Me miró como era de esperarse. Extrañada, incrédula, desconfiada.
-¿Qué tú… qué?-repitió acercándose a mí.
Me puse de pie asustada. Estaba revelando algo que era demasiado personal para mí… nadie lo sabía. Nadie…
-Sí, sí. Es eso. Estoy enamorada de mi hermano y lo amo como él a mí. –me giré a ella.-Lo amo, Fer.
Fernanda se puso de pie me miró y fue directo a la puerta.
-Estás hablando estupideces. Probablemente tomaste mucho alcohol o…
-¡Fernanda, amo a Bill!-la tomé de los brazos obligándola a que me mire.
-¡Suéltame! Estas hablando tonterías. Mi paciencia se está acabando y esto le hace mal a mi bebé.
-¡Oh, lo siento! Tu bebé…-la solté de inmediato. Salió de mi habitación, tomó su bolso y salió de casa sin decir nada.
Los días pasaron. Fui a mi entrevista de trabajo y me fue muy mal. No podía concentrarme en sus preguntas y sólo vivía pensando en lo que le dije a Fer. Apenas salí de ahí, me refugié en el consultorio de la psicóloga que me atendía desde que salí del hospital. Se llamaba Valentina, era latina. Me había ido bien con ella hasta ahora. Según yo, ella no sabía nada de mi relación con Bill. Nunca le conté mi pelea con Fer y bueno… sólo le contaba cosas que podía contarle. Ella era buena, me daba consejos y opciones y ya era de mí aceptarlas o no. Cómo sea me ayudaban mucho.
Me invitó a ir a Starbucks a tomar un chocolate. Acepté.
Nos sentamos, me contó un poco de cómo así se volvió psicóloga. Luego, inició un tema de conversación que yo evadía: Bill. ¿Por qué todo parecía girar alrededor suyo? Ah, claro. Lo había olvidado. Porque él era mi sol, mucho más que mi mundo. Los mundos giran alrededor del sol y él no giraba alrededor de nada. Todo giraba alrededor del sol. Todo giraba alrededor suyo.
Yo hacía que todo girara alrededor suyo… ¡Un perfecto trabalenguas!
-¿Bill?... es mi hermano.-le dije.
Sonrió. Sí, era una respuesta boba.
-Bueno… ¿Por qué de él?-me aclaré la garganta. Bebió un sorbo y me miró para luego sonreír.
-Violet, he notado que evitas hablar de él. Hablas de todos, en especial de tu ex esposo, menos de él. ¿Por qué?
-Hablar de mis hermanos no es importante.
-¿Ni hablar de Tom?
-Ni de él.-Ella frunció el ceño.
-Extraño. Mencionas a Tom siempre. –respondió poniéndome aún más nerviosa.
-¿En serio? No me doy cuenta.
-Mjm, seguramente. Vi en las noticias que se casará en poco tiempo con su hermosa novia.
-¿Hermosa? ¡Esa rubia es una…! Lo siento…-respiré profundo. Tranquila, Vai.
-No te cae. ¿Por qué?- colocó los codos en la mesa y me miraba ansiosa de una respuesta.
-Es rubia y… hueca. No me parece que sea la chica adecuada. Además ni se conocen bien. Se arrepentirá.
-Ya entiendo. –afirmó moviendo la cabeza de arriba abajo.
-¿Qué entiende? –ya había escuchado eso antes y no nunca entendían.
-Tienes celos. Eres muy celosa y es tu hermano y eso es normal.-me explicó.
¿Ven que no entiende? Tampoco podía decirle nada… me pregunto que estará pensando Fer.
-¿Es… es normal? Uhm… Bueno, quizá si sea celosa.-fingí sorpresa. Me pregunto si sería lo suficientemente buena actuando.
-Cuéntame más, ¿Cómo te sientes cuando escuchas su nombre en la televisión o la ves en revistas?
-Mm… nada. Sólo la envidio porque… es bonita la tipa, hay que admitirlo. Como sea…
¡Y exploté!
-¡La ODIO! ¡Siempre que sale en la televisión, afirma lo feliz que es! ¡Siempre dice que Bill se va a casar con ella cuando Bill me ha dicho a mí que no la quiere y que no va a cometer tremenda estupidez! ¡Siempre que abre su linda boquita, salen tonterías! ¿Puede haber alguien más estúpido que ella? ¡No creo! ¿Por qué diablos Bill tuvo que meterse con lo primero que vio? ¿No pudo conseguir un mejor reemplazo?
¡DIOS!
Terminé ofuscada con el corazón latiéndome a mil. Menos mal la música del lugar estaba elevada y la gente conversaba casi gritando. Nadie me escuchó, excepto los de mi costado.
-Ok. Nos vamos entendiendo. -Miró su chocolate mientras jugaba con la cucharilla en él. –Dijiste… mejor reemplazo, ¿No?
Me quedé pensando un segundo… si había dicho reemplazo… ¡Mío! Por supuesto… no debí haber dicho eso.
-¿Reemplazo?...
-Vai, entonces dime quien fue la ex que al parecer te cae mejor que Sophie.
¡Yo! Pero no podía decir eso. ¡No podía decirle nada! ¿Para qué tengo una psicóloga si no puedo contarle nada?
-Me tengo que ir. Hablamos luego. Gracias, Valen.
Me paré y salí de ahí dejando mi chocolate casi intacto. Una pena porque estaba bueno.
-Vai, Vai… y recién, finalmente, comenzamos la terapia.-murmuró la castaña bebiendo otro sorbo de su chocolate.
Me alejé de ahí rumbo a mi departamento. Llegué, y me encerré en el baño cuyo nuevo espejo ya estaba colocado. Me miré al espejo y respiré hondamente por 3 veces consecutivas. Salí de ahí, me puse mi ropa de dormir y decidí relajarme un poco. Fui al baño otra vez haciéndome en el camino un moño en el cabello y colocándome una vincha. Busqué en mi cajón alguna buena mascarilla, tenía unas de maíz morado, otras de arcilla… encontré una de “Meaningful Beauty de Cindy Crawford” fruncí el ceño. La saqué, limpié mi rostro quitando todo el maquillaje y me la eché. Guardé la mascarilla, cerré el cajón y fui en busca de mi refrigerador. Corté dos rodajas de pepinillo, fui al sofá de la sala y me tendí en él colocando las rodajas sobre mis ojos. Tendría otra entrevista de trabajo en dos días, Fer seguía molesta conmigo, tenía que pasar por la oficina del señor Oxford a recoger algunas cosas, Fer no me hablaba en días, Bill se iba a casar pronto… Fer estaba molesta conmigo…
¿Sería bueno tener una mascota?
Ahora que estaba sola, necesitaba de alguien por quien preocuparme, a quien amar, alguien que me espere en casa ansioso, alguien que se lleve mis problemas y me traiga nuevos.
No era mala idea.
Fui a mi entrevista de trabajo a los 2 días. En esta, me sentí más confiada. Podría decir que lo conseguí. El entrevistador era un hombre muy guapo. Piel nívea, ojos color almendra… tenía algo parecido a Bill.
Decidí ir a caminar por el centro comercial a ver que había de nuevo y de paso me distraía. Aparecía ya ropa de invierno. Creo que necesito shampoo… Me metí a una tienda a buscar eso y encontré alguna que otra cosa interesante sobre maquillaje. Saliendo de ahí, no pude evitar detenerme en una tienda de mascotas. Había peces, gatos, perros, loros y muchos animales más que nunca había visto. Salí de ahí y regresé a casa. Fue cuando recordé que había refugios para animales y era mejor adoptar antes que comprar. Eran 5:30 pm así que me pasaría probablemente por ahí mañana.
Dormí temprano después de haber revisado los canales de chisme de estrellas. Esta vez ni Bill ni Sophie aparecieron así que opté por descansar. Pensé en tantas cosas antes de cerrar los ojos… tendría que esperar un buen tiempo para saber si obtenía el trabajo o no, Fer ya estaba en el octavo mes-para el resto en el noveno- y ya se acercaba el gran día… Tom aún no planeaba como decirle que se case con él… al parecer las cosas marchaban algo mal.
Pero como dicen, después de la tormenta viene la calma, en la oscuridad siempre hay una luz brillante escondida en alguna parte… pero presente siempre está.
Al día siguiente, un jueves recibí una llamada inesperada.
-¿Hola?-respondí bostezando una vez más. Eran 6:30 am y para mí era suicidio despertar a esa hora. ¿A quién se le ocurre llamar a esa hora? Tenía unas ganas de asesinar a quien sea estuviera del otro lado de la línea.
-¿Aló?-grité un poco irritada al percatarme que nadie respondía. Colgué el teléfono molesta y dispuesta a irme a dormir, pero sonó de nuevo.
-Hola.-contesté más seria que antes pero era lo mismo. Esta vez oí una respiración.-Mira, deja de llamarme a esta hora de la mañana para ni siquiera decir algo. Adiós.
-¡Vai, espera!-me contestaron al fin. Pude reconocer esa voz al instante. Era él.
-¿Bill? Pero… ¿Por qué no me respondías cuando…?
-Lo siento. Mi primer intento fue un fracaso. Lograba oír tu voz pero al parecer no escuchabas la mía y… en el segundo intento creí que pasaría lo mismo y por un momento olvidé por qué te llamaba.
Se quedó en silencio después de llenarme de sus explicaciones y excusas esperando a que yo dijera algo pero lo único que pasaba por mí mente era el por qué de su llamada. ¿Pedir disculpas?
-Ammm… Vai…
-¿Sí?
-Yo… quería explicarte por qué me fui ese día sin decirte nada y por qué no me he comunicado contigo desde hace tiempo.
Yo de alguna manera lo entendía y sabía que él también. Si él quería construir una vida nueva, tendría que empezar por alejarse de mí y de la idea de un reencuentro. Habíamos estado muy cerca de recordar viejos tiempos con un beso en varias ocasiones, pero si no pasaba era porque el destino lo quería así… siempre algo nos tenía que interrumpir.
-No… no es necesario. Tendrías tus razones.-lo disuadí.
-Vai… no quise dejarte sola pero… el hecho de que a pesar de lo que te hizo tú lo defendiste y yo…
-Dije que no necesitas darme explicaciones. Todo está bien. –lo interrumpí. Me senté en el sofá, ya estando bien despierta. –Bill, mejor ve a preparar todo para tu boda.
-No pienso…
-¡Ya la dejaste ir muy lejos! No puedes decir que no.
-No me puedes obligar a casarme con ella.-repuso con un ligero tono de enfado en su voz.
-Es cierto, es tú decisión.
La puerta sonó, una muy buena excusa para deshacerme de Bill por ahora.
-Violet…
-Bill, la puerta suena. Me tengo que ir. Ah, un favor… no me llames. Adiós.
Corté de inmediato para evitar escuchar lo que diría al oír mis palabras. Fui a la puerta y miré por el huequito.
¡ERA FER!
Me asusté por un momento. Abrí la puerta lo más rápido que pude. Nos quedamos mirando por unos segundos y ella habló.
-Violet… mi bebé creo que está en camino. Es el octavo mes en realidad y… tengo miedo.-sus últimas palabras salieron de sus labios con dificultad y rompió en llanto. No supe si abrazarla. O sea ¡SÍ! Tenía que hacerlo pero no sabía si ella me rechazaría.
-Pasa, Fer. Te prepararé algo caliente. Era por ley prepararle algo caliente a alguien en situaciones difíciles o tristes. Sheldon Cooper lo dijo.
Se sentó en la sala. A pesar de tener los ojos rojos se veía linda con su vestido de maternidad. Era de color coral sujetado con una correa muy delgada bajo el busto hasta su espalda. Traía unas botas hasta el tobillo del mismo color y con el taco un poco alto. Arregló su cabello un poco y luego siguió llorando. Le llevé un mate y lo dejé en la mesita.
-¿Qué tal si es prematuro? O ¿Qué tal si nace mal?-empezó con los malos presagios.
-¡Fer! ¡No digas eso! No puede ser prematuro ya tiene 8 meses. Es más, tiene que nacer ahora. Para los demás es el noveno mes. Hay bebes que nacen en el octavo y es normal para primerizas, pero no he escuchado de bebés que nazcan en un décimo mes. ¿Me entiendes?
-No.-susurró para seguir llorando. Carraspeé.
-Fer… ok. Esto del noveno mes es una mentira, ¿no?-asintió. –Entonces para seguir con el “cuento” el bebé ya debería nacer por estos días. Así lo esperan los demás, ¿no?-asintió nuevamente.- Tú dices que el bebé está en camino lo cual es perfecto para tu plan. Pero, afrontando la realidad, el bebé tiene en realidad 8 meses, lo que está bien para una primeriza según he oído. Si el bebé logra cumplir los 9 meses para ti y para mí qué sabemos la verdad, para el resto serán 10 meses lo cual es… raro.
-¡Dios mío! ¿En qué me he metido? ¡Soy una estúpida en mayúsculas!
-Fer, yo te dije que todo tiene consecuencias y…
-¡No me digas eso!- me interrumpió.- ¡Tú muy bien sabes que todo tiene consecuencias como lo que sea que tienes con tu hermano!
Me callé de inmediato. Nunca imaginé que Fer me atacaría con eso. No sé cuánto tiempo me quedé en silencio.
-Todos tenemos problemas-musité pausadamente. Me sentí incómoda de pronto.
-Vai… no quise…
-No tienes ni idea por lo que estoy atravesando, Fernanda. Para ti será repugnante, prohibido o lo que sea. Para mí es… es demasiado. Ver que la persona que más amé en este mundo duerme en los brazos de otra y que está preparando su boda para casarse con otra. ¿Sabes cuán difícil es? Y yo no sé cuánto más podré soportar.
Una lágrima descendió por mi mejilla delicadamente, como si deseara no tocarme o pasar desapercibida. Yo siempre evadía la situación, el hecho de que mi hermano se casaría. Evadía mis sentimientos, lo evadía a él. Por más fuerte que me mostrara, por más fría que fuera… no admitía que lo quería a él.
-Violet… no tengo idea. Pero si te diré que… estás cometiendo incesto y eso no…
-Lo sé. Por eso nadie lo sabe. Sólo él y yo. Ahora tú, y deberás guardar este secreto… eres mi mejor amiga y por eso mismo te lo conté. Ese ha sido el mayor problema de mi vida que tú no sabías y que siempre te oculté. Perdón por ello…
-No… bueno, quizá no entienda, Vai y me dé un poco de… tú sabes, pero siempre serás mi mejor amiga y a pesar de todo yo te…-se tomó el vientre haciendo una mueca de dolor. La miré asustada y quedé inmóvil esperando a que dijera algo. Su rostro volvió al de antes, me miró y me dijo con miedo en su voz.
-Vai, creo que son los dolores de parto.
Comenzó a llorar otra vez. Tomé las llaves de mi auto, el celular y me puse una casaca larga encima de mi pijama y la ayudé a pararse.
-Vamos al hospital, Fer. Ya es hora.
En el camino, Fer moría de dolor y no hallaba que hacer. Sólo lloraba y repetía que tenía miedo. Eso me espantaba y juré nunca tener un hijo. Estaba tan nerviosa que incluso olvidé el camino al hospital.
-¡Por Dios, Violet! ¡Encuentra el maldito camino ya! ¡No aguanto!-gritó y me maldijo después. Dijo que me odiaba, que odiaba a Tom, odiaba a todos los malditos hombres de este mundo. Insultó a Andreas a Fran…
-¡Ay, cállate! ¡CÁLLATE! Por favor, no grites más. ¡¿No ves que me pones nerviosa?!-chillé al borde de la desesperación.
-¡¿NO ENTIENDES QUE ME DUELE?! Por la p…
-¡Basta, basta! Si sigues gritando, jamás recordaré la ruta al hospital. ¡Dios mío, ilumíname!-golpeé mi cabeza con el timón repetidas veces comenzando a llorar. El conductor del vehículo atrás nuestro tocó el claxon fuertemente quitándome abruptamente de mi burbuja de angustia. Me insultó y pasó por mi lado mirándome mal. Me sentí tan mal que rompí en llanto. Éramos 2 mujeres llorando, una con dolores de parto y la otra perdida.
-¡Te juro, Violet Kaulitz que cuando dé a luz, voy a matarte!-gruñó una vez más para doblarse de dolor nuevamente.
-¡Fer, perdón! Te estoy fallando y encima el señor me insultó y me dijo…
-¡Me interesa una mierda lo que ese tipo te dijo! ¡AAAAAAAAAAAAHHHH! ¡Llévame al hospital o me bajaré del auto e iré caminando!
-¡Si tan sólo me ayudaras a recordar la ruta al hospital! –Sollocé-… tanto que te quejas y yo…
-¡Quieres que te ayude cuando yo estoy por dar a luz muriendo de dolor!-refutó interrumpiéndome muy enfadada.
Arranqué el auto limpiándome las lágrimas.
-Vamos a calmarnos, Fer. Hay que respirar y expirar.
La miré por el espejo retrovisor y estaba retorciéndose de dolor. Me limpié los ojos y seguía avanzando lentamente con el auto hasta que vi a un policía y entonces aceleré haciendo que Fer por poco cayera.
-¡Perdón, perdón! Me detuve al lado del policía y le hice señas para que se acercara. Al ver a Fer se ofreció a llevarnos. Yo me fui al asiento del copiloto y el joven policía manejó al hospital. Intenté ayudar a Fer, claro que fue en vano. Al llegar, la subieron a una silla de ruedas y se la llevaron muy rápido. Yo bajé corriendo tras ella olvidando por completo mi auto. Si no era el policía que me gritaba, lo hubiera dejado encerrado en el auto.
-Usted no puede pasar.-me indicó un enfermero dejándome fuera del la sala. Respiraba agitada tratando de calmarme, preguntándome si el bebé no estaría en peligro por todo el tiempo que me demoré buscando el hospital… podría tener el cordón umbilical alrededor del cuello y…
¡No, no quiero ni pensarlo!
Fue entonces cuando caí en la cuenta de que traía mis babuchas de conejitos blancos y pomposos puestas. Me vi en el reflejo de la ventana y me veía muy… divertida. Mi pijama era de dos piezas pequeñas. Un short corto y un top azul con rosas rosadas. Mi casaca café me llegaba a la mitad de los muslos y me di cuenta que unos enfermeros y doctores me miraban del otro lado de la ventana. Sonreí a medias y me fui de ahí muy rápido, algo avergonzada. Trataba de taparme con las manos algo, no era muy útil. Me senté en una de las sillas de espera rodeada de gente nerviosa cuyas miradas se dirigieron a mis babuchas de conejitos. Disimulé la vergüenza y miraba a otro lado cuando recordé que había olvidado avisarle al padre.
-¿Aló?-contestó con la boca algo llena.
-Tom… soy Vai.
-¿En serio?-bromeó.
-Tom… estoy en el hospital.
Oí que un cubierto se estrelló contra el plato. Esperaba ansiosa a que preguntara el por qué.
-¡Espera, espera!-gritó Tom aunque su voz la escuché más lejos que antes.
-¿Vai? ¡No me digas que hiciste algo malo otra vez! ¿Qué tienes? ¡Estás bien!-era la melodiosa voz de Bill atropellando las palabras
-Vai… ¿Estás bien?-preguntó tímidamente.
-Sí, yo sí… quería hablar con Tom.
-¿Pasa algo? Yo puedo darle el mensaje, Vai, además…
-¡Quiero hablar con Tom!-alcé la voz algo desesperada.-¿Me lo pasas?
-Claro…-susurró… me sentí un poco mal pero no había tiempo para eso.
-Habla enana.-regresó Tom algo más tranquilo al no ver a Bill preocupado.
-Tom… seré directa: Fer está a punto de dar a luz.
OMG! Que mala onda que Fer haya reaccionado así, pero tiene Razón... Es incesto a no ser que no sea hija de alguno de sus padres xDD hahaha Me encanto el cap en serio y ahhh Va a nacer el bebe.... Tiff siguele porfa... quiero el siguiente cap _)
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