+Título: Tú el Sol, yo la Luna y Él…Mi Destino.
+Resumen: Violet
es una chica normal y común aunque no tanto al ser la hermana menor de los
gemelos Bill y Tom, famosos del grupo Tokio hotel. Ella adora a Bill. Siempre
fue su hermano favorito ya que se preocupó mas por ella cuando era pequeña y la mimaba mucho. Sin embargo, a sus 16 años se da cuenta que lo que sentía por Bill
no era amor de hermanos sino de algo mas... Era un amor prohibido.... Un amor
tan fuerte y verdadero que nadie podría entender jamás, sólo ellos... ¿Ocultaran
su amor para siempre?
+Advertencia:
+18
"Un amor como el nuestro no tenía futuro en un mundo como este. Nuestro amor era tan grande y puro que no estaba permitido"
+Genero: drama, romance.
Según me contaron mis padres, a mi primer año, mis hermanos peleaban por un carrito…¡Y cuando no por cualquier cosa!
Yo, siempre en un andador ya que todavía no adquiría el equilibrio necesario para mantenerme de pie, era excluida cruelmente de sus juegos. Los seguía incesantemente a donde sea que ellos fueran. En una oportunidad, me atoré entre dos silla ya que esta cosa era grande. No podía avanzar ni retroceder mientras ellos se alejaban corriendo así que lo único a lo que atiné fue a llorar.
Siempre uno de ellos se acordaba de mí, uno de los gemelos se apiadaba de mi.
A los 4 años, bueno si
recuerdo cosas. Ya podía formar memorias y recuerdo que uno de mis hermanos era
hostigoso. Nunca paraba de tocar mi nariz y decirme ¡Te pareces a Rudolf, el
reno!
Aún no entiendo porque me
decía eso, supongo que era porque tenía
la nariz roja… Al menos podía seguirlos sin problemas. El que se apiadaba de mí, empezó a incluirme
en sus juegos. Sus carros grandes eran las lujosas limosinas de mis barbies.
A veces jugábamos a la
princesa en peligro, el príncipe era él, Bill, y el malvado brujo era Tom.
Nuestra niñez se volvió
fabulosa cuando empezamos a hacer todo juntos, jugar, pelear, hacer travesuras.
Un día estábamos en el pasillo jugando a las escondidillas cuando escuchamos
una conversación que cambió nuestras pequeñas existencias.
— ¿¡Cómo pudiste?! ¡¡Cómo te atreviste!! Todo este tiempo viví engañada creyendo que ella…
— ¡Los niños pueden
escucharte! ¡Cállate!— la interrumpió él.—No quieres eso, ¿Verdad?
— A quien no quiero es a ti. ¡Vete!
— Lo hice por ti. ¡Por
nosotros! Estabas tan ilusionada y que pasara eso de pronto…
— ¡Me mentiste! ¡Eso
jamás se le hace a una mujer, a una madre! … Mucho menos a tu esposa.
— Lo siento, Simone. ¡Lo
siento! Ya no hay nada que podamos hacer.
— ¡Oh, sí hay!—replicó
ella muy segura de lo que decía.—Esto es un problema más en nuestra relación
llena de mentiras, engaños…
— ¡No puedes echarme la
culpa de todo, Simone! Esta relación es de dos y ambos tenemos que resolver
nuestras diferencias…
— ¡No! ¡Me he pasado los últimos años intenando
aceptar que todo está bien! Nuestras diferencias son irreconciliables.
— Simone no… porbfavor…—
rogó Jörg empezando a caminar alrededor de la sala mientras mamá lloraba. Por
supuesto, nosotros escuchábamos sin comprender nada.
— Lo siento, pero es lo
mejor… ¿A dónde vas?—preguntó al ver a papá coger sus llaves y su chaqueta.
— Ya no importa.—replicó con la voz quebrada.—Ya no quiero escuchar como destrozas mi corazón con tus palabras. Yo lo he hecho todo por ti.
— Ya no importa.—replicó con la voz quebrada.—Ya no quiero escuchar como destrozas mi corazón con tus palabras. Yo lo he hecho todo por ti.
— No funcionan así las cosas, el amor no lo es todo…
— ¡Para ti nunca fue suficiente! ¡Nunca fui suficiente! ¡Ya
entendí!—gritó exaltándonos.
Mis hermanos se quedaron estáticos... Quizás ellos entendieron más que yo. Lo único que sabía era que algo andaba mal entre papá y mamá. Vi una gota de agua deslizarse en el rostro de uno de mis hermanos. Mi razonamiento me hizo mirar hacia el techo creyendo que una gota de agua podía haber caído en su mejilla. ¡Qué sabria yo de lágrimas! No era consciente de cuanto dolían.
Uno de mis hermanos se
paró y se fue. Como era el que siempre mostró simpatía hacia mí, lo seguí. Se
sentó en el inodoro del baño y apoyó su rostro en sus manos. Su mirada estaba
perdida. Otra gota resbaló por su mejilla y esta vez la tomé llena de
curiosidad. Él curvó los labios en una sonrisa falsa. Insistí en mirar hacia
arriba. ¿A lo mejor estaba lloviendo? Volví a tomar otra lágrima y esta vez la
coloqué en mi mejilla. Él levantó la vista.
— ¿Qué haces?—inquirió
seriamente y con una voz desanimada.
— Yo no tengo gotas de
agua en el rostro.—respondí inocentemente.—Quiero tener también, cómo tú.
— Mejor no, duelen mucho.—respondió restregando sus ojos.
Me levantó en brazos y me llevó a la sala, donde mamá estaba. Ella
me miró de una forma extraña y sollozó aún más. Me levantó en brazos y me
abrazó fuertemente. Seguidamente, abrazó a Bill y luego Tom se unió.
— A veces los
adultos como su papá y yo, se dan cuenta que no eran el uno para el otro. Se dan
cuenta que para no dañarse más deben
continuar sus vidas cada uno por su lado— Bill se dio media vuelta y se dirigió
a su habitación muy rápido. Mamá lo siguió.
Desde ese día, él ya no fue el mismo. A sus 7 años se la pasaba encerrado en su habitación escribiendo. Tom ya no era tan molestoso. Papá aún vivía en casa, pero ya no se abrazaban, o reían juntos.
Desde ese día, él ya no fue el mismo. A sus 7 años se la pasaba encerrado en su habitación escribiendo. Tom ya no era tan molestoso. Papá aún vivía en casa, pero ya no se abrazaban, o reían juntos.
Una tarde, papá y mamá nos llamaron, fui corriendo alanzarme a los
brazos de papá y jugar con sus orejas mientras me llenaba de besos.
— Bueno… Bill, Tom, ustedes son más grandes que Vai. Ustedes
entienden que a veces las cosas no funcionan entre los adultos y…
— Es mejor continuar sus
vidas cada uno por su lado para no dañarse más… ya lo sé.—Interrumpió Bill con
un aire de aburrimiento. Le molestaba la situación al igual que a Tom.
— Sí, eso.—Papá recuperó la compostura aunque su voz estaba
extraña. — Ustedes son lo más divino que
Dios puede darle a un ser humano. Los amo hijos…
— Los amamos.—agregó mamá.
—¿ Puedes ir al grano?—dijo un aburrido Tom.
— Tom, no seas irrespetuoso con tu padre.—inquirió mamá muy seria.
— Tom, Bill… las cosas van
a cambiar un poco desde hoy, ya lo hemos decidido con mamá y yo… yo voy…
— Su padre no vivirá más con nosotros.—Interrumpió mamá con
firmeza. Nos miraron seriamente esperando alguna respuesta.
— ¿Papá ya no estará con
nosotros?—pregunté yo empezando a sentir un extraño dolor en la garganta. Podría
tener 4 años, pero eso lo entendí perfectamente como “no volverán a ver a papá”
Rompí en llanto y me enojé mucho. Papá me abrazaba e intentaba
calmarme. Mamá me acariciaba la espalda y me decía “ya, nena, ya” Bill y Tom
desaparecieron de la cocina, cada uno a su habitación. A los dos días, vi a
papá por última vez.
Un año pasó, yo ya asistía a un jardín donde jugaba y conocía
niños con quien jugar. Era divertido. Mamá, quien estuvo algo triste, empezó a
llegar a casa con un nuevo señor. Lo empezaba a ver más seguido. Primero
acompañaba a mamá a casa, lo sé porque siempre me colaba entre sus rodillas
para ver con quien hablaba y él siempre reía al verme en el suelo mirándolo con
curiosidad. Luego entraba. Estaba en la cocina, a veces cocinaba, y miraba
televisión en el sofá junto a mamá. Luego vi que subía las gradas a la
habitación de mamá. Tom parecía llevarse bien con él. Este señor tocaba la
guitarra, algo que sedujo a Tom por completo y lo animó a aprender. Siempre que
él iba, Tom bajaba feliz con su guitarra. Bill en cambio, era más reservado
y a veces hasta mal educado. No le
respondía un simple saludo e ignoraba su
presencia. Mamá lo retó varias veces por ello.
Finalmente, mamá nos reunió en la sala y lo presentó como su novio
“Gordon”.
El tiempo pasó y me acostumbré a ver a Gordon todo el tiempo en
casa. Luego me di cuenta que estaba viviendo con nosotros. Tom era inseparable
de su guitarra y Bill nunca salía de casa sin un cuaderno y lapicero. En la
escuela, Bill y Tom practicaban en los recreos frente a un chico rubio que los
miraba. Uno de mis hermanos cantaba y el otro tocaba. Era un poco gracioso.
Tenía ya 7 años y papá venía de vez en cuando a visitarnos. Nosotros íbamos a verlo cada fin de mes el cual esperábamos ansiosos.
Andreas, el rubio que miraba a mis hermanos practicar en los
recreos, quien luego supe era su mejor amigo, venía todas las tardes a hacer
tareas junto a mis hermanos. Luego aparecieron dos chicos más: Uno de ojos
verdes muy hermosos que amaba jugar con mis cachetes - tan fastidioso como Tom
y el otro rubio que parecía un osito por lo gordito.
Nueve años cumplidos y Tom me enterró la cara en la torta mientras
Gordon tomaba fotos de cada ángulo posible. La alegría había vuelto
oficialmente a casa. Gordon jamás sería comparable a papá pero se había ganado
mi respeto y cariño.
Mis hermanos, en plena adolescencia, ya prácticamente no vivía en
casa. Bill se hizo un piercing en la ceja y Tom en la lengua. Empecé a cavilar
la idea de hacerme uno también, pero quizá mas tarde.
Tom y Bill se involucraron profundamente en la música, tanto que
decidieron hacer pequeños concierto en clubs para ganar experiencia y hacerse
conocidos. Mamá les dio su aprobación siempre y cuando eso los hiciera felices.
Nos gustó mucho la noticia. Fuimos a uno que otro club a verlos, lo hacían bien
para ser principiantes.
Un día, después de cumplir 11 años, ambos regresaron a casa
después del colegio, como a las 7:30 de la noche pero tenían un semblante entre
alegría y preocupación. Nos dieron la noticia de que habían firmado un contrato
y que harían un concierto oficial. Fue todo lo que dijeron. Semanas después, una
tarde regresando del colegio, vi un poster anunciando “ Devilish en concierto”y
contenía la cara de Bill, Tom, Georg y Gustav. — ¡Por qué diablos nadie me
avisó!
Llegué a casa y mamá me dio la noticia emocionada. Dijo que
iríamos a verlos ya que para mis hermanos era importante contar con nuestra
presencia.
El primer concierto al que iba en mi vida y era al de mis hermanos
y su grupo raro. ¡Qué dirían mis amigas!
Su música no me gustaba del
todo, prefería cosas más románticas y suaves pero bueno, eran mis hermanos.
Tomamos el auto de Gordon hasta llegar a dicho lugar.
Me pareció raro que hubiera gente. ¿A ellos les gustaba esta clase
de música? Bueno. Se presentaron, cantaron y si… admito que Bill no cantaba mal
pero aún así esa música era ruido para mis oídos. Al terminar, fui al backstage
en busca de agua. Al menos contaba con privilegios al ser hermana de los
“artistas”. Fue cuando escuché la gran noticia de que había algo más serio y
una disquera estaba pensando en firmar un contrato con ellos y dispuesta a producir
un disco.
— Nos dijeron que daríamos conciertos por toda Alemania y de
acuerdo a eso verían si nuestro grupo vale la pena.—anunció Tom algo calmado.
— ¡¡Podríamos ir a dar conciertos por toda Europa!! ¿No es genial
mamá?—agregó Bill muy emocionado.
—¡También dijeron que podríamos sacar un CD, o sea ¡Nuestro CD con
NUESTRA música!—insistió Tom. Sonreí, no sonaba mal.
— Por lo pronto, la única condición es que tendremos que ir a la
capital. En Berlín podremos hacer nuestro sueño realidad. Así que iremos a
vivir allá.
— Berlín... Pues… suena estupendo.—Sonrió mamá.—¡Felicidades! ¡Me
hace feliz verlos así!
...Ir a ¡BERLÍN A VIVIR! Mi vaso con agua se estrelló contra el
piso produciendo un fuerte sonido. Los pedazos de vidrio volaron por todas
partes y yo aún no salía del asombro. Por alguna razón tal noticia había
logrado revolver mis entrañas.
— ¿Estás bien, Vai?—me dijo Gordon acercándose a mí. Lo miré
atónita, me di media vuelta y salí despavorida corriendo. No sabía a dónde iba.
Me adentré en la primera habitación que vi. Había un sofá y un velador. Me
lancé sobre el sofá y comencé a llorar. A mi madre le parecía “estupendo” que
mis hermanos se fueran a vivir lejos de casa. ¿Sería que Gordon le hizo perder
la cordura? Papá jamás hubiera permitido que esto pasara. ¡Jamás!
De pronto alguien tocó mi hombro con suavidad. Reaccioné
violentamente poniéndome de pie. Era Bill. Lo abracé rápidamente al percatarme
de su presencia.
— ¡Dime que no es cierto! ¡Por favor!
— Si lo es, Vai.
— ¿Qué haré sin ti? ¿A quién le contaré mis problemas con
Mathew?—Inquirí separándome de él.
Mathew era mi primer “enamorado”, digamos. Ambos nos gustábamos mucho y
al parecer a otras niñas de mi clase también. Yo le contaba absolutamente todo
a Bill, todo sobre Matty y yo. Ina me lo había presentado ya que él era su
primo. ¡INA!
¿Qué haría ella al enterarse que Bill se iba si ella lo adoraba? Bill también me contaba cosas de su relación con ella. Nos habíamos vuelto muy amigos.
¿Qué haría ella al enterarse que Bill se iba si ella lo adoraba? Bill también me contaba cosas de su relación con ella. Nos habíamos vuelto muy amigos.
Por lo menos Bill parecía
preocuparse por mí, en cambio Tom… ¡Nada! Para él sólo existía su bendita
guitarra. Ya entre Tom y yo nada nunca fue igual desde que papá se fue.
— Estaremos en contacto,
Vai.
— ¡No! ¡No te vayas de la
casa, por favor! ¡Si te vas me escaparé de casa!—amenacé estúpidamente. ¿Qué
más podía decir? Me sujetó de los
hombros fuertemente y me sacudió.
— ¡¡No hables tonterías,
Violet! Mamá se preocuparía mucho.
— Entonces ¿puedo irme
contigo?—pregunté poniendo la cara más tierna que pude y sintiendo un atisbo de
esperanza. ¿Por qué diría que no? Nos iríamos juntos, ellos me cuidarían y ya
no iría a la escuela.
— No, mamá te necesita.—
¡Claro! Qué buena excusa.
— ¡Ya nada tendrá sentido
sin ti!—Admití dramáticamente—... Bill, te quiero.—añadí. Lo abracé fuertemente
de nuevo y él a mí.
— Yo más, pequeñita, pero
esto es por lo que he esperado toda mi vida. ¿Acaso no quieres verme feliz?
— Sí, claro que sí, pero
no lejos mío.
— Entiendo. Vai, no
quiero perder esta oportunidad. Quizá no se repita nunca más.— explicó tomándome
de los hombros nuevamente. Era extraño verlo con ese peinado emo y sus cabellos
totalmente negros. Sus ojos estaban mil veces mejor delineados que los míos.
¿Cómo era eso posible!
— Prefieres perderme a
mí, a tu familia, ¿Verdad?—repliqué continuando con el drama.
— ¡No digas
eso!—respondió un poco molesto. Se sentó en el sofá apoyándose en sus rodillas.
Mira, Tú vas a ser siempre mi mejor amiga y la chica más importante en mi vida.
— ¿Más que Ina?—Inquirí
juguetona sentándome a su lado. Él sonrió.
—Ustedes dos y mamá lo
son todo para mí.
Sonreímos y pasó un brazo
por mis hombros. Me lancé sobre su pecho y lo abracé fuertemente. Empezaba a
asimilar la noticia. No creí que fuera tan difícil. Los humanos a veces
fallamos en entender que nos adaptamos a los eventos tristes o negativos tan
rápido y tan fácil como nos adaptamos a los eventos felices.
Pensándolo bien, no
debería ser tan egoísta. Si Bill era feliz, yo también.
Esa misma noche después
de llegar a casa, escuché a Bill sollozar en el teléfono. Él hablaba con Ina.
Probablemente hablaban sobre el viaje a Berlín. Preferí no acercarme e irme a
dormir. Bill tocó mi puerta después y me dio la mala noticia de que ambos
decidieron ser buenos amigos. Bill estaba destrozado.
Llegó la despedida. Ina,
mamá y yo no dejábamos de llorar. Sin embargo, Tom estaba muy tranquilo. Me
pregunto si les habría dicho algo a las cinco diferentes chicas con las que lo
vi. Tenía 14 años y creo que había estado con todas las chicas de Leipzig.
Gustav… también lo
extrañaría. Tanto verlo en casa nos había vuelto amigos. Nos gustaba criticar a
Georg a quien también extrañaría.
Pero Bill…
Matty me había ayudado en
los 5 días que me pasé llorando después de que mis hermanos se fueron. Él
parecía ser un buen chico…¡Qué estúpida fui!
¡Eso creí yo hasta que lo
vi besando a una chica 2 años mayor que él! ¡Y encima, cuando fui a encararlo,
me negó delante de sus amigos! Después supe que yo sólo era la “otra”. Nunca
creí que me pasaría algo así a mis 11 miserables años de vida. Mi mundo se
derrumbó. Mi primera decepción amorosa y Bill no estaba ahí, conmigo. No quería
comer, dormir, conversar… Mi único compañero era Scotty, el perro que adoptamos
hace unos meses. Mamá estaba algo asustada por mi comportamiento.
A las dos semanas, Bill
se dignó a llamar. Me causó mucha curiosidad saber de que hablaban mamá y él,
así que escuché la conversación.
— ¡No sé qué le pasa a tu
hermana, Bill! Esta más delgada, no…
— Debe estar enferma.
— ¡no quiere ni hablarme!
Cuando le mencioné ir al doctor me gritó un rotundo ¡No! Sólo baja a tomar agua
y siempre trae la mirada perdida… creo que te extraña. Puede ser eso, ¿no?
— Pásame con
ella.—finalizó Bill.
Me alisté para fingir que
no había escuchado nada. Luego mamá me llamó. Debo admitir que me sentía algo
débil, pero Matthew negándome y yo enterándome ser la otra retumbaba en mi
cabeza
— ¿Hola?
— ¡Vai! ¿Cómo estás?
— Bien…
— ¿Todo bien con Matthew?
— No…— rompí en llanto al escuchar su patético nombre. ¡Yo si lo
quería! Le conté lo que el miserable me hizo
— ¡Esto no va a quedarse así! ¡Te juro que voy a golpearlo cuando
vaya!—se enfureció.
— O sea nunca.—respondí en son de broma limpiando mis lágrimas.
— No seas así, Vai. Te juro que lo haré pero no ahora.
— Mjm.
— Hay chicos mejores que ese idiota, Vai. Ya lo encontrarás.
Violet, mamá me dijo que no comías.
— Es que con este asunto de Matty… la verdad no tengo hambre.
Mientras Bill decía algo, el techo de la casa se dio una vuelta.
Me tapé los ojos frunciendo el ceño. ¿Qué fue eso?
— …Por mí, ¿Sí?
— ¿Qué?—balbuceé.
— ¿Vai? ¿Estás ahí?
Desperté hechada en el sofá y con mamá echándome alcohol por la frente. Tuve que comer luego de eso, me asustó mucho. Bill por poco compra un ticket de regreso cuando mamá le contó que me encontró tirada en el piso y el teléfono descolgado.
Desperté hechada en el sofá y con mamá echándome alcohol por la frente. Tuve que comer luego de eso, me asustó mucho. Bill por poco compra un ticket de regreso cuando mamá le contó que me encontró tirada en el piso y el teléfono descolgado.
Pasaron 3 años más. Bill
y yo nos manteníamos en contacto hablando por todos los medios de comunicación
que había. Si hubiéramos sabido cómo usar fax, lo hubiéramos intentado. Ellos empezaban
a volverse muy exitosos. Veía revistas de adolescentes con fotos y noticias de
ellos. Ahora eran “Tokio Hotel” . Estaban ocupados haciendo giras por varios
países de Europa. El colegio de pronto se volvió una tortura. Las fans me
preguntaban por ellos, me perseguían y me pedían su número. Ya ni sabía si mis amigas me querían a mí o a
ellos o debería decir Tom. Las tonteras que hacía con su guitarra en los
conciertos alborotaba las hormonas de mis amigas. Decían que era muy “sexy”.
Bueno, no todas mis amigas. Fer, a quien conocía desde los 6 años, detestaba lo
arrogante que podía ser Tom. De ella, al menos, estaba segura que me quería a
mí y no la repentina fama que había nacido en mi entorno familiar. Ella estuvo
conmigo mucho antes que “Devilish” o “Tokio Hotel” existiera.
De todas formas, lo
inaguantable para una adolescente de mi edad era estar en boca de todos.
¡TODOS!
Hablaban de mi ropa, de
Tom, Tom y Tom, de Bill y su indescriptible romanticismo… Había logrado
acumular dos cajones llenos de cartas de las fans de mi colegio. Casi todas
eran para Tom… ¿¡Pero qué rayos le veían a Tom!? Él era sólo un pervertido y mujeriego
más. Me mostraron fotos en las que él le tocaba el trasero a una chica rubia
muy guapa. Esta foto fue la causante de muchos corazones rotos y planes contra
ella por parte de las niñas de mi escuela. Fer y yo estábamos aburridas de las
chicas de mi grupo. Lo único que salía de sus bocas era Bill, Tom, Georg o
Gustav. Ok, lidiaba con todas las fans, menos con una.
Ella era dos años mayor
que yo, estaba en la clase de Ina y era muy popular. Era muy bonita pero una arrogante
total. Hasta donde sabía, estaba enamorada de Bill. Siempre lo estuvo pero Bill
prefirió a Ina sobre ella. Es estos dos últimos años, ella había cambiado…
físicamente. Era mucho más bonita que antes. Ella sabía que Bill y yo siempre
fuimos inseparables. Yo por alguna razón, sentía celos de ella. Cada vez que
pasaba junto a mí, me miraba mal. Un
día, en el baño, me la crucé. Estaba mirándose en el espejo, arreglando su
cabello y retocando su maquillaje, era un poco más alta que yo y no podía vivir
sin las minifaldas. Se me acercó, inesperadamente, y me habló.
— Él regresará y esta vez
no se me escapará de las manos.—anunció jugando con sus dedos y apoyándose
sexymente sobre el lavabo.— Estaremos juntos. Me querrá a mí y me prestará más
atención a mí. Ina y tú pasarán a segundo plano. Quieras o no, será inevitable.
Bill será mío.—sonrió con desdén y siguió caminando, contorneando sus caderas.
— ¡Por qué me
odias!—grité antes de que se fuera.
— Bueno,— se giró
lentamente— uno, porque eres amiga de la gordita de Ina y dos, por que se que
la amistad jamás renacerá entre las dos.
No sé si tú no te has dado cuenta, pero desde que te vi, noté una clase de
rivalidad entre las dos. Somos incompatibles. ¿Nunca has sentido eso al ver a
una chica? — Negué con la cabeza. — Ah, ya lo sabía. Ya lo sentirás alguna vez.
Me dio mucha cólera. Bill
era mío y sólo mío. Ella estaría con él sobre mi cadáver. Única y exclusivamente
cuando yo muera, ella tendría el camino libre.
Salió del baño y yo me
quedé pensando. ¿Rivalidad? Bueno, noté a esta chica por primera vez cuando Ina
me habló de ella.
Escuché la voz de Andrew,
el chico que había logrado sacarme suspiros en las últimas semanas. Él era su
mejor amigo y quizá amigo con derechos. Eso oí. Los chismes volaban en la
escuela, en especial cuando se trataba de chicas populares.
Él tenía la misma edad
que esta tipa, 16 años.
¡Era un Dios!
Pasaron dos años más. A
fines de Marzo al fin cumpliría 16 años. Me pregunto si mis hermanos…
— ¡Vai! Hijita, Fer vino
a verte.—gritó mamá desde la cocina.
— ¡Ya voy!—respondí
cerrando mi diario. Lo había comenzado hace un par de días y trataba de resumir
mi vida en unas cuantas hojas. Me puse de pie y cuando disponía esconderlo, Fer
entró con una amplia sonrisa sospechosa. Supuse que se traía algo entre manos.
La conocía tan bien…