jueves, 28 de mayo de 2015

Introducción.

+Título: Tú el Sol, yo la Luna y Él…Mi Destino.  
+Resumen: Violet es una chica normal y común aunque no tanto al ser la hermana menor de los gemelos Bill y Tom, famosos del grupo Tokio hotel. Ella adora a Bill. Siempre fue su hermano favorito ya que se preocupó mas por ella cuando era pequeña y la mimaba mucho. Sin embargo, a sus 16 años se da cuenta que lo que sentía por Bill no era amor de hermanos sino de algo mas... Era un amor prohibido.... Un amor tan fuerte y verdadero que nadie podría entender jamás, sólo ellos... ¿Ocultaran su amor para siempre?


"Un amor como el nuestro no tenía futuro en un mundo como este. Nuestro amor era tan grande y puro que no estaba permitido"

+Advertencia: +18 

+Genero: drama, romance. 



El primer recuerdo que tengo es el rostro de mis hermanos que no dejaban de señalarme  y mirarme como si fuera una criatura alienígena. El segundo recuerdo sería el de mis padres, en especial papá quien nunca dejaba de hacer muecas raras arrancándome sonrisas y yo tratando de imitarlo haciéndolo reír también. A mamá siempre le molesto eso pero en realidad nunca importó... Ambos me engreían al ser la única niña en la familia. El tercer recuerdo… Bill.

Según me contaron mis padres, a mi primer año,  mis hermanos peleaban por un carrito…¡Y cuando no por cualquier cosa!
Yo, siempre en un andador ya que todavía no adquiría el equilibrio necesario para mantenerme de pie, era excluida cruelmente de sus juegos. Los seguía incesantemente a donde sea que ellos fueran. En una oportunidad, me atoré entre dos silla ya que esta cosa era grande. No podía avanzar ni retroceder mientras ellos se alejaban  corriendo así que lo único a lo que atiné fue a llorar.
Siempre uno de ellos se acordaba de mí,  uno de los gemelos se apiadaba de mi.

A los 4 años, bueno si recuerdo cosas. Ya podía formar memorias y recuerdo que uno de mis hermanos era hostigoso. Nunca paraba de tocar mi nariz y decirme ¡Te pareces a Rudolf, el reno!

Aún no entiendo porque me decía eso, supongo que era porque  tenía la nariz roja… Al menos podía seguirlos sin problemas.  El que se apiadaba de mí, empezó a incluirme en sus juegos. Sus carros grandes eran las lujosas limosinas de mis barbies.
A veces jugábamos a la princesa en peligro, el príncipe era él, Bill, y el malvado brujo era Tom.  
Nuestra niñez se volvió fabulosa cuando empezamos a hacer todo juntos, jugar, pelear, hacer travesuras. Un día estábamos en el pasillo jugando a las escondidillas cuando escuchamos una conversación que cambió nuestras pequeñas existencias.

— ¿¡Cómo pudiste?! ¡¡Cómo te atreviste!! Todo este tiempo viví engañada creyendo que ella…
— ¡Los niños pueden escucharte! ¡Cállate!— la interrumpió él.—No quieres eso, ¿Verdad?
—  A quien no quiero es a ti. ¡Vete!
— Lo hice por ti. ¡Por nosotros! Estabas tan ilusionada y que pasara eso de pronto…
— ¡Me mentiste! ¡Eso jamás se le hace a una mujer, a una madre! … Mucho menos a tu esposa.
— Lo siento, Simone. ¡Lo siento! Ya no hay nada que podamos hacer.
— ¡Oh, sí hay!—replicó ella muy segura de lo que decía.—Esto es un problema más en nuestra relación llena de mentiras, engaños…
— ¡No puedes echarme la culpa de todo, Simone! Esta relación es de dos y ambos tenemos que resolver nuestras diferencias…
—  ¡No! ¡Me he pasado los últimos años intenando aceptar que todo está bien! Nuestras diferencias son irreconciliables.
— Simone no… porbfavor…— rogó Jörg empezando a caminar alrededor de la sala mientras mamá lloraba. Por supuesto, nosotros escuchábamos sin comprender nada.
— Lo siento, pero es lo mejor… ¿A dónde vas?—preguntó al ver a papá coger sus llaves y su chaqueta.
— Ya no importa.—replicó con la voz quebrada.—Ya no quiero escuchar como destrozas mi corazón con tus palabras. Yo lo he hecho todo por ti.
— No funcionan así las cosas, el amor no lo es todo…
— ¡Para ti nunca fue suficiente! ¡Nunca fui suficiente! ¡Ya entendí!—gritó exaltándonos.


Mis hermanos se quedaron estáticos... Quizás ellos entendieron más que yo. Lo único que sabía era que algo andaba mal entre papá y mamá. Vi una gota de agua deslizarse en el rostro de uno de mis hermanos. Mi razonamiento me hizo mirar hacia el techo creyendo que una gota de agua podía haber caído en su mejilla. ¡Qué sabria yo de lágrimas! No era consciente de cuanto dolían.
Uno de mis hermanos se paró y se fue. Como era el que siempre mostró simpatía hacia mí, lo seguí. Se sentó en el inodoro del baño y apoyó su rostro en sus manos. Su mirada estaba perdida. Otra gota resbaló por su mejilla y esta vez la tomé llena de curiosidad. Él curvó los labios en una sonrisa falsa. Insistí en mirar hacia arriba. ¿A lo mejor estaba lloviendo? Volví a tomar otra lágrima y esta vez la coloqué en mi mejilla. Él levantó la vista.
— ¿Qué haces?—inquirió seriamente y con una voz desanimada.
— Yo no tengo gotas de agua en el rostro.—respondí inocentemente.—Quiero tener también, cómo tú.
— Mejor no, duelen mucho.—respondió restregando sus ojos.
Me levantó en brazos y me llevó a la sala, donde mamá estaba. Ella me miró de una forma extraña y sollozó aún más. Me levantó en brazos y me abrazó fuertemente. Seguidamente, abrazó a Bill y luego Tom se unió.

— A veces los adultos como su papá y yo, se dan cuenta que no eran el uno para el otro. Se dan cuenta  que para no dañarse más deben continuar sus vidas cada uno por su lado— Bill se dio media vuelta y se dirigió a su habitación muy rápido. Mamá lo siguió.

Desde ese día, él ya no fue el mismo. A sus 7 años se la pasaba encerrado en su habitación escribiendo. Tom ya no era tan molestoso. Papá aún vivía en casa, pero ya no se abrazaban, o reían juntos.

Una tarde, papá y mamá nos llamaron, fui corriendo alanzarme a los brazos de papá y jugar con sus orejas mientras me llenaba de besos.
— Bueno… Bill, Tom, ustedes son más grandes que Vai. Ustedes entienden que a veces las cosas no funcionan entre los adultos y…
—  Es mejor continuar sus vidas cada uno por su lado para no dañarse más… ya lo sé.—Interrumpió Bill con un aire de aburrimiento. Le molestaba la situación al igual que a Tom.
— Sí, eso.—Papá recuperó la compostura aunque su voz estaba extraña. —  Ustedes son lo más divino que Dios puede darle a un ser humano. Los amo hijos…
— Los amamos.—agregó mamá.
—¿ Puedes ir al grano?—dijo un aburrido Tom.
— Tom, no seas irrespetuoso con tu padre.—inquirió mamá muy seria.
— Tom, Bill… las cosas van  a cambiar un poco desde hoy, ya lo hemos decidido con mamá y yo… yo voy…
— Su padre no vivirá más con nosotros.—Interrumpió mamá con firmeza. Nos miraron seriamente esperando alguna respuesta.
— ¿Papá  ya no estará con nosotros?—pregunté yo empezando a sentir un extraño dolor en la garganta. Podría tener 4 años, pero eso lo entendí perfectamente como “no volverán a ver a papá”
Rompí en llanto y me enojé mucho. Papá me abrazaba e intentaba calmarme. Mamá me acariciaba la espalda y me decía “ya, nena, ya” Bill y Tom desaparecieron de la cocina, cada uno a su habitación. A los dos días, vi a papá por última vez.

Un año pasó, yo ya asistía a un jardín donde jugaba y conocía niños con quien jugar. Era divertido. Mamá, quien estuvo algo triste, empezó a llegar a casa con un nuevo señor. Lo empezaba a ver más seguido. Primero acompañaba a mamá a casa, lo sé porque siempre me colaba entre sus rodillas para ver con quien hablaba y él siempre reía al verme en el suelo mirándolo con curiosidad. Luego entraba. Estaba en la cocina, a veces cocinaba, y miraba televisión en el sofá junto a mamá. Luego vi que subía las gradas a la habitación de mamá. Tom parecía llevarse bien con él. Este señor tocaba la guitarra, algo que sedujo a Tom por completo y lo animó a aprender. Siempre que él iba, Tom bajaba feliz con su guitarra. Bill en cambio, era más reservado y  a veces hasta mal educado. No le respondía un simple saludo  e ignoraba su presencia. Mamá lo retó varias veces por ello.  Finalmente, mamá nos reunió en la sala y lo presentó como su novio “Gordon”.
El tiempo pasó y me acostumbré a ver a Gordon todo el tiempo en casa. Luego me di cuenta que estaba viviendo con nosotros. Tom era inseparable de su guitarra y Bill nunca salía de casa sin un cuaderno y lapicero. En la escuela, Bill y Tom practicaban en los recreos frente a un chico rubio que los miraba. Uno de mis hermanos cantaba y el otro tocaba. Era un poco gracioso.

Tenía ya 7 años y papá venía de vez en cuando  a visitarnos. Nosotros íbamos a verlo cada fin de mes el cual esperábamos ansiosos.
Andreas, el rubio que miraba a mis hermanos practicar en los recreos, quien luego supe era su mejor amigo, venía todas las tardes a hacer tareas junto a mis hermanos. Luego aparecieron dos chicos más: Uno de ojos verdes muy hermosos que amaba jugar con mis cachetes - tan fastidioso como Tom y el otro rubio que parecía un osito por lo gordito.

Nueve años cumplidos y Tom me enterró la cara en la torta mientras Gordon tomaba fotos de cada ángulo posible. La alegría había vuelto oficialmente a casa. Gordon jamás sería comparable a papá pero se había ganado mi respeto y cariño.
Mis hermanos, en plena adolescencia, ya prácticamente no vivía en casa. Bill se hizo un piercing en la ceja y Tom en la lengua. Empecé a cavilar la idea de hacerme uno también, pero quizá mas tarde.
Tom y Bill se involucraron profundamente en la música, tanto que decidieron hacer pequeños concierto en clubs para ganar experiencia y hacerse conocidos. Mamá les dio su aprobación siempre y cuando eso los hiciera felices. Nos gustó mucho la noticia. Fuimos a uno que otro club a verlos, lo hacían bien para ser principiantes.

Un día, después de cumplir 11 años, ambos regresaron a casa después del colegio, como a las 7:30 de la noche pero tenían un semblante entre alegría y preocupación. Nos dieron la noticia de que habían firmado un contrato y que harían un concierto oficial. Fue todo lo que dijeron. Semanas después, una tarde regresando del colegio, vi un poster anunciando “ Devilish en concierto”y contenía la cara de Bill, Tom, Georg y Gustav. — ¡Por qué diablos nadie me avisó!
Llegué a casa y mamá me dio la noticia emocionada. Dijo que iríamos a verlos ya que para mis hermanos era importante contar con nuestra presencia.
El primer concierto al que iba en mi vida y era al de mis hermanos y su grupo raro. ¡Qué dirían mis amigas!
 Su música no me gustaba del todo, prefería cosas más románticas y suaves pero bueno, eran mis hermanos. Tomamos el auto de Gordon hasta llegar a dicho lugar.
Me pareció raro que hubiera gente. ¿A ellos les gustaba esta clase de música? Bueno. Se presentaron, cantaron y si… admito que Bill no cantaba mal pero aún así esa música era ruido para mis oídos. Al terminar, fui al backstage en busca de agua. Al menos contaba con privilegios al ser hermana de los “artistas”. Fue cuando escuché la gran noticia de que había algo más serio y una disquera estaba pensando en firmar un contrato con ellos y dispuesta a producir un disco.
— Nos dijeron que daríamos conciertos por toda Alemania y de acuerdo a eso verían si nuestro grupo vale la pena.—anunció Tom algo calmado.
— ¡¡Podríamos ir a dar conciertos por toda Europa!! ¿No es genial mamá?—agregó Bill muy emocionado.
—¡También dijeron que podríamos sacar un CD, o sea ¡Nuestro CD con NUESTRA música!—insistió Tom. Sonreí, no sonaba mal.
— Por lo pronto, la única condición es que tendremos que ir a la capital. En Berlín podremos hacer nuestro sueño realidad. Así que iremos a vivir allá.
— Berlín... Pues… suena estupendo.—Sonrió mamá.—¡Felicidades! ¡Me hace feliz verlos así!

...Ir a ¡BERLÍN A VIVIR! Mi vaso con agua se estrelló contra el piso produciendo un fuerte sonido. Los pedazos de vidrio volaron por todas partes y yo aún no salía del asombro. Por alguna razón tal noticia había logrado revolver mis entrañas.
— ¿Estás bien, Vai?—me dijo Gordon acercándose a mí. Lo miré atónita, me di media vuelta y salí despavorida corriendo. No sabía a dónde iba. Me adentré en la primera habitación que vi. Había un sofá y un velador. Me lancé sobre el sofá y comencé a llorar. A mi madre le parecía “estupendo” que mis hermanos se fueran a vivir lejos de casa. ¿Sería que Gordon le hizo perder la cordura? Papá jamás hubiera permitido que esto pasara. ¡Jamás!
De pronto alguien tocó mi hombro con suavidad. Reaccioné violentamente poniéndome de pie. Era Bill. Lo abracé rápidamente al percatarme de su presencia.
— ¡Dime que no es cierto! ¡Por favor!
— Si lo es, Vai.
— ¿Qué haré sin ti? ¿A quién le contaré mis problemas con Mathew?—Inquirí separándome de él.  Mathew era mi primer “enamorado”, digamos. Ambos nos gustábamos mucho y al parecer a otras niñas de mi clase también. Yo le contaba absolutamente todo a Bill, todo sobre Matty y yo. Ina me lo había presentado ya que él era su primo. ¡INA!
¿Qué haría ella al enterarse que Bill se iba si ella lo adoraba? Bill también me contaba cosas  de su relación con ella. Nos habíamos vuelto muy amigos.  
Por lo menos Bill parecía preocuparse por mí, en cambio Tom… ¡Nada! Para él sólo existía su bendita guitarra. Ya entre Tom y yo nada nunca fue igual desde que papá se fue.
— Estaremos en contacto, Vai.
— ¡No! ¡No te vayas de la casa, por favor! ¡Si te vas me escaparé de casa!—amenacé estúpidamente. ¿Qué más podía decir? Me sujetó  de los hombros fuertemente y me sacudió.
— ¡¡No hables tonterías, Violet! Mamá se preocuparía mucho.
— Entonces ¿puedo irme contigo?—pregunté poniendo la cara más tierna que pude y sintiendo un atisbo de esperanza. ¿Por qué diría que no? Nos iríamos juntos, ellos me cuidarían y ya no iría a la escuela.
— No, mamá te necesita.— ¡Claro! Qué buena excusa.
— ¡Ya nada tendrá sentido sin ti!—Admití dramáticamente—... Bill, te quiero.—añadí. Lo abracé fuertemente de nuevo y él a mí.
— Yo más, pequeñita, pero esto es por lo que he esperado toda mi vida. ¿Acaso no quieres verme feliz?
— Sí, claro que sí, pero no lejos mío.
— Entiendo. Vai, no quiero perder esta oportunidad. Quizá no se repita nunca más.— explicó tomándome de los hombros nuevamente. Era extraño verlo con ese peinado emo y sus cabellos totalmente negros. Sus ojos estaban mil veces mejor delineados que los míos. ¿Cómo era eso posible!
— Prefieres perderme a mí, a tu familia, ¿Verdad?—repliqué continuando con el drama.
— ¡No digas eso!—respondió un poco molesto. Se sentó en el sofá apoyándose en sus rodillas. Mira, Tú vas a ser siempre mi mejor amiga y la chica más importante en mi vida.
— ¿Más que Ina?—Inquirí juguetona sentándome a su lado. Él sonrió.
—Ustedes dos y mamá lo son todo para mí.
Sonreímos y pasó un brazo por mis hombros. Me lancé sobre su pecho y lo abracé fuertemente. Empezaba a asimilar la noticia. No creí que fuera tan difícil. Los humanos a veces fallamos en entender que nos adaptamos a los eventos tristes o negativos tan rápido y tan fácil como nos adaptamos a los eventos felices. 
Pensándolo bien, no debería ser tan egoísta. Si Bill era feliz, yo también.

Esa misma noche después de llegar a casa, escuché a Bill sollozar en el teléfono. Él hablaba con Ina. Probablemente hablaban sobre el viaje a Berlín. Preferí no acercarme e irme a dormir. Bill tocó mi puerta después y me dio la mala noticia de que ambos decidieron ser buenos amigos. Bill estaba destrozado.


Llegó la despedida. Ina, mamá y yo no dejábamos de llorar. Sin embargo, Tom estaba muy tranquilo. Me pregunto si les habría dicho algo a las cinco diferentes chicas con las que lo vi. Tenía 14 años y creo que había estado con todas las chicas de Leipzig.
Gustav… también lo extrañaría. Tanto verlo en casa nos había vuelto amigos. Nos gustaba criticar a Georg a quien también extrañaría.
Pero Bill…

Matty me había ayudado en los 5 días que me pasé llorando después de que mis hermanos se fueron. Él parecía ser un buen chico…¡Qué estúpida fui!
¡Eso creí yo hasta que lo vi besando a una chica 2 años mayor que él! ¡Y encima, cuando fui a encararlo, me negó delante de sus amigos! Después supe que yo sólo era la “otra”. Nunca creí que me pasaría algo así a mis 11 miserables años de vida. Mi mundo se derrumbó. Mi primera decepción amorosa y Bill no estaba ahí, conmigo. No quería comer, dormir, conversar… Mi único compañero era Scotty, el perro que adoptamos hace unos meses. Mamá estaba algo asustada por mi comportamiento.
A las dos semanas, Bill se dignó a llamar. Me causó mucha curiosidad saber de que hablaban mamá y él, así que escuché la conversación.
— ¡No sé qué le pasa a tu hermana, Bill! Esta más delgada, no…
— Debe estar enferma.
— ¡no quiere ni hablarme! Cuando le mencioné ir al doctor me gritó un rotundo ¡No! Sólo baja a tomar agua y siempre trae la mirada perdida… creo que te extraña. Puede ser eso, ¿no?
— Pásame con ella.—finalizó Bill.
Me alisté para fingir que no había escuchado nada. Luego mamá me llamó. Debo admitir que me sentía algo débil, pero Matthew negándome y yo enterándome ser la otra retumbaba en mi cabeza
— ¿Hola?
— ¡Vai! ¿Cómo estás?
— Bien…
— ¿Todo bien con Matthew?
— No…— rompí en llanto al escuchar su patético nombre. ¡Yo si lo quería! Le conté lo que el miserable me hizo
— ¡Esto no va a quedarse así! ¡Te juro que voy a golpearlo cuando vaya!—se enfureció.
— O sea nunca.—respondí en son de broma limpiando mis lágrimas.
— No seas así, Vai. Te juro que lo haré pero no ahora.
— Mjm.
— Hay chicos mejores que ese idiota, Vai. Ya lo encontrarás. Violet, mamá me dijo que no comías.
— Es que con este asunto de Matty… la verdad no tengo hambre.

Mientras Bill decía algo, el techo de la casa se dio una vuelta. Me tapé los ojos frunciendo el ceño. ¿Qué fue eso?
— …Por mí, ¿Sí?
— ¿Qué?—balbuceé.
— ¿Vai? ¿Estás ahí?
Desperté hechada en el sofá y con mamá echándome alcohol por la frente. Tuve que comer luego de eso, me asustó mucho. Bill por poco compra un ticket de regreso cuando mamá le contó que me encontró tirada en el piso y el teléfono descolgado.


Pasaron 3 años más. Bill y yo nos manteníamos en contacto hablando por todos los medios de comunicación que había. Si hubiéramos sabido cómo usar fax, lo hubiéramos intentado. Ellos empezaban a volverse muy exitosos. Veía revistas de adolescentes con fotos y noticias de ellos. Ahora eran “Tokio Hotel” . Estaban ocupados haciendo giras por varios países de Europa. El colegio de pronto se volvió una tortura. Las fans me preguntaban por ellos, me perseguían y me pedían su número.  Ya ni sabía si mis amigas me querían a mí o a ellos o debería decir Tom. Las tonteras que hacía con su guitarra en los conciertos alborotaba las hormonas de mis amigas. Decían que era muy “sexy”. Bueno, no todas mis amigas. Fer, a quien conocía desde los 6 años, detestaba lo arrogante que podía ser Tom. De ella, al menos, estaba segura que me quería a mí y no la repentina fama que había nacido en mi entorno familiar. Ella estuvo conmigo mucho antes que “Devilish” o “Tokio Hotel” existiera.

De todas formas, lo inaguantable para una adolescente de mi edad era estar en boca de todos. ¡TODOS!
Hablaban de mi ropa, de Tom, Tom y Tom, de Bill y su indescriptible romanticismo… Había logrado acumular dos cajones llenos de cartas de las fans de mi colegio. Casi todas eran para Tom… ¿¡Pero qué rayos le veían a Tom!? Él era sólo un pervertido y mujeriego más. Me mostraron fotos en las que él le tocaba el trasero a una chica rubia muy guapa. Esta foto fue la causante de muchos corazones rotos y planes contra ella por parte de las niñas de mi escuela. Fer y yo estábamos aburridas de las chicas de mi grupo. Lo único que salía de sus bocas era Bill, Tom, Georg o Gustav. Ok, lidiaba con todas las fans, menos con una.

Ella era dos años mayor que yo, estaba en la clase de Ina y era  muy popular. Era muy bonita pero una arrogante total. Hasta donde sabía, estaba enamorada de Bill. Siempre lo estuvo pero Bill prefirió a Ina sobre ella. Es estos dos últimos años, ella había cambiado… físicamente. Era mucho más bonita que antes. Ella sabía que Bill y yo siempre fuimos inseparables. Yo por alguna razón, sentía celos de ella. Cada vez que pasaba junto a mí, me miraba mal.  Un día, en el baño, me la crucé. Estaba mirándose en el espejo, arreglando su cabello y retocando su maquillaje, era un poco más alta que yo y no podía vivir sin las minifaldas. Se me acercó, inesperadamente, y me habló.  
— Él regresará y esta vez no se me escapará de las manos.—anunció jugando con sus dedos y apoyándose sexymente sobre el lavabo.— Estaremos juntos. Me querrá a mí y me prestará más atención a mí. Ina y tú pasarán a segundo plano. Quieras o no, será inevitable. Bill será mío.—sonrió con desdén y siguió caminando, contorneando sus caderas.
— ¡Por qué me odias!—grité antes de que se fuera.
— Bueno,— se giró lentamente— uno, porque eres amiga de la gordita de Ina y dos, por que se que la amistad jamás renacerá  entre las dos. No sé si tú no te has dado cuenta, pero desde que te vi, noté una clase de rivalidad entre las dos. Somos incompatibles. ¿Nunca has sentido eso al ver a una chica? — Negué con la cabeza. — Ah, ya lo sabía. Ya lo sentirás alguna vez.
Me dio mucha cólera. Bill era mío y sólo mío. Ella estaría con él sobre mi cadáver. Única y exclusivamente cuando yo muera, ella tendría el camino libre.

Salió del baño y yo me quedé pensando. ¿Rivalidad? Bueno, noté a esta chica por primera vez cuando Ina me habló de ella.

Escuché la voz de Andrew, el chico que había logrado sacarme suspiros en las últimas semanas. Él era su mejor amigo y quizá amigo con derechos. Eso oí. Los chismes volaban en la escuela, en especial cuando se trataba de chicas populares.
Él tenía la misma edad que esta tipa, 16 años.

¡Era un Dios!

Pasaron dos años más. A fines de Marzo al fin cumpliría 16 años. Me pregunto si mis hermanos…
— ¡Vai! Hijita, Fer vino a verte.—gritó mamá desde la cocina.


— ¡Ya voy!—respondí cerrando mi diario. Lo había comenzado hace un par de días y trataba de resumir mi vida en unas cuantas hojas. Me puse de pie y cuando disponía esconderlo, Fer entró con una amplia sonrisa sospechosa. Supuse que se traía algo entre manos. La conocía tan bien…