Esta vez oí un vaso estrellarse contra algo. El silencio se oía por parte de Tom. Yo esperaba que reaccionara así. Sonreí.
-¿Tom? Estoy en el hospital del entro. Espero hayas recapacitado en cuanto a tu relación con Fer.
-Vai… dime que no es una broma.
-No.
-Y… ¿Qué va a ser?
-¿Qué cosa?-inquirí extrañada sin captar la pregunta.
-¡El bebé!-respondió atareado.
-Ah…. Eh…
Pues ahora que lo pensaba… no le había preguntado a Fer. ¡Pero qué clase de mejor amiga soy si ni le pregunté! ¿Cómo es posible que yo no sepa?
-¡Violet!-me apuró.
-¡No sé! ¡No sé! Olvidé preguntarlo. Mira, vente rápido y averígualo por tu cuenta. Tú eres el padre.
Colgué al ver pasar a mucho personal médico a sala de parto. Tapé mi rostro evadiendo pensamiento malo alguno y me puse de pie de inmediato siguiéndolos. Vi por el pequeño espacio visible que dejaban al abrir la puerta a Fer retorciéndose de dolor y varios sujetándola muy fuerte. Había un hombre en el piso rodeado de enfermeras.
-¡Señorita retírese!-recibí una llamada de atención por parte de una mujer regordeta de labios rojos intensos.- ¡Está bloqueando la puerta!
-Perdón… Es que ella es mi amiga y…
La mujer no se interesó por mi respuesta. Si hubiera podido mandarme a sentar de una patada, lo hubiera hecho. Me moví de la puerta y me quedé parada mordiéndome el labio algo preocupada. Pasaron 10 minutos cuando salió un doctor buscando a alguien. Me atravesé en su camino asustándolo.
-¡Soy amiga de la señora ahí adentro!
-¿Violet Kaulitz?-preguntó quitándose los anteojos. Típico. El médico estaba guapo.
-Sí.-contesté borrando atisbo de preocupación de mi rostro y ahora mostrando una sonrisa tímida.
-Bien… ella está bien y estable al fin.
-¿Estable? ¿Le pasó algo? ¿Todo está bien? ¿Fer está bien?-regresó mi angustia.
-Tranquila.-levantó una mano colocándola en mi hombro.-Está bien. Quien sufrió las consecuencias fue un enfermero que fue golpeado por la señora. Suele pasar con mujeres en dolores de parto.-lo dijo muy tranquilo como si fuera cosa de cada día. ¡Vaya!
-¡Oh!...
-Ella aún no dará a luz. Falta dilatación. Probablemente entre en trabajo de parto mañana. Por mientras seguirán los dolores y se medirá la constancia y duración de cada uno. Una enfermera la visitará cada media hora.
-Bien.
-¿El padre?-susurró frunciendo el seño acercándose un poco a mi oreja.
-Ya viene, está en camino.
-¡Violet!-me llamaron por detrás. Me giré. Era nada más y nada menos que Fran. Se me fue la sangre de la cara. Tragué saliva.-el padre llegó.-finalizó su oración sonriendo. Mi pregunta era: ¿Cómo diablos se enteró?
-¡Mucho gusto!-saludó el doctor con un apretón de mano. Yo miraba anonadada.-Su mujer está estable y el bebé vendrá mañana probablemente. Debo retirarme mil disculpas. –le sonrió a Fran.
-Gracias, Doctor…
-Tom Harrison a su servicio. Adiós señorita.-lo dijo dulcemente para darse la vuelta… encima se llamaba Tom… ¡Qué coincidencia!
Apenas el doctor desapareció de mi vista, me giré para preguntarle a Fran…
-¿Cómo diablos te enteraste?
-¿Me estás gritando? ¡Me siento indignado! Está bien que yo y Fer ya no tengamos ninguna relación, pero eso no quita el hecho de que no me informen de que mi hijo o hija está por venir.
-¿No sabes el sexo del bebé?
-No, Fer no quiso averiguarlo hasta el nacimiento.
Hasta él lo sabía y yo no.
-¡Cómo sea!-me di media vuelta. Tom iba a venir, Fran estaba aquí. Ambos creían que el niño era de ellos.
-Ya vengo.-me dijo. Se fue y me di cuenta que fue en dirección a la habitación de Fer, lo seguí.
Él entró, la vio y se acercó a ella soltando su corbata.
-Fernanda. Debiste avisarme.
Fer, que parecía dormida, abrió los ojos y al verlo su rostro empezó a transformarse. De lo pasiva y tranquila que estaba, casi angelical, sus ojos se llenaron de fuego y su rostro se arrugó.
-¡Lárgate! ¿Me estás diciendo a mí que debí avisarte? ¡Yo soy la madre y hago lo que me da la gana! ¡Ahhhh!
Una contracción apareció. Yo sólo atiné a ir a su lado y tomar su mano y dejarla que me la apretara. Debo decir que me dolía. Pero si dejar que Fer se desquite conmigo iba a calmarla, el dolor no importaba.
-¡Dios, mi hijo! ¡Enfermera!-gritó Fran asustado corriendo hacia la puerta. Llegó una señorita alarmada para chequear a Fer y decirle lo mismo que me dijo el doctor.
-Vendré a chequearla luego. Aún falta dilatación. Cálmese señor.
Fer oprimía los ojos con fuerza, aguantando el dolor hasta que poco a poco fue recuperando la compostura.
-Al fin veré y sabré si mi bebé es niña o niño.-susurró Fran mirando el vientre de Fer con ternura. La enfermera sonrió y se retiró. Yo me mordía la lengua para no decir nada bobo. Aparte, Tom estaba por venir.
-Vai…-dijo entre dientes Fer abriendo los ojos. Fran también se acercó.
-Fer, ¿Te sientes bien?-inquirió.
-¡Y tú qué diablos crees! ¿Me ves bien, idiota?-respondió tajante y muy mal humorada.
-Qué cariñosa estás.-afirmó él con ironía justo cuando su celular sonó. Salió de la habitación dejándonos solas.
-¿Por qué le dijiste? ¡Si el doctor le dice algo de mis 8 meses me muero!
-¡Yo no lo llamé! No sé cómo lo supo. A quien si llamé fue… a otra persona.-evadí su mirada. Sentía como me fulminaba con ella.
-¡Fer!-entró ¡TOM! Seguido de Bill quien me dio un vistazo rápido para ir al lado de su hermano. El estómago se me revolvió. Primero porque Fran estaba por ahí, afuera y Tom aquí. Segundo por ver a Bill, tenerlo tan cerca. Miré por la puerta y vi a Fran que ya cortaba su celular y se dirigía hacia la habitación. Miré a Fer, luego a Tom y finalmente a Fran. Fer me miró angustiada. Solté su mano y salí corriendo.
-¡Fran! ¡Qué linda corbata tienes!-mentí llevándomelo al encuentro y empujándolo algo agresiva. Fran frunció el seño y Fer comprendió todo. Tom iba a girar a la puerta al oír mi voz pero Fer le dio una cachetada no sé si para evitar que mire en mi dirección o para desquitarse. Quizá para ambas opciones.
-¡Au!-se quejó Tom.
-¡Eres un idiota! ¡Te odio tanto…!
De nuevo otra contracción, Fer cerró los ojos y sostuvo su vientre. Tom y Bill se asustaron.
-¡Voy a llamar a la enfermera!-le dijo Tom decidido a salir de la habitación.
-¡No!-chilló Fer inaudiblemente. Bill tomó su mano siendo también víctima de la fuerza de mi amiga. Sólo hizo una mueca de dolor.
-¿Vai? Qué te pasa.-me dijo Fran al verme algo nerviosa.
-No, nada. Es Fer ella está molesta y…
Justo vi salir a Tom de la habitación gritando enfermera. Fran quiso girar y sólo atiné a voltearle la cara con ambas manos. Nos quedamos mirando por unos segundos. Él seguía confundido.
-¿Qué… qué haces?-inquirió.
-Nada. Es sólo que… ¡Quiero que me escuches! Es eso.
-Violet, quieres llamar mi atención… no me digas que tú…
Guardé silencio intentando hallar su indirecta. Cuando lo comprendí, me indigné.
-¿¡Qué!? ¿Qué quieres decir?-quité mis manos de su rostro y me crucé de brazos.
-Me mirabas de una forma extraña como si yo… te…
-¡No me gustas!-chillé molesta.
-¡Pero tomaste mi rostro para acercarlo más al tuyo! Yo pensé que…
-¡Pensaste mal! ¡Claro que no me gustas, por Dios!-lo interrumpí.
Me giré enfadada. Esto me pasaba por culpa de Fer. Si ella no hubiera mentido respeto al padre… y si yo no hubiera llamado a Tom.
-Mira… si yo te hubiera conocido antes de que te casaras con Andreas y antes de conocer a Fer, quizá lo nuestro habría funcionado pero…
-¡Aaaah, cállate!-grité tapándome los oídos para evitar escucharlo.-No menciones a Andreas y tampoco hables de lo nuestro. ¡Por Dios, Françoise! ¿Es que acaso tú…? ¿Fran?
Al girarme, él ya no estaba. Me golpeé la cabeza con una mano y entré a la habitación.
-Como ya le expliqué al señor que estaba aquí antes estas contracciones son normales, yo voy a venir a chequearla. Tranquilo.-calmó la enfermera a Tom. Él estaba dándole la espalda a un Fran desconcertado apreciando aquella escena. Al parecer Tom aún no se había percatado de Fran.
-Es sólo que como soy el padre me preocupe por mi hijo y por ella.-respondió Tom. Me mordí el labio, Fer me miraba frunciendo los labios con ganas de asesinarme.
-Pero… pero el padre no era…-se confundió la enfermera.
-¡YO!-gritó Fran. Tom se giró y en su rostro pude ver al odio llegando.
-¡Yo soy el padre!-contradijo a Fran.
-Primero te quieres robar a mi novia y ahora a mi hijo.-le increpó enfadado.
-¡No soy tu novia!-gritó Fer.
-¡Mi ex!-corrigió Fran.
-¡Cálmense por favor!-me metí con una sonrisa tímida tratando de no hacer bulla.
-Mira francés imbécil. Ese bebé es mío. Fer te mintió, ¿Ok?
-¡Tú eres el que alucina que ese niño es tuyo! ¡Lárgate!
-A mí no me vas a botar.-Tom empujó a Fran y Fran correspondió con un empujón más fuerte.
-¡Tom cálmate!-intervino Bill cogiendo a su hermano.
La enfermera llamó a otros enfermero y muy enfadada los invitó a ambos a retirarse por las buenas.
-En todo caso que ella lo diga.-se detuvo Tom.-Fer, ¿De quién es el hijo?
Ambos chicos guardaron silencio. Fer los miraba hasta que se pronunció.
-Fran es el padre.-mintió nuevamente.
-¡Ahora retírense, por favor!-insistió la enfermera. Bill empujó a Tom ya que este miraba a Fer con pena para luego mirarme a mí.
-Contigo voy a hablar luego.-me dijo antes de desaparecer. Fran salió también quitándose las manos de los enfermeros de encima.
-¡¡Fer!! ¿Por qué insistes?
-¡Voy a matarte cuando este martirio termine! ¡Lo juro o dejo de llamarme Fernanda!
-¡Tom es el padre! Deja de insistir en lo mismo. Dile a Tom de una vez y deja de mentirle al pobre Fran. ¡Deja esta mentira!
-¡Qué fácil es decirlo! ¿Por qué no le dices a Bill que lo amas y que estás perdidamente enamorada de tu hermano? ¿Ah?
Me atacó por la retaguardia. Me quedé en silencio mirándola fijamente diciéndole todo lo que sentía con la mirada.
-Por eso mismo yo no puedo decirle a Tom que el bebé es mío.-finalizó girando hacia la ventana dejando una rebelde lágrima caer. Lo entendí por completo y me arrepentí de lo que hice. Eran asuntos de Fer. ¿Por qué diablos me metí?
Una nueva contracción la atacó abruptamente. Esperé a que se le pasara.
-Me quedaré contigo hasta el ansiado momento Fer.
-Gracias. Por estar aquí a mí lado y por haberlo estado siempre.
Sonreí.
Me senté en la silla de alado y tomando su mano, me quedé dormida. No sé cuánto tiempo pasó pero de pronto me aprietan la mano. Levanto la cabeza intentando abrir mis ojos.
-¡Vai!-me dice Fer casi sin habla.
-¿Fer?
-Llama a una enfermera.
Al oír la última palabra me pongo de pie asustada. Fer parecía estar delirando. Sus ojos parecían perder el control. Deja de moverse y pego un grito.
-¡ENFERMERA!
Salgo gritando y corriendo, completamente desesperada buscando una enfermera o doctor. Me pongo a llorar y siento unas manos tomándome de los hombros y sacudiéndome con fuerza.
-¡Perdió la conciencia, perdió la conciencia!-repito como máquina inmersa en mi llanto. No quería imaginar lo peor.
-¡Ya, tranquila! ¡Todo estará bien!-me consuela esa voz tierna y melodiosa. Es Bill. Lo miro a los ojos, no hay tiempo para pensar en él. Me giro y veo a Fran y Tom saliendo atrás de la camilla de Fer yendo a algún lugar en el hospital.
-¡Vamos a sala de partos y ustedes no pueden entrar! Sólo el padre.
-¡Yo!-hablan a la vez Tom y Fran. Se miran con ira y la enfermera los mira con rabia.
-Mirarán ambos a través de la ventana y espero que esto del padre se solucione pronto-afirmó.-Estas chicas de ahora...
Ingresan a la sala y el silencio llega a ese segundo piso del hospital. No dejo de sollozar mirando a la puerta y al reloj constantemente. Cada segundo parecía ser más largo. Otra vez el barullo comienza. Otra mujer, consciente, se iba a dar a luz de la mano de su esposo o novio.
Caigo en la cuenta de que Bill trae un brazo cruzando mi espalda y tomándome delicadamente de un brazo. Me alejo de él adrede y él lo nota. Limpio mis mejillas con el dorso de la mano y sigo ansiosa mirando a la puerta.
-Ella estará bien.-me anima Bill a una distancia prudente.
-Tú que sabes.-contesto tajante evitando ver su rostro.
-Lo sé porque Fernanda es fuerte. Lo que no entiendo es lo del hijo.
-Es de Tom. Fer prefiere mantener esta mentira porque…
Me detuve. La razón era porque detestaba a Tom. Lo aborrecía, casi lo odiaba. Sólo quería hacerle daño y hacerlo sentir miserable, tan miserable como cuando ella supo que no era la única en la vida del hombre a quien amaba. De la misma forma, lo quería, lo adoraba. No quería decir la verdad porque no podía vivir sin él. Porque lo necesitaba. Porque lo amaba.
Era exactamente lo que sentía por Bill a pesar de saber que estaba haciendo todo mal, como Fer. Y para eso si no teníamos excusa.
-¿Por qué, qué? –insistió.
-Porque… es mejor.-resolví en mi mente que era lo único que podía decir.
-Yo no veo nada ‘mejor’ ahí. Sólo mentiras que llevan a más mentiras que terminan lastimando a ambos y a un tercero involucrado que es el francés idiota.
-No tanto como Tom… o tú.
Su rostro giró con rapidez de la puerta a mí. De un paso se posicionó al frente mío. Miré a otro lado. El muy atrevido giró mi rostro hacia él bruscamente obligándome a mirarlo. Enfurecida, quité su mano de un golpe.
-¡No vuelvas a tocarme!-lo amenacé.
-¿O qué?-me provocó. Al ver que yo no dije nada, él habló.-Ahora tú me vas a escuchar. Tú y Fer son un par de estúpidas. En especial tú.-lo miré indignada.- No se dan cuenta de lo que están perdiendo por culpa de sus mentiras y jueguitos tontos. Por su orgullo, van a arrepentirse el resto de su vida. Ustedes solas se están negando la felicidad… la oportunidad de tener amor en sus vidas nuevamente.
-¡A mí no me hables de amor ni a ella tampoco!-refuté.-Creí en el así como ella y por ese gran error, hoy lo estamos pagando muy caro. Mira nada más como terminó ella. Y mira como terminé yo. Sola, llorando casi todas las noches y arrepintiéndome de mí matrimonio.
-¡Ja! ¡Y ahora te pones a hablar de Andreas como si alguien estuviera hablando de él!-cruzó los brazos.- ¡No te hagas la inocente y lastimada!
-¿Perdón?-logré articular con la poca paciencia que me quedaba.
-¿Crees que soy de piedra? ¿Crees que soy tu juguete y que debo estar atrás tuyo todo el tiempo?
-¡Y quién está hablando de ti! ¡No te hagas la víctima que no te queda!-musité cruzando los brazos también.
-¡Ah! No estamos hablando de mí.
-¡No, sino de Fer!
-Mira Violet.-habló con lentitud y serenidad de pronto.-Yo he perdido mucho tiempo por estar pensando en ti… te casaste y si tu matrimonio fracasó fue por tu culpa. Yo estuve ahí humillándome todo este tiempo, arrastrándome por un poco de ti. Limosneando tu amor. –su voz comenzó a temblar y sus ojos empezaron a brillar. Podía ver las lágrimas rozando sus largas pestañas. Deseé ser ellas con tal de estar tan cerca a él…-Ahora que quiero rehacer mi vida, vienes tú con tus celos enfermizos refutándome muchas cosas. ¿Y sabes qué? ¡No es justo! ¡Me voy a casar! Aunque no la ame, lo intentaré. A lo mejor me va bien.
-Mi matrimonio fracasó por mi culpa.-repetí sin poder contenerme y comenzar a llorar incontrolablemente. Bill se calló y tapó sus labios como evitando decir alguna otra tontería más.
-No, no quise decir eso. Quise decir…
-Por mi culpa…-repetí nuevamente. Intentó limpiar mis lágrimas pero lo evité.
-Vai…
-¡Por mi culpa!-grité. Me di media vuelta y a paso rápido pensé en… desaparecer. Por lo menos de ese lugar, donde sea. Vi el letrero de salidas de emergencia, una puerta grande que daba salida a las gradas. Ahí me metí, con Bill atrás mío.
Bajé las gradas lo más rápido que pude, pero él me ganó poniéndose delante de mí.
-¡No vayas a dejar a Fer sola!-intentó hacerme reflexionar.
-¡Muévete!-chillé.
-¡Vai, me refería a…!
-¡Siempre me haces sentir mal! Me haces acordar a todo lo malo en mi vida. Eres un desastre. ¡Eres el causante de las desgracias de mi vida! ¡Déjame en paz!
-¡Vai, escúchame!-levantó la voz.
Quise seguir bajando yéndome por su costado, pero de un jalón me mandó a la pared, acorralándome.
-¡ESCÚCHAME!-gritó fuertemente asustándome y dejándome paralizada.- ¡Tú nunca escuchas nada, ese es tu gran problema! –Continuó gritando.- ¿Qué parte de te amo y no puedo vivir sin ti no entiendes?
Lo miro a los ojos y niego con la cabeza.
-Tú dijiste que por mi culpa…
-¡No me dejaste explicarte! No quise echarte sobre los hombros el peso de ese problema de tu matrimonio que es de dos.
-Pero Andreas al parecer no lo carga. No le importa.
-Cuando dije que tu matrimonio fracasó por tu culpa no quise decir que eres el error si no que… cometiste un error al escogerlo a él y no a mí. Al que siempre te amó… si tú no te hubieras casado con él, tú no hubieras sufrido.
-Pero lo hice, nos casamos y sufrí. Así son las cosas.-le dije muy pesimista o quizás cansada de soñar con el amor perfecto.
-Pero puedes cambiar eso. Yo sigo mendigando tu amor. Sigo esperando a que me caiga una migaja de pan tuyo. Sigo aquí.-me reclamó bajando la voz por completo, regresando a su tono pasivo, suave.
Suspiré, me miraba con ojos “de borrego degollado” como dicen algunos. Nuestros rostros tan cerca, siempre a un paso de besarnos y siempre algo interrumpiendo.
-Eres mi hermano.-afirmé con la voz quebrada, señalando lo absurdo que sonaba lo que él decía.
-Sólo dime que me amas como yo a ti…- suplicó mientras recorría una lágrima toda su suave mejilla.
Me quedé mirando esos ojos color almendra que yo alguna vez amé, que deseé que me miraran, esos ojos que aún amaba. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Fer entendería de que por el mismo hecho de no poder decirle que lo amaba, terminaría diciéndole que lo amaba. Terminaría siendo honesta. Ellos se lo merecían, ya basta.
¡Basta de mentiras, Violet! -Me dije a mi misma mentalmente.
-Bill… te amo, te amo con toda mi alma, con todo mí ser, con todo mi cuerpo, con todas las lágrimas que derramé por ti. Pero en un mundo como este, jamás podremos estar juntos. Dos hermanos no pueden amarse de la forma en que nos amamos. Yo no quiero que nos califiquen, que califiquen el amor que sentimos.
-No me importa el qué dirán.-recalcó concentrándose muy bien en cada palabra que salían de mis labios.
-Es un mundo lleno de prejuicios. Si algún periodista viene por aquí y nos ve así, tu carrera se echa a perder.
-No me importa.-buscó mis labios pero lo detuve.
-A mamá sí. Nuestra familia, Bill. Tom… tu novia, tus fans. Gordon… ¿Ellos qué?
Su silencio me lo dijo todo, desvió la vista de mis ojos, pero sus manos seguían a cada lado de mi cabeza, aprisionándome entre la pared y él. Llevé una mano a su rostro y lo acaricié con ternura que no había experimentado en años. Hace tanto tiempo no lo tocaba con afecto, devoción, cariño. Se aferró a mi mano cerrando los ojos, pensativo o recordando viejos tiempos.
-Pero… nos amamos… ellos lo tendrán que comprender.-continuó dando excusas, intentando hallar aún esperanza.
-Bill… no en esta vida. Quizá en otra reencarnación tú y yo nos podamos amar sin barrera alguna.
-Déjame besarte.-inquirió al parecer sin escuchar nada de lo que dije. Fruncí el ceño y miré sus labios con deseo, así como el miraba los míos.
-Bésame.-susurré.
Sus labios tocaron los míos al fin. Yo esperaba la molesta interrupción que nos bajara de las nubes, que nos expulsara de nuestro paraíso divino…
Pero nada nos interrumpió.
Abrí los labios dejándolo besarme, besándolo yo también, reviviendo los días de nuestro glorioso amor en el que dos adolescentes no pensaban en el tiempo ni en nada. Sólo en su amor. Ahora éramos dos adultos que conocían las consecuencias y conociéndolas, queríamos evadirlas o quizá darnos un último adiós. Se aproximó más a mí, podía sentir el calor de su cuerpo. Sus labios tan suaves no habían perdido el toque que yo tanto amaba. Sentí celos al recordar que otra mujer los disfrutaba también y los deseaba tanto como yo. Contra resté el recuerdo con el dolor que Bill sintió al verme casada con su mejor amigo. Eso debía de ser peor. Una de sus manos tocó mi cintura, yo con la otra mano lo acerqué más a mí, la pasé por debajo de uno de sus brazos hasta llegar a su espalda. Una onda de calor recorrió mi cuerpo y sentí necesidad de ir más lejos. Quería más. De un tierno besito, pasó a convertirse en un beso desesperado, apresurado, salvaje. Estábamos prácticamente devorando nuestros labios. Ambas de sus manos pasaron por debajo de la parte de arriba de mi pijama rozando mi cintura, paseando por mi espalda desnuda escarapelándose al contacto de las yemas de sus dedos. Él también quería más, pero no podíamos continuar.
Detuve sus manos y sus besos. Me miró confuso.
-Aún así, tú te vas a casar.-afirmé separándolo de mi cuerpo y haciéndome espacio para subir de nuevo al segundo piso.
-Yo no…
-No digas nada. Tú ya sabes que te amo. Esa es la verdad.
