas inconsciente dando a luz!-la interrumpí. Me miró dudosa.-Sí, lo hice. Y ahora me siento libre. La verdad me hizo libre, Fer. Si yo pude hacerlo, tú también.

-¡Bill, no puedo!-se resignó Tom.
-¡Tonto, hazlo ya! Si no lo haces, Fran te ganará y…
-¡No, Bill! Imagínate que me dijo que fuera el padrino de su hija. ¿Cómo iba a decirle después de eso que se case conmigo?
-¡Fácil! Se dice: ¿Te casarías conmigo?-respondió su gemelo.
-¡Claro, qué fácil es decirlo! En serio Bill. Se acabó, la perdí y para siempre… esa no es mi niña, ella lo dijo. No quiero atormentarla más con mi presencia. Será mejor que me vaya…
-¡Espera!

Lo sujetó Bill del brazo. Pero aún así, Tom se lo quito de encima y se fue. 


-¿En serio… amas a tu hermano?-me preguntó una Fer que empezaba a creerme mientras contemplaba a su hija.
-Pues sí, yo lo…
-Me la tengo que llevar.-ingresó la enfermera.
-¡No, por favor! Un ratito más. La necesito conmigo.-le suplicó la madre.
-La traeré a las 8am. Lo prometo.

Ella asintió dejando ir a ese diminuto ser. La enfermera empezó a hablarle a la niña y desapareció con ella.
-Bueno, mi hija se fue…-dijo con lágrimas en los ojos.
-¡Ay, no vas a llorar! Te la traen luego.-musité casi burlándome.
-No… no es sólo eso.-se echó en la cama y cruzó los brazos.-Es Tom. Me da pena negarle algo que es suyo. Pero sé que si se lo digo… puedo entrar en crisis, Vai. Tu hermano no está listo para tener una hija y yo no aceptaría un no como respuesta.
-No lo creo…
-Gracias por ser tan positiva. Bueno,-se limpió las lágrimas. -Háblame de Bill.  
-Nada. Se lo dije todo, me sentí aliviada y creo que todo volverá a ser como antes.
-¡No podría!-gritó desconcertada.
-¡Qué!-respondí alarmada.
-Verte besarlo. ¡iug! ¡Es tu hermano!
-¡Era eso! …-suspiré al recordar ese gran beso después de tanto tiempo.
-¡Cómo  si fuera para poco! –se burló.
-Fer… nadie podría entenderlo. Yo deseé muchas veces no ser su hermana, así como él también lo deseo. Mi amor por él es puro. Un amor que jamás sentí por Andreas. Andi fue mi vía de escape. Es todo.
Aprendí a amarlo como un hombre aprende cualquier profesión. La diferencia es que algunos aman su profesión y por eso la aprenden y otros la aprenden sin nunca sentir amor. Pero se acostumbran a ella y te convences luego que está bien. Mi caso es el segundo. Me arrepiento de mi boda, de haberlo usado… de haberlo besado por primera vez esa tarde cuando me ayudaba a hacer tareas. ¡Doy asco!
-Sólo estas enamorada y supongo que todo fue por amor. –me consoló ella. La puerta se abrió intempestivamente. Apareció el níveo rostro de mi ángel. Bill.
-¿La puedo ver?-fue lo primero que dijo sin prestarme mucha atención lo cual me enfadó un poco.
-¡Dónde andabas! La enfermera ya se la llevó.

Bill puso cara de decepción e ingresó a la habitación. Esta vez si me miró.
-En realidad vienes a ver a tu hermana. ¿No?-dedujo Fernanda.
-Sí, bueno. También.
-Anda, ¡Mira nada más como la miras!-insinuó Fer. Bill cambió de rostro. Se precipitó e intentó disimular.
-Es mi hermana. ¿Cómo no la voy a  mirar?
-Sí, claro. Váyanse afuera a besarse porque yo quiero dormir.-se acomodó mi amiga cerrando los ojos.
Bill me echó un vistazo sin comprender.
-Se lo conté todo. Ella sabe que te amo, Bill.-susurré.
-Sí, así es. Y…-se volvió a sentar en la cama.-Les juro que no diré nada. Su secreto está a salvo conmigo.
-Gracias, Fer.-atinó a decir Bill fulminándome con la mirada. Me acerqué a él mientras Fer se volvía a acomodar para dormir.
-Es mi mejor amiga. Ella sospechaba, te vio besarme alguna vez y… se lo dije hace días…
-Si tan sólo yo se lo pudiera decir a Tom.-musitó entre dientes perdiendo sus ojos en el infinito, pensando. Podía sentir la tristeza desprendiéndose  por cada poro de su piel. Podía sentir como la energía de su cuerpo cambiaba de pronto. Lo sentí tan débil y frágil que sólo pude a abrazarlo. Me correspondió apoyando su rostro en mi hombro.
-Y ni siquiera te tengo a ti…-susurró en mi oído.
-Pero estoy aquí…-Contesté sabiendo bien que no era eso lo que él quería decir.
-Sabes que no me refiero a eso.
-Bill…

Lo alejé de mí y lo miré a los ojos.
-Yo siempre seré tuya y… por eso nunca podrás tenerme. Es como lo que dice Paulo Coelho en su libro “Brida” soy como la flor del bosque. Ella combina con la lluvia, la puesta de sol, con las nubes, con la primavera. Pero, si la arrancas para tenerla contigo, la flor se marchita y muere. Es mejor contemplarla, ¿No crees? De esa manera, ella estará siempre ahí para ti.
-Entonces me quedaré a contemplarla hasta que muera y me desintegraré hasta volverme  polvo, y ser parte de la tierra que le transmite esa energía que la haga florecer con más fuerza.
-¡No!
-¡Shh!-me calló poniendo un dedo sobre mis labios.- Déjame morir alado de la flor.
-¡No! Mejor arráncala, yo no quiero que te pase nada.
-Debe haber alguna forma de que se vuelvan uno solo. Pero debe haber un sacrificio.
-Ya deja de pensar en esto. Te vas a casar pronto. Esto no tendrá sentido después.
-Violet…

Su celular sonó, interrumpiendo nuestra dolorosa conversación. Quizá así era mejor. Me senté en el pequeño sofá de atrás suyo.
-¿Alo?
-¡Mi amor! Soy Sophie. Ya reservé el local y la iglesia. Es hermosa y…
Bill tapó el teléfono y se giró a mirarme.
-Es Sophie.-afirmó angustiado.
-Lo sé.-sostuve. –Háblale, escúchala.
-¿Estás ahí?-escuché que la rubia gritó.
-Sí… ¿Qué quieres?
-Mi amor… ¿Estás bien? ¿Por qué me tratas así?
-¡Escúchame bien!  No-quiero-casarme-contigo. No te amo y nunca lo haré. ¡Se acabó! Cancela todo porque no tienes novio. Adiós. ¡Ah! Una última cosa.-sostuvo el celular lejos de su oído y le gritó.- ¡Déjame en paz!
Colgó y se quedo estático por unos minutos. El celular volvió a sonar. Supuse que era ella. Bill lo apagó y lo guardó en su bolsillo.
-Listo. Ya no me voy a casar.-finalizó volteándose  con una sonrisa fingida que desapareció de inmediato y nuevamente, Bill se perdió en su mundo mientras yo lo miraba seriamente a los ojos.
-No puedes hacer eso.-hablé rompiendo su concentración.
-¿Qué? No,  escucha.-se sentó a mi lado.-Yo no la amo, era lo mejor. Ahora tú y yo podremos estar juntos.
Tomó mi mano y besó el dorso. Lo solté y me puse de pie.
-No puedes terminar con un compromiso así de simple. Bill es tu novia y te vas a casar.
-Era.-me corrigió lo cual me enfadó más.
-¡No hagas esto! ¡Es una tontería! Ella será una boba pero sigue siendo un ser humano y heriste sus sentimientos. Aparte,  ¿Cómo crees que la prensa va a reaccionar?
-¡No me interesa!
-¡Te debería interesar! ¡No puedes hacer esto!-alcé la voz. Él miró a la ventana y yo sólo lo observaba.
-¿No te parece bien lo que hice? ¡Lo hice por ti!-alzó la voz también poniéndose de pie y señalándome. También se estaba enojando.
-No lo hagas por mí. Así como una vez me dijiste aceptara el noviazgo con Andreas y que me casara con él… yo te digo. Cásate con tu novia.
-No la amo. No puedes obligarme.-respondió algo alterado.
-Entonces… ve y díselo en su cara. No seas cobarde. Cada que la ves te tragas todas tus palabras. Pero no rompas con ella por mí porque pase lo que pase, nada va a cambiar entre tú y yo. Te amo, te lo dije y te lo repito: Te amo. Pero no podemos hacer nada para cambiar nuestra situación. Qué pena, lo sé. Pero así es. Nada cambiará. ¡Nada! Tenlo bien claro.
-¡Mira el sacrificio que estoy haciendo por ti! No lo valoras.-me incriminó.
-Yo no pedí ningún sacrificio.-musité con el dolor de mi corazón.
-Como quieras. Luego no vengas con eso de te amo, porque si fuera cierto, no dirías lo que dices. Nuevamente, me vuelves a dar una bofetada con tu indiferencia. ¡Mentirosa!

Me empujó con el hombro mientras se iba. Me quedé de pie llorando silenciosamente. Era lo mejor.

Intentaba convencerme… era lo mejor. Rompí en un llanto silencioso, evitando despertar a Fer.
-Vai.-me llamó ella sentándose en su cama. Yo, que estaba dándole la espalda, limpié mis lágrimas como pude y me giré a verla.
-Creí que dormías.
-No… escuché todo.
-Yo no… no puedo permitir que arruine de esa forma su vida profesional. Aparte… no podemos estar juntos, somos hermanos…

De nuevo mi voz se quebró y seguí derramando lágrimas en silencio.
-Fer… yo te envidio.-musité entre dientes. Su expresión cambió.
-¿Qué?
-Tom y tú no tienen lazos de sangre, no son parientes. Tú puedes estar con Tom pero no quieres. Yo quiero estar con Bill pero no puedo porque es mi hermano.

Fer se quedó en silencio con la mirada perdida. Se echa de nuevo y yo decido salir. Fran estaba afuera y al verme, entró a ver a Fer.

Esa mañana regresé a mi departamento y dormí el resto del día y de la tarde. En la noche me levanté a tomar algo, vi la botella de ron y no pude contenerme. Bebí y bebí hasta perder la conciencia. Bill ocupaba mi mente  todo el tiempo. Me preguntaba que hacía, en que pensaba, ¿Pensaría en mí? Al día siguiente fui a ver a Fer y recibí una llamada. Había conseguido el trabajo y comenzaría el próximo lunes.

Fer estaba dándole de lactar a la niña, muy feliz, aunque llorando.
-Hola princesa.-saludé mirando a la niña.
-¿Y de cuando acá  tú me llamas princesa?-inquirió Fer burlándose.
-Le hablaba a la nena.-contesté con un tono de desdén. Sonreí.
-¿y Bill?
-No sé.-me senté junto a ella mirando a otro lado.-No hablamos ni nada.

Fran entró con un hermoso ramo de rosas blancas, muy sonriente. La paz de Fer  desapareció. Se puso nerviosa.
-Hola, Fer. ¡Hola hijita!-saludó a su “hija”.
-Vai, déjame a solas con Fran un momento.
La miré asustada, ella fingió una sonrisa y salí de la habitación. Me fui a sentar a la sala, donde había una televisión. Era la emisión de un canal de chismes sobre famosos. Me puse de pie y me acerqué a la ventana. Los primeros copos de nieve de la estación comenzaron a caer. El invierno había comenzado oficialmente.

-Y aquí la diseñadora de vestidos de novia preferida por los famosos. Vera Chang nos muestra su colección.

Miré los hermosos vestidos de novia que ella confeccionaba, el mío no fue de diseñador pero era hermoso. Probablemente estaba  en una caja al fondo de mi armario en el departamento anterior.

-Y justo una modelo muy conocida está probándose unos vestidos de novia para la recepción.-afirmó Vera.
-¿Será acaso Sophie Criquets?
-No puedo decir nada.
-¡Claro que sí, Vera! No hay problema. No les mostraré mi vestido porque es sorpresa. Ya tengo el de la iglesia y el de la recepción, faltan unos últimos retoques y ya.-interrumpió la rubia.
-¿Tu novio?
-Estaba hablando por celular, ya sale.

Justo Bill apareció colgando su celular. Una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo. Sonreí al verlo tan guapo como siempre.

-¡Aquí estás, mi amor!-saltó la rubia abrazándolo.
-Hubo rumores de que ustedes habrían peleado y roto el compromiso.-sostuvo la periodista.
-Peleamos de vez en cuando, es normal en una pareja. Menos mal ya todo está solucionado, Sophie sabe que la amo y que de hecho nos casaremos en un mes y dos semanas.-sostuvo Bill.

La rubia sonrió mirándolo con ternura. Bill se giró de pronto, la apegó a su cuerpo y la besó apasionadamente.

-Y el ambiente se tornó caliente.-opinó la periodista.
-Oh, Bill.-suspiró Sophie alejándolo.-Nuestra luna de miel será excelente. Viajaremos a las islas Malvinas.
-¡Qué buenas noticias! Y…

Me di media vuelta y caminé directo al baño. Me encerré y comencé a llorar. Él dijo que la amaba…
-¡Pero si es lo que tú querías!-me grité a mí misma.

Unos minutos después salí, me lavé la cara y me encaminé a la habitación de Fer, a contarle todo. Justo cuando llegaba, la puerta se abrió violentamente y salió Fran muy molesto lanzando las flores al suelo.
-¡Fran!-lo llamé.
-Se acabó.-susurró y siguió de largo. Tomó el ascensor y se fue.

Entré a su habitación, Fer miraba por la ventana y su bebé estaba dormida.
-¿Qué pasó?-pregunté en voz baja.

Mi amiga llamó a la enfermera y le indicó que se llevara a su niña. Luego se sentó en la cama con cuidado y me miró.
-Le confesé toda la verdad. Le dije que él no es el padre, que le mentí y se fue.
-¿Qué tú qué?
-Si, Vai. Así es. Ahora, mañana que salga de este hospital, tengo que hacer algo.
-¿Cómo qué?
-Ya verás.

Me dejó con la duda, pero no insistí más en el asunto. Le conté lo que pasó, derramé más lágrimas y pasamos el resto del día juntas.