martes, 31 de mayo de 2011

3°CAPÍTULO


Entramos a casa, e sentía bien volver después de tal pelea. Me dejé caer en el sofá y Andi a mi lado. Nos quedamos unos minutos mirando a la nada, en silencio que por cierto no era incómodo.
Ya eran las 7 de la noche derrepente, estábamos ahí sentados riendo de algunas cosas de nuestra adolescencia.
-Haré algo de comer. ¿Deseas algo en especial?-inquirió frotándose las manos y mirándome.
-No, nada. Iré a ponerme el pijama.

Caminé directo a mi habitación, bueno nuestra, y me deshice de los tacones y mi vestido. Decidí darme una ducha.
Después de salir, me cambié, me senté en una cómoda silla al frente del mueble donde estaban todas mis cosas; cremas, perfumes, maquillaje.
Me miraba al espejo mientras secaba mi cabello, de pronto me fijé en el reflejo de atrás; la ventana.
¿Cómo pude haber querido suicidarme sólo por…?
Bill.
-¡Qué aniñada eras! ¡Eso fue una completa estupidez! Cómo Bill no me pegó una bofetada para que reaccionara.
Me puse de pie y me acerqué a la ventana, estaba todo oscuro y desolado. Uno que otro carro pasaba por allí lo cuál era un poco extraño.
Sonreí al pensar en la noche anterior, fue algo espectacular.
-¡Mierd*!-la sangre huyó de mi rostro al pensar en…

Lancé la toalla y me dirigí a la cocina.
-¡Andreas!-lo llamé exaltada, no estaba ahí. Sólo había un tomate picado.
Salí desesperada, lo encontré en el pasillo.
-¿Me llamas?
-Dime que te protegiste anoche.

Levantó una ceja y se quedó mirándome.
-¿Protegerme? Pero de que si no tenemos ninguna enfermedad ni…
-¡Sabes de lo que hablo! No te hagas el ingenuo ahora.
-No lo hice.-soltó muy suelto de huesos.-¡Ni que un bebé fuera una amenaza para protegernos, por Dios!

Fruncí el ceño, llevé una mano a la frente y miré al suelo. Sentía que iba a explotar de cólera. Yo no quería quedar embarazada.
-¿Lo hiciste a propósito otra vez? ¡Y yo caí como una imbécil! ¡Maldita sea ya hablamos de esto!

Me alejé de ahí pensando en lo que podría pasar, yo no quería tener un hijo.
-¡Vamos, Vai! Ya somos grandes, tenemos un trabajo estable, ¿Por qué no intentarlo?
-Es una decisión responsable tomada por dos, no por uno. ¿Entiendes?
-¡No entiendo porque no quieres! Yo quiero un bebé…
-¡Pero yo no! No puedo tener un hijo.-le refuté empezando a llorar de nuevo. Tratando de no mirarlo porque sentía que iba aventarme a él y golpearlo.
-Ya pasó de todas, no podemos mirar atrás, si quedas embarazada…No puedes optar por otra cosa que tenerlo.
-Me usaste, creí que querías revivir la llama que empezaba a apagarse pero no…
-Vai…
-¡Cállate!-me tapé los oídos y caminé de un lado a otro, pensando en que no estaba lista, no aún.
Esto no podía estar pasándome. ¿Por qué seré tan estúpida?
-Algo si te diré, Andreas. No pienso tener ese hijo.

Me miró anonadado, abrió la boca ligeramente, iba a decirme algo. Luego se calló, negó con la cabeza, podía empezar a verlo enojado.
-¡No pensarás en…! ¡Oh por Dios! ¿Qué clase de mujer eres?
No le respondí. No me sentía yo misma ahora.
-¡Sí tú haces algo así yo…!
-¡Tú qué! ¿Piensas amenazarme? Es mi hijo y yo soy quien sufrirá los cambios del embarazo, decido lo que me da la gana.-repliqué.
-No. Si se te ocurre hacer algo así, voy a hundirte en la cárcel por más que te ame y desapareceré de tu vida.
-¡Me harías un favor!-le grité.
-No sé qué diablos te pasa.-vociferó muy fuerte. Pasó por mi lado y cogió su chaqueta.
-¿A dónde vas?-pregunté ahogada en mi llanto.
-¡Qué te importa! Esto no está funcionando, no pienso seguir contigo si sigues con esas estúpidas ideas de niña inmadura.

Abrió la puerta y se fue. No intenté retenerlo ni menos.
Me quedé sola en un rincón de nuestro apartamento. Pasaron nos minutos, no iba a quedarme ahí sola, de brazos cruzados sin hacer nada. Me paré, cogí una chaqueta también para cubrirme de la fuerte tormenta y salí.
--------
-No creí que vendrías.
-Como no, Andreas, al contrario, me alegra que hayas accedido hablar conmigo. ¿Qué pasa?-preguntó Shania sorbiendo un poco de café, estaban en un Starbucks, a las 10 y media de la noche. Él no pidió nada.

-No sé, me dijo que quería…que no quería tener un hijo.-pensó en decirle lo de abortar, pero era algo muy privado aparte que él sabía que Vai hablaba tonterías cuando estaba molesta.
-Mm, ya veo. Sabes, somos distintas cada una de las mujeres. De seguro ella esta insegura o no está preparada para afrontar algo tan grande que es tener un hijo.
-Debe ser…-el silencio se apoderó de ambos, hasta que ella lo rompió.
-Es extraño.-rió-Mientras hay mujeres que no pueden tener hijos y desean uno; hay otras que pudiendo, no los quieren.
Notó la incomodidad de Andreas, por supuesto que su esposa estaba en la  lista 2.
-Oh, lo siento. No quise decir eso…A mí por ejemplo me encantaría tener un bebé, es un sueño que anhelo desde los 16, lo único que me falta es encontrar al padre.
-Ya lo encontrarás, Shania.-sonrió él por un microsegundo.
-Sí, supongo. Tiene que ser alguien perfecto, amoroso, romántico, guapo…algo así como tú.
Empezó a aniquilarlo con la mirada, él la evadió.
-Oh, qué tonta, no quise decir que seas tú, sino alguien con tus características.-sonrió coqueta.
-Sí entendí.
Ambos rieron.
Como no ceder a sus encantos. Ella era la chica de la cual todos caerían. Alta, una belleza inigualable. Piernas delgadas, bien formadas y estilizadas, una cintura pequeña, un escote muy pronunciado, su cabello cobrizo caía por su espalda tocando sus caderas con sutileza, unos ojos pardos grandes y unos labios en forma de boca perfecta, y encima un lunar al costado del labio, vaya amiguita la que tenía Andi.
Y encima le encantaba usar minifaldas.

-No sé qué haré, yo la amo y no quiero estar así con ella pero…cada vez las peleas son más constantes.
-Mira, así como mujer te lo digo: Ve a tú casa, búscala y hablen bien, planifiquen y queden en alguna conclusión. Quizá ella aún no está preparada para ser madre. Eso debe ser…ve.
-Sí, tiene razón…iré. Muchas gracias, Shania.
-De nada, para eso están los…amigos.-se apoyó en el espaldar de la silla y cruzó las piernas.

Andi se puso de pie, se colocó la chaqueta de nuevo y dejó un beso en su mejilla, ella guiñó un ojo y él salió de ahí.
-Por supuesto que no pienso ir a casa de nuevo.-se dijo a sí mismo.
------
-¡Pero quién jode a esta hora!-gruñó Fernanda. Abrió la puerta con toda la flojera encima y entonces la vio. Vai estaba ahí con los brazos cruzados y el cabello mojado. Los ojos llorosos y lista para entrar en pánico.
-¿Vai?-la llamó aún sin creerlo.
-¡Pasó de nuevo, pasó de nuevo, Fer! Andi se fue de la casa y me dejó sola llorando.
Rompió en llanto de nuevo abrazando a su amiga. Ella intentó no tocarla para no mojarse, pero el cabello de Vai ya escurría agua por todo el piso de su sala.
La hizo entrar resignada y trajo una toalla, la envolvió y fue por una taza de café caliente. Tendría que limpiar ese charco al día siguiente.
Ya sintiéndose mejor, Fer se animó a preguntar.
-¿Qué dices que pasó?
-Es que…Andi y yo nos peleamos de nuevo.
-Otra vez…-dijo con pesadumbre, se acomodó un poco en el sofá. Yo asentí con la cabeza.
-Mira, esto es raro. O tú eres una insegura e inestable que no sabes lo que quieres o él es un idiota que no deja de insistir en lo mismo.
-Él es el idiota.-respondí defendiéndome.-Me sedujo, recuerdas que te dije que la pasé genial ayer, lo hizo todo para embarazarme. ¡Lo hizo adrede, no porque me quiere! ¡Lo único que quiere de mí es un hijo y ya!
Una lágrima cayó de nuevo a mi taza de café quitándome la sed. Dejé la taza en la mesita del centro.
-¿Por qué no quieres un hijo, Vai?-insistió ella en el tema.
-Te espero arriba, amor.-le dijo Fran pasando con una cerveza en mano. Ella asintió.
-¿Duerme aquí?-inquirí.
-Sí, le gusta dormir conmigo, no por ya sabes qué, pareciera que de verdad me quiere. Bueno, habla.
-Bien, no quiero porque…no me siento lista para sumir el rol de ser mamá. Siento que aún no es mi tiempo…quiero esperar más, ni siquiera tengo ese instinto maternal, es horrible.
-Dile eso y asunto arreglado.-puntualizó apoyándose en el espaldar de la silla y cruzando los brazos.
-¡Crees que no lo he intentado! Él no entiende que no estoy preparada, sólo quiere un hijo y punto, sin importar nada. Tengo miedo de quedar embarazada porque lo hicimos 2 veces  y sin protección.
-¿Estás en tus días fértiles  o no?-me preguntó. Pensándolo bien, saqué mi cuenta, conté los días…
-Sí, son días fértiles, Fer. Estoy fregada. Le dije que si quedaba embarazada, no lo tendría y se enojó.
-¡Serías capaz de abortar!-chilló llevando las manos a la boca-¡Si le quitas la vida a mi sobrino yo te la quitaré a ti!-me amenazó.
-¡Shh!…por supuesto que no lo haría. No soy una asesina ni nada…lo tendría… ¡Pero es que estaba de cólera y le dije eso! ¿Qué esperabas?
-y… ¿Terminaron? ¿Se van a divorciar?
-¡Cállate, ni lo menciones! No quiero divorcio ni nada… pero el me dijo que si seguíamos así… dejaríamos todo aquí. Pero es otra de nuestras peleas, volveremos.
Ella se quedó en silencio mirándome con ternura.
-Bueno… ¿Vas a regresar a tu casa?-preguntó.
-Hoy no… ¿Puedo quedarme? Si quieres me quedo en el sofá y me taparé los oídos para no escuchar nada… no quiero verlo por ahora.
-Dale, amiga, quédate.
Nos abrazamos, me jaló una mejilla y se fue a traerme unas frazadas. Me dio una almohada y otro pijama seca y me eché.

Embarazada…tomé mi  vientre, no lo soportaría…un niño en mi vientre…no estaba lista, no aún…
A la mañana siguiente, fui a casa a cambiarme, no me importó llegar tarde. Temía encontrarlo ahí y a la vez deseaba verlo en la cocina haciendo el desayuno y que me diga un lo siento. Pero no lo hallé.
Fui al trabajo inventando cualquier excusa a mi jefe, el se tragó todo, confiaba en mí…
Ya era el almuerzo y por un momento…pensé en verlo parado en la puerta de su auto, con una sonrisa esperando por mí.
Abrí la puerta del edificio y miré por toda la calle…no había nada. Fer se percató de a quien buscaba pero no dijo nada.

Me ofreció quedarme en su casa de nuevo, esta vez rechacé su oferta. Fui a casa con la esperanza aún encendida. Abrí la puerta, fui a la cocina, nuestra habitación, el baño, la sala…
No estaba.

Me eché en mi cama y deseé que todo terminara. Tenerlo  a mi costado, justo tenía frío. Pero él no estaba.
Me puse a llorar de nuevo hasta quedarme dormida.

Aún así, el día siguiente tenía una chispa de fe, pero fue un día igual al anterior.

Así se pasó toda una semana completa. Me sentaba en las tardes a leer un libro y mirando como el sol se ocultaba, esperando que él estuviese bien. En las noches a las justas tomaba un café y me iba a dormir sin lograrlo con éxito. Tenía pesadillas, algunas veces con bebés muertos, que  algo le pasaba a Andi o bien Shania me lo quitaba. Me levantaba exaltada y me ponía a llorar.

-¿Má?-le dije antes de ponerme a llorar.
¿A quién mejor recurrir si no es tu madre?
Me miró preocupada y me apoyó en su hombro para que llorase. Después de contarle todo, me ofreció un poco de café, bebimos.
-Puedes quedarte a dormir, nena. Para que no estés sola…-me ofreció.
-No, está bien así, necesito estar sola y pensar bien las cosas.
Después de irme, de nuevo lo mismo, llegar a casa y llorar de nuevo.
¿Es que acaso no podía dejar de llorar? Esa no era la solución y yo lo sabía pero…no sé.
-Creo que se acabó, Vai.-me dije a mi misma. Ya eran 2 semanas y media que me encontraba sola en mi apartamento sin una llamada suya y sin saber absolutamente nada de él. Quizá él decidió terminar conmigo pero no se animaba a decírmelo porque tiene miedo que me suicide o algo.
Tomé mi vientre de nuevo. ¿Y si estaba embarazada, aún así me dejaría?
-Si es que estás ahí, a lo mejor estaremos solos hasta que mamá encuentre a algún chico que desee ser padre.-le hablé a mi vientre.

Me sentí mal de nuevo, quizá si fue mi culpa todo esto… Andi a lo mejor si rompió conmigo. Me puse a llorar de nuevo y me fui a dormir.

-¿Te encuentras bien? Te veo demacrada. Hace tiempo no veo a tu esposo por acá.-me preguntó mi jefe, me había llamado a su oficinapara hablar conmigo.
-Es sólo que…-miré al suelo y rasqué mi nuca, no quería decirlo…-tuvimos una pelea fuerte y no va a casa desde hace 3 semanas.
Mi voz se quebró y respiraba con dificultad. Mi jefe me abrazó inesperadamente.

Me dio algunos privilegios por mi situación sentimental, sabía que afectaban bastante a tal punto de no comer casi nada y pasármela con una cara larga todo el día.
Hasta mi maceta de cactus estaba por morir. La miraba y me daba pena, pero no hacía nada por ella. Como si nada tuviera sentido ahora…
Me vi en un espejo en el baño del edificio. Estaba con los ojos rojos, una ojeras muy marcadas y efectivamente un poco delgada, supongo no era bueno. Me daba igual ahora…

Mi jefe me botó a casa muy temprano y me dijo que comiera algo. Que podía tomarme el tiempo que quisiera para recuperarme…
Subí grada por grada hasta llegar al 4 piso de mi apartamento, abrí la puerta con lentitud y la cerré de igual forma. Me quedé un buen rato de espaldas. Quizá debería ir con mi madre de nuevo, hacía 2 semanas que fui a su casa y me sentí mejor.
Suspiré y me di la vuelta.



-¡Bill!-grité dejando caer mi bolso al suelo, con los ojos como platos, no podía creerlo.
-Hola, Vai.-me contestó. Estaba muy cómodo sentado en mi sofá, con los brazos apoyados en cada extremo de este y las piernas cruzadas. No lo veía hace… ¿2 años? Claro, mi boda.
-¿Qué…qué haces acá?-inquirí con un tono medio molesto creo, intentando ocultar mi asombro. Me sentía rara y los nervios me carcomían por dentro. ¿Qué te pasa Violet?
-Lo siento, sé que no debí meterme así a tu casa, pero la puerta estaba abierta…
-Seguro olvidé cerrarla, qué estúpida soy.-reaccioné al fin y caminé en dirección a mi habitación buscando las llaves en mi cartera. No las encontraba.
Dejé el bolso en mi cama, tomé un poco de aire y me armé de valor para salir de nuevo rumbo a la sala.
-Las llaves están ahí, las dejaste en la puerta, Vai.-señaló la pequeña mesita del centro. Las tomé en mis manos y empecé a jugar con ellas, caminé un poco y me apoyé en una pared al frente de él.
-Me alegra que hayas sido tú quien las encontró y no alguien más…-admití. Al fin y al cabo si era cierto. Cómo dejé las llaves en la puerta…
-¿Cómo te va?-me preguntó, como si no supiera… ¿O no sabía? ¿Acaso no le era extraño no ver a Andi pegado como una garrapata a mí como cuando éramos unos adolescentes?
Andi había cambiado un poco.
Como dicen, una vez que obtienen lo que quieren… se olvidan de los mimos, las salidas, los regalitos…ya ni les importa. En este caso, él sólo quería casarse conmigo… ¡Ah! Y tener un hijo.
-Bien, sí, eso creo.-repliqué aún apoyada a la pared mirando a todas partes menos a él.
Tomó una postura más seria, se inclinó un poco y apoyó los codos en sus rodillas, se venía algo. No lo conoceré.
-Mamá me contó lo que pasó.-musitó mirando al suelo.
-¡Genial! ¿Te contó algo más?-tenía que ser mi madre…
-No, en realidad. Sólo me dijo que tuviste una pelea y… vine a ver si estabas bien.
-Estoy bien.-contesté tajante. ¡Claro qué estaba bien!...sí, claro. A quién quieres engañar, Vai.
-Recuerdo que siempre intenté protegerte de la adversidad, de todo. Me apena no haber estado contigo estos últimos años.
-Ya no puedes, ya crecimos. Todo cambió ahora. Tengo que defenderme sola.-repliqué fría.
De pronto las llaves se me cayeron dejando todo el ambiente en silencio, incómodo. Justo lo que quería evitar.
-Lo único que te aterraba en ese entonces era quedarte sola, la soledad…me pedías que no te deje dormir sola, que estuviera ahí contigo.
-No hablemos del pasado, eso es algo de lo que no quiero hablar. Fue bonito pero…yo era sólo una niña, no sabía lo que hacía.
-Creo que yo tampoco…-admitió sin sentirlo.-Pero no todo ha cambiado, Vai. Sólo mírate. No hay que ser adivino para saber que te encuentras nada bien. La soledad te ronda y eso no te gusta, por eso lloras cada que puedes.
-¿Qué sabes tú si lloro?-contesté a la defensiva, un poco fastidiada. Odiaba que me conociera tan bien.
-Tus ojos…
Me quedé en silencio…la soledad…sí que me aterraba y eso me hacía sentirme mal. Oprimí los labios, empezaba a hurgar en mis sentimientos…
-¿Qué quieres que te diga? ¿Qué me encuentro mal por dentro, qué una sonrisa ya no es suficiente para disimular lo que siento porque por más que quiero taparlo todo, es cuando más sale a flote? ¡Estoy destruida! ¡Yo de verdad lo amo, Bill, lo amo más que a nada!
Exploté y fue igual que los otros días, llorar y llorar.
Él se puso de pie, y se aproximó a mí. Me tomó de los hombros, me miraba con ternura y culpabilidad. Cogió mis cabellos y los puso tras mi oreja, lo miré entonces y…parecía algo indeciso, así como yo. No sabía si abrazarme o no, ni yo. Mordí mi labio inferior y fue entonces que lo que sea que nos separaba; desapareció.
Me abrazó muy fuerte y yo correspondí. Me sentí  como una chica de 17 años, cuando todo era diferente. Yo estaba segura de que amaba a Andreas pero…quizá si fue un error casarme con él. Quizá debí esperar un poquito más…quizá yo aún lo amaba.
------------------------------

BILL

Era extraño abrazarla después de tanto tiempo. La vi en su boda pero no la abracé, y teniendo en cuenta que ella tenía 26 años, se casó a los 24 y yo la dejé a los 17… eran como 9 años sin tenerla entre mis brazos.

Me agobiaba un poco la idea de verla, por lo menos hasta hace unos días…después de que Andi me contara lo que pasó creí que sería bueno ir a visitarla.
No creí verla tan diferente…aunque por dentro seguía siendo la misma Vai que yo conocía,  mi Vai.
Parecíamos 2 extraños, que no tenían confianza. Parecía que no quedaba nada de lo que fue, ni cenizas.

Para mí no fue sólo un juego, para mí fue algo más. Yo sí sabía lo que hacía…porque yo si estaba seguro de amarla.
Nos sentamos en el sofá y es cuando finalmente me contó todo, concordaba con lo que Andreas me había contado excepto que ambos le echaban la culpa al otro, aunque Vai empezaba a echarse la culpa a sí misma algo que Andi nunca haría, o quizá sí.
-Así que…es casi todo por el bebé.-coincidí con ella, sonaba lógico. Andreas siempre fue terco.
-Pero hay algo más…-murmuró muy preocupada.-Es posible que yo…bueno, que esté embarazada. Estaba en mis días fértiles y…pasó eso 2 veces y no se protegió. Sí él me deja y se va y yo estoy embarazada… ¿Qué haré?
¡Embarazada!... debería alegrarme pero no…
-Me tienes a mí y a mamá.-contesté dándole ánimos. Además para ser honesto, Andreas jamás la dejaría.- ¿Te digo algo?
Ella asintió.
-En realidad mamá no me lo contó, fue él. Me llamó hace unas noches atrás. –Al mencionarlo, se giró para verme muy interesada.-Está igual que tú. –negó con la cabeza secando una lágrima.
-Y qué más da. Al parecer él no piensa venir. ¿Te dijo algo?-se apresuró a preguntar muy interesada.
-Aparte de que te amaba, no.
-¿Volverá?-inquirió esperanzada. Yo no podía decirle nada.
-No me lo dijo.-mentí.- ¿Cuándo sabrás si estás embarazada o no?-retomé el tema anterior.
-No lo sé, supongo en un par de semanas más… ¿Qué se supone que voy a hacer?
-Por ahora aclara tu mente y tus ideas. Ya él volverá para decirte algo.
-¿Tú sabes qué?
-No, Vai. No me dijo nada.
-¿Qué haré cuando lo vea?-se mostró realmente alarmada. Por un momento creí que pasaría algo entre los dos, quizá es por eso que vine inconscientemente. Pero no dejaba de hablar de mi mejor amigo, a lo mejor ella si me olvidó rápido, al igual como empezó todo.
-Mira, cuando no sepas que hacer o decir; sólo haz lo que sientas.
Si aplicara ese consejo en mi vida… estaría ahorita dándole un beso. La deseaba de la misma forma como hace 8 años.
Ella sonrió por primera vez desde que llegué.
-¡Wow! Eso fue profundo, no lo olvidaré, Bill.

No hay comentarios:

Publicar un comentario