jueves, 17 de marzo de 2016

CAPÍTULO 15°

Apenas Fer salió del hospital, fue directamente a su casa. Tom ya se había ido a Los Angeles  y seguía haciendo lo suyo. Fer sacó dinero, y fue directamente al aeropuerto con su pequeña en brazos.
-¿Aló?
-Bill, soy Fernanda.
-¡Hola! ¿Cómo estás?-contestó algo animado.- ¿Cómo está la bebé? ¿Ya tiene nombre?
-Mira… estoy yendo a Los Angeles. Quería saber dónde está Tom. Quiero hablar con él.
Bill guardó silencio.
-Pero… ¿cómo vas a venir con la niña si tiene…?
-¡Bill Kaulitz! ¡Cállate!-se sobresaltó Fer.- ¿Me vienes a recoger al aeropuerto o qué?
-Bien, iré con mi novia…-admitió algo incómodo.
-No me interesa.-contestó cortante Fer.
-¿A qué hora llegas?

Fer le contó sus planes y le dio los datos necesarios para encontrarse. A eso de la tarde, cuando llegó, tuvo que soportar a la rubia que no dejaba de alabar a la niña en brazos de Fer quien sólo dormía por ahora.
Subieron al auto. Bill estaba sorprendido de verla algo nerviosa pero decidida y en especial, verla sin equipaje.
-¿Piensas quedarte por mucho tiempo? –Inquirió la rubia quien estaba sentada en el asiento de copiloto.-¡Puedes quedarte en nuestro departamento! Hay suficiente espacio para dos.-sonrió.
-No. Tengo que ver a Tom. Además, me quedaré por 1 día.-musitó acomodando a la niña. Ella se estaba despertando, lista para llorar.
-Fer, no entiendo nada. ¿A qué has venido?-continuó Bill la conversación mirándola por el espejo retrovisor.
Fernando le lanzó una mirada asesina. Se notaba a leguas que de buen humor no estaba.
-¿Y cómo está Vai?-reanudó la conversación la rubia sonriendo exageradamente de nuevo, girándose a ver a Fer como si fueran amigas de toda la vida.
Bill, al oír ese nombre, no pudo evitar ponerse un tanto nervioso y frenando tempestivamente.
-¡Quiero llegar viva a casa de Tom!-gruñó Fernanda.
-¡Mi amor! Con cuidado.-agregó dulcemente la rubia y le dio un beso en la mejilla. Luego acarició su muslo con ternura. Bill se veía incómodo y Fernanda molesta.
-Falta poco…-murmuró él.
-Bueno, no contestaste mi pregunta.- insistió  Sophie.
-Vai está mejor que nunca. Me contó que al fin dejará de pensar en el idiota de su EX y que conoció a un chico latino de sangre caliente que es todo un Adonis. –contestó con un aire de desafío observando las reacciones de Bill.
-¿Adonis? Wow debe ser musculoso, alto, piel tostada y fuerte.-fantaseó Sophie imaginando al inexistente “Adonis” de Vai.
-Mejor guardamos silencio porque la niña está durmiendo.-interrumpió Bill.
-¡Ay mi amor! Tan aguafiestas como siempre. No me dejas hablar con la amiga de mi cuñada. Me interesa mucho mi familia, ¿Sabes? Además, yo sé cuán importante es Violet para ti. Ella me odia, no sé porque, pero te prometo que cuando nos casemos, nos vamos a volver mejores amigas.

Fer se sintió ofendida. La fulminó con la mirada y respiró profundamente. Necesitaba controlarse.
-¿Y si adelantamos la boda?-opinó Bill ofuscado.

Fernanda y Sophie dirigieron sus miradas de inmediato hacia Bill. La rubia emocionada y la pelinegra confundida.
-¡En serio mi amor! ¡Eso me haría muy feliz!-gritó emocionada.
-¡Se pueden callar, se va a despertar!-gruñó Fer arrullando a su nena.
 -Casémonos en dos semanas. –prosiguió él.
-Esas serán excelentes noticias para tu hermana.-le recriminó Fer.
-Dile que invite a su “Adonis”.-contestó don orgullo o más conocido como Bill Kaulitz para apagar el auto y abrirle la puerta muy educadamente a Fernanda. Ella se bajó.
-Idiota.-susurró y se encaminó hacia la puerta de ese edificio.
-¡Es el departamento 213 del piso 12!-gritó Bill.

Fer lo escuchó muy bien. A cada minuto, ella sentía morir. Tenía la ligera sensación de que iba a desvanecerse en cualquier momento con su pequeña en brazos. Quizá era ella, la nena, la que le daba fuerzas y evitaba que Fer cerrara los ojos. La luz del marco superior del ascensor marcó piso doce. Segundos después las puertas se abrieron y Fer salió.
-¡Tranquila, Fernanda!-se auto animó respirando profundamente tres veces. Empezó a caminar buscando con la mirada el numero 213.

209… 210… 212…

-Aquí es, nena. Aquí vive tu padre.

Se arregló el cabello con una mano, y luego tocó 3 veces. Esperó y escuchó como alguien quitaba las aldabas. La puerta se abrió plenamente y apareció un Tom sin polo quien apenas vio a Fer cambió de expresión. Su indiscutible forma de ser y sus ademanes- relajado, sonrisa bacán, postura de chico malo- desaparecieron.
-¿Fer?-dudó.
-Sí, la misma.-contestó evadiendo su mirada, muy orgullosa a pesar de ser ella quien lo buscaba.
-¡Llegó la pizza!-apareció una chica por atrás de Tom, una pelinegra con rasgos físicos muy similares a los de Fer. Sólo traía una toalla alrededor del cuerpo que tapaba muy poco.
-¿Por qué no te callas?-susurró entre diente Tom a la vez que la mirada con cólera.
-Ah, veo que estás ocupado.-habló Fer tajante, sintiéndose humillada y toda una tonta al ir corriendo a decirle al padre la verdad cuando el tipo no había cambiado.-Adiós, Tom Kaulitz.

Se dio media vuelta y Tom le dio alcance interponiéndose en su camino.
-¡NO! ¡No! Ella acaba de llegar, es la zorra de la recepcionista es que… se parece a ti un poco y…
-¿Qué?-frunció el ceño la pelinegra. Se adentró a la habitación y a los segundos salió con su ropa en la mano sacándole el dedo del medio a Tom. 
-¡Ves, ya se fue!-Tom sonrió de lado a lado. La cara de Fer borró su sonrisa de inmediato.
-Adiós.
-¡No!-La sostuvo del brazo con cuidado. -¿A qué viniste con la niña? ¿Fran te dejó?
-No… lo dejé yo.
-Me refría a si te  dejó venir… ¿¡Que qué?! ¿Lo dejaste de…  abandonar o lo dejaste en casa?
- ¡Ya que importa! Fue un error venir aquí, sigues siendo el mismo patán de siempre.
-¡Pero si yo no te hecho nada! ¿Acaso tú y yo estamos juntos como para que me reclames algo?

El ascensor se abrió de nuevo y Fer dudó en si entrar o no. Tom tenía razón, él no sabía nada de su hija y ellos no tenían ninguna relación. Lo pensó bien por un minuto.
-Bien, es cierto.-admitió Fer. Tom sonrió triunfante y se apoyó en la pared. –Tom… he venido desde Berlín para hablar contigo.
-Debe ser importante.-concluyó él mirándola con ternura.-Me alegra que hayas venido y viajado sólo por mí.
-No es sólo por ti… es por ella.
-¿Tu bebé? -sus ojos detonaron confusión. Esta vez se cruzó de brazos.
-Es que… ¿recuerdas que yo te dije que quería que fueras el padrino de bautizo?-se aclaró la garganta mirando a todos lados menos a él. El gran momento había llegado.
-¡Ah! Cierto, por poco lo olvido.
-Ya… quiero proponerte algo. –Fer cerró los ojos y guardó silencio. Esto iba a ser más difícil de lo que pensó. ¿Y si no la quiere aceptar? ¿Y si sólo le dice mentirosa y se va?
-Soy todo oídos.- interrumpió sus pensamiento.
-Quiero que en vez de ser el padrino, tú…- lo miró con dolor, confusión, pena, esperanza. Tom sólo la miraba como si fuera cualquier cosa la que oiría.- Bien. Quiero que en vez de que seas el padrino, seas el padre de mi hija. Lo dije, ahora me voy.

La cara relajada de Tom cambió. Sus ojos se abrieron y su boca también. Fernanda apretaba el botón para que el ascensor subiera como una desquiciada.

-¿El padre? Ven…
La cogió de los hombros y la dirigió a su departamento. Fer se dejó guiar odiando al ascensor que  nunca volvió a subir y a la vez estaba con los nervios a flor de piel. Tom cerró la puerta y ella se sentó en el sofá de cuero negro acomodando a la niña.
-Ahora sí. Habla.
-Ya te dije lo que te tenía que decir.
-O sea que Fran no quiso reconocer a su hija y te mandó a rodar y  ahora vienes arrepentida a proponerme a mí que sea el padre para… ¿Quedar bien con la sociedad?- dijo él lo primero que vino a su cabeza.
-¡Pero qué diablos estás hablando!-chilló Fer enervada.-Tom, tu coeficiente intelectual similar al de un pollo siempre ha logrado impresionarme.
-Si vas a insultarme entonces no sé a qué viniste.
-¡Tienes razón! Soy una estúpida. No sé para que vine. Yo sabía que esto iba a pasar. Creí que te emocionarías o algo pero… me equivoqué. Me voy.-habló atropellando las palabras dirigiéndose a la puerta rápidamente.
-¡Detente! Fer, explícame porque no entiendo nada. Tantas veces que insistí en saber si era el padre de esa niña y tú me lo negaste todo el tiempo.  Así que pensé que era yo el que se estaba ilusionando con la idea de ser padre y que a lo mejor tal ilusión me cegó por completo. Ahora vienes y…
-¡Tom Kaulitz, eres el padre de mi niña! Y si te lo negué mil veces es porque consideraba que no eras tan maduro como para aceptarla y que no querrías ni estarías listo para aceptar y asumir tremenda responsabilidad.-Lo cortó intentando calmarse. La niña empezaba a despertarse.-Además, quería hacerte sufrir un poco.-finalizó con un tono de desprecio.

Arrullaba a la niña mientras Tom trataba de asimilar toda la información que acababa de recibir.
-Soy papá.-murmuró.

Fer daba vueltas para calmarla pero era imposible.
-Seguro se ensució.-afirmó con tristeza.


Tom en un arranque de euforia, fue directo hacia Fer y a pesar del llanto de la niña agarró a la pelinegra del rostro y la besó.

Puesta de sol un Oct 14, 2013. Eran las 5:44 pm
Montreal

La Otra Pieza Del Rompecabezas

Esta es una historia basada en un sueño loco que tuve... 

   Dunas de arena camino a Mollendo-Arequipa, Peru


Era un día áspero y seco, de esos en los que cuesta respirar o caminar. El sol se abría paso en un cielo azul libre de nubes  afectando mi humor: hacía el viaje largo y cansado, incómodo y aburrido. Añoraba por el momento de bajarme y busca un lugar fresco y fue cuando el auto se detuvo. Bajé cruzando los brazos sintiendo la onda de calor golpearme. Mirando a mi alrededor frunciendo el ceño, me dirigí a esa casa de madera vieja a la que iba el piloto del auto. Mi cara divulgaba mi estado de ánimo: quiero largarme de este lugar árido lo más pronto posible. ¿Quién rayos viviría en un lugar así? Sin embargo, al entrar, vi gente, vi a alguien. Era un muchacho alto de cabellos lacios, cortos y negros, perfectamente peinados con una partidura a la izquierda. Traía puesto un extraño sueter chino satinado de color verde agua. Sus ojos eran cafés oscuros o quizá negros y me miraban con desdén a la vez que sus labios se curvaban en una sonrisa angurrienta. Se introdujo a mí con un apretón de manos. Y luego estaba él.

 Era su hermano, según me lo presentó, de aspecto físico muy parecido al de Félix pero era a la vez diferente. Cabellos cafés, como su hermano, pero irradiaban vida y desconcierto. Ojos oscuros, como los de su hermano, pero  centelleaban curiosidad y picardía. Sus labios se curvaron, también, pero en una sonrisa amigable y cálida. Barba adornaba sus labios y enmarcaban su ovalado rostro terso. Mi hermana, por alguna razón, decidió que apuñalarlo con un cuchillo era una buena idea. Ella y yo éramos tan distintas, también. Yo era la que tenía el control de las cosas - o al menos lo aparentaba -  la aburrida que nunca salía de su rutina. La muchacha de ojos rasgados y piel morena, con cabellos lacios que acariciaban mi cuello diariamente ya que jamás los sujetaba. Era la hermana cuerda. Sam, por otro lado, tenía los mismos ojos rasgados, incluso más que los míos - probablemente un gen oriental se movía en la familia. Nariz pequeña, labios delgados y rosados, piel blanca, cabellos lacios, oscuros y cortos y un cerquillo  que llegaba hasta sus cejas. Era verdaderamente hermosa y lucía sensata a pesar de no serlo. Así como el gen oriental estaba en la familia, también cierta enfermedad mental. Sam sufría de trastornos psicóticos y alucinaba constantemente. Tenía algo llamado síndrome de Capgras y ya había atentado lastimarme o a nuestros padres varias veces insistiendo que no éramos quien decíamos ser y que la habíamos engañado toda su vida. Sam había sido diagnosticada con principios de esquizofrenia a los 18 años y hoy, 6 años después, llevaba una vida relativamente normal, excepto cuando la otra Sam, como la había bautizado yo a la Sam trastornada, aparecía. Usualmente, la otra Sam no era peligrosa; sólo atinaba a gritar, culparme, amenazarme y luego se calmaba. Pero bueno, quizá después de mañana ambas Sam serían internadas y al fin ya no tendría que cuidar de ellas. La doctora en la cabaña se apresuró a curar a Shuba, el hermano de Félix, mientras yo sujetaba a Sam y le explicaba que Shuba no era más que un ser humano  y no un reptiliano usurpando su cuerpo para llevársela a otra galaxia y experimentar en ella. Cuando Sam retornó, la dejé sentada en la silla para preguntar por Shuba, quien estaba al frente mío discutiendo con la doctora. Como este era un pueblo, y esta casita vieja un hospital, todo pasaba en una sola habitación, esta,  que era la recepción y el cuarto de chequeos.
-Estoy bien no es nada.-insistía Shuba intentando alejar a la doctora. Extrañamente Félix había desaparecido del hospital.
-Shuba, déjame ver. -ordené situándome tras de él y levantando su camiseta roja sin siquiera pedir permiso. Así de exaltada estaba. Vi el corte, de 2 pulgadas y poco profundo; no era tan malo. 

Después de que le cocieran la herida, todos nos hicimos amigos al explicar la penosa situación de mi hermana. Compasión o no, su hermano y él terminaron aceptando mi invitación a el cottage al que me dirigía, en medio del bosque.
Ese día llovió, así que el cielo estaba nublado y el clima fresco; un cambio drástico comparado con el pueblito del infierno. Después de almorzar, nos pasamos el resto de la tarde conversando, riendo mientras disfrutábamos del aroma a bosque húmedo y el sonido de los animalejos ocultos en ese mar de arbustos verdes y troncos. Era una escena salida de ensueño estar ahí. El cottage constaba de dos casitas, una en la que mi hermana y yo nos quedamos y la otra en la que Shuba y Félix durmieron. Al día siguiente nos volvimos a encontrar para una sesión de yoga en la sala y luego la cena.

Fue cuando todo pasó.

Era ridículo. Sólo había visto a este extraño por dos días y ya mi corazón latía anormalmente cuando se me acercaba o cuando me miraba con esos ojos cafés bonitos

-Pero creí que tú no estabas interesado si...
-¿No recuerdas como sonreía cada que nuestros ojos se encontraban? o ¿Cómo respiraba profundamente cada que dejaba un beso en tu mejilla para grabar tu fragancia en mi memoria?

Luego me encerró en sus brazos y apretujó mi cuerpo contra el suyo. Yo no tuve otra opción que entrelazar mis manos alrededor de su cintura y apretujarlo también. A veces la fuerza que ejercían sus brazos  era intensa, a veces la fuerza se aflojaba para volverse fuerte de nuevo. Era como si tuviera miedo de que al aflojar sus brazos, yo me escurriría de entre ellos y desaparecería. Yo lo abrazaba con fuerza también, cambiando la posición de mis manos cuando se agotaban. Podía escuchar su respiración profunda en mi cuello como si yo fuera ese aroma a gasolina en el aire que uno inhala profundamente ya que sabe que puede perderse en cualquier momento. Él no olía a nada más que aire puro y libre. Olía a paz, seguridad, armonía. Olía a felicidad. El día  se hizo tarde o quizás la tarde se hizo noche o quizás el tiempo se detuvo, no lo sé. Sólo sabía que yo existía, y él también. También sabía que su cuerpo era cálido y que yo y él encajábamos en el cuerpo del otro como si fuéramos dos piezas en un rompecabezas. Dos piezas que acababan de ser puestas en el lugar correcto y encajaban. Dos piezas distintas de colores similares pero que se necesitaban la una a la otra para completar una imagen más grande. Éramos sólo parte de un gran plan.

Y luego abrí los ojos y era de día. Miré el reloj, 10:30 am. Me senté en la cama y vi a mi alrededor. Nada había cambiado, todo seguía igual. Una pieza de algún rompecabezas perdida en el vació. Volví a echarme en mi cama, cerré los ojos y pensé  'Sólo un sueño, todo fue un maldito sueño'.

sábado, 20 de febrero de 2016

CAPITULO 1 LE ROMPI LA VENTANA

— ¿Eso es un diario, no? ¿Puedo leerlo?—imploró sentándose en mi cama tomando el diario que yo aún tenía en mis manos.
— ¡Qué curiosa!—bromeé . Ella lo tomó feliz y se echó abriendo la primera página. No se lo negué ya que ella conocía mi vida entera con dramas y tragedias. Ella era mi mejor amiga, como ya lo dije.
Se veía como una niña graciosa y linda cuando ponía esa cara de curiosa leyéndolo. En sí, ella era linda, tenía cabello castaño oscuro y lacio como el mío, su nariz era normal, sus ojos color avellana y pestañas largas. El color de su piel era bronceado, ¡perfecto! Y ya que estábamos en plena adolescencia… su cuerpo se había transformado. ¡tenía un cuerpazo…!
— ¡Te odio, Fer!—me eché a su lado.— ¿Por qué eres tan bonita?— Le lancé una almohada despeinándola un poco. Se sentó de inmediato lanzando el diario sobre la cama y me lanzó la almohada de regreso.
— ¡Suave, Vai. Me despeinaste! Tú eres más linda.
— No es cierto, Fer. Me gusta tu cuerpo.—admití suspirando. Yo era demasiado delgada.
— Otra vez con lo mismo— respondió poniéndose de pie dirigiéndose al espejo a arreglar su cabello. Desde hace unos días había estado molestándola diciéndole que quería su cuerpo y en verdad lo quería. Quería tener sus caderas y sus piernas perfectamente contorneadas. Como ella dijo, era cosa de familia. Mi madre y mi padre eran delgados, mis hermanos también … y aquí estaba yo, una delgada más. Cogió mi diario nuevamente mientras yo miraba por la ventana el hermoso cielo despejado.

De repente se empezó a reír.
— ¿Qué?—le dije.
— Así que te excluían de los juegos. ¡Pobrecita!
— Así es.
Miré de nuevo por la ventana y el sol ya se ocultaba; el vecino nuevamente se cambiaba con la cortina abierta. ¿Cuántas veces se lo diría?... Vaya, qué cuerpo. ¿Qué pasaba conmigo y la obsesión con los cuerpos?

— ¡Ajá, pervertida!
Aparté la vista de la ventana de inmediato.— ¿De qué hablas, Fer
— Si, ¿No? ¿De qué hablas? Hablo  de eso.—lo señaló muy obviamente. Rogué porque mi vecino no se diera cuenta.— Si que tiene lindos pectorales tu vecino.—alegó mientras nos acercábamos a la ventana nuevamente.— Ojala se le cayera la toalla…
— ¡Y me dices pervertida!—reclamé dándole un codazo.
Puso una mano en su mentón como si intentara recordar algo.— Es el tal Andreas, ¿no?
— Sí.—afirmé.

¡¡DIOS!! ¿Qué hacía mirando a Andreas? ¡Él era el mejor amigo de mis hermanos! Siempre me olvidaba de ello cada que contemplaba su cuerpo. Tenía 19 años, como mis hermanos y… era guapo, si.
— ¡Preséntamelo!—me sacudió Fernanda de los brazos algo desesperada.
— ¡OK! Está bien. Vamos a su casa a decirle que cierre su cortina al cambiarse por décima vez y… te lo presento.
— ¡¡Qué!! ¿¿Cómo le vas a decir eso?? Al contrario. Dile que la abra más.—inquirió mordiéndose un labio.
— ¡Fernanda!—grité riéndome.—Termina de leer y vamos al frente. Regresó a su lectura y tras unos minutos  nuevamente se rió.
— ¿Y ahora qué?—pregunté con un tono de aburrimiento.
— Escucha—  se aclaró la garganta y empezó a leer en voz alta un fragmento de mi diario imitando mi voz exageradamente.— " Me dio mucha cólera. Bill era mío y sólo mío. Ella estaría con él sobre mi cadáver. Única y exclusivamente cuando yo muera, ella tendría el camino libre"  ¡Qué celosita!
— Tú sabes que esa chica no me cae.
Continuó leyendo en voz alta.— " Andrew… ¡Es un Dios! " —  Bueno, eso sí es cierto, pero comparado con el de al frente… Andreas es mejor.—agregó.
— ¡Ya vámonos!—dije tomándola de la mano arrastrándola a la puerta. Bajamos las gradas juntas. ¡Oh! Me había olvidado preguntarle que se traía entre manos por su sospechosa sonrisa. Se lo preguntaría luego.

Salimos rumbo a la casa de Andreas. Cruzamos la calle y Fer estaba a punto de tocar el timbre cuando la detuve. ¿Para qué hacer que salga su madre si podíamos lanzar una “piedrita” a su ventana y así evitar una situación incómoda?
Busqué en el césped y encontré una de mediano tamaño. Yo con mi fuerza… apuesto a que ni siquiera le daba a la ventana a la primera. La lancé y ¡BOOM! Su ventana explotó.

¡Mierda!

 Ambas nos asustamos y Fer intentó darse a la fuga. La sujeté y sin saber qué hacer, nos escondimos en unos arbustos.
—  ¡Shhhh!— le dije mirándola. La puerta se abrió y escuchamos una muy masculina voz.

— ¿Quién está ahí?—gritó este hombre ferozmente.

Era Andreas.

Mi corazón latió a mil por hora.

— ¡Sal y dile que eres tú!—me susurró Fer empujándome.
— ¡Ni muerta, Fer! ¡Qué vergüenza!— alegué intentando quitar de encimas sus molestosas manos empujándome.
— ¡Qué salgas!—repitió empujándome con mucha más fuerza haciendo que me tropezara y cayera al césped prácticamente a los pies de Andreas.
— ¡Andi, hola!— atiné a decir poniéndome de pie rápidamente arreglando mi cabello. Él seguía con el torso desnudo mirándome seriamente con el seño fruncido. Me moría de vergüenza. Podía sentir mi cara ardiendo. De seguro ya me había puesto de mil colores.
— Ehm… antes que nada… ¡Perdón por tu ventana! ¡En verdad lo siento!.— Él se giró y miró el hueco en su ventana. Se volvió a mirarme mientras yo veía al suelo muy nerviosa. ¡Miraría lo que sea menos sus ojos!
— Bueno…— dijo después de unos segundos. Su voz ya no sonaba feroz.— Por ser la hermana de Tom y Bill, te perdono.—Afirmó sonriendo y metiendo las manos a los bolsillos de su jean. ¡Tan tierno!
—  Gracias.—dije tímidamente.—Fernanda y yo… Ven Fer.—la llamé mirando hacia los arbustos. Por supuesto Fer me fulminó con la mirada y yo sólo sonreí maliciosamente. Ella se acercó lentamente, algo nerviosa.
— Fernanda, él es amigo de mis hermanos. Andreas.
— ¡Hola!—sonrió bobamente clavando la mirada en su torso desnudo. Andreas miró su cuerpo al percatarse que Fer no miraba su rostro y sonrió.
— Amm… debí ponerme algo encima— dijo cruzando los brazos y yo metiéndole un codazo suave y disimulado a Fernanda quien reaccionó colocándose un mechón de cabellos tras la oreja y dirigió la mirada hacia la calle, algo avergonzada. Nada obvia. — Pero el sonido de vidrios rotos y yo bajando rápido no me dio tiempo. Lo siento.— se disculpó algo avergonzado.
— ¡A eso veníamos!—repliqué rápidamente— Deberías cerrar tu cortina cuando te… tu sabes, te cambias… ¿Es la décima vez que yo t- te lo digo?—tartamudeé. Era imposible hablarle teniendo en cuenta que estaba semi desnudo.
¡Ni que nunca hubiera visto un hombre semidesnudo! Bueno, sólo en tv.
—  ¡Ni que nunca hubieran visto a un chico sin polo!—sonrió bromeando.—¡Espera! ¿Me estaban mirando por la ventana, eh? Par de pervertidas.—Bromeó de nuevo.

Fer y yo nos volvimos de todos los colores otra vez. De seguro esto se lo contaría a Bill y ¡qué diría él de mí! Que su hermanita andaba espiando a su mejor amigo.

— ¡No exactamente!—se adentró Fer a la conversa.—Es que yo… yo llegué a casa de Vai y subí a su habitación y como la puerta está al frente de la ventana que está al frente de… de tu ventana y yo te vi desnudo y me tapé los ojos y Vai me vio, se percató de tu cortina abierta y… decidimos avisarte.

Reí por dentro. “¿Me tapé los ojos?”¡Pero si Fer quería que se le caiga la toalla!

— Sí, eso pasó.—coincidí con Fer para evitar más vergüenza— Andi, ya nos vamos.
— Ok. Bueno, mañana iré a tu casa.—sonrió con complicidad. ¿Para qué iba? ¿Otro sospechoso que se traía algo en manos? ¿Qué pasaba?
— O…k.—repliqué un tanto desorbitada.—Vamos Fer.
— ¿No preguntarás por qué?— añadió acercándose un poco a nosotras.
— Ehm… no.—Admití. Quería resolver este puzzle antes de saber qué pasaba.— Y mejor ve a cambiarte. No te vayas a resfriar.


— Gracias por preocuparte por mí, Vai.—dijo guiñando un ojo y adentrándose a su casa. Crucé la calle con Fer, abrí la puerta y antes de entrar, miré hacia su ventana d nuevo. Ahí estaba él revisando el hueco en su ventana. Al ver que lo miraba sonrió y cerró su cortina. Me quedé algo confundida… como siempre. Yo era una niña para él, quizá era eso. ¡Me consideraba su hermanita menor! Y por eso me trataba con cariño…o será que le gusto… ¡O quizá yo andaba viendo cosas donde no había nada! Sí, eso suena más lógico. 

jueves, 28 de mayo de 2015

Introducción.

+Título: Tú el Sol, yo la Luna y Él…Mi Destino.  
+Resumen: Violet es una chica normal y común aunque no tanto al ser la hermana menor de los gemelos Bill y Tom, famosos del grupo Tokio hotel. Ella adora a Bill. Siempre fue su hermano favorito ya que se preocupó mas por ella cuando era pequeña y la mimaba mucho. Sin embargo, a sus 16 años se da cuenta que lo que sentía por Bill no era amor de hermanos sino de algo mas... Era un amor prohibido.... Un amor tan fuerte y verdadero que nadie podría entender jamás, sólo ellos... ¿Ocultaran su amor para siempre?


"Un amor como el nuestro no tenía futuro en un mundo como este. Nuestro amor era tan grande y puro que no estaba permitido"

+Advertencia: +18 

+Genero: drama, romance. 



El primer recuerdo que tengo es el rostro de mis hermanos que no dejaban de señalarme  y mirarme como si fuera una criatura alienígena. El segundo recuerdo sería el de mis padres, en especial papá quien nunca dejaba de hacer muecas raras arrancándome sonrisas y yo tratando de imitarlo haciéndolo reír también. A mamá siempre le molesto eso pero en realidad nunca importó... Ambos me engreían al ser la única niña en la familia. El tercer recuerdo… Bill.

Según me contaron mis padres, a mi primer año,  mis hermanos peleaban por un carrito…¡Y cuando no por cualquier cosa!
Yo, siempre en un andador ya que todavía no adquiría el equilibrio necesario para mantenerme de pie, era excluida cruelmente de sus juegos. Los seguía incesantemente a donde sea que ellos fueran. En una oportunidad, me atoré entre dos silla ya que esta cosa era grande. No podía avanzar ni retroceder mientras ellos se alejaban  corriendo así que lo único a lo que atiné fue a llorar.
Siempre uno de ellos se acordaba de mí,  uno de los gemelos se apiadaba de mi.

A los 4 años, bueno si recuerdo cosas. Ya podía formar memorias y recuerdo que uno de mis hermanos era hostigoso. Nunca paraba de tocar mi nariz y decirme ¡Te pareces a Rudolf, el reno!

Aún no entiendo porque me decía eso, supongo que era porque  tenía la nariz roja… Al menos podía seguirlos sin problemas.  El que se apiadaba de mí, empezó a incluirme en sus juegos. Sus carros grandes eran las lujosas limosinas de mis barbies.
A veces jugábamos a la princesa en peligro, el príncipe era él, Bill, y el malvado brujo era Tom.  
Nuestra niñez se volvió fabulosa cuando empezamos a hacer todo juntos, jugar, pelear, hacer travesuras. Un día estábamos en el pasillo jugando a las escondidillas cuando escuchamos una conversación que cambió nuestras pequeñas existencias.

— ¿¡Cómo pudiste?! ¡¡Cómo te atreviste!! Todo este tiempo viví engañada creyendo que ella…
— ¡Los niños pueden escucharte! ¡Cállate!— la interrumpió él.—No quieres eso, ¿Verdad?
—  A quien no quiero es a ti. ¡Vete!
— Lo hice por ti. ¡Por nosotros! Estabas tan ilusionada y que pasara eso de pronto…
— ¡Me mentiste! ¡Eso jamás se le hace a una mujer, a una madre! … Mucho menos a tu esposa.
— Lo siento, Simone. ¡Lo siento! Ya no hay nada que podamos hacer.
— ¡Oh, sí hay!—replicó ella muy segura de lo que decía.—Esto es un problema más en nuestra relación llena de mentiras, engaños…
— ¡No puedes echarme la culpa de todo, Simone! Esta relación es de dos y ambos tenemos que resolver nuestras diferencias…
—  ¡No! ¡Me he pasado los últimos años intenando aceptar que todo está bien! Nuestras diferencias son irreconciliables.
— Simone no… porbfavor…— rogó Jörg empezando a caminar alrededor de la sala mientras mamá lloraba. Por supuesto, nosotros escuchábamos sin comprender nada.
— Lo siento, pero es lo mejor… ¿A dónde vas?—preguntó al ver a papá coger sus llaves y su chaqueta.
— Ya no importa.—replicó con la voz quebrada.—Ya no quiero escuchar como destrozas mi corazón con tus palabras. Yo lo he hecho todo por ti.
— No funcionan así las cosas, el amor no lo es todo…
— ¡Para ti nunca fue suficiente! ¡Nunca fui suficiente! ¡Ya entendí!—gritó exaltándonos.


Mis hermanos se quedaron estáticos... Quizás ellos entendieron más que yo. Lo único que sabía era que algo andaba mal entre papá y mamá. Vi una gota de agua deslizarse en el rostro de uno de mis hermanos. Mi razonamiento me hizo mirar hacia el techo creyendo que una gota de agua podía haber caído en su mejilla. ¡Qué sabria yo de lágrimas! No era consciente de cuanto dolían.
Uno de mis hermanos se paró y se fue. Como era el que siempre mostró simpatía hacia mí, lo seguí. Se sentó en el inodoro del baño y apoyó su rostro en sus manos. Su mirada estaba perdida. Otra gota resbaló por su mejilla y esta vez la tomé llena de curiosidad. Él curvó los labios en una sonrisa falsa. Insistí en mirar hacia arriba. ¿A lo mejor estaba lloviendo? Volví a tomar otra lágrima y esta vez la coloqué en mi mejilla. Él levantó la vista.
— ¿Qué haces?—inquirió seriamente y con una voz desanimada.
— Yo no tengo gotas de agua en el rostro.—respondí inocentemente.—Quiero tener también, cómo tú.
— Mejor no, duelen mucho.—respondió restregando sus ojos.
Me levantó en brazos y me llevó a la sala, donde mamá estaba. Ella me miró de una forma extraña y sollozó aún más. Me levantó en brazos y me abrazó fuertemente. Seguidamente, abrazó a Bill y luego Tom se unió.

— A veces los adultos como su papá y yo, se dan cuenta que no eran el uno para el otro. Se dan cuenta  que para no dañarse más deben continuar sus vidas cada uno por su lado— Bill se dio media vuelta y se dirigió a su habitación muy rápido. Mamá lo siguió.

Desde ese día, él ya no fue el mismo. A sus 7 años se la pasaba encerrado en su habitación escribiendo. Tom ya no era tan molestoso. Papá aún vivía en casa, pero ya no se abrazaban, o reían juntos.

Una tarde, papá y mamá nos llamaron, fui corriendo alanzarme a los brazos de papá y jugar con sus orejas mientras me llenaba de besos.
— Bueno… Bill, Tom, ustedes son más grandes que Vai. Ustedes entienden que a veces las cosas no funcionan entre los adultos y…
—  Es mejor continuar sus vidas cada uno por su lado para no dañarse más… ya lo sé.—Interrumpió Bill con un aire de aburrimiento. Le molestaba la situación al igual que a Tom.
— Sí, eso.—Papá recuperó la compostura aunque su voz estaba extraña. —  Ustedes son lo más divino que Dios puede darle a un ser humano. Los amo hijos…
— Los amamos.—agregó mamá.
—¿ Puedes ir al grano?—dijo un aburrido Tom.
— Tom, no seas irrespetuoso con tu padre.—inquirió mamá muy seria.
— Tom, Bill… las cosas van  a cambiar un poco desde hoy, ya lo hemos decidido con mamá y yo… yo voy…
— Su padre no vivirá más con nosotros.—Interrumpió mamá con firmeza. Nos miraron seriamente esperando alguna respuesta.
— ¿Papá  ya no estará con nosotros?—pregunté yo empezando a sentir un extraño dolor en la garganta. Podría tener 4 años, pero eso lo entendí perfectamente como “no volverán a ver a papá”
Rompí en llanto y me enojé mucho. Papá me abrazaba e intentaba calmarme. Mamá me acariciaba la espalda y me decía “ya, nena, ya” Bill y Tom desaparecieron de la cocina, cada uno a su habitación. A los dos días, vi a papá por última vez.

Un año pasó, yo ya asistía a un jardín donde jugaba y conocía niños con quien jugar. Era divertido. Mamá, quien estuvo algo triste, empezó a llegar a casa con un nuevo señor. Lo empezaba a ver más seguido. Primero acompañaba a mamá a casa, lo sé porque siempre me colaba entre sus rodillas para ver con quien hablaba y él siempre reía al verme en el suelo mirándolo con curiosidad. Luego entraba. Estaba en la cocina, a veces cocinaba, y miraba televisión en el sofá junto a mamá. Luego vi que subía las gradas a la habitación de mamá. Tom parecía llevarse bien con él. Este señor tocaba la guitarra, algo que sedujo a Tom por completo y lo animó a aprender. Siempre que él iba, Tom bajaba feliz con su guitarra. Bill en cambio, era más reservado y  a veces hasta mal educado. No le respondía un simple saludo  e ignoraba su presencia. Mamá lo retó varias veces por ello.  Finalmente, mamá nos reunió en la sala y lo presentó como su novio “Gordon”.
El tiempo pasó y me acostumbré a ver a Gordon todo el tiempo en casa. Luego me di cuenta que estaba viviendo con nosotros. Tom era inseparable de su guitarra y Bill nunca salía de casa sin un cuaderno y lapicero. En la escuela, Bill y Tom practicaban en los recreos frente a un chico rubio que los miraba. Uno de mis hermanos cantaba y el otro tocaba. Era un poco gracioso.

Tenía ya 7 años y papá venía de vez en cuando  a visitarnos. Nosotros íbamos a verlo cada fin de mes el cual esperábamos ansiosos.
Andreas, el rubio que miraba a mis hermanos practicar en los recreos, quien luego supe era su mejor amigo, venía todas las tardes a hacer tareas junto a mis hermanos. Luego aparecieron dos chicos más: Uno de ojos verdes muy hermosos que amaba jugar con mis cachetes - tan fastidioso como Tom y el otro rubio que parecía un osito por lo gordito.

Nueve años cumplidos y Tom me enterró la cara en la torta mientras Gordon tomaba fotos de cada ángulo posible. La alegría había vuelto oficialmente a casa. Gordon jamás sería comparable a papá pero se había ganado mi respeto y cariño.
Mis hermanos, en plena adolescencia, ya prácticamente no vivía en casa. Bill se hizo un piercing en la ceja y Tom en la lengua. Empecé a cavilar la idea de hacerme uno también, pero quizá mas tarde.
Tom y Bill se involucraron profundamente en la música, tanto que decidieron hacer pequeños concierto en clubs para ganar experiencia y hacerse conocidos. Mamá les dio su aprobación siempre y cuando eso los hiciera felices. Nos gustó mucho la noticia. Fuimos a uno que otro club a verlos, lo hacían bien para ser principiantes.

Un día, después de cumplir 11 años, ambos regresaron a casa después del colegio, como a las 7:30 de la noche pero tenían un semblante entre alegría y preocupación. Nos dieron la noticia de que habían firmado un contrato y que harían un concierto oficial. Fue todo lo que dijeron. Semanas después, una tarde regresando del colegio, vi un poster anunciando “ Devilish en concierto”y contenía la cara de Bill, Tom, Georg y Gustav. — ¡Por qué diablos nadie me avisó!
Llegué a casa y mamá me dio la noticia emocionada. Dijo que iríamos a verlos ya que para mis hermanos era importante contar con nuestra presencia.
El primer concierto al que iba en mi vida y era al de mis hermanos y su grupo raro. ¡Qué dirían mis amigas!
 Su música no me gustaba del todo, prefería cosas más románticas y suaves pero bueno, eran mis hermanos. Tomamos el auto de Gordon hasta llegar a dicho lugar.
Me pareció raro que hubiera gente. ¿A ellos les gustaba esta clase de música? Bueno. Se presentaron, cantaron y si… admito que Bill no cantaba mal pero aún así esa música era ruido para mis oídos. Al terminar, fui al backstage en busca de agua. Al menos contaba con privilegios al ser hermana de los “artistas”. Fue cuando escuché la gran noticia de que había algo más serio y una disquera estaba pensando en firmar un contrato con ellos y dispuesta a producir un disco.
— Nos dijeron que daríamos conciertos por toda Alemania y de acuerdo a eso verían si nuestro grupo vale la pena.—anunció Tom algo calmado.
— ¡¡Podríamos ir a dar conciertos por toda Europa!! ¿No es genial mamá?—agregó Bill muy emocionado.
—¡También dijeron que podríamos sacar un CD, o sea ¡Nuestro CD con NUESTRA música!—insistió Tom. Sonreí, no sonaba mal.
— Por lo pronto, la única condición es que tendremos que ir a la capital. En Berlín podremos hacer nuestro sueño realidad. Así que iremos a vivir allá.
— Berlín... Pues… suena estupendo.—Sonrió mamá.—¡Felicidades! ¡Me hace feliz verlos así!

...Ir a ¡BERLÍN A VIVIR! Mi vaso con agua se estrelló contra el piso produciendo un fuerte sonido. Los pedazos de vidrio volaron por todas partes y yo aún no salía del asombro. Por alguna razón tal noticia había logrado revolver mis entrañas.
— ¿Estás bien, Vai?—me dijo Gordon acercándose a mí. Lo miré atónita, me di media vuelta y salí despavorida corriendo. No sabía a dónde iba. Me adentré en la primera habitación que vi. Había un sofá y un velador. Me lancé sobre el sofá y comencé a llorar. A mi madre le parecía “estupendo” que mis hermanos se fueran a vivir lejos de casa. ¿Sería que Gordon le hizo perder la cordura? Papá jamás hubiera permitido que esto pasara. ¡Jamás!
De pronto alguien tocó mi hombro con suavidad. Reaccioné violentamente poniéndome de pie. Era Bill. Lo abracé rápidamente al percatarme de su presencia.
— ¡Dime que no es cierto! ¡Por favor!
— Si lo es, Vai.
— ¿Qué haré sin ti? ¿A quién le contaré mis problemas con Mathew?—Inquirí separándome de él.  Mathew era mi primer “enamorado”, digamos. Ambos nos gustábamos mucho y al parecer a otras niñas de mi clase también. Yo le contaba absolutamente todo a Bill, todo sobre Matty y yo. Ina me lo había presentado ya que él era su primo. ¡INA!
¿Qué haría ella al enterarse que Bill se iba si ella lo adoraba? Bill también me contaba cosas  de su relación con ella. Nos habíamos vuelto muy amigos.  
Por lo menos Bill parecía preocuparse por mí, en cambio Tom… ¡Nada! Para él sólo existía su bendita guitarra. Ya entre Tom y yo nada nunca fue igual desde que papá se fue.
— Estaremos en contacto, Vai.
— ¡No! ¡No te vayas de la casa, por favor! ¡Si te vas me escaparé de casa!—amenacé estúpidamente. ¿Qué más podía decir? Me sujetó  de los hombros fuertemente y me sacudió.
— ¡¡No hables tonterías, Violet! Mamá se preocuparía mucho.
— Entonces ¿puedo irme contigo?—pregunté poniendo la cara más tierna que pude y sintiendo un atisbo de esperanza. ¿Por qué diría que no? Nos iríamos juntos, ellos me cuidarían y ya no iría a la escuela.
— No, mamá te necesita.— ¡Claro! Qué buena excusa.
— ¡Ya nada tendrá sentido sin ti!—Admití dramáticamente—... Bill, te quiero.—añadí. Lo abracé fuertemente de nuevo y él a mí.
— Yo más, pequeñita, pero esto es por lo que he esperado toda mi vida. ¿Acaso no quieres verme feliz?
— Sí, claro que sí, pero no lejos mío.
— Entiendo. Vai, no quiero perder esta oportunidad. Quizá no se repita nunca más.— explicó tomándome de los hombros nuevamente. Era extraño verlo con ese peinado emo y sus cabellos totalmente negros. Sus ojos estaban mil veces mejor delineados que los míos. ¿Cómo era eso posible!
— Prefieres perderme a mí, a tu familia, ¿Verdad?—repliqué continuando con el drama.
— ¡No digas eso!—respondió un poco molesto. Se sentó en el sofá apoyándose en sus rodillas. Mira, Tú vas a ser siempre mi mejor amiga y la chica más importante en mi vida.
— ¿Más que Ina?—Inquirí juguetona sentándome a su lado. Él sonrió.
—Ustedes dos y mamá lo son todo para mí.
Sonreímos y pasó un brazo por mis hombros. Me lancé sobre su pecho y lo abracé fuertemente. Empezaba a asimilar la noticia. No creí que fuera tan difícil. Los humanos a veces fallamos en entender que nos adaptamos a los eventos tristes o negativos tan rápido y tan fácil como nos adaptamos a los eventos felices. 
Pensándolo bien, no debería ser tan egoísta. Si Bill era feliz, yo también.

Esa misma noche después de llegar a casa, escuché a Bill sollozar en el teléfono. Él hablaba con Ina. Probablemente hablaban sobre el viaje a Berlín. Preferí no acercarme e irme a dormir. Bill tocó mi puerta después y me dio la mala noticia de que ambos decidieron ser buenos amigos. Bill estaba destrozado.


Llegó la despedida. Ina, mamá y yo no dejábamos de llorar. Sin embargo, Tom estaba muy tranquilo. Me pregunto si les habría dicho algo a las cinco diferentes chicas con las que lo vi. Tenía 14 años y creo que había estado con todas las chicas de Leipzig.
Gustav… también lo extrañaría. Tanto verlo en casa nos había vuelto amigos. Nos gustaba criticar a Georg a quien también extrañaría.
Pero Bill…

Matty me había ayudado en los 5 días que me pasé llorando después de que mis hermanos se fueron. Él parecía ser un buen chico…¡Qué estúpida fui!
¡Eso creí yo hasta que lo vi besando a una chica 2 años mayor que él! ¡Y encima, cuando fui a encararlo, me negó delante de sus amigos! Después supe que yo sólo era la “otra”. Nunca creí que me pasaría algo así a mis 11 miserables años de vida. Mi mundo se derrumbó. Mi primera decepción amorosa y Bill no estaba ahí, conmigo. No quería comer, dormir, conversar… Mi único compañero era Scotty, el perro que adoptamos hace unos meses. Mamá estaba algo asustada por mi comportamiento.
A las dos semanas, Bill se dignó a llamar. Me causó mucha curiosidad saber de que hablaban mamá y él, así que escuché la conversación.
— ¡No sé qué le pasa a tu hermana, Bill! Esta más delgada, no…
— Debe estar enferma.
— ¡no quiere ni hablarme! Cuando le mencioné ir al doctor me gritó un rotundo ¡No! Sólo baja a tomar agua y siempre trae la mirada perdida… creo que te extraña. Puede ser eso, ¿no?
— Pásame con ella.—finalizó Bill.
Me alisté para fingir que no había escuchado nada. Luego mamá me llamó. Debo admitir que me sentía algo débil, pero Matthew negándome y yo enterándome ser la otra retumbaba en mi cabeza
— ¿Hola?
— ¡Vai! ¿Cómo estás?
— Bien…
— ¿Todo bien con Matthew?
— No…— rompí en llanto al escuchar su patético nombre. ¡Yo si lo quería! Le conté lo que el miserable me hizo
— ¡Esto no va a quedarse así! ¡Te juro que voy a golpearlo cuando vaya!—se enfureció.
— O sea nunca.—respondí en son de broma limpiando mis lágrimas.
— No seas así, Vai. Te juro que lo haré pero no ahora.
— Mjm.
— Hay chicos mejores que ese idiota, Vai. Ya lo encontrarás. Violet, mamá me dijo que no comías.
— Es que con este asunto de Matty… la verdad no tengo hambre.

Mientras Bill decía algo, el techo de la casa se dio una vuelta. Me tapé los ojos frunciendo el ceño. ¿Qué fue eso?
— …Por mí, ¿Sí?
— ¿Qué?—balbuceé.
— ¿Vai? ¿Estás ahí?
Desperté hechada en el sofá y con mamá echándome alcohol por la frente. Tuve que comer luego de eso, me asustó mucho. Bill por poco compra un ticket de regreso cuando mamá le contó que me encontró tirada en el piso y el teléfono descolgado.


Pasaron 3 años más. Bill y yo nos manteníamos en contacto hablando por todos los medios de comunicación que había. Si hubiéramos sabido cómo usar fax, lo hubiéramos intentado. Ellos empezaban a volverse muy exitosos. Veía revistas de adolescentes con fotos y noticias de ellos. Ahora eran “Tokio Hotel” . Estaban ocupados haciendo giras por varios países de Europa. El colegio de pronto se volvió una tortura. Las fans me preguntaban por ellos, me perseguían y me pedían su número.  Ya ni sabía si mis amigas me querían a mí o a ellos o debería decir Tom. Las tonteras que hacía con su guitarra en los conciertos alborotaba las hormonas de mis amigas. Decían que era muy “sexy”. Bueno, no todas mis amigas. Fer, a quien conocía desde los 6 años, detestaba lo arrogante que podía ser Tom. De ella, al menos, estaba segura que me quería a mí y no la repentina fama que había nacido en mi entorno familiar. Ella estuvo conmigo mucho antes que “Devilish” o “Tokio Hotel” existiera.

De todas formas, lo inaguantable para una adolescente de mi edad era estar en boca de todos. ¡TODOS!
Hablaban de mi ropa, de Tom, Tom y Tom, de Bill y su indescriptible romanticismo… Había logrado acumular dos cajones llenos de cartas de las fans de mi colegio. Casi todas eran para Tom… ¿¡Pero qué rayos le veían a Tom!? Él era sólo un pervertido y mujeriego más. Me mostraron fotos en las que él le tocaba el trasero a una chica rubia muy guapa. Esta foto fue la causante de muchos corazones rotos y planes contra ella por parte de las niñas de mi escuela. Fer y yo estábamos aburridas de las chicas de mi grupo. Lo único que salía de sus bocas era Bill, Tom, Georg o Gustav. Ok, lidiaba con todas las fans, menos con una.

Ella era dos años mayor que yo, estaba en la clase de Ina y era  muy popular. Era muy bonita pero una arrogante total. Hasta donde sabía, estaba enamorada de Bill. Siempre lo estuvo pero Bill prefirió a Ina sobre ella. Es estos dos últimos años, ella había cambiado… físicamente. Era mucho más bonita que antes. Ella sabía que Bill y yo siempre fuimos inseparables. Yo por alguna razón, sentía celos de ella. Cada vez que pasaba junto a mí, me miraba mal.  Un día, en el baño, me la crucé. Estaba mirándose en el espejo, arreglando su cabello y retocando su maquillaje, era un poco más alta que yo y no podía vivir sin las minifaldas. Se me acercó, inesperadamente, y me habló.  
— Él regresará y esta vez no se me escapará de las manos.—anunció jugando con sus dedos y apoyándose sexymente sobre el lavabo.— Estaremos juntos. Me querrá a mí y me prestará más atención a mí. Ina y tú pasarán a segundo plano. Quieras o no, será inevitable. Bill será mío.—sonrió con desdén y siguió caminando, contorneando sus caderas.
— ¡Por qué me odias!—grité antes de que se fuera.
— Bueno,— se giró lentamente— uno, porque eres amiga de la gordita de Ina y dos, por que se que la amistad jamás renacerá  entre las dos. No sé si tú no te has dado cuenta, pero desde que te vi, noté una clase de rivalidad entre las dos. Somos incompatibles. ¿Nunca has sentido eso al ver a una chica? — Negué con la cabeza. — Ah, ya lo sabía. Ya lo sentirás alguna vez.
Me dio mucha cólera. Bill era mío y sólo mío. Ella estaría con él sobre mi cadáver. Única y exclusivamente cuando yo muera, ella tendría el camino libre.

Salió del baño y yo me quedé pensando. ¿Rivalidad? Bueno, noté a esta chica por primera vez cuando Ina me habló de ella.

Escuché la voz de Andrew, el chico que había logrado sacarme suspiros en las últimas semanas. Él era su mejor amigo y quizá amigo con derechos. Eso oí. Los chismes volaban en la escuela, en especial cuando se trataba de chicas populares.
Él tenía la misma edad que esta tipa, 16 años.

¡Era un Dios!

Pasaron dos años más. A fines de Marzo al fin cumpliría 16 años. Me pregunto si mis hermanos…
— ¡Vai! Hijita, Fer vino a verte.—gritó mamá desde la cocina.


— ¡Ya voy!—respondí cerrando mi diario. Lo había comenzado hace un par de días y trataba de resumir mi vida en unas cuantas hojas. Me puse de pie y cuando disponía esconderlo, Fer entró con una amplia sonrisa sospechosa. Supuse que se traía algo entre manos. La conocía tan bien… 

miércoles, 15 de enero de 2014

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He dejado este blog tan solitario... y es que eso de estudiar y escribir a  la vez no van de la mano. O hago uno o el otro. Si trato de hacer ambos no haré bien ninguno.

Desde hace un año he decidido actualizar la 1 temporada de mi novela ya que "Eztaba ezkrita d sta forma" y eso me molesta. Mientras la editaba, cambié muchas cosas que a mi parecer estan mejor. Comencé a escribir cuando era una adolescente y, voy a admitirlo, era muy ridícula y algo exagerada. O eso pensé cuando leía de nuevo mi gran obra de arte. Bueno, la cosa es que cambié la narración y ciertos eventos.
 Aún no la he terminado, es más, ni siquiera voy en la mitad.

Por otra parte, en la 2 temporada... I'm stuck! es increíble como nuevas ideas para escribir nuevas novelas fluyen en mi cabeza con una naturalidad única. Sin embargo, nada de nada aparece cuando abro el word con intenciones de si quiera escribir una línea en mi 2 temporada. It sucks! .
 Ya estoy aproximándome al final... debe ser por eso.

Eso es todo. Have a good night fellas!

viernes, 27 de abril de 2012

14°CAPÍTULO


Caminé sin mirar atrás. Sabía que él estaba atrás mío. Ahora me sentía ligera, como si una gran roca hubiera sido retirada de mis heridos y débiles hombros. Pensé que Fer debería hacer lo mismo.

Me senté en una de las bancas y miré de nuevo al reloj. Sólo habían pasado diez minutos. Bill se sentó a mi lado.
-Fer va a estar bien.-me brindó su apoyo mientras me abrazaba. Apoyé mi rostro en su hombro. Era como si todo fuese como alguna vez lo fue. Yo y él juntos, sin más peleas, como hermanos.  Los ojos se me cerraron y el sueño me venció otra vez a las 2:10 am.

-¡Vai, despierta!-me sacudió ligeramente mi hermano y me ayudó a ponerme de pie.  Ya eran cinco de la mañana y Fran salía de la sala de partos junto a Tom conversando muy animados.
-¿Qué? ¡No, no se llamará Samara! ¿Estás loco?-rió Fran.

Bill y yo fruncimos el ceño y nos miramos muy desconcertados.
-¡Ya nació, Bill, es una niña!-sacudió Tom a su hermano arrancándolo de mi lado y abrazándolo. Bill no podía entender.
-¡Es niña!-me habló Fran. Lo miré y miré a Tom.-Ya no te preocupes. No más peleas. ¿No me vas a felicitar?
-¿Felicitar?-repetí. A quién debería felicitar es al padre y Fran no lo era.-Pero Tom…
-Ya me quedó muy en claro que no soy el padre. Ya felicité a Fran y tú deberías hacer lo mismo.-me interrumpió mirándome muy serio y esbozando luego una tímida sonrisa.
-Felicidades, Fran.-lo abracé muy rápido.- ¿Y cómo se llamará?
-Fer debe decidir el nombre.-contestó Tom.
-¿Despertó?-pregunté animada.
-No… ella sigue inconsciente. Estuvo dormida en todo el parto o cesárea. El doctor dice que estará bien. Lo grabé todo en mi celular.-sonrió Françoise.

Esto no podía ser cierto. ¿Ambos felices de la nada? ¡Por supuesto que no!
-¡Ya! ¿Por qué no se están agarrando a golpes? ¿Qué pasó? ¿Qué pactaron?
Ambos se quedaron callados.
-Nada, Vai. Quedamos en que lo sabríamos una vez realizada la prueba de ADN. Mientras tanto, estamos en tregua.-afirmó Tom.
-Ya despertó.-anunció la enfermera mirando a Tom y Fran sospechosamente para retirarse.
Fui la primera en ir, apenas entré a la habitación, Fer me miró sonriendo.
-¡Soy mamá!-me dijo entre sollozos. No pude ser fuerte y me lancé a su lado llorando también.
-¡Felicitaciones, Fer!
-¿Dónde está ella?-me preguntó de inmediato.
-Toc-toc ¿Se puede?-ingresó la misma enfermera con bebé en brazos arrullándola.
-¡Ay por Dios, no!-murmuró Fer.
-¿No qué?-la miré asustada.
-¡Es muy pequeñita! ¿Si la abrazo muy fuerte o la cargo mal y…?
-Es cuestión de instinto.-la animó la enfermera. Se la extendió y vi los brazos de mi amiga temblar. Cuando la tuvo en sus brazos, sus ojos brillaron de alegría. Era como si estuviera contemplando al ser más perfecto, maravilloso y frágil del universo. Me acerqué, me senté en la cama a su lado y la vi. Abrió los ojos y fue como si la habitación se iluminara, como si nos cegara por su intensa belleza. Esos ojos eran castaños como los de Tom y el cabello, lo poco que tenía, era del mismo color, un poco ondeado. Compararla con un ángel era muy poco.
-Es mía… -atinó a decir Fer sonriéndole con ternura y tocando una de sus diminutas manitos.
-¡Mira, nena! Ella es tu mamá.-le dije a la pequeña como si fuera a entenderme. La pequeña miraba a Fer con curiosidad, la contemplaba como si estuviera tallando cada detalle del rostro de su madre en su memoria.
-¡Soy tu mami!¡Qué hermosa eres, princesa!
-¿Y cómo se va a llamar?-pregunté anonadada.
-Cómo su madre.-ingresó Tom jugando con sus dedos, muy nervioso.
Fer levantó la vista y no lo vio con rencor como otras veces, sólo lo ignoró con dulzura. No había espacio ni tiempo para renegar.
-No…- lo contradijo ella.-Quiero que se llame…
-¡Fanchesca, como el padre!-intervino Fran ganándole el sitio
a Tom y sentándose al otro costado de Fer. Ella lo miró incómodo y levanto la vista luego hacia Tom, quien no se movía del umbral de la puerta.
-No.-contesté tajante. Pero pareció no oírme.
-Si se parece a mí cuando era un niño. ¡Di papá, di papá!-le hablaba Fran a la niña.
-Fran, no puede hablar-le contestó mi amiga algo irritada.
Su celular volvió a sonar y Fran salió disparado nuevamente. Fer le volvió a echar un vistazo a Tom ahora que estábamos solos de nuevo.
-¿No… no la quieres ver?-inquirió algo tímida dirigiéndose a mi hermano.
Él sonrió y se acerco a paso lento.
Se sentó alado de Fer y sonrió nervioso al ver a la niña.
-¿Cómo la llamarás?
-No sé, dime tú. Ella es tu…
Se quedó callada borrando todo atisbo de sonrisa.
-¿Mi qué?-insistió Tom.
-Tu… tu… ¡Ahijada!  Serás su padrino de bautizo.-dijo recuperando la compostura. Tom bajó la mirada y sonrió.
-Bueno… sería un honor…
Se puso de pie de pronto, con una mano en el bolsillo y salió sin decir nada.
-¡Dios, casi se lo digo!-suspiró Fernanda aliviada.
-Deberías decirle la verdad.-le dije convencida de que ello era lo correcto. Y es que así lo era.
-Ya dije que por la misma razón que tú…
-¡Le dije a Bill que lo amo con todo mi ser cuando estabas inconsciente dando a luz!-la interrumpí. Me miró dudosa.-Sí, lo hice. Y ahora me siento libre. La verdad me hizo libre, Fer. Si yo pude hacerlo, tú también.

-¡Bill, no puedo!-se resignó Tom.
-¡Tonto, hazlo ya! Si no lo haces, Fran te ganará y…
-¡No, Bill! Imagínate que me dijo que fuera el padrino de su hija. ¿Cómo iba a decirle después de eso que se case conmigo?
-¡Fácil! Se dice: ¿Te casarías conmigo?-respondió su gemelo.
-¡Claro, qué fácil es decirlo! En serio Bill. Se acabó, la perdí y para siempre… esa no es mi niña, ella lo dijo. No quiero atormentarla más con mi presencia. Será mejor que me vaya…
-¡Espera!

Lo sujetó Bill del brazo. Pero aún así, Tom se lo quito de encima y se fue. 


-¿En serio… amas a tu hermano?-me preguntó una Fer que empezaba a creerme mientras contemplaba a su hija.
-Pues sí, yo lo…
-Me la tengo que llevar.-ingresó la enfermera.
-¡No, por favor! Un ratito más. La necesito conmigo.-le suplicó la madre.
-La traeré a las 8am. Lo prometo.

Ella asintió dejando ir a ese diminuto ser. La enfermera empezó a hablarle a la niña y desapareció con ella.
-Bueno, mi hija se fue…-dijo con lágrimas en los ojos.
-¡Ay, no vas a llorar! Te la traen luego.-musité casi burlándome.
-No… no es sólo eso.-se echó en la cama y cruzó los brazos.-Es Tom. Me da pena negarle algo que es suyo. Pero sé que si se lo digo… puedo entrar en crisis, Vai. Tu hermano no está listo para tener una hija y yo no aceptaría un no como respuesta.
-No lo creo…
-Gracias por ser tan positiva. Bueno,-se limpió las lágrimas. -Háblame de Bill.  
-Nada. Se lo dije todo, me sentí aliviada y creo que todo volverá a ser como antes.
-¡No podría!-gritó desconcertada.
-¡Qué!-respondí alarmada.
-Verte besarlo. ¡iug! ¡Es tu hermano!
-¡Era eso! …-suspiré al recordar ese gran beso después de tanto tiempo.
-¡Cómo  si fuera para poco! –se burló.
-Fer… nadie podría entenderlo. Yo deseé muchas veces no ser su hermana, así como él también lo deseo. Mi amor por él es puro. Un amor que jamás sentí por Andreas. Andi fue mi vía de escape. Es todo.
Aprendí a amarlo como un hombre aprende cualquier profesión. La diferencia es que algunos aman su profesión y por eso la aprenden y otros la aprenden sin nunca sentir amor. Pero se acostumbran a ella y te convences luego que está bien. Mi caso es el segundo. Me arrepiento de mi boda, de haberlo usado… de haberlo besado por primera vez esa tarde cuando me ayudaba a hacer tareas. ¡Doy asco!
-Sólo estas enamorada y supongo que todo fue por amor. –me consoló ella. La puerta se abrió intempestivamente. Apareció el níveo rostro de mi ángel. Bill.
-¿La puedo ver?-fue lo primero que dijo sin prestarme mucha atención lo cual me enfadó un poco.
-¡Dónde andabas! La enfermera ya se la llevó.

Bill puso cara de decepción e ingresó a la habitación. Esta vez si me miró.
-En realidad vienes a ver a tu hermana. ¿No?-dedujo Fernanda.
-Sí, bueno. También.
-Anda, ¡Mira nada más como la miras!-insinuó Fer. Bill cambió de rostro. Se precipitó e intentó disimular.
-Es mi hermana. ¿Cómo no la voy a  mirar?
-Sí, claro. Váyanse afuera a besarse porque yo quiero dormir.-se acomodó mi amiga cerrando los ojos.
Bill me echó un vistazo sin comprender.
-Se lo conté todo. Ella sabe que te amo, Bill.-susurré.
-Sí, así es. Y…-se volvió a sentar en la cama.-Les juro que no diré nada. Su secreto está a salvo conmigo.
-Gracias, Fer.-atinó a decir Bill fulminándome con la mirada. Me acerqué a él mientras Fer se volvía a acomodar para dormir.
-Es mi mejor amiga. Ella sospechaba, te vio besarme alguna vez y… se lo dije hace días…
-Si tan sólo yo se lo pudiera decir a Tom.-musitó entre dientes perdiendo sus ojos en el infinito, pensando. Podía sentir la tristeza desprendiéndose  por cada poro de su piel. Podía sentir como la energía de su cuerpo cambiaba de pronto. Lo sentí tan débil y frágil que sólo pude a abrazarlo. Me correspondió apoyando su rostro en mi hombro.
-Y ni siquiera te tengo a ti…-susurró en mi oído.
-Pero estoy aquí…-Contesté sabiendo bien que no era eso lo que él quería decir.
-Sabes que no me refiero a eso.
-Bill…

Lo alejé de mí y lo miré a los ojos.
-Yo siempre seré tuya y… por eso nunca podrás tenerme. Es como lo que dice Paulo Coelho en su libro “Brida” soy como la flor del bosque. Ella combina con la lluvia, la puesta de sol, con las nubes, con la primavera. Pero, si la arrancas para tenerla contigo, la flor se marchita y muere. Es mejor contemplarla, ¿No crees? De esa manera, ella estará siempre ahí para ti.
-Entonces me quedaré a contemplarla hasta que muera y me desintegraré hasta volverme  polvo, y ser parte de la tierra que le transmite esa energía que la haga florecer con más fuerza.
-¡No!
-¡Shh!-me calló poniendo un dedo sobre mis labios.- Déjame morir alado de la flor.
-¡No! Mejor arráncala, yo no quiero que te pase nada.
-Debe haber alguna forma de que se vuelvan uno solo. Pero debe haber un sacrificio.
-Ya deja de pensar en esto. Te vas a casar pronto. Esto no tendrá sentido después.
-Violet…

Su celular sonó, interrumpiendo nuestra dolorosa conversación. Quizá así era mejor. Me senté en el pequeño sofá de atrás suyo.
-¿Alo?
-¡Mi amor! Soy Sophie. Ya reservé el local y la iglesia. Es hermosa y…
Bill tapó el teléfono y se giró a mirarme.
-Es Sophie.-afirmó angustiado.
-Lo sé.-sostuve. –Háblale, escúchala.
-¿Estás ahí?-escuché que la rubia gritó.
-Sí… ¿Qué quieres?
-Mi amor… ¿Estás bien? ¿Por qué me tratas así?
-¡Escúchame bien!  No-quiero-casarme-contigo. No te amo y nunca lo haré. ¡Se acabó! Cancela todo porque no tienes novio. Adiós. ¡Ah! Una última cosa.-sostuvo el celular lejos de su oído y le gritó.- ¡Déjame en paz!
Colgó y se quedo estático por unos minutos. El celular volvió a sonar. Supuse que era ella. Bill lo apagó y lo guardó en su bolsillo.
-Listo. Ya no me voy a casar.-finalizó volteándose  con una sonrisa fingida que desapareció de inmediato y nuevamente, Bill se perdió en su mundo mientras yo lo miraba seriamente a los ojos.
-No puedes hacer eso.-hablé rompiendo su concentración.
-¿Qué? No,  escucha.-se sentó a mi lado.-Yo no la amo, era lo mejor. Ahora tú y yo podremos estar juntos.
Tomó mi mano y besó el dorso. Lo solté y me puse de pie.
-No puedes terminar con un compromiso así de simple. Bill es tu novia y te vas a casar.
-Era.-me corrigió lo cual me enfadó más.
-¡No hagas esto! ¡Es una tontería! Ella será una boba pero sigue siendo un ser humano y heriste sus sentimientos. Aparte,  ¿Cómo crees que la prensa va a reaccionar?
-¡No me interesa!
-¡Te debería interesar! ¡No puedes hacer esto!-alcé la voz. Él miró a la ventana y yo sólo lo observaba.
-¿No te parece bien lo que hice? ¡Lo hice por ti!-alzó la voz también poniéndose de pie y señalándome. También se estaba enojando.
-No lo hagas por mí. Así como una vez me dijiste aceptara el noviazgo con Andreas y que me casara con él… yo te digo. Cásate con tu novia.
-No la amo. No puedes obligarme.-respondió algo alterado.
-Entonces… ve y díselo en su cara. No seas cobarde. Cada que la ves te tragas todas tus palabras. Pero no rompas con ella por mí porque pase lo que pase, nada va a cambiar entre tú y yo. Te amo, te lo dije y te lo repito: Te amo. Pero no podemos hacer nada para cambiar nuestra situación. Qué pena, lo sé. Pero así es. Nada cambiará. ¡Nada! Tenlo bien claro.
-¡Mira el sacrificio que estoy haciendo por ti! No lo valoras.-me incriminó.
-Yo no pedí ningún sacrificio.-musité con el dolor de mi corazón.
-Como quieras. Luego no vengas con eso de te amo, porque si fuera cierto, no dirías lo que dices. Nuevamente, me vuelves a dar una bofetada con tu indiferencia. ¡Mentirosa!

Me empujó con el hombro mientras se iba. Me quedé de pie llorando silenciosamente. Era lo mejor.

Intentaba convencerme… era lo mejor. Rompí en un llanto silencioso, evitando despertar a Fer.
-Vai.-me llamó ella sentándose en su cama. Yo, que estaba dándole la espalda, limpié mis lágrimas como pude y me giré a verla.
-Creí que dormías.
-No… escuché todo.
-Yo no… no puedo permitir que arruine de esa forma su vida profesional. Aparte… no podemos estar juntos, somos hermanos…

De nuevo mi voz se quebró y seguí derramando lágrimas en silencio.
-Fer… yo te envidio.-musité entre dientes. Su expresión cambió.
-¿Qué?
-Tom y tú no tienen lazos de sangre, no son parientes. Tú puedes estar con Tom pero no quieres. Yo quiero estar con Bill pero no puedo porque es mi hermano.

Fer se quedó en silencio con la mirada perdida. Se echa de nuevo y yo decido salir. Fran estaba afuera y al verme, entró a ver a Fer.

Esa mañana regresé a mi departamento y dormí el resto del día y de la tarde. En la noche me levanté a tomar algo, vi la botella de ron y no pude contenerme. Bebí y bebí hasta perder la conciencia. Bill ocupaba mi mente  todo el tiempo. Me preguntaba que hacía, en que pensaba, ¿Pensaría en mí? Al día siguiente fui a ver a Fer y recibí una llamada. Había conseguido el trabajo y comenzaría el próximo lunes.

Fer estaba dándole de lactar a la niña, muy feliz, aunque llorando.
-Hola princesa.-saludé mirando a la niña.
-¿Y de cuando acá  tú me llamas princesa?-inquirió Fer burlándose.
-Le hablaba a la nena.-contesté con un tono de desdén. Sonreí.
-¿y Bill?
-No sé.-me senté junto a ella mirando a otro lado.-No hablamos ni nada.

Fran entró con un hermoso ramo de rosas blancas, muy sonriente. La paz de Fer  desapareció. Se puso nerviosa.
-Hola, Fer. ¡Hola hijita!-saludó a su “hija”.
-Vai, déjame a solas con Fran un momento.
La miré asustada, ella fingió una sonrisa y salí de la habitación. Me fui a sentar a la sala, donde había una televisión. Era la emisión de un canal de chismes sobre famosos. Me puse de pie y me acerqué a la ventana. Los primeros copos de nieve de la estación comenzaron a caer. El invierno había comenzado oficialmente.

-Y aquí la diseñadora de vestidos de novia preferida por los famosos. Vera Chang nos muestra su colección.

Miré los hermosos vestidos de novia que ella confeccionaba, el mío no fue de diseñador pero era hermoso. Probablemente estaba  en una caja al fondo de mi armario en el departamento anterior.

-Y justo una modelo muy conocida está probándose unos vestidos de novia para la recepción.-afirmó Vera.
-¿Será acaso Sophie Criquets?
-No puedo decir nada.
-¡Claro que sí, Vera! No hay problema. No les mostraré mi vestido porque es sorpresa. Ya tengo el de la iglesia y el de la recepción, faltan unos últimos retoques y ya.-interrumpió la rubia.
-¿Tu novio?
-Estaba hablando por celular, ya sale.

Justo Bill apareció colgando su celular. Una corriente eléctrica recorrió mi cuerpo. Sonreí al verlo tan guapo como siempre.

-¡Aquí estás, mi amor!-saltó la rubia abrazándolo.
-Hubo rumores de que ustedes habrían peleado y roto el compromiso.-sostuvo la periodista.
-Peleamos de vez en cuando, es normal en una pareja. Menos mal ya todo está solucionado, Sophie sabe que la amo y que de hecho nos casaremos en un mes y dos semanas.-sostuvo Bill.

La rubia sonrió mirándolo con ternura. Bill se giró de pronto, la apegó a su cuerpo y la besó apasionadamente.

-Y el ambiente se tornó caliente.-opinó la periodista.
-Oh, Bill.-suspiró Sophie alejándolo.-Nuestra luna de miel será excelente. Viajaremos a las islas Malvinas.
-¡Qué buenas noticias! Y…

Me di media vuelta y caminé directo al baño. Me encerré y comencé a llorar. Él dijo que la amaba…
-¡Pero si es lo que tú querías!-me grité a mí misma.

Unos minutos después salí, me lavé la cara y me encaminé a la habitación de Fer, a contarle todo. Justo cuando llegaba, la puerta se abrió violentamente y salió Fran muy molesto lanzando las flores al suelo.
-¡Fran!-lo llamé.
-Se acabó.-susurró y siguió de largo. Tomó el ascensor y se fue.

Entré a su habitación, Fer miraba por la ventana y su bebé estaba dormida.
-¿Qué pasó?-pregunté en voz baja.

Mi amiga llamó a la enfermera y le indicó que se llevara a su niña. Luego se sentó en la cama con cuidado y me miró.
-Le confesé toda la verdad. Le dije que él no es el padre, que le mentí y se fue.
-¿Qué tú qué?
-Si, Vai. Así es. Ahora, mañana que salga de este hospital, tengo que hacer algo.
-¿Cómo qué?
-Ya verás.

Me dejó con la duda, pero no insistí más en el asunto. Le conté lo que pasó, derramé más lágrimas y pasamos el resto del día juntas.