Apenas Fer salió del hospital, fue
directamente a su casa. Tom ya se había ido a Los Angeles y seguía haciendo lo suyo. Fer sacó dinero, y
fue directamente al aeropuerto con su pequeña en brazos.
-¿Aló?
-Bill, soy Fernanda.
-¡Hola! ¿Cómo estás?-contestó algo
animado.- ¿Cómo está la bebé? ¿Ya tiene nombre?
-Mira… estoy yendo a Los Angeles. Quería
saber dónde está Tom. Quiero hablar con él.
Bill guardó silencio.
-Pero… ¿cómo vas a venir con la niña si
tiene…?
-¡Bill Kaulitz! ¡Cállate!-se sobresaltó
Fer.- ¿Me vienes a recoger al aeropuerto o qué?
-Bien, iré con mi novia…-admitió algo
incómodo.
-No me interesa.-contestó cortante Fer.
-¿A qué hora llegas?
Fer le contó sus planes y le dio los
datos necesarios para encontrarse. A eso de la tarde, cuando llegó, tuvo que
soportar a la rubia que no dejaba de alabar a la niña en brazos de Fer quien
sólo dormía por ahora.
Subieron al auto. Bill estaba
sorprendido de verla algo nerviosa pero decidida y en especial, verla sin
equipaje.
-¿Piensas quedarte por mucho tiempo?
–Inquirió la rubia quien estaba sentada en el asiento de copiloto.-¡Puedes
quedarte en nuestro departamento! Hay suficiente espacio para dos.-sonrió.
-No. Tengo que ver a Tom. Además, me
quedaré por 1 día.-musitó acomodando a la niña. Ella se estaba despertando,
lista para llorar.
-Fer, no entiendo nada. ¿A qué has
venido?-continuó Bill la conversación mirándola por el espejo retrovisor.
Fernando le lanzó una mirada asesina. Se
notaba a leguas que de buen humor no estaba.
-¿Y cómo está Vai?-reanudó la
conversación la rubia sonriendo exageradamente de nuevo, girándose a ver a Fer
como si fueran amigas de toda la vida.
Bill, al oír ese nombre, no pudo evitar
ponerse un tanto nervioso y frenando tempestivamente.
-¡Quiero llegar viva a casa de
Tom!-gruñó Fernanda.
-¡Mi amor! Con cuidado.-agregó
dulcemente la rubia y le dio un beso en la mejilla. Luego acarició su muslo con
ternura. Bill se veía incómodo y Fernanda molesta.
-Falta poco…-murmuró él.
-Bueno, no contestaste mi pregunta.- insistió Sophie.
-Vai está mejor que nunca. Me contó que
al fin dejará de pensar en el idiota de su EX y que conoció a un chico latino
de sangre caliente que es todo un Adonis. –contestó con un aire de desafío
observando las reacciones de Bill.
-¿Adonis? Wow debe ser musculoso, alto,
piel tostada y fuerte.-fantaseó Sophie imaginando al inexistente “Adonis” de Vai.
-Mejor guardamos silencio porque la niña
está durmiendo.-interrumpió Bill.
-¡Ay mi amor! Tan aguafiestas como
siempre. No me dejas hablar con la amiga de mi cuñada. Me interesa mucho mi
familia, ¿Sabes? Además, yo sé cuán importante es Violet para ti. Ella me odia,
no sé porque, pero te prometo que cuando nos casemos, nos vamos a volver
mejores amigas.
Fer se sintió ofendida. La fulminó con
la mirada y respiró profundamente. Necesitaba controlarse.
-¿Y si adelantamos la boda?-opinó Bill
ofuscado.
Fernanda y Sophie dirigieron sus miradas
de inmediato hacia Bill. La rubia emocionada y la pelinegra confundida.
-¡En serio mi amor! ¡Eso me haría muy
feliz!-gritó emocionada.
-¡Se pueden callar, se va a
despertar!-gruñó Fer arrullando a su nena.
-Casémonos en dos semanas. –prosiguió él.
-Esas serán excelentes noticias para tu
hermana.-le recriminó Fer.
-Dile que invite a su “Adonis”.-contestó
don orgullo o más conocido como Bill Kaulitz para apagar el auto y abrirle la
puerta muy educadamente a Fernanda. Ella se bajó.
-Idiota.-susurró y se encaminó hacia la
puerta de ese edificio.
-¡Es el departamento 213 del piso
12!-gritó Bill.
Fer lo escuchó muy bien. A cada minuto,
ella sentía morir. Tenía la ligera sensación de que iba a desvanecerse en
cualquier momento con su pequeña en brazos. Quizá era ella, la nena, la que le
daba fuerzas y evitaba que Fer cerrara los ojos. La luz del marco superior del
ascensor marcó piso doce. Segundos después las puertas se abrieron y Fer salió.
-¡Tranquila, Fernanda!-se auto animó
respirando profundamente tres veces. Empezó a caminar buscando con la mirada el
numero 213.
209… 210… 212…
-Aquí es, nena. Aquí vive tu padre.
Se arregló el cabello con una mano, y
luego tocó 3 veces. Esperó y escuchó como alguien quitaba las aldabas. La
puerta se abrió plenamente y apareció un Tom sin polo quien apenas vio a Fer
cambió de expresión. Su indiscutible forma de ser y sus ademanes- relajado,
sonrisa bacán, postura de chico malo- desaparecieron.
-¿Fer?-dudó.
-Sí, la misma.-contestó evadiendo su
mirada, muy orgullosa a pesar de ser ella quien lo buscaba.
-¡Llegó la pizza!-apareció una chica por
atrás de Tom, una pelinegra con rasgos físicos muy similares a los de Fer. Sólo
traía una toalla alrededor del cuerpo que tapaba muy poco.
-¿Por qué no te callas?-susurró entre
diente Tom a la vez que la mirada con cólera.
-Ah, veo que estás ocupado.-habló Fer
tajante, sintiéndose humillada y toda una tonta al ir corriendo a decirle al
padre la verdad cuando el tipo no había cambiado.-Adiós, Tom Kaulitz.
Se dio media vuelta y Tom le dio alcance
interponiéndose en su camino.
-¡NO! ¡No! Ella acaba de llegar, es la
zorra de la recepcionista es que… se parece a ti un poco y…
-¿Qué?-frunció el ceño la pelinegra. Se
adentró a la habitación y a los segundos salió con su ropa en la mano sacándole
el dedo del medio a Tom.
-¡Ves, ya se fue!-Tom sonrió de lado a
lado. La cara de Fer borró su sonrisa de inmediato.
-Adiós.
-¡No!-La sostuvo del brazo con cuidado.
-¿A qué viniste con la niña? ¿Fran te dejó?
-No… lo dejé yo.
-Me refría a si te dejó venir… ¿¡Que qué?! ¿Lo dejaste de… abandonar o lo dejaste en casa?
- ¡Ya que importa! Fue un error venir
aquí, sigues siendo el mismo patán de siempre.
-¡Pero si yo no te hecho nada! ¿Acaso tú
y yo estamos juntos como para que me reclames algo?
El ascensor se abrió de nuevo y Fer dudó
en si entrar o no. Tom tenía razón, él no sabía nada de su hija y ellos no
tenían ninguna relación. Lo pensó bien por un minuto.
-Bien, es cierto.-admitió Fer. Tom
sonrió triunfante y se apoyó en la pared. –Tom… he venido desde Berlín para
hablar contigo.
-Debe ser importante.-concluyó él
mirándola con ternura.-Me alegra que hayas venido y viajado sólo por mí.
-No es sólo por ti… es por ella.
-¿Tu bebé? -sus ojos detonaron
confusión. Esta vez se cruzó de brazos.
-Es que… ¿recuerdas que yo te dije que
quería que fueras el padrino de bautizo?-se aclaró la garganta mirando a todos
lados menos a él. El gran momento había llegado.
-¡Ah! Cierto, por poco lo olvido.
-Ya… quiero proponerte algo. –Fer cerró
los ojos y guardó silencio. Esto iba a ser más difícil de lo que pensó. ¿Y si
no la quiere aceptar? ¿Y si sólo le dice mentirosa y se va?
-Soy todo oídos.- interrumpió sus
pensamiento.
-Quiero que en vez de ser el padrino,
tú…- lo miró con dolor, confusión, pena, esperanza. Tom sólo la miraba como si
fuera cualquier cosa la que oiría.- Bien. Quiero que en vez de que seas el
padrino, seas el padre de mi hija. Lo dije, ahora me voy.
La cara relajada de Tom cambió. Sus ojos
se abrieron y su boca también. Fernanda apretaba el botón para que el ascensor
subiera como una desquiciada.
-¿El padre? Ven…
La cogió de los hombros y la dirigió a
su departamento. Fer se dejó guiar odiando al ascensor que nunca volvió a subir y a la vez estaba con los
nervios a flor de piel. Tom cerró la puerta y ella se sentó en el sofá de cuero
negro acomodando a la niña.
-Ahora sí. Habla.
-Ya te dije lo que te tenía que decir.
-O sea que Fran no quiso reconocer a su
hija y te mandó a rodar y ahora vienes
arrepentida a proponerme a mí que sea el padre para… ¿Quedar bien con la
sociedad?- dijo él lo primero que vino a su cabeza.
-¡Pero qué diablos estás hablando!-chilló
Fer enervada.-Tom, tu coeficiente intelectual similar al de un pollo siempre ha
logrado impresionarme.
-Si vas a insultarme entonces no sé a
qué viniste.
-¡Tienes razón! Soy una estúpida. No sé
para que vine. Yo sabía que esto iba a pasar. Creí que te emocionarías o algo
pero… me equivoqué. Me voy.-habló atropellando las palabras dirigiéndose a la
puerta rápidamente.
-¡Detente! Fer, explícame porque no
entiendo nada. Tantas veces que insistí en saber si era el padre de esa niña y
tú me lo negaste todo el tiempo. Así que
pensé que era yo el que se estaba ilusionando con la idea de ser padre y que a
lo mejor tal ilusión me cegó por completo. Ahora vienes y…
-¡Tom Kaulitz, eres el padre de mi niña!
Y si te lo negué mil veces es porque consideraba que no eras tan maduro como
para aceptarla y que no querrías ni estarías listo para aceptar y asumir
tremenda responsabilidad.-Lo cortó intentando calmarse. La niña empezaba a
despertarse.-Además, quería hacerte sufrir un poco.-finalizó con un tono de
desprecio.
Arrullaba a la niña mientras Tom trataba
de asimilar toda la información que acababa de recibir.
-Soy papá.-murmuró.
Fer daba vueltas para calmarla pero era
imposible.
-Seguro se ensució.-afirmó con tristeza.
Tom en un arranque de euforia, fue
directo hacia Fer y a pesar del llanto de la niña agarró a la pelinegra del
rostro y la besó.
Puesta de sol un Oct 14, 2013. Eran las 5:44 pm
Montreal
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