Me la pasé sentada en el piso de la sala, pensando. La puerta se abrió, era Andreas. Me miró sentada y sólo suspiró. No lo saludé ni él dijo nada tampoco.
-Supongo que todo lo que dijiste en el almuerzo era mentira, ¿Cierto?
Lanzó sus cosas al sofá, se veía agotado.
-Sí.-afirmé fríamente jugando con el teléfono.
-Lo sabía, sólo una escena de celos por Shania.
No respondí a esa conclusión.
-Andreas, ¿Con quién saliste el sábado?-fui directo al grano, con la esperanza de que me dijera la verdad de una vez.
-Con amigos, como te dije.-mintió con mucho nerviosismo en su voz y aflojando su corbata.
-¿Amigos o amigas?-insistí yéndome por la tangente, quería ver si confesaba o no.
-Amigos.-recalcó. Suspiró cansado. Me sentí apenada por que no podía decirme la verdad.
-Shania acaba de llamarme hace unos minutos.-le mostré el teléfono que traía en la mano.-Me dijo que tú y ella salieron el sábado, justo el día en que cumplíamos 9 años de novios.
Él se quedó en silencio y se apoyó en el sofá, luego levantó la vista para mirarme.
-Vai, escúchame…
-No, ¡Escúchame tú!-endurecí mi voz y a la vez empezaba a quebrarse.-He confiado en ti a lo largo de estos dos años de matrimonio, pero estás empezando a darme razones para no hacerlo. Ahora me siento insegura al respecto.
-Estás exagerando.-se re incorporó sin mostrar importancia, parecía arto de escucharme. Se dio media vuelta y me daba las espaldas.
-¡No estoy exagerando! ¿Por qué me mentiste?
-Si te lo decía, te ibas a molestar.
-¡Por supuesto que me iba a molestar, y no era para menos! Y claro, no te hubiera dejado ir.-me puse de pie cruzando los brazos.
El sonrió sarcásticamente y sacudió la cabeza.
-¿No ME hubieras dejado ir?-soltó aún con esa patética sonrisa.-Vai, yo no soy tu títere para que me digas que hacer o que no debo hacer. Puedo tomar decisiones y sólo.-puntualizó para irse a la cocina.
Entre abrí los labios. ¿Mi títere? Nunca lo vi desde esa perspectiva.
-¿Qué?-dije sorprendida y lo seguí a la cocina.
-Que no soy de tu propiedad.-repitió preparándose un poco de café, lanzando las puertas del repostero para demostrar lo molesto que se encontraba.
-¡Ahora tú eres el que se comporta como un niño!-crucé los brazos. Se detuvo y me miró
-No estoy siendo un niño. Todo lo que digo es sensato.-pasó por mi costado dirigiéndose a la mesa.
-¡Claro señor correcto, tú siempre tienes la razón!-le dije irónicamente moviendo los brazos.
-Ya basta, Violet.
-No sé si no lo sabes, pero cuando te casas, ya no puedes tomar decisiones sólo ni pensar solamente en ti. Ahora estoy yo y nos volvimos uno al firmar esos malditos papeles.-golpeé la mesa con la palma de la mano haciendo que oprimiera los ojos, controlándose y dejando de hacer lo que hacía. En realidad buscaba que me oyera y dejara de preparar su café.
-¿Malditos?-murmuró.-Pareciera que te el matrimonio te agobia y que nunca quisiste casarte, como si todo fuera fastidioso para ti.
-Eso es lo que pareciera que tú piensas. Si quieres decirme que ya no quieres vivir conmigo o…-aguardé unos segundos, no estaba segura de lo que diría, pero me aventé.-divorciarte, ¡Dímelo! Por gusto seguimos con esto.-limpie una rebelde lágrima que rodó por mi mejilla izquierda. Intenté recuperar el aliento una vez más.
Frunció la frente y de nuevo se alejó de mí. Cogió su cabeza, algo confundido y tomó una bocanada de aire para dirigirse a mí.
-¿Divorcio?... ¿Esa es tu solución? ¿La vía más fácil? ¿Acaso no piensas resolver tus problemas?
-¡¿Mis problemas?!-me señalé, lo que dijo fue la gota que derramó el vaso.- ¡Son nuestros problemas y deberíamos resolverlos juntos!
-¡Son tus problemas, tú eres quien quiere divorciarse!-alzó la voz señalándome para luego seguir con su café.
-¡Estamos casados, Andreas!-alcé la voz también.- ¡Son nuestros problemas! ¡Tú pareciera que sólo piensas en ti, para ti, por ti y en hacer lo que tú quieras! Entonces, vive sólo y te olvidas de nuestro matrimonio.-chillé.
-¡Y sigues exagerando! ¡Haces ver todo esto cómo si fuera algo terrible!
-¡Lo es y ni siquiera te importa!-ahora era todo un manojo de lágrimas, mi corazón se estaba despedazando con cada una de sus hirientes palabras.
-¡Sí me importa, Vai! ¡Sólo quiero que dejes de manipularme!-sacó la cuchara del café y me miró muy serio. Sus ojos denotaban mucho enfado e ira.
-¡Qué!-sus nuevas palabras me hacían sentir peor, primero que lo trataba como un títere y ahora que lo manipulaba.- ¿Manipularte? ¡Sólo te pido que me incluyas en tus decisiones de día a día. Es todo, Andreas! ¿Es mucho pedir?
-¡Espera, Vai!-levantó un brazo.-También tengo una vida, no eres sólo tú y tampoco creas que eres el centro del universo.-Con lo que dijo, mi mundo se derrumbó y mi corazón terminó de despedazarse.- No puedo incluirte en cada cosa que haga, ¿Dónde quedaría yo? ¿Me olvido de mí por incluirte a ti?-guardó silencio esperando una respuesta por mi parte, que nunca llegó-... ¡Maldita sea!-bufó con cólera lanzando la cuchara con fuerza y muy lejos.
Cerré los ojos al escuchar el impacto en el suelo.
-Entonces-hablé al fin-… toma tus decisiones, Andi. Pero sólo… Me voy.-finalicé. Me di la vuelta y salí de la cocina llorando, muy rápido.
-¡Y acaso tú me incluyes en tus cosas!-salió atrás mío, buscando más pelea aún.
-¡Lo hago siempre, Andreas!-me giré pare enfrentarlo.-¡Un ejemplo de eso fue cuando salimos con Bill y su enamorada, yo no quería ir, pero terminé yendo sólo por ti, por estar contigo y no dejarte sólo… pero al parecer, tú no puedes hacer lo mismo por mí.
Continué con mi camino y me encerré en la habitación.
Me apoyé a la puerta y las lágrimas me salían sin control, tomé mi rostro empapado y se me iba el aire. Me resbalé hasta llegar al suelo y me encogí. Justo ahora, necesitaba de alguien… necesitaba de Bill…
Era interesante lo que me había dicho.
“Tú no eres el centro del universo”… y la verdad no me importaba serlo, pero si quería ser el centro del suyo.
Jamás me había sentido tan desolada y vacía. Por un momento, creí que podría morir de tristeza. Miré a mi alrededor… lo tenía todo a decir verdad, dinero, un trabajo estable, una casa o apartamento… pero me sentía incompleta. Desde que me casé, me sentí así. Creí que Andi llenaría ese espacio pero… eso nunca pasó. Viví engañada, me engañaba a mí misma. Creí estar completa ahora… pero hoy, descubrí que no. En realidad sólo era una máscara, jamás en mi vida me había sentido tan completa como cuando estuve con Bill. Era el único capaz de hacer que mi corazón latiera y se detuviera al mismo tiempo. El único capaz de hacerme sentir hermosa, toda una princesa. El único capaz de sonreír ante los problemas y darme espacio para pensar bien las cosas ya que suelo hablar incoherencias cuando me enfado… el único que me conocía muy bien.
Eso era Bill… y lo dejé ir por… vivir junto a alguien que creí amaría con el tiempo y hasta pensé que si lo amaba con fuerza… pero no.
Sentía un nudo en la garganta que no me dejaba respirar, aparte de eso sentía que era la peor mujer del mundo, como amante, esposa y amiga; incomprensible, celosa y patética. No era el centro de su universo… pues tampoco él era el centro del mío. Nunca lo fue.
¡Ya tenía que dejar de vivir así!
Con mi mente, transformé a Andi, lo idealicé. Lo volví mi tipo de chico perfecto con todas las cualidades que yo quería en un chico y justificando sus defectos y eso me enamoró de él… si yo no lo quería. Fue la ausencia que me debilitó y me volvió vulnerable y sólo hallé consuelo en brazos equivocados, como me lo dijo una vez mi hermano.
Pero era muy tarde para arrepentirme. Él ya tenía una novia, una vida y yo… estaba fuera de todo.
Eso me hacía sentir más sola aún. Caminé como pude a buscar mi cartera. Encontré unas pastillas para dormir que había comprado hace unos días. Sabía que no podía huir de mis problemas, pero no podía afrontarlos ahora.
Tomé el frasco y me puse de pie. Caminé al baño, me vi en el espejo. Todo mi maquillaje corrido, lágrimas negras marcaban mis mejillas. Llené un vaso con agua del caño. Vertí el frasco en mi mano, tomé todas las pastillas que cayeron y bebí el agua. Después de eso, me recosté en mi cama. No tenía ni ánimos para cambiarme, así que me quedé con la ropa de trabajar. Esperaba ansiosa que el sueño se apoderara de mí y me ciñera en sus brazos y me quitara este profundo dolor… al menos por una noche. Me concentraba en la luz que emanaba la lámpara. Empecé a tararear una canción mientras esperaba que las 10 pastillas que tomé hicieran efecto.
Poco a poco mis ojos se fueron cerrando hasta que no vi más la luz.
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Andreas se fue a la cocina y se apoyó en la silla. Lanzó la taza de café al suelo con cólera y la mesa la mandó al suelo, también. Se puso a llorar de la impotencia que sentía. Sacó su celular del bolsillo y marcó el número de su mejor amigo, Bill.
-¿Andi? ¿Cómo vas?- el rubio no le respondió, sólo se escuchaba un incesante sollozo.-¡Me estás asustando!
-Acabo de discutir con tu hermana.-balbuceó con dificultad.
-Pero debe ser una de esas peleas, de seguro mañana todo estará bien y ustedes…
-¡No lo entiendes, Bill! Jamás habíamos discutido de esta forma…-lo interrumpió.-Creo que nuestro matrimonio empieza a… acabarse.
-No… no digas eso. Vai siempre ha sido así. Suele hablar tonterías cuando se enfada, habla sin pensar y luego se arrepiente. Lo que yo hacía, era opacar su enfado con ternura, eso la hacía volver y luego disculparse.
-¡No puedo ser tierno cuando me molesto, Bill! Tú me conoces…
-Sí, lo sé. Siempre supe que podrían chocar…
-He aguantado todo hasta ahora, pero no pude más. Exploté y… se puso a llorar y… me dijo que se iría de casa.
-¿Tanto así?-preguntó con más curiosidad. Se preocupaba más por su hermana que por su amigo, era obvio.
-Sí y… me siento mal.
-Andreas, tienes que cuidar a Vai.
-¿Qué?
-Suele hacer tonterías cuando se deprime. ¿Ella está bien? ¿Dónde está ahora?
-Se encerró en la habitación. Ya está muy grande como para hacer tonterías, Bill.-replicó detonando irritación en su voz.
-Bueno. ¿Qué harás ahora?-contestó él mientras su mente pensaba en lo que pasó hace tanto tiempo, años… Cuando se cortó las muñecas… y por poco muere. Andreas no sabía del todo tratarla. Vai era complicada y arrebatada y sí… a veces incluso muy inmadura.
-Para eso te llamo. Ella… no va a querer hablarme, quizá tú… puedes intervenir.
-No puedo resolver tus problemas, tengo los míos.
-Deberías darte una vuelta, Bill. No estoy seguro aún, pero creo que viajaré por un buen tiempo y muy pronto. Necesito pensar todo esto, te llamo luego. Adiós, Bill. Y gracias por oírme.
-No te preocupes, para eso están los amigos.
Bill colgó, era una gran excusa para deshacerse de Sophie y viajar sólo a Berlín y conversar con su hermana. Al fin y al cabo, era el único que sabía cómo tratarla.
-¿Con quién hablabas?-interrumpió Sophie.
-Con… Andreas. Tuvo una pelea y… viajaré este fin de semana a Berlín.
-¡Genial, voy contigo!-se animó.
-¡No! No es necesario. Debo ir sólo y… probablemente no tenga tiempo ni para darte un beso y no quiero que eso pase, ¿Por qué no te quedas?
-¿Estás intentado de decir “No quiero que viajes conmigo porque eres muy molestosa”?-se enfadó.
-No, mi amor, sólo que es mejor así, son cosas familiares y…
-¡Lo sé! Y yo pronto seré parte de tu familia.-sonrió ella muy feliz.
-Sí, claro.-le siguió la corriente-Pero debo ir sólo, nos comunicaremos por teléfono.
-Bueno, no quiero presionarte, tendrás tus razones. Y… ¿A cambio de eso que me das?-se mordió el labio inferior tomándole las manos.
-Eh… ¿Qué quieres?
-¿De verdad no lo sospechas?
Él sonrió.
-¿Otra vez?
-Lo dices como si te aburriera. ¿Tan mala soy en la cama?-hizo un puchero.
-No, claro que no. ¿Qué esperas?
De nuevo ella lo besó y cayeron juntos a la alfombra. Era de noche, estaban las luces apagadas y sólo la tenue luz de la lámpara alumbraba. Perfecto.
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Habían pasado 3 días. No me fui de casa, porque no tenía a donde ir. No pensaba irme con mamá o con Fer, sería mejor buscar un apartamento para mí sola. En ese tiempo, no hablamos. Es como si viviera sola y él también, como 2 extraños compartiendo la misma casa.
Ya se había acostumbrado a dormir en el sofá y yo en la habitación. Seguía yendo a trabajar, no tenía de otra. Nadie notó mi estado de ánimo, sólo Fer a quien le conté lo que me pasó. Me invitó a quedarme en su casa cuanto tiempo quisiera, me negué. Era mejor que no. Ella tenía su propia vida, con Fran. Si yo iba, ya era mucha gente. Me la había pasado tomando pastillas para dormir y excesivamente. Cada vez las sentía menos por lo que tomaba más. Y el alcohol… lo había dejado momentáneamente. Con las pastillas era suficiente. Así se pasó toda una semana. Llegó el viernes. Agarré un periódico y me puse a buscar apartamentos.
-¿Qué haces?-cuestionó fríamente al verme con un lapicero.
-Buscando un apartamento para irme. Te dije que me iría y pienso cumplir.
-No es necesario-replicó. Tenía curiosidad de preguntar, ¿Por qué?-Yo me iré. Puedes quedarte.
-No necesito migajas, Andreas. Me iré y punto, para eso trabajo. Tú quédate aquí.
-Fuera de eso, viajaré hoy en la noche. Henry habló de mí muy bien en Italia que muchos de sus amigos quieren conocerme, es una gran oportunidad para crecer y… accedí.
-¿Viajarás sólo?-continué con la conversación.
-Yo… no.-dudó en decírmelo por un momento, ya sospechaba que lo diría.-Shania fue invitada también y… no queremos viajar solos así que iremos juntos.
“o dirás no quiero viajar sólo…”-pensé en decirle, pero menos mal mordí mi lengua.
-Qué bien.
De nuevo tenía esas locas ganas de llorar, como me había pasado la semana completa, llorando. No contesté más ni dije más para no seguir hablando, era mejor así.
-Sí… me iré a alistar.
Escuché sus pasos alejarse y me quedé sola de nuevo.
“Tranquila, Vai, cuando se vaya, llora lo que quieras”-me animaba. No quería que me viera llorar una vez más.
Pasaron unos horas, 2 para ser exacta, que fueron muy largas. Lo escuché cargar su maleta y se detuvo atrás mío.
-Adiós. No sé en cuanto tiempo volveré. Es mejor darnos un poco de tiempo, quizá tu lo necesitas.
Salió y cerró la puerta con suavidad. Despedí el periódico lo más lejos que pude y rompí en llanto. Me fui a la cocina y saqué la botella de Ron que tenía desde hace semanas. Me dirigí a mi cuarto y saqué las pastillas, las rocié todas en la cama y empecé tomar una por una junto con el alcohol. Quería quedar inconsciente, olvidarlo todo. Y esta era la única forma.
Me había tomado 2 frascos de pastillas para dormir. Y toda la botella de alcohol. Esperaba eso funcionara. Como desearía que fuera Bill lo primero que vea mañana…
Me puse de pie, empecé a sentirme mal derrepente, pero fue en vano. A penas me paré, caí al piso sin más.
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-¡Oh por Dios!-le cerró Fernanda la puerta en la cara al verlo. Era Tom.
-¡Por favor escúchame!-rogó él. Ella se apoyó en la puerta con el nerviosismo a flor de piel. Tom hizo lo mismo.
-Vete o llamaré a mi novio.-lo amenazó. No quería sentirse vulnerable de nuevo.
-Fer, sé que ese bebé es mío.
-¡Qué estás hablando! Ya te dije que es de Fran. Ahora vete.
-No me iré hasta no conversar contigo.
-Tom, no pienso abrirte, sólo desaparece, ya vete.
-Cómo quieras.
Fer se adentró a la cocina preocupada, llamó varias veces a Vai para contarle todo, pero su celular sonaba y sonaba sin recibir respuesta alguna. Subió a su habitación, menos mal Fran no iría esa noche. Se recostó en su cama y se quedó dormida. De pronto el sonido de una ventana abrirse la despertó. Era la de su habitación. El viento la había abierto, se puso de pie y caminó descalza a cerrarla, algo le dijo que mirara abajo y eso hizo.
Tom estaba sentado en las gradas del porche, se abrazaba él mismo por el frío que hacía. Fer entreabrió los labios, sorprendida, entonces lo oyó estornudar.
De inmediato bajó las gradas, y abrió la puerta.
-Eres muy terco, Tom Kaulitz.-alegó con seriedad colocándole una manta.-Entra o te enfermarás.
Tom sólo la miraba, entró a la casa de Fer y pudo ver la hora, eran 2:30 de la mañana y él seguía ahí tiritando de frío, pero ni pensaba moverse si era necesario.
Lo condujo a la cocina, él tomó asiento y estornudó otra vez mientras Fer preparó algo de tomar, un mate para ella y café para Tom.
Los minutos que transcurrieron, eran muy incómodos, ella podía sentir la mirada de Tom clavada en su espalda.
-Tienes suerte que Fran no venía hoy.-rompió el silencio dejándole su taza de café en la mesa y ella tomando asiento también.
-¿Suerte? Él tuvo suerte de no haber venido. Si lo encontraba, él…
-¡Basta, dime a qué has venido y lárgate!-lo interrumpió.
-Claro-miró el suelo sin saber que palabras escoger para decirlo todo.-Hablaba con… Vai un día y ella me insinuó que… tú bebé es mío.
-Voy a matarla por andar ventilando mis cosas.-afirmó sorbiendo un poco de café.
-Entonces es…
-No es cierto, Tom Kaulitz. El bebé no es tuyo, antes de que nazca haré pruebas de ADN para confirmarlo, si deseas. Llevo 5 meses de embarazo y… lo nuestro pasó hace 4 así que es imposible.
-Pero al menos hay una ligera probabilidad que el médico se equivocara y…
-¡No-es-tuyo!-volvió a repetir dando énfasis a cada sílaba.
-No te creo.-dijo sin titubeos mirándola a los ojos.
-Es… tu problema. ¿Te vas? Tengo sueño.-se puso de pie de nuevo.
-Fernanda, siento que ese hijo es mío, no sé cómo pero lo sé. Quizá tú piensas que soy un inmaduro.-Se paró para acercarse a ella.-Pero he cambiado, de hecho cambié desde que me dejaste. Busqué a miles de chicas con las que pasarla bien a ver si llenaba eso que me faltaba pero, no pude hallarme a mí mismo. Me faltabas tú… aún te amo y lo digo en serio.
Ella escuchaba atentamente, tenía unas ganas locas por decirle lo mismo, pero su orgullo se lo prohibía.
-Fuiste tú él que terminó con nuestra historia, nuestro cuento. Yo amaba cuando nos peleábamos por tonterías, ver tu sonrisa, la forma en que reía cada que estabas conmigo. Pero…
-¿Pero qué?
-¡Cómo te atreves a preguntarlo!-se giró bruscamente.- ¡Me engañaste con esa escuálida estúpida y quedé como una tonta y muy bien adornada, porque estoy segura que no sólo fue ella!
-Ashley nunca significó nada, lo sabes. Fue que estaba ebrio, te lo he explicado miles de veces.
-No por eso voy a olvidar lo que me hiciste con esa… tipa. Apareció en cada periódico y shows de televisión “Tom Kaulitz y Ashley Olsen en una relación” ¿Te acuerdas? Ni siquiera fuiste discreto, Tom. Los paparazzi estaban atrás tuyo, siguiéndote mientras la llevabas a un hotel y nunca te interesó, ¿Creíste que no me enteraría? Y encima cuando te lo pregunté, me lo negaste todo.
-No sabía cómo decírtelo…
-¡Son excusas!-chilló.- Tuviste todas las oportunidades del mundo para decírmelo, pero no lo hiciste. Cuando mandé esas fotos a tu e-mail, nunca respondiste. Te llamé y parecía que ni me escuchabas, no te importó por lo que yo estaba pasando. Cuando llegaste para explicármelo todo, mentiste de nuevo y… estabas allí, parado.-señaló hacia la puerta de la cocina.- pero era como si nunca me hubieras visto en tu vida, tu mirada era fría y desinteresada, como si dijeras “Soy Tom, el sexgott y hago lo que me da la gana con los sentimientos de las personas”- gritó aún más fuerte mientras cerraba las manos en forma de puños. Recordarlo era volver a vivirlo.
-Fer….
-¿Sabes cuánto me dolió al menos?
-Y ahí me lanzaste tus platos y todo lo que tenías a la mano, aún tengo la cicatriz en el brazo de tu lindo florero rosado.-recordó él mostrando su brazo.
-Y no era para menos.-replicó ella. Tomó sus cabellos y los amarró en una cola dándole las espaldas a Tom.
-Fer, se que fui un idiota y te pido disculpas.
-Estás disculpado, pero nunca podré olvidarlo y si lo hiciste una vez, lo harás de nuevo.
-No si te casas conmigo.-respondió muy rápido.
La sangre de Fer se congeló, lo miró entonces y parpadeó nerviosa.
-¿Estás proponiéndome matrimonio?
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Lo primero que hizo Bill, fue buscar un avión. El primero del día salía a las 6, pero los pasajes se habían acabado así que le quedaba el de las 9 de la mañana, se sentó a esperar.
De pronto sintió que algo andaba mal, lo cual lo desesperó un poco. No podía hacer nada para llegar antes, sólo le quedaba esperar. Sintió miedo de pronto.
-Quizá son los nervios por ir a verla.-intentó tranquilizarse.
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-¡Era obvio que no!-ella golpeó la mesa con el puño y le dio la espalda.
-Aún no me siento listo para casarme, pero…
-¡Sólo, vete! Y no vuelvas más, Tom. Hablo en serio. Se acabó. No quiero que vuelvas por aquí, olvídate de mi rostro, las cosas lindas que vivimos, olvídalo todo. Estás muerto para mí desde ahora, no existes.-sentenció dejando caer una lágrima.
-Fer, no puedes decirme eso, es imposible…- la voz de Tom se había quebrado, lo cual la sorprendió.
-Es tú problema. Vete ya.
El silencio no tardó en notarse. Ella jaló una silla y buscó algo encima del refrigerador. Sacó una caja de terciopelo y lanzó el contenido al suelo. Era un anillo.
-Olvidé dártelo cuando peleamos.-inquirió muy fría.
Tom recordó todo lo referente al anillo. Ella se lo había pedido un día que estuvo ebria, aún podía recordar la escena perfectamente, le dijo que lo quería… él había decidido comprarle uno, de oro blanco y 5 piedras… era de compromiso… recordó cuando se lanzó de la ventana al verla justo en el césped de su casa, ebria de nuevo… ella había ido a buscarlo para pedirle perdón por haberle dicho que no valía nada para nadie, se iba a quedar sólo por ser así.
Se sentó a su lado, ambos estaban en silencio y así permanecieron por un buen rato, hasta que Fer lo rompió.
-¿Así que ahora estamos comprometidos?-preguntó sarcásticamente.
-si-admitió.
-Pero ¿cómo vamos a estar comprometidos si no somos nada, ni siquiera amigos?
-Nada es imposible.
-¿Qué? ¿Cómo vas a saltar los pasos de amistad, flirteo, enamoramiento, y recién compromiso? ¿Estás loco?- Al ver el silencio de Tom, prosiguió-No sabes lo que dices.
-Y tú lo que preguntas.
-¿Sabes qué? ¡Soy demasiada mujer para ti!-Alegó ella muy orgullosa con un tono amenazador.
-no, yo soy mucho hombre para ti, no entiendo como pude creerme tu cuento de que no soy nada, ¿cómo pude sentirme así? Yo soy algo, soy mucho, lo mejor.
-y encima lloriqueaste-inquirió riendo.
-No lloré, sólo…
-Lo insuficientemente hombre como para negar lo que sientes ¿Vez?-interrumpió Fer.-No eres más que un cobarde, como todos los demás, que se creen los machitos.
-está bien ¡lloré! ¿Feliz? Pero fue porque me hiciste sentir mal. Pero aun así, se que valgo mucho, y no cambiaré, seguiré siendo como soy.
-como pude tragarme tu cuento del anillo-expresó mirando su dedo rodeado por el brillante anillo.
-¿Sabes por qué? Porque estas ilusionada conmigo, como todas. Crees que yo estoy enamorado de ti, que será romántico y te diré “Oh, Fer, Te amo”…como todas lo piensan. Nunca amaré a nadie, no me imagino con una misma mujer todo el tiempo, ¡NUNCA! Así que sigues siendo tan común y corriente como todas.-contestó con un tono hilarante que molestó a Fer. Y esa sonrisa atorrante…
Ella se levantó y se arrodillo al frente suyo y le mandó una bofetada cargada de cólera, Tom casi cae de costado, se sujetó la mejilla, sacudió la cabeza y sonrió.
-No me dolió-dijo empezando a reír.
- ¿ah no?
Fer le metió otra bofetada en la otra mejilla, mucho más fuerte que la primera. Tom se repuso y siguió riendo.
-¿es todo lo que tienes niñita? ¡Qué débil e…!
No pudo terminar. Lo que Tom dijo provocó a Fer, con todas sus fuerzas le metió un puñete en el labio. Se sintió satisfecha al ver la cara de dolor de Tom.
-¿Y eso? ¿Te dolió amorcito?-comentó irónicamente.
-¡mierda!-se quejó tocando su labio ensangrentado-¡no siento nada, lo juro!
Empezó a reír con ganas, Fer se sentía cada vez más impotente.
-¡Quieres otro acaso!-dijo con ira.
-¡Vale! ¡Pega con todas tus fuerzas, niñita! Esto es diver…
-Fer no lo dejó terminar nuevamente, le dio un fuerte puñete en el labio nuevamente, más cargado de ira. Tom tocó su labio y seguía riéndose.
-¡Vamos! ¡Admite que te duele idiota!-gritó enojada.
- ¿Sabes que siento? Como si estuvieran acariciándome.
Fer intentó de nuevo, pero esta vez Tom sujetó su mano antes que llegara a su rostro.- ¡Me toca a mí!-masculló a lo que Fer contestó indignada.
-¿Vas a pegarle a una mujer, cobarde? ¡Dale, hazlo!-lo incitó.
Tom hizo el ademán de que iba a golpearla en serio. Ella cerró los ojos a lo que el aprovechó.
La vio tan indefensa, se acercó a ella, la tomó por las mejillas con suavidad alejando todos los cabellos que cubrían su bello rostro con el maquillaje corrido, y unas ojeras marcadas por la amanecida.
-Jamás lo haría mi Fer ¡Jamás te tocaría más que para acariciarte! Ni siquiera borracho te haría daño.
Fer colocó sus manos encima de las de Tom, cerciorándose de que el no las quitara de sus mejillas.
-¿qué me has hecho? ¡Responde!-exigió saber ella, llorando.
-no, tú responde ¿Qué mierda me has hecho Fernanda? ¡Mírame! Estoy así de golpeado por ti, bueno tú lo hiciste pero… (…) Estoy así de ebrio por ti, siéntete afortunada.
-Quiero que lo conserves… -dedujo al recordarlo todo, ese anillo cargaba mucho sentimiento.
-No quiero nada tuyo, llévatelo.-ordenó.
Tom se dio media vuelta, ella vio con el rabillo del ojo que él se inclinaba al suelo, concluyó que lo recogía.
Escuchó la puerta cerrarse y entonces giró, lista para llorar. Pero vio algo brillante en el suelo. Tom había hecho el ademán de recogerlo, pero seguía ahí.
-Me engañó.-dijo para sí misma. Se agachó a recogerlo y lo miró con tristeza.
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El timbre sonó muy fuerte e insistente. Fui poco a poco recobrando la conciencia. Me sentía débil y soñolienta. Me puse de pie con ayuda de la cama y caminé lentamente a la puerta arreglando mi cabello.
-¿Fer?-pregunté abriendo los ojos para verla mejor.
-¡Vai, terminé con Tom, ahora si es definitivo!
Se echó a llorar a mis hombros, la abracé. Nos adentramos y le preparé café.
-Dejé el café.-dijo entre sollozos.-Le hará mal a mi bebé.
-Bueno, no lo tomes… ¿Qué te pasó?
-Tom fue a verme, me dijo que tú le dijiste que el hijo era suyo. ¿Cómo pudiste, Violet?
-Se me escapó supongo.-admití. Claro que lo recordaba.
-Lo negué todo y le lancé el anillo que me dio cuando teníamos 17, ¿Recuerdas?
-Por supuesto.
-Pero me engañó y no lo recogió.
-Terrible.-murmuré.
-¿Estás bien?-se limpió la mejilla con el dorso de su mano.
-No, me siento algo mareada… como si me hubieran… drogado. No sé…
-¿Te-te drogas?-titubeó.
-¡No!... deben ser las pastillas para dormir que estoy tomando. Pues pienso que no deberías haber hecho eso, era la oportunidad perfecta para regresar con Tom.
-Sí, creí que iba a proponerme matrimonio y…
Me contó todo, la escuché atentamente y le ofrecí mi casa si quería. Rechazó mi oferta.
-De todas, dejaré el departamento. Me compraré otro lejos de este, no quiero ver a Andreas. Se fue a Italia con Shania, deben estar ahorita besándose.
-Andi jamás haría eso, él te ama…. Es uno de los pocos hombres fieles que conozco…
-La carne es débil, amiga. –la interrumpí.
Después de conversar un poco más, me hizo prometer que no hablara mas de su embarazo con Tom. Tenía que conversar con él, había una forma de solucionar todo… me fui a bañar y cogí el periódico que había estado marcando el día anterior, había encontrado un departamento y debía ir a verlo. Me bañé, cambié y salí.
Apenas lo vi, supe era perfecto. Le dije a la señora que depositaría el dinero apenas me fuera, me era urgente mudarme, accedió.
Fui al banco, pagué el departamento y comenzaría la mudanza ahora. La mitad de mis ahorros de toda mi vida se fueron…
Fui a mi casa y me entristeció más. Ya eran 1 de la tarde, metí mis cosas a una maleta, no pensaba llevarme muebles ni nada, me evitaría problemas. Saqué por último el frasco de pastillas. Una lágrima se resbaló hasta caer encima de la cama. Abrí el frasco y nuevamente me tomé cuantas entraron a mi boca. A penas llegara a mi departamento, dormiría. Aunque aún no tenía cama… ¿Y eso qué?
Bebí un buen sorbo de ron y dejé la botella en el refrigerador. Arrastré mi maleta a ruedas por el pasillo y lo dejé en la puerta, había olvidado mi cartera adentro.
La busqué por la cama y la hallé. La cogí y me miré a ese espejo por última vez. Ahí estaba yo. Me sentía la misma niña de 17 años pero en otro cuerpo… con ojeras marcadas, el pelo enredado pero disimulado en una cola, un polo ceñido a mi cuerpo y un pitillo negro. Me puse los lentes de sol y pinté mis labios de rojo.
Ya podía mirar a mi esposo acostándose con Shania, podía verla desvistiéndolo y él muy feliz. Los recuerdos de mi boda, la vez que le pedí que me dejara en paz en la discoteca Tanzpalast porque era el último día que Bill pasaría conmigo antes de irse, cuando bailamos “The reason” y yo moría por dentro ya que mi hermano me observaba con aflicción en la mirada. La primera vez que le pedí un beso en el hospital, cuando me dio un anillo pidiéndome que sea su novia y Bill me obligó a aceptarlo, cuando de niños siempre Andi me invitaba un helado al salir de la escuela, o me invitaba su sándwich algunas veces… el día en él que me “ayudó” a hacer mis tareas, Bill había dejado de llamarme y yo llené ese vacío con Andreas… fue cuando lo vi con otros ojos y me di cuenta que lo ‘amaba’.
Cuando me pidió matrimonio, cuando nos casamos… nuestra luna de miel, cuando hicimos el amor esa tarde… todo eso pasó por mi mente… casi siempre fue culpa de Bill.
-Fue por tú culpa que terminé con este idiota. Jamás debí casarme con él, he cometido el error más grande de mi vida.- balbuceé rompiendo en llanto mirando como miles de lágrimas caían por debajo de los lentes de sol.- ¿A quién engañas, Violet? Bill no tiene la culpa, en realidad tú tienes la culpa… tu matrimonio hubiera ido bien si le dabas un hijo a Andreas… Pero no tengo que hacer lo que él quiera… ¿No? Sólo por complacerlo…. ¿Y dónde quedas tú?-me regañé. Tapé el labial y limpié mis ojos. Estaban rojos, hacía muy bien en llevar esos lentes. Iba a salir cuando el frasco de pastillas llamó mi atención, ¿Para qué dejarlo casi vacío? Seguro había un par de pastillas quedando.
Me tragué las pastillas restantes y me ayudé con agua del caño. Así estaría mejor. Guardé el envase en mi cartera y salí de mi habitación. Caminé unos cuantos pasos cuando de pronto la sala dio una vuelta. Me sostuve con la pared e intenté caminar. Pensé que serían mareos por no dormir bien, pero pronto volvió y aún más fuerte.
Pretendía llegar al sofá y recostarme un rato para que se me pasara un poco pero el calor inundó mi cuerpo de pronto y la temperatura se me elevó, mi respiración aceleró y el pecho empezaba a dolerme fuertemente.
Quise calmarme pero era imposible, era como si estuviera a punto de colapsar, fuertes dolores de cabeza aumentaron aquel doloroso instante y antes de caer al suelo, pude ver a alguien parado en la puerta. Caí al suelo y podía sentir que me sacudían, pero poco a poco la consciencia se fue quedando dormida hasta que no pude sentir más, me había ido.
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Apenas Bill llegó al aeropuerto, fue muy rápido al departamento de Vai, podía presentir que algo andaba mal y que debía llegar lo más rápido posible.
Llegó al edificio y el ascensor no llegaba, subió los 8 pisos por las escaleras hasta llegar totalmente agotado, pudo ver una maleta afuera y corrió con lo que le quedaban de fuerzas, fue la peor escena la que vio. Su hermana apoyándose en la pared con una expresión de sufrimiento y a punto de caer al suelo. Gritó su nombre, clamó por ayuda y entró corriendo a socorrerla. La sacudió para que despierte.
-¡Vai! ¡Vai!-quitaba los cabellos de su rostro y le daba palmaditas muy suaves en las mejillas. La miraba así y no hallaba que hacer. Vio su cartera y decidió abrirla, encontró 2 frascos de pastillas para dormir vacíos, dirigió la vista a Vai, tocó su rostro de nuevo y se percató de que ardía, la tomó entre sus brazos y la pego a su cuerpo en un abrazo. Lloró y se sintió culpable, Vai lo había vuelto a hacer, se había dañado de nuevo… su pequeña. De inmediato sacó su celular y llamó a una ambulancia exasperado, colgó y lanzó el celular, la tomó en brazos y la sacó de allí, los vecinos lo ayudaron a bajar por el ascensor. Esperaba detener a un taxi, la ambulancia estaba tardando y él sentía que con cada minuto menos, la vida de su hermana se iba, podía sentirlo muy dentro suyo, como si estuvieran conectados… era su hermana después de todo.
La sirena se hizo oír, ya llegaban, al verlos, ellos bajaron muy rápido y la subieron a una camilla. Bill subió con ellos, lloraba de miedo, miedo a perderla… ellos hacían su trabajo, le pusieron una mascarilla de aire, ella tenía una leve capa de sudor. A pesar del clima frío, seguía ardiendo en fiebre. Empezaron a ver sus signos vitales, de pronto uno miró alarmado al otro, sacaron los desfibriladores y los embadurnaron con un gel, era suficiente para deducir que el corazón de su hermana había dejado de latir, sintió que se volvía loco, tomó su cabeza en señal de desesperación, intentó lanzarse hacía ella, gritando su nombre mil veces, pero lo detuvieron.
Aplicaron la primera descarga eléctrica, la máquina no marcaba nada, lo hicieron de nuevo…
Bill quería que lo soltaran, hasta los golpeó para que lo dejaran acercarse pero no lo logró. El corazón de Bill le pertenecía a Vai, el corazón de Vai ya no latía… entonces su corazón tampoco. La vista se le nubló y cayó al suelo.