Caminé sin mirar atrás. Sabía que él estaba atrás mío.
Ahora me sentía ligera, como si una gran roca hubiera sido retirada de mis
heridos y débiles hombros. Pensé que Fer debería hacer lo mismo.
Me senté en una de las bancas y miré de nuevo al reloj.
Sólo habían pasado diez minutos. Bill se sentó a mi lado.
-Fer va a estar bien.-me brindó su apoyo mientras me
abrazaba. Apoyé mi rostro en su hombro. Era como si todo fuese como alguna vez
lo fue. Yo y él juntos, sin más peleas, como hermanos. Los ojos se me cerraron y el sueño me venció
otra vez a las 2:10 am.
-¡Vai, despierta!-me sacudió ligeramente mi hermano y me
ayudó a ponerme de pie. Ya eran cinco de
la mañana y Fran salía de la sala de partos junto a Tom conversando muy
animados.
-¿Qué? ¡No, no se llamará Samara! ¿Estás loco?-rió Fran.
Bill y yo fruncimos el ceño y nos miramos muy
desconcertados.
-¡Ya nació, Bill, es una niña!-sacudió Tom a su hermano
arrancándolo de mi lado y abrazándolo. Bill no podía entender.
-¡Es niña!-me habló Fran. Lo miré y miré a Tom.-Ya no te
preocupes. No más peleas. ¿No me vas a felicitar?
-¿Felicitar?-repetí. A quién debería felicitar es al
padre y Fran no lo era.-Pero Tom…
-Ya me quedó muy en claro que no soy el padre. Ya
felicité a Fran y tú deberías hacer lo mismo.-me interrumpió mirándome muy
serio y esbozando luego una tímida sonrisa.
-Felicidades, Fran.-lo abracé muy rápido.- ¿Y cómo se
llamará?
-Fer debe decidir el nombre.-contestó Tom.
-¿Despertó?-pregunté animada.
-No… ella sigue inconsciente. Estuvo dormida en todo el
parto o cesárea. El doctor dice que estará bien. Lo grabé todo en mi
celular.-sonrió Françoise.
Esto no podía ser cierto. ¿Ambos felices de la nada? ¡Por
supuesto que no!
-¡Ya! ¿Por qué no se están agarrando a golpes? ¿Qué pasó?
¿Qué pactaron?
Ambos se quedaron callados.
-Nada, Vai. Quedamos en que lo sabríamos una vez
realizada la prueba de ADN. Mientras tanto, estamos en tregua.-afirmó Tom.
-Ya despertó.-anunció la enfermera mirando a Tom y Fran
sospechosamente para retirarse.
Fui la primera en ir, apenas entré a la habitación, Fer
me miró sonriendo.
-¡Soy mamá!-me dijo entre sollozos. No pude ser fuerte y
me lancé a su lado llorando también.
-¡Felicitaciones, Fer!
-¿Dónde está ella?-me preguntó de inmediato.
-Toc-toc ¿Se puede?-ingresó la misma enfermera con bebé
en brazos arrullándola.
-¡Ay por Dios, no!-murmuró Fer.
-¿No qué?-la miré asustada.
-¡Es muy pequeñita! ¿Si la abrazo muy fuerte o la cargo mal
y…?
-Es cuestión de instinto.-la animó la enfermera. Se la
extendió y vi los brazos de mi amiga temblar. Cuando la tuvo en sus brazos, sus
ojos brillaron de alegría. Era como si estuviera contemplando al ser más
perfecto, maravilloso y frágil del universo. Me acerqué, me senté en la cama a
su lado y la vi. Abrió los ojos y fue como si la habitación se iluminara, como
si nos cegara por su intensa belleza. Esos ojos eran castaños como los de Tom y el cabello, lo
poco que tenía, era del mismo color, un poco ondeado. Compararla con un ángel era muy
poco.
-Es mía… -atinó a decir Fer sonriéndole con ternura y
tocando una de sus diminutas manitos.
-¡Mira, nena! Ella es tu mamá.-le dije a la pequeña como
si fuera a entenderme. La pequeña miraba a Fer con curiosidad, la contemplaba
como si estuviera tallando cada detalle del rostro de su madre en su memoria.
-¡Soy tu mami!¡Qué hermosa eres, princesa!
-¿Y cómo se va a llamar?-pregunté anonadada.
-Cómo su madre.-ingresó Tom jugando con sus dedos, muy
nervioso.
Fer levantó la vista y no lo vio con rencor como otras
veces, sólo lo ignoró con dulzura. No había espacio ni tiempo para renegar.
-No…- lo contradijo ella.-Quiero que se llame…
-¡Fanchesca, como el padre!-intervino Fran ganándole el
sitio
a Tom y sentándose al otro costado de Fer. Ella lo miró
incómodo y levanto la vista luego hacia Tom, quien no se movía del umbral de la
puerta.
-No.-contesté tajante. Pero pareció no oírme.
-Si se parece a mí cuando era un niño. ¡Di papá, di
papá!-le hablaba Fran a la niña.
-Fran, no puede hablar-le contestó mi amiga algo
irritada.
Su celular volvió a sonar y Fran salió disparado
nuevamente. Fer le volvió a echar un vistazo a Tom ahora que estábamos solos de
nuevo.
-¿No… no la quieres ver?-inquirió algo tímida
dirigiéndose a mi hermano.
Él sonrió y se acerco a paso lento.
Se sentó alado de Fer y sonrió nervioso al ver a la niña.
-¿Cómo la llamarás?
-No sé, dime tú. Ella es tu…
Se quedó callada borrando todo atisbo de sonrisa.
-¿Mi qué?-insistió Tom.
-Tu… tu… ¡Ahijada!
Serás su padrino de bautizo.-dijo recuperando la compostura. Tom bajó la
mirada y sonrió.
-Bueno… sería un honor…
Se puso de pie de pronto, con una mano en el bolsillo y
salió sin decir nada.
-¡Dios, casi se lo digo!-suspiró Fernanda aliviada.
-Deberías decirle la verdad.-le dije convencida de que
ello era lo correcto. Y es que así lo era.
-Ya dije que por la misma razón que tú…
-¡Le dije a Bill que lo amo con todo mi ser cuando
estabas inconsciente dando a luz!-la interrumpí. Me miró dudosa.-Sí, lo hice. Y
ahora me siento libre. La verdad me hizo libre, Fer. Si yo pude hacerlo, tú
también.
-¡Bill, no puedo!-se resignó Tom.
-¡Tonto, hazlo ya! Si no lo haces, Fran te ganará y…
-¡No, Bill! Imagínate que me dijo que fuera el padrino de
su hija. ¿Cómo iba a decirle después de eso que se case conmigo?
-¡Fácil! Se dice: ¿Te casarías conmigo?-respondió su
gemelo.
-¡Claro, qué fácil es decirlo! En serio Bill. Se acabó,
la perdí y para siempre… esa no es mi niña, ella lo dijo. No quiero
atormentarla más con mi presencia. Será mejor que me vaya…
-¡Espera!
Lo sujetó Bill del brazo. Pero aún así, Tom se lo quito
de encima y se fue.
-¿En serio… amas a tu hermano?-me preguntó una Fer que
empezaba a creerme mientras contemplaba a su hija.
-Pues sí, yo lo…
-Me la tengo que llevar.-ingresó la enfermera.
-¡No, por favor! Un ratito más. La necesito conmigo.-le
suplicó la madre.
-La traeré a las 8am. Lo prometo.
Ella asintió dejando ir a ese diminuto ser. La enfermera
empezó a hablarle a la niña y desapareció con ella.
-Bueno, mi hija se fue…-dijo con lágrimas en los ojos.
-¡Ay, no vas a llorar! Te la traen luego.-musité casi
burlándome.
-No… no es sólo eso.-se echó en la cama y cruzó los
brazos.-Es Tom. Me da pena negarle algo que es suyo. Pero sé que si se lo digo…
puedo entrar en crisis, Vai. Tu hermano no está listo para tener una hija y yo
no aceptaría un no como respuesta.
-No lo creo…
-Gracias por ser tan positiva. Bueno,-se limpió las
lágrimas. -Háblame de Bill.
-Nada. Se lo dije todo, me sentí aliviada y creo que todo
volverá a ser como antes.
-¡No podría!-gritó desconcertada.
-¡Qué!-respondí alarmada.
-Verte besarlo. ¡iug! ¡Es tu hermano!
-¡Era eso! …-suspiré al recordar ese gran beso después de
tanto tiempo.
-¡Cómo si fuera
para poco! –se burló.
-Fer… nadie podría entenderlo. Yo deseé muchas veces no
ser su hermana, así como él también lo deseo. Mi amor por él es puro. Un amor que
jamás sentí por Andreas. Andi fue mi vía de escape. Es todo.
Aprendí a amarlo como un hombre aprende cualquier
profesión. La diferencia es que algunos aman su profesión y por eso la aprenden
y otros la aprenden sin nunca sentir amor. Pero se acostumbran a ella y te
convences luego que está bien. Mi caso es el segundo. Me arrepiento de mi boda,
de haberlo usado… de haberlo besado por primera vez esa tarde cuando me ayudaba
a hacer tareas. ¡Doy asco!
-Sólo estas enamorada y supongo que todo fue por amor.
–me consoló ella. La puerta se abrió intempestivamente. Apareció el níveo
rostro de mi ángel. Bill.
-¿La puedo ver?-fue lo primero que dijo sin prestarme
mucha atención lo cual me enfadó un poco.
-¡Dónde andabas! La enfermera ya se la llevó.
Bill puso cara de decepción e ingresó a la habitación.
Esta vez si me miró.
-En realidad vienes a ver a tu hermana. ¿No?-dedujo
Fernanda.
-Sí, bueno. También.
-Anda, ¡Mira nada más como la miras!-insinuó Fer. Bill
cambió de rostro. Se precipitó e intentó disimular.
-Es mi hermana. ¿Cómo no la voy a mirar?
-Sí, claro. Váyanse afuera a besarse porque yo quiero
dormir.-se acomodó mi amiga cerrando los ojos.
Bill me echó un vistazo sin comprender.
-Se lo conté todo. Ella sabe que te amo, Bill.-susurré.
-Sí, así es. Y…-se volvió a sentar en la cama.-Les juro
que no diré nada. Su secreto está a salvo conmigo.
-Gracias, Fer.-atinó a decir Bill fulminándome con la
mirada. Me acerqué a él mientras Fer se volvía a acomodar para dormir.
-Es mi mejor amiga. Ella sospechaba, te vio besarme
alguna vez y… se lo dije hace días…
-Si tan sólo yo se lo pudiera decir a Tom.-musitó entre
dientes perdiendo sus ojos en el infinito, pensando. Podía sentir la tristeza
desprendiéndose por cada poro de su
piel. Podía sentir como la energía de su cuerpo cambiaba de pronto. Lo sentí
tan débil y frágil que sólo pude a abrazarlo. Me correspondió apoyando su
rostro en mi hombro.
-Y ni siquiera te tengo a ti…-susurró en mi oído.
-Pero estoy aquí…-Contesté sabiendo bien que no era eso
lo que él quería decir.
-Sabes que no me refiero a eso.
-Bill…
Lo alejé de mí y lo miré a los ojos.
-Yo siempre seré tuya y… por eso nunca podrás tenerme. Es
como lo que dice Paulo Coelho en su libro “Brida” soy como la flor del bosque.
Ella combina con la lluvia, la puesta de sol, con las nubes, con la primavera.
Pero, si la arrancas para tenerla contigo, la flor se marchita y muere. Es
mejor contemplarla, ¿No crees? De esa manera, ella estará siempre ahí para ti.
-Entonces me quedaré a contemplarla hasta que muera y me
desintegraré hasta volverme polvo, y ser
parte de la tierra que le transmite esa energía que la haga florecer con más
fuerza.
-¡No!
-¡Shh!-me calló poniendo un dedo sobre mis labios.-
Déjame morir alado de la flor.
-¡No! Mejor arráncala, yo no quiero que te pase nada.
-Debe haber alguna forma de que se vuelvan uno solo. Pero
debe haber un sacrificio.
-Ya deja de pensar en esto. Te vas a casar pronto. Esto
no tendrá sentido después.
-Violet…
Su celular sonó, interrumpiendo nuestra dolorosa
conversación. Quizá así era mejor. Me senté en el pequeño sofá de atrás suyo.
-¿Alo?
-¡Mi amor! Soy Sophie. Ya reservé el local y la iglesia.
Es hermosa y…
Bill tapó el teléfono y se giró a mirarme.
-Es Sophie.-afirmó angustiado.
-Lo sé.-sostuve. –Háblale, escúchala.
-¿Estás ahí?-escuché que la rubia gritó.
-Sí… ¿Qué quieres?
-Mi amor… ¿Estás bien? ¿Por qué me tratas así?
-¡Escúchame bien!
No-quiero-casarme-contigo. No te amo y nunca lo haré. ¡Se acabó! Cancela
todo porque no tienes novio. Adiós. ¡Ah! Una última cosa.-sostuvo el celular
lejos de su oído y le gritó.- ¡Déjame en paz!
Colgó y se quedo estático por unos minutos. El celular
volvió a sonar. Supuse que era ella. Bill lo apagó y lo guardó en su bolsillo.
-Listo. Ya no me voy a casar.-finalizó volteándose con una sonrisa fingida que desapareció de
inmediato y nuevamente, Bill se perdió en su mundo mientras yo lo miraba
seriamente a los ojos.
-No puedes hacer eso.-hablé rompiendo su concentración.
-¿Qué? No, escucha.-se sentó a mi lado.-Yo no la amo, era
lo mejor. Ahora tú y yo podremos estar juntos.
Tomó mi mano y besó el dorso. Lo solté y me puse de pie.
-No puedes terminar con un compromiso así de simple. Bill
es tu novia y te vas a casar.
-Era.-me corrigió lo cual me enfadó más.
-¡No hagas esto! ¡Es una tontería! Ella será una boba
pero sigue siendo un ser humano y heriste sus sentimientos. Aparte, ¿Cómo crees que la prensa va a reaccionar?
-¡No me interesa!
-¡Te debería interesar! ¡No puedes hacer esto!-alcé la
voz. Él miró a la ventana y yo sólo lo observaba.
-¿No te parece bien lo que hice? ¡Lo hice por ti!-alzó la
voz también poniéndose de pie y señalándome. También se estaba enojando.
-No lo hagas por mí. Así como una vez me dijiste aceptara
el noviazgo con Andreas y que me casara con él… yo te digo. Cásate con tu
novia.
-No la amo. No puedes obligarme.-respondió algo alterado.
-Entonces… ve y díselo en su cara. No seas cobarde. Cada
que la ves te tragas todas tus palabras. Pero no rompas con ella por mí porque
pase lo que pase, nada va a cambiar entre tú y yo. Te amo, te lo dije y te lo
repito: Te amo. Pero no podemos hacer nada para cambiar nuestra situación. Qué
pena, lo sé. Pero así es. Nada cambiará. ¡Nada! Tenlo bien claro.
-¡Mira el sacrificio que estoy haciendo por ti! No lo
valoras.-me incriminó.
-Yo no pedí ningún sacrificio.-musité con el dolor de mi
corazón.
-Como quieras. Luego no vengas con eso de te amo, porque
si fuera cierto, no dirías lo que dices. Nuevamente, me vuelves a dar una
bofetada con tu indiferencia. ¡Mentirosa!
Me empujó con el hombro mientras se iba. Me quedé de pie
llorando silenciosamente. Era lo mejor.
Intentaba convencerme… era lo mejor. Rompí en un llanto
silencioso, evitando despertar a Fer.
-Vai.-me llamó ella sentándose en su cama. Yo, que estaba
dándole la espalda, limpié mis lágrimas como pude y me giré a verla.
-Creí que dormías.
-No… escuché todo.
-Yo no… no puedo permitir que arruine de esa forma su
vida profesional. Aparte… no podemos estar juntos, somos hermanos…
De nuevo mi voz se quebró y seguí derramando lágrimas en
silencio.
-Fer… yo te envidio.-musité entre dientes. Su expresión
cambió.
-¿Qué?
-Tom y tú no tienen lazos de sangre, no son parientes. Tú
puedes estar con Tom pero no quieres. Yo quiero estar con Bill pero no puedo
porque es mi hermano.
Fer se quedó en silencio con la mirada perdida. Se echa
de nuevo y yo decido salir. Fran estaba afuera y al verme, entró a ver a Fer.
Esa mañana regresé a mi departamento y dormí el resto del
día y de la tarde. En la noche me levanté a tomar algo, vi la botella de ron y
no pude contenerme. Bebí y bebí hasta perder la conciencia. Bill ocupaba mi
mente todo el tiempo. Me preguntaba que
hacía, en que pensaba, ¿Pensaría en mí? Al día siguiente fui a ver a Fer y
recibí una llamada. Había conseguido el trabajo y comenzaría el próximo lunes.
Fer estaba dándole de lactar a la niña, muy feliz, aunque
llorando.
-Hola princesa.-saludé mirando a la niña.
-¿Y de cuando acá
tú me llamas princesa?-inquirió Fer burlándose.
-Le hablaba a la nena.-contesté con un tono de desdén.
Sonreí.
-¿y Bill?
-No sé.-me senté junto a ella mirando a otro lado.-No
hablamos ni nada.
Fran entró con un hermoso ramo de rosas blancas, muy
sonriente. La paz de Fer desapareció. Se
puso nerviosa.
-Hola, Fer. ¡Hola hijita!-saludó a su “hija”.
-Vai, déjame a solas con Fran un momento.
La miré asustada, ella fingió una sonrisa y salí de la
habitación. Me fui a sentar a la sala, donde había una televisión. Era la
emisión de un canal de chismes sobre famosos. Me puse de pie y me acerqué a la
ventana. Los primeros copos de nieve de la estación comenzaron a caer. El
invierno había comenzado oficialmente.
-Y aquí la diseñadora de vestidos de novia
preferida por los famosos. Vera Chang nos muestra su colección.
Miré los hermosos vestidos de novia que ella
confeccionaba, el mío no fue de diseñador pero era hermoso. Probablemente
estaba en una caja al fondo de mi
armario en el departamento anterior.
-Y justo una modelo muy conocida está
probándose unos vestidos de novia para la recepción.-afirmó Vera.
-¿Será acaso Sophie Criquets?
-No puedo decir nada.
-¡Claro que sí, Vera! No hay problema. No
les mostraré mi vestido porque es sorpresa. Ya tengo el de la iglesia y el de
la recepción, faltan unos últimos retoques y ya.-interrumpió la rubia.
-¿Tu novio?
-Estaba hablando por celular, ya sale.
Justo Bill apareció colgando su celular. Una corriente
eléctrica recorrió mi cuerpo. Sonreí al verlo tan guapo como siempre.
-¡Aquí estás, mi amor!-saltó la rubia
abrazándolo.
-Hubo rumores de que ustedes habrían peleado
y roto el compromiso.-sostuvo la periodista.
-Peleamos de vez en cuando, es normal en una
pareja. Menos mal ya todo está solucionado, Sophie sabe que la amo y que de
hecho nos casaremos en un mes y dos semanas.-sostuvo Bill.
La rubia sonrió mirándolo con ternura. Bill se giró de
pronto, la apegó a su cuerpo y la besó apasionadamente.
-Y el ambiente se tornó caliente.-opinó la
periodista.
-Oh, Bill.-suspiró Sophie alejándolo.-Nuestra
luna de miel será excelente. Viajaremos a las islas Malvinas.
-¡Qué buenas noticias! Y…
Me di media vuelta y caminé directo al baño. Me encerré y
comencé a llorar. Él dijo que la amaba…
-¡Pero si es lo que tú querías!-me grité a mí misma.
Unos minutos después salí, me lavé la cara y me encaminé
a la habitación de Fer, a contarle todo. Justo cuando llegaba, la puerta se
abrió violentamente y salió Fran muy molesto lanzando las flores al suelo.
-¡Fran!-lo llamé.
-Se acabó.-susurró y siguió de largo. Tomó el ascensor y
se fue.
Entré a su habitación, Fer miraba por la ventana y su
bebé estaba dormida.
-¿Qué pasó?-pregunté en voz baja.
Mi amiga llamó a la enfermera y le indicó que se llevara
a su niña. Luego se sentó en la cama con cuidado y me miró.
-Le confesé toda la verdad. Le dije que él no es el
padre, que le mentí y se fue.
-¿Qué tú qué?
-Si, Vai. Así es. Ahora, mañana que salga de este
hospital, tengo que hacer algo.
-¿Cómo qué?
-Ya verás.
Me dejó con la duda, pero no insistí más en el asunto. Le
conté lo que pasó, derramé más lágrimas y pasamos el resto del día juntas.