viernes, 10 de febrero de 2012

13°CAPÍTULO





Esta vez oí un vaso estrellarse contra algo. El silencio se oía por parte de Tom. Yo esperaba que reaccionara así. Sonreí.
-¿Tom? Estoy en el hospital del entro. Espero hayas recapacitado en cuanto a tu relación con Fer.
-Vai… dime que no es una broma.
-No.
-Y… ¿Qué va a ser?
-¿Qué cosa?-inquirí extrañada sin captar la pregunta.
-¡El bebé!-respondió atareado.
-Ah…. Eh…

Pues ahora que lo pensaba… no le había preguntado a Fer. ¡Pero qué clase de  mejor amiga soy si ni le pregunté! ¿Cómo es posible que yo no sepa?
-¡Violet!-me apuró.
-¡No sé! ¡No sé! Olvidé preguntarlo. Mira, vente rápido y averígualo por tu cuenta. Tú eres el padre.

Colgué al ver pasar a mucho personal médico a sala de parto. Tapé mi rostro evadiendo pensamiento malo alguno y me puse de pie de inmediato siguiéndolos. Vi por el pequeño espacio visible que dejaban al abrir la puerta a Fer retorciéndose de dolor y varios sujetándola muy  fuerte. Había un hombre en el piso rodeado de enfermeras.
-¡Señorita retírese!-recibí una llamada de atención por parte de una mujer regordeta de labios rojos intensos.- ¡Está bloqueando la puerta!
-Perdón… Es que ella es mi amiga y…

La mujer no se interesó por mi respuesta. Si hubiera podido mandarme a sentar de una patada, lo hubiera hecho.  Me moví de la puerta y me quedé parada mordiéndome el labio algo preocupada. Pasaron 10 minutos cuando salió un doctor buscando a alguien. Me atravesé en su camino asustándolo.
-¡Soy amiga de la señora ahí adentro!
-¿Violet Kaulitz?-preguntó quitándose los anteojos. Típico. El médico estaba guapo.
-Sí.-contesté borrando atisbo de preocupación de mi rostro y ahora mostrando una sonrisa tímida.
-Bien… ella está bien y estable al fin.
-¿Estable? ¿Le pasó algo? ¿Todo está bien? ¿Fer está bien?-regresó mi angustia.
-Tranquila.-levantó una mano colocándola en mi hombro.-Está bien. Quien sufrió las consecuencias fue un enfermero que fue golpeado por la señora. Suele pasar con mujeres en dolores de parto.-lo dijo muy tranquilo como si fuera cosa de cada día. ¡Vaya!
-¡Oh!...
-Ella aún no dará a luz. Falta dilatación. Probablemente entre en trabajo de parto mañana. Por mientras seguirán los dolores y se medirá la constancia y duración de cada uno. Una enfermera la visitará cada media hora.
-Bien.
-¿El padre?-susurró frunciendo el seño acercándose un poco a mi oreja.
-Ya viene, está en camino.
-¡Violet!-me llamaron por detrás. Me giré. Era nada más y nada menos que Fran. Se me fue la sangre de la cara. Tragué saliva.-el padre llegó.-finalizó su oración sonriendo. Mi pregunta era: ¿Cómo diablos se enteró? 
-¡Mucho gusto!-saludó el doctor con un apretón de mano. Yo miraba anonadada.-Su mujer está estable y el bebé vendrá mañana probablemente. Debo retirarme mil disculpas. –le sonrió a Fran.
-Gracias, Doctor…
-Tom Harrison a su servicio. Adiós señorita.-lo dijo dulcemente para darse la vuelta… encima se llamaba Tom… ¡Qué coincidencia!
Apenas el doctor desapareció de mi vista, me giré para preguntarle a Fran…
-¿Cómo diablos te enteraste?
-¿Me estás gritando? ¡Me siento indignado! Está bien que yo y Fer ya no tengamos ninguna relación, pero eso no quita el hecho de que no me informen de que mi hijo o hija está por venir.
-¿No sabes el sexo del bebé?
-No, Fer no quiso averiguarlo hasta el nacimiento.

Hasta él lo sabía y yo no.
-¡Cómo sea!-me di media vuelta. Tom iba a venir, Fran estaba aquí. Ambos creían que el niño era de ellos.
-Ya vengo.-me dijo. Se fue y me di cuenta que fue en dirección a la habitación de Fer, lo seguí.

Él entró, la vio y se acercó a ella soltando su corbata.
-Fernanda. Debiste avisarme.

Fer, que parecía dormida, abrió los ojos y al verlo su rostro empezó a transformarse. De lo pasiva y tranquila que estaba, casi angelical, sus ojos se llenaron de fuego y su rostro se arrugó.
-¡Lárgate! ¿Me estás diciendo a mí que debí avisarte? ¡Yo soy la madre y hago lo que me da la gana! ¡Ahhhh!

Una contracción apareció. Yo sólo atiné a ir a su lado y tomar su mano y dejarla que me la apretara. Debo decir que me dolía. Pero si dejar que Fer se desquite conmigo iba a calmarla, el dolor no importaba.

-¡Dios, mi hijo! ¡Enfermera!-gritó Fran asustado corriendo hacia la puerta. Llegó una señorita alarmada para chequear a Fer y decirle lo mismo que me dijo el doctor.
-Vendré a chequearla luego.  Aún falta dilatación. Cálmese señor.

Fer oprimía los ojos con fuerza, aguantando el dolor hasta que poco a poco fue recuperando la compostura.
-Al fin veré y sabré si mi bebé es niña o niño.-susurró Fran mirando el vientre de Fer con ternura. La enfermera sonrió y se retiró. Yo me mordía la lengua para no decir nada bobo. Aparte, Tom estaba por venir.
-Vai…-dijo entre dientes Fer abriendo los ojos. Fran también se acercó.
-Fer, ¿Te sientes bien?-inquirió.
-¡Y tú qué diablos crees! ¿Me ves bien, idiota?-respondió tajante y muy mal humorada.
-Qué cariñosa estás.-afirmó él con ironía justo cuando su celular sonó. Salió de la habitación dejándonos solas.
-¿Por qué le dijiste? ¡Si el doctor le dice algo de mis 8 meses me muero!
-¡Yo no lo llamé! No sé cómo lo supo. A quien si llamé fue… a otra persona.-evadí su mirada. Sentía como me fulminaba con ella.
-¡Fer!-entró ¡TOM! Seguido de Bill quien me dio un vistazo rápido para ir al lado de su hermano. El estómago se me revolvió. Primero porque Fran estaba por ahí, afuera y Tom aquí. Segundo por ver a Bill, tenerlo tan cerca. Miré por la puerta y vi a Fran que ya cortaba su celular y se dirigía hacia la habitación. Miré a Fer, luego a Tom y finalmente a Fran. Fer me miró angustiada. Solté su mano y salí corriendo.
-¡Fran! ¡Qué linda corbata tienes!-mentí llevándomelo al encuentro y empujándolo algo agresiva. Fran frunció el seño  y Fer comprendió todo. Tom iba a girar a la puerta al oír mi voz pero Fer le dio una cachetada no sé si para evitar que mire en mi dirección o para desquitarse. Quizá para ambas opciones.
-¡Au!-se quejó Tom.
-¡Eres un idiota! ¡Te odio tanto…!
De nuevo otra contracción, Fer cerró los ojos y sostuvo su vientre. Tom y Bill se asustaron.
-¡Voy a llamar a la enfermera!-le  dijo Tom decidido a salir de la habitación.
-¡No!-chilló Fer inaudiblemente. Bill tomó su mano siendo también víctima de la fuerza de mi amiga. Sólo hizo una mueca de dolor.

-¿Vai? Qué te pasa.-me dijo Fran al verme algo nerviosa.
-No, nada. Es Fer ella está molesta y…
Justo vi salir a Tom de la habitación gritando enfermera. Fran quiso girar y sólo atiné a voltearle la cara con ambas manos. Nos quedamos mirando por unos segundos. Él seguía confundido.
-¿Qué… qué haces?-inquirió.
-Nada. Es sólo que… ¡Quiero que me escuches! Es eso.
-Violet, quieres llamar mi atención… no me digas que tú…
Guardé silencio intentando hallar su indirecta. Cuando lo comprendí, me indigné.
-¿¡Qué!? ¿Qué quieres decir?-quité mis manos de su rostro y me crucé de brazos.
-Me mirabas de una forma extraña como si yo… te…
-¡No me gustas!-chillé molesta.
-¡Pero tomaste mi rostro para acercarlo más al tuyo! Yo pensé que…
-¡Pensaste mal! ¡Claro que no me gustas, por Dios!-lo interrumpí.
Me giré enfadada. Esto me pasaba  por culpa de Fer. Si ella no hubiera mentido respeto al padre… y si yo no hubiera llamado a Tom.
-Mira… si yo te hubiera conocido antes de que te casaras con Andreas y antes de conocer a Fer, quizá lo nuestro habría funcionado pero…
-¡Aaaah, cállate!-grité tapándome los oídos para evitar escucharlo.-No menciones a Andreas  y tampoco hables de lo nuestro. ¡Por Dios, Françoise! ¿Es que acaso tú…? ¿Fran?

Al girarme, él ya no estaba. Me golpeé la cabeza  con una mano y entré  a la habitación.
-Como ya le expliqué al señor que  estaba aquí antes estas contracciones son normales, yo voy a venir a chequearla. Tranquilo.-calmó la enfermera a Tom. Él estaba dándole la espalda a un Fran desconcertado apreciando aquella escena. Al parecer Tom aún no se había percatado de Fran.
-Es sólo que como soy el padre me preocupe por mi hijo y por ella.-respondió Tom. Me mordí el labio, Fer me miraba frunciendo los labios con ganas de asesinarme.
-Pero… pero el padre no era…-se confundió la enfermera.
-¡YO!-gritó Fran. Tom se giró y en su rostro pude ver al odio llegando.
-¡Yo soy el padre!-contradijo a Fran.
-Primero te quieres robar a mi novia y ahora a mi hijo.-le increpó enfadado.
-¡No soy tu novia!-gritó Fer.
-¡Mi ex!-corrigió Fran.
-¡Cálmense por favor!-me metí con una sonrisa tímida tratando de no hacer bulla.
-Mira francés imbécil. Ese bebé es mío. Fer te mintió, ¿Ok?
-¡Tú eres el que alucina que ese niño es tuyo! ¡Lárgate!
-A mí no me vas a  botar.-Tom empujó a Fran y Fran correspondió con un empujón más fuerte.
-¡Tom cálmate!-intervino Bill cogiendo a su hermano.
 La enfermera llamó a otros enfermero y muy enfadada los invitó a ambos a retirarse por las buenas.
-En todo caso que ella lo diga.-se detuvo Tom.-Fer, ¿De quién es el hijo?
Ambos chicos guardaron silencio. Fer los miraba hasta que se pronunció.
-Fran es el padre.-mintió nuevamente.
-¡Ahora retírense, por favor!-insistió la enfermera. Bill empujó a Tom ya que este miraba a Fer con pena para luego mirarme a mí.
-Contigo voy a hablar luego.-me dijo antes de desaparecer. Fran salió también quitándose las manos de los enfermeros de encima.

-¡¡Fer!! ¿Por qué insistes?

-¡Voy a matarte cuando este martirio termine! ¡Lo juro o dejo de llamarme Fernanda!
-¡Tom es el padre! Deja de insistir en lo mismo. Dile a Tom de una vez y deja de mentirle al pobre Fran. ¡Deja esta mentira!
-¡Qué fácil es decirlo!  ¿Por qué no le dices a Bill que lo amas y que estás perdidamente enamorada de tu hermano? ¿Ah?

Me atacó por la retaguardia. Me quedé en silencio mirándola fijamente diciéndole todo lo que sentía con la mirada.
-Por eso mismo yo no puedo decirle a Tom que el bebé es mío.-finalizó girando hacia la ventana dejando  una rebelde lágrima caer. Lo entendí por completo y me arrepentí de lo que hice. Eran asuntos de Fer. ¿Por qué diablos me metí?

Una nueva contracción la atacó abruptamente. Esperé a que se le pasara.
-Me quedaré contigo hasta el ansiado momento Fer.
-Gracias. Por estar aquí a mí lado y por haberlo estado siempre.

Sonreí.

Me senté en la silla de alado y tomando su mano, me quedé dormida. No sé cuánto tiempo pasó pero de pronto me aprietan la mano. Levanto la cabeza intentando abrir mis ojos.
-¡Vai!-me dice Fer casi sin habla.
-¿Fer?
-Llama a una enfermera.

Al oír la última palabra me pongo de pie asustada. Fer parecía estar delirando. Sus ojos parecían perder el control. Deja de moverse y pego un grito.
-¡ENFERMERA!
Salgo gritando y corriendo, completamente desesperada buscando una enfermera o doctor. Me pongo a llorar y siento unas manos tomándome de los hombros y sacudiéndome con fuerza.

-¡Perdió la conciencia, perdió la conciencia!-repito como máquina inmersa en mi llanto. No quería imaginar lo peor.
-¡Ya, tranquila! ¡Todo estará bien!-me consuela esa voz tierna y melodiosa. Es Bill. Lo miro a los ojos, no hay tiempo para pensar en él. Me giro y veo a Fran y Tom saliendo atrás de la camilla de Fer yendo  a algún lugar en el hospital.  
-¡Vamos a sala de partos y ustedes no pueden entrar! Sólo el padre.
-¡Yo!-hablan a la vez Tom y Fran. Se miran con ira y la enfermera  los mira con rabia.
-Mirarán ambos a través de la ventana y espero que esto del padre se solucione pronto-afirmó.-Estas chicas de ahora... 

Ingresan a la sala y el silencio llega a ese segundo piso del hospital. No dejo de sollozar mirando a la puerta y al reloj constantemente. Cada segundo parecía ser más largo. Otra vez el barullo comienza. Otra mujer, consciente, se iba a dar a luz de la mano de su esposo o novio.

Caigo en la cuenta de que Bill trae un brazo  cruzando mi espalda y tomándome delicadamente de un brazo. Me alejo de él adrede y él lo nota. Limpio mis mejillas con el dorso de la mano y sigo ansiosa mirando a la  puerta.
-Ella estará bien.-me anima Bill a una distancia prudente.
-Tú que sabes.-contesto tajante evitando ver su rostro.
-Lo sé porque Fernanda es fuerte. Lo que no entiendo es lo del hijo.
-Es de Tom. Fer prefiere mantener esta mentira porque…

Me detuve. La razón era porque detestaba a Tom. Lo aborrecía, casi lo odiaba. Sólo quería hacerle daño y hacerlo sentir miserable, tan miserable como cuando ella supo que no era la única en la vida del hombre a quien amaba.  De la misma forma, lo quería, lo adoraba. No quería decir la verdad porque no podía vivir sin él. Porque lo necesitaba.  Porque lo amaba.

Era exactamente lo que sentía por Bill a pesar de saber que estaba haciendo todo mal, como Fer. Y para eso si no teníamos excusa.

-¿Por qué,  qué? –insistió.
-Porque…  es mejor.-resolví en mi mente que era lo único que podía decir.
-Yo no veo nada ‘mejor’ ahí. Sólo mentiras que llevan a más mentiras que terminan lastimando a ambos y a un tercero involucrado que es el francés idiota.
-No tanto como Tom… o tú.

Su rostro giró con rapidez de la puerta a mí. De un paso se posicionó al frente mío. Miré a otro lado. El muy atrevido giró mi rostro hacia él bruscamente obligándome a mirarlo. Enfurecida, quité su mano de un golpe.
-¡No vuelvas a tocarme!-lo amenacé.
-¿O qué?-me provocó. Al ver que yo no dije nada, él habló.-Ahora tú me vas a escuchar. Tú y Fer son un par de estúpidas. En especial tú.-lo miré indignada.- No se dan cuenta de lo que están perdiendo por culpa de sus mentiras y jueguitos tontos. Por su orgullo, van a arrepentirse el resto de su vida. Ustedes solas se están negando la felicidad… la oportunidad de tener amor en sus vidas nuevamente.
-¡A mí no me hables de amor ni a ella tampoco!-refuté.-Creí en el así como ella y por ese gran error, hoy lo estamos pagando muy caro. Mira nada más como terminó ella. Y mira como terminé yo. Sola, llorando casi todas las noches y arrepintiéndome de mí matrimonio.
-¡Ja! ¡Y ahora te pones a hablar de Andreas como si alguien estuviera hablando de él!-cruzó los brazos.- ¡No te hagas la inocente y lastimada!
-¿Perdón?-logré articular con la poca paciencia que me quedaba.
-¿Crees que soy de piedra? ¿Crees que soy tu juguete y que debo estar atrás tuyo todo el tiempo?
-¡Y quién está hablando de ti! ¡No te hagas la víctima que no te queda!-musité cruzando los brazos también.
-¡Ah! No estamos hablando de mí.
-¡No, sino de Fer!
-Mira Violet.-habló con lentitud y serenidad de pronto.-Yo he perdido mucho tiempo por estar pensando en ti… te casaste y si tu matrimonio fracasó fue por tu culpa. Yo estuve ahí humillándome todo este tiempo, arrastrándome por un poco de ti. Limosneando tu amor. –su voz comenzó a temblar y sus ojos empezaron a brillar. Podía ver las lágrimas rozando sus largas pestañas. Deseé ser ellas con tal de estar tan cerca a él…-Ahora que quiero rehacer mi vida, vienes tú con tus celos enfermizos refutándome muchas cosas. ¿Y sabes qué? ¡No es justo! ¡Me voy a casar! Aunque no la ame, lo intentaré. A lo mejor me va bien.
-Mi matrimonio fracasó por mi culpa.-repetí sin poder contenerme y comenzar  a llorar incontrolablemente. Bill se calló y tapó sus labios como evitando decir alguna otra tontería más.
-No, no quise decir eso. Quise decir…
-Por mi culpa…-repetí nuevamente. Intentó limpiar mis lágrimas pero lo evité.
-Vai…
-¡Por mi culpa!-grité. Me di media vuelta y a paso rápido pensé en… desaparecer. Por lo menos de ese lugar, donde sea. Vi el letrero de salidas de emergencia, una puerta grande que daba salida a las gradas. Ahí me metí, con Bill atrás mío.
Bajé las gradas lo más rápido que pude, pero él me ganó poniéndose delante de mí.
-¡No vayas a dejar a Fer sola!-intentó hacerme reflexionar.
-¡Muévete!-chillé.
-¡Vai, me refería a…!
-¡Siempre me haces sentir mal! Me haces acordar a todo lo malo en mi vida. Eres un desastre. ¡Eres el causante de las desgracias de mi vida! ¡Déjame en paz!
-¡Vai, escúchame!-levantó la voz.

Quise seguir bajando yéndome por su costado, pero de un jalón me mandó a la pared, acorralándome.
-¡ESCÚCHAME!-gritó fuertemente asustándome y dejándome paralizada.- ¡Tú nunca escuchas nada, ese es tu gran problema! –Continuó gritando.- ¿Qué parte de te amo y no puedo vivir sin ti no entiendes?
Lo miro a los ojos y niego con la cabeza.
-Tú dijiste que por mi culpa…
-¡No me dejaste explicarte!  No quise echarte sobre los hombros el peso de ese problema de tu matrimonio que es de dos.
-Pero Andreas al parecer no lo carga. No le importa.
-Cuando dije que tu matrimonio fracasó por tu culpa no quise decir que eres el error si no que… cometiste un error al escogerlo a él y no a mí. Al que siempre te amó… si tú no te hubieras casado con él, tú no hubieras sufrido.
-Pero lo hice, nos casamos y sufrí. Así son las cosas.-le dije muy pesimista o quizás cansada de soñar con el amor perfecto.
-Pero puedes cambiar eso. Yo sigo mendigando tu amor. Sigo esperando a que me caiga una migaja de pan tuyo. Sigo aquí.-me reclamó bajando la voz por completo, regresando a su tono pasivo, suave.
 Suspiré, me miraba con ojos “de borrego degollado” como dicen algunos. Nuestros rostros tan cerca, siempre a un paso de besarnos y siempre algo interrumpiendo.
-Eres mi hermano.-afirmé con la voz quebrada, señalando lo absurdo que sonaba lo que él decía.
-Sólo dime que me amas como yo a ti…- suplicó mientras recorría una lágrima toda su suave mejilla.
Me quedé mirando esos ojos color almendra que yo alguna vez amé, que deseé que me miraran, esos ojos que aún amaba. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Fer entendería de que por el mismo hecho de no poder decirle que lo amaba, terminaría diciéndole que lo amaba. Terminaría siendo honesta. Ellos se lo merecían, ya basta.

¡Basta de mentiras, Violet! -Me dije a mi misma mentalmente.
-Bill… te amo, te amo con toda mi alma, con todo mí ser, con todo mi cuerpo, con todas las lágrimas que derramé por ti. Pero en un mundo como este, jamás podremos estar juntos. Dos hermanos no pueden amarse de la forma en que nos amamos. Yo no quiero que nos califiquen, que califiquen el amor que sentimos.
-No me importa el qué dirán.-recalcó concentrándose muy bien en cada palabra que salían de mis labios.
-Es un mundo lleno de prejuicios. Si algún periodista viene por aquí y nos ve así, tu carrera se echa a perder.
-No me importa.-buscó mis labios pero lo detuve.
-A mamá sí. Nuestra familia, Bill. Tom… tu novia, tus fans. Gordon… ¿Ellos qué?

Su silencio me lo dijo todo, desvió la vista de mis ojos, pero sus manos seguían a cada lado de mi cabeza, aprisionándome entre la pared y él. Llevé una mano a su rostro y lo acaricié con ternura que no había experimentado en años. Hace tanto tiempo no lo tocaba con afecto, devoción, cariño. Se aferró a mi mano cerrando los ojos, pensativo o recordando viejos tiempos.
-Pero… nos amamos… ellos lo tendrán que comprender.-continuó dando excusas, intentando hallar aún esperanza.
-Bill… no en esta vida. Quizá en otra reencarnación tú y yo nos podamos amar sin barrera alguna.
-Déjame besarte.-inquirió al parecer sin escuchar nada de lo que dije. Fruncí el ceño y miré sus labios con deseo, así como el miraba los míos.
-Bésame.-susurré.

Sus labios tocaron los míos al fin. Yo esperaba la molesta interrupción que nos bajara de las nubes, que nos expulsara de nuestro paraíso divino…

Pero nada nos interrumpió.

Abrí los labios dejándolo besarme, besándolo yo también, reviviendo los días de nuestro glorioso amor en el que dos adolescentes no pensaban en el tiempo ni en nada. Sólo en su amor. Ahora éramos dos adultos que conocían las consecuencias y conociéndolas, queríamos evadirlas o quizá darnos un último adiós. Se aproximó más a mí, podía sentir el calor de su cuerpo. Sus labios tan suaves no habían perdido el toque que yo tanto amaba. Sentí celos al recordar que otra mujer los disfrutaba también y los deseaba tanto como yo. Contra resté el recuerdo con el dolor que Bill sintió al verme casada con su mejor amigo. Eso debía de ser peor. Una de sus manos tocó mi cintura, yo con la otra mano lo acerqué más a mí, la pasé por debajo de uno de sus brazos hasta llegar a su espalda. Una onda de calor recorrió mi cuerpo y sentí necesidad de ir más lejos. Quería más. De un tierno besito, pasó a convertirse en un beso desesperado, apresurado, salvaje. Estábamos prácticamente devorando nuestros labios.  Ambas de sus manos pasaron por debajo de la parte de arriba de mi pijama rozando mi cintura, paseando por mi espalda desnuda escarapelándose al contacto de las yemas de sus dedos. Él también quería más, pero no podíamos continuar.

Detuve sus manos y sus besos. Me miró confuso.
-Aún así, tú te vas a casar.-afirmé separándolo de mi cuerpo y haciéndome espacio para subir de nuevo al segundo piso.
-Yo no…
-No digas nada. Tú ya sabes que te amo. Esa es la verdad.

12° CAPÍTULO


Me miró como era de esperarse. Extrañada, incrédula, desconfiada.
-¿Qué tú… qué?-repitió acercándose a mí.
Me puse de pie asustada. Estaba revelando algo que era demasiado personal para mí… nadie lo sabía. Nadie…
-Sí, sí. Es eso. Estoy enamorada de mi hermano y lo amo como él a mí. –me giré a ella.-Lo amo, Fer.

Fernanda se puso de pie me miró y fue directo a la puerta.
-Estás hablando estupideces. Probablemente tomaste mucho alcohol o…
-¡Fernanda, amo a Bill!-la tomé de los brazos obligándola a que me mire.
-¡Suéltame! Estas hablando tonterías. Mi paciencia se está acabando y esto le hace mal a mi bebé.
-¡Oh, lo siento! Tu bebé…-la solté de inmediato.  Salió de mi habitación, tomó su bolso y salió de casa sin decir nada.

Los días pasaron. Fui a mi entrevista de trabajo y me fue muy mal. No podía concentrarme en sus preguntas y sólo vivía pensando en lo que le dije a Fer. Apenas salí de ahí, me refugié en el consultorio de la psicóloga que me atendía desde que salí del hospital. Se llamaba Valentina, era latina. Me había ido bien con ella hasta ahora. Según yo, ella no sabía nada de mi relación con Bill. Nunca le conté mi pelea con Fer y bueno… sólo le contaba cosas que podía contarle. Ella era buena, me daba consejos y opciones y ya era de mí aceptarlas o no. Cómo sea me ayudaban mucho.
Me invitó a ir a Starbucks a tomar un chocolate. Acepté.
Nos sentamos, me contó un poco de cómo así se volvió psicóloga. Luego, inició un tema de conversación que yo evadía: Bill. ¿Por qué  todo parecía girar alrededor suyo? Ah, claro. Lo había olvidado. Porque él era mi sol, mucho más que mi mundo. Los mundos giran alrededor del sol y él no giraba alrededor de nada. Todo giraba alrededor del sol. Todo giraba alrededor suyo.
Yo hacía que todo girara alrededor suyo…  ¡Un perfecto trabalenguas!
-¿Bill?... es mi hermano.-le dije.
Sonrió. Sí, era una respuesta boba.
-Bueno… ¿Por qué de él?-me aclaré la garganta. Bebió un sorbo y me miró para luego sonreír.
-Violet, he notado que evitas hablar de él. Hablas de todos, en especial de tu ex esposo, menos de él. ¿Por qué?
-Hablar de mis hermanos no es importante.
-¿Ni hablar de Tom?
-Ni de él.-Ella frunció el ceño.
-Extraño. Mencionas a Tom siempre. –respondió poniéndome aún más nerviosa.
-¿En serio? No me doy cuenta.
-Mjm, seguramente. Vi en las noticias que se casará en poco tiempo con su hermosa novia.
-¿Hermosa? ¡Esa rubia es una…! Lo siento…-respiré profundo. Tranquila, Vai.
-No te cae. ¿Por qué?- colocó los codos en la mesa y me miraba ansiosa de una respuesta.
-Es rubia y… hueca.  No me parece que sea la chica adecuada. Además ni se conocen bien. Se arrepentirá.
-Ya entiendo. –afirmó moviendo la cabeza de arriba abajo.
-¿Qué entiende? –ya había escuchado eso antes y no nunca entendían.
-Tienes celos. Eres muy celosa y es tu hermano y eso es normal.-me explicó.

 ¿Ven que no entiende? Tampoco podía decirle nada… me pregunto que estará pensando Fer.

-¿Es… es normal? Uhm… Bueno, quizá si sea celosa.-fingí sorpresa. Me pregunto si sería lo suficientemente buena actuando.
-Cuéntame más, ¿Cómo te sientes cuando escuchas su nombre en la televisión o la ves en revistas?
-Mm… nada. Sólo la envidio porque… es bonita la tipa, hay que admitirlo. Como sea…

¡Y exploté!
-¡La ODIO! ¡Siempre que sale en la televisión, afirma lo feliz que es! ¡Siempre dice que Bill se va a casar con ella cuando Bill me ha dicho a mí que no la quiere y que no va a cometer tremenda estupidez! ¡Siempre que abre su linda boquita, salen tonterías! ¿Puede haber alguien más estúpido que ella? ¡No creo! ¿Por qué diablos Bill tuvo que meterse con lo primero que vio? ¿No pudo conseguir un mejor reemplazo? 
¡DIOS!
Terminé ofuscada con el corazón latiéndome a mil. Menos mal la música del lugar estaba elevada y la gente conversaba casi gritando. Nadie me escuchó, excepto los de mi costado.
-Ok. Nos vamos entendiendo. -Miró su chocolate mientras jugaba con la cucharilla en él. –Dijiste… mejor reemplazo, ¿No?

Me quedé pensando un segundo… si había dicho reemplazo… ¡Mío! Por supuesto… no debí haber dicho eso.
-¿Reemplazo?...
-Vai, entonces dime quien fue la ex que al parecer te cae mejor que Sophie.

¡Yo! Pero no podía decir eso. ¡No podía decirle nada! ¿Para qué tengo una psicóloga si no puedo contarle nada?
-Me tengo que ir. Hablamos luego. Gracias, Valen.
Me paré y salí de ahí dejando mi chocolate casi intacto. Una pena porque estaba bueno.

-Vai, Vai… y recién, finalmente, comenzamos la terapia.-murmuró la castaña bebiendo otro sorbo de su chocolate.


Me alejé de ahí rumbo a mi departamento. Llegué, y me encerré en el baño cuyo nuevo espejo ya estaba colocado. Me miré al espejo y respiré hondamente por 3 veces consecutivas. Salí de ahí, me puse mi ropa de dormir y decidí relajarme un poco. Fui al baño otra vez haciéndome en el camino  un moño en el cabello y colocándome una vincha. Busqué en mi cajón alguna buena mascarilla, tenía unas de maíz morado, otras de arcilla… encontré una de “Meaningful Beauty de Cindy Crawford”  fruncí el ceño. La saqué, limpié mi rostro quitando todo el maquillaje y me la eché. Guardé la mascarilla, cerré el cajón y fui en busca de mi refrigerador. Corté dos rodajas de pepinillo, fui al sofá de la sala y me tendí en él colocando las rodajas sobre mis ojos. Tendría otra entrevista de trabajo en dos días, Fer seguía molesta conmigo, tenía que pasar por la oficina del señor Oxford a recoger algunas cosas, Fer no me hablaba en días, Bill se iba a casar pronto… Fer estaba molesta conmigo…

¿Sería bueno tener una mascota?

Ahora que estaba sola, necesitaba de alguien por quien preocuparme, a quien amar, alguien que me espere en casa ansioso, alguien que se lleve mis problemas y me traiga nuevos.
No era mala idea.

Fui a mi entrevista de trabajo a los 2 días. En esta, me sentí más confiada. Podría decir que lo conseguí. El entrevistador era un hombre muy guapo. Piel nívea, ojos color almendra…  tenía algo parecido a Bill.

Decidí ir a caminar por el centro comercial a ver que había de nuevo y de paso me distraía. Aparecía ya ropa de invierno. Creo que necesito shampoo…  Me metí a una tienda a buscar eso y encontré alguna que otra cosa interesante sobre maquillaje.  Saliendo de ahí, no pude evitar detenerme en una tienda de mascotas. Había peces, gatos, perros, loros y muchos animales más que nunca había visto. Salí de ahí y regresé a casa. Fue cuando recordé que había refugios para animales y era mejor adoptar antes que comprar. Eran 5:30 pm así que me pasaría probablemente por ahí mañana.

Dormí temprano después de haber revisado los canales de chisme de estrellas. Esta vez ni Bill ni Sophie aparecieron así que opté por descansar. Pensé en tantas cosas antes de cerrar los ojos… tendría que esperar un buen tiempo para saber si obtenía el trabajo o no, Fer ya estaba en el octavo mes-para el resto en el noveno- y ya se acercaba el gran día… Tom aún no planeaba como decirle que se case con él… al parecer las cosas marchaban algo mal.

Pero como dicen, después de la tormenta viene la calma, en la oscuridad siempre hay una luz brillante escondida en alguna parte… pero presente siempre está.

Al día siguiente, un jueves recibí una llamada inesperada.
-¿Hola?-respondí bostezando una vez más. Eran 6:30 am y para mí era suicidio despertar a esa hora. ¿A quién se le ocurre llamar a esa hora? Tenía unas ganas de asesinar a quien sea estuviera del otro lado de la línea.
-¿Aló?-grité un poco irritada al percatarme que nadie respondía. Colgué el teléfono molesta y dispuesta a irme a dormir, pero sonó de nuevo.
-Hola.-contesté más seria que antes pero era lo mismo. Esta vez oí una respiración.-Mira, deja de llamarme a esta hora de la mañana para ni siquiera decir algo. Adiós.
-¡Vai, espera!-me contestaron al fin. Pude reconocer esa voz al instante. Era él.
-¿Bill? Pero… ¿Por qué no me respondías cuando…?
-Lo siento. Mi primer intento fue un fracaso. Lograba oír tu voz pero al parecer no escuchabas la mía y… en el segundo intento creí que pasaría lo mismo y por un momento olvidé por qué te llamaba.

Se quedó en silencio después de llenarme de sus explicaciones y excusas esperando a que yo dijera algo pero lo único que pasaba por mí mente era el por qué de su llamada. ¿Pedir disculpas?
-Ammm… Vai…
-¿Sí?
-Yo… quería explicarte por qué me fui ese día sin decirte nada y por qué no me he comunicado contigo desde hace tiempo.

Yo de alguna manera lo entendía y sabía que él también. Si él quería construir una vida nueva, tendría que empezar por alejarse de mí y de la idea de un reencuentro. Habíamos estado muy cerca de recordar viejos tiempos con un beso en varias ocasiones, pero si no pasaba era porque el destino lo quería así… siempre algo nos tenía que interrumpir.
-No… no es necesario. Tendrías tus razones.-lo disuadí.
-Vai… no quise dejarte sola pero… el hecho de que a pesar de lo que te hizo tú lo defendiste y yo…
-Dije que no necesitas darme explicaciones. Todo está bien. –lo interrumpí. Me senté en el sofá, ya estando bien despierta. –Bill, mejor ve a preparar todo para tu boda.
-No pienso…
-¡Ya la dejaste ir muy lejos! No puedes decir que no.
-No me puedes obligar a casarme con ella.-repuso con un ligero tono de enfado en su voz.
-Es cierto, es tú decisión.

La puerta sonó, una muy buena excusa para deshacerme de Bill por ahora.
-Violet…
-Bill, la puerta suena. Me tengo que ir. Ah, un favor… no me llames. Adiós.

Corté de inmediato para evitar escuchar lo que diría al oír mis palabras. Fui a la puerta y miré por el huequito.
¡ERA FER!

Me asusté por un momento. Abrí la puerta lo más rápido que pude. Nos quedamos mirando por unos segundos y ella habló.

-Violet… mi bebé creo que está en camino. Es el octavo mes en realidad y… tengo miedo.-sus últimas palabras salieron de sus labios con dificultad y rompió en llanto. No supe si abrazarla. O sea ¡SÍ! Tenía que hacerlo pero no sabía si ella me rechazaría.
-Pasa, Fer. Te prepararé algo caliente. Era por ley prepararle algo caliente a alguien en situaciones difíciles o tristes. Sheldon Cooper lo dijo.

Se sentó en la sala. A pesar de tener los ojos rojos se veía linda con su vestido de maternidad. Era  de color coral sujetado con una correa muy delgada bajo el busto hasta su espalda. Traía unas botas hasta el tobillo del mismo color y con el taco un poco alto. Arregló su cabello un poco y luego siguió llorando. Le llevé un mate y lo dejé en la mesita.


-¿Qué tal si es prematuro? O ¿Qué tal si nace mal?-empezó con los malos presagios.
-¡Fer! ¡No digas eso! No puede ser prematuro ya tiene 8 meses. Es más, tiene que nacer ahora. Para los demás es el noveno mes. Hay bebes que nacen en el octavo y es normal para primerizas, pero no he escuchado de bebés que nazcan en un décimo mes. ¿Me entiendes?
-No.-susurró para seguir llorando. Carraspeé.
-Fer… ok. Esto del noveno mes es una mentira, ¿no?-asintió. –Entonces para seguir con el  “cuento” el bebé ya debería nacer por estos días. Así lo esperan los demás, ¿no?-asintió nuevamente.- Tú dices que el bebé está en camino lo cual es perfecto para tu plan. Pero, afrontando la realidad, el bebé tiene en realidad 8 meses, lo que está bien para una primeriza según he oído. Si el bebé logra cumplir los 9 meses  para ti y para mí qué sabemos la verdad, para el resto serán 10 meses lo cual es… raro.
-¡Dios mío! ¿En qué me he metido? ¡Soy una estúpida en mayúsculas!
-Fer, yo te dije que todo tiene consecuencias y…
-¡No me digas eso!- me interrumpió.- ¡Tú muy bien sabes que todo tiene consecuencias como lo que sea que tienes con tu hermano!

Me callé de inmediato. Nunca imaginé que Fer me atacaría con eso. No sé cuánto tiempo me quedé en silencio.
-Todos tenemos problemas-musité pausadamente. Me sentí incómoda de pronto.
-Vai… no quise…
-No tienes ni idea por lo que estoy atravesando, Fernanda. Para ti será repugnante, prohibido o lo que sea. Para mí es… es demasiado. Ver que la persona que más amé en este mundo duerme en los brazos de otra y que está preparando su boda para casarse con otra. ¿Sabes cuán difícil es? Y yo no sé cuánto más podré soportar.
 Una lágrima descendió por mi mejilla delicadamente, como si deseara no tocarme o pasar desapercibida. Yo siempre evadía la situación, el hecho de que mi hermano se casaría. Evadía mis sentimientos, lo evadía a él. Por más fuerte que me mostrara, por más fría que fuera… no admitía que lo quería a él.
-Violet… no tengo idea. Pero si te diré que… estás cometiendo incesto y eso no…
-Lo sé. Por eso nadie lo sabe. Sólo él y yo. Ahora tú, y deberás guardar este secreto… eres mi mejor amiga y por eso mismo  te lo conté. Ese ha sido el mayor problema de mi vida que tú no sabías y que siempre te oculté. Perdón por ello…
-No… bueno, quizá no entienda, Vai y me dé un poco de… tú sabes, pero siempre serás mi mejor amiga y a pesar de todo yo te…-se tomó el vientre haciendo una mueca de dolor.  La miré asustada y quedé inmóvil esperando a que dijera algo. Su rostro volvió al de antes, me miró y me dijo con miedo en su voz.
-Vai, creo que son los dolores de parto.
Comenzó a llorar otra vez. Tomé las llaves de mi auto, el celular y me puse una casaca larga encima de mi pijama y la ayudé  a pararse.
-Vamos al hospital, Fer. Ya es hora.

En el camino, Fer moría de dolor y no hallaba que hacer. Sólo lloraba y repetía que tenía miedo. Eso me espantaba y juré nunca tener un hijo. Estaba tan nerviosa que incluso olvidé el camino al hospital.
-¡Por Dios, Violet! ¡Encuentra el maldito camino ya! ¡No aguanto!-gritó y me maldijo después. Dijo que me odiaba, que odiaba a Tom, odiaba a todos los malditos hombres de este mundo. Insultó a Andreas a Fran…
-¡Ay, cállate! ¡CÁLLATE! Por favor, no grites más. ¡¿No ves que me pones nerviosa?!-chillé al borde de la desesperación.
-¡¿NO ENTIENDES QUE ME DUELE?! Por la p…
-¡Basta, basta! Si sigues gritando, jamás recordaré la ruta al hospital. ¡Dios mío, ilumíname!-golpeé mi cabeza con el timón repetidas veces comenzando a llorar. El conductor del vehículo atrás nuestro tocó el claxon fuertemente  quitándome abruptamente de mi burbuja de angustia. Me insultó y pasó por mi lado mirándome mal. Me sentí tan mal que rompí en llanto. Éramos 2 mujeres llorando, una con dolores de parto y la otra perdida.
-¡Te juro, Violet Kaulitz que cuando dé a luz, voy a matarte!-gruñó una vez más para doblarse de dolor nuevamente.
-¡Fer, perdón! Te estoy fallando y encima el señor me insultó y me dijo…
-¡Me interesa una  mierda lo que ese tipo te dijo! ¡AAAAAAAAAAAAHHHH! ¡Llévame al hospital o me bajaré del auto e iré caminando!
-¡Si tan sólo me ayudaras a recordar la ruta al hospital! –Sollocé-… tanto que te quejas y yo…
-¡Quieres que te ayude cuando yo estoy por dar a luz muriendo de dolor!-refutó interrumpiéndome muy enfadada.
Arranqué el auto limpiándome las lágrimas.
-Vamos a calmarnos, Fer. Hay que respirar y expirar.

La miré por el espejo retrovisor y estaba retorciéndose de dolor.  Me limpié los ojos y seguía avanzando lentamente con el auto hasta que vi a un policía y entonces aceleré haciendo que Fer por poco cayera.
-¡Perdón, perdón!  Me detuve al lado del policía y le hice señas para que se acercara. Al ver a Fer se ofreció a llevarnos. Yo me fui al asiento del copiloto y el joven policía manejó al hospital. Intenté ayudar a Fer, claro que fue en vano. Al llegar, la subieron a una silla de ruedas y se la llevaron muy rápido. Yo bajé corriendo tras ella olvidando por completo mi auto. Si no era el policía que me gritaba, lo hubiera dejado encerrado en el auto.
-Usted no puede pasar.-me indicó un enfermero dejándome fuera del la sala. Respiraba agitada tratando de calmarme, preguntándome si el bebé no estaría en peligro por todo el tiempo que me demoré buscando el hospital… podría tener el cordón umbilical alrededor del cuello y…

¡No, no quiero ni pensarlo!

Fue entonces cuando caí en la cuenta de que traía mis babuchas de conejitos blancos y pomposos puestas. Me vi en el reflejo de la ventana y me veía muy… divertida.  Mi pijama era de dos piezas pequeñas. Un short corto y un top azul con rosas rosadas. Mi casaca café me llegaba a la mitad de los muslos y me di cuenta que unos enfermeros y doctores me miraban del otro lado de la ventana. Sonreí a medias y me fui de ahí muy rápido, algo avergonzada. Trataba de taparme con las manos algo, no era muy útil. Me senté en una de las sillas de espera rodeada de gente nerviosa cuyas miradas se dirigieron a mis babuchas de conejitos. Disimulé la vergüenza y miraba a otro lado cuando recordé que  había olvidado avisarle al padre.
-¿Aló?-contestó con la boca algo llena.
-Tom… soy Vai.
-¿En serio?-bromeó.
-Tom… estoy en el hospital.
Oí que un cubierto se estrelló contra el plato. Esperaba ansiosa a que preguntara el por qué.
-¡Espera, espera!-gritó Tom aunque su voz la escuché más lejos que antes.
-¿Vai? ¡No me digas que hiciste algo malo otra vez! ¿Qué tienes? ¡Estás bien!-era la melodiosa voz de Bill atropellando las palabras

-Vai… ¿Estás bien?-preguntó tímidamente.
-Sí, yo sí… quería hablar con Tom.
-¿Pasa algo? Yo puedo darle el mensaje, Vai, además…
-¡Quiero hablar con Tom!-alcé la voz algo desesperada.-¿Me lo pasas?
-Claro…-susurró… me sentí un poco mal pero no había tiempo para eso.
-Habla enana.-regresó Tom algo más tranquilo al no ver a Bill preocupado.
-Tom… seré directa: Fer está a punto de dar a luz.