-¿Puedo abrirlos ya?-inquirí caminando temiendo caerme, él me tapaba los ojos y me guiaba.
-No, mi amor. Debes tenerlos cerrados, cuando te diga que los abras, lo haces.
-Ok.
Una música…era jazz, comenzó a sonar, era lenta y…tierna.
Bob Acri - Sleep Away
-Ahora.
Quitó sus manos de mis ojos y los abrí, era una cena romántica en una fachada. Lo miré anonada, me acerqué al balcón.
-¡Por Dios, Andi! Es…es hermoso.-le dije. La ciudad se veía hermosa, era una vista espléndida. Las luces del centro se veían desde ahí, los enormes edificios y…el viento. Era extraño ya no escuchar autos ni nada de eso…
Sentí sus brazos rodear mi cintura, apoyó su mentón en mi hombro derecho, lo miré de reojo.
-¿Te gusta?-preguntó dándome un beso en la mejilla.
Asentí.
Me giré, pasé mis brazos por sus hombros y lo besé en los labios. Apoyé mi frente en la suya y lo pude ver curvando sus labios.
-La cena se enfría.
Hace mucho tiempo que no me hacía una sorpresa, desde que nos casamos; los mimos fueron disminuyendo. Si no era por el trabajo, era porque tenía sueño, pero siempre había una excusa.
Pensándolo bien…esto es extraño. ¿Es qué algo quería?
Bien, eso podía ser. Me hacía esta sorpresa por interés, espero que el bebé no tenga nada que ver aquí. De todas formas, tenía que preguntárselo, quizá luego.
-¡Cuidado!-le advertí. Destapó el champagne y el corcho voló. Ambos reímos. Se derramó un poco, pero aún así sirvió en dos copas.
-Por ti, por ser la más hermosa en el planeta y por haberme escogido a mí para ser tu compañero en el camino que decidiste recorrer, iré contigo hasta el final. Te amo.
-Salud.
Bebimos ambos sin quitarnos los ojos de encima. Andi luego bajó la mirada y colocó la mano en su cintura. Iba a decir algo importante.
-Vai, prometo amarte siempre. Esto es un para siempre, jamás vamos a separarnos.
Notó mi incomodidad repentina, de hecho si estaba incómoda. Dejé de beber el champagne y miré al suelo. Yo jamás había creído en los para siempre...bueno, sí, creí en ellos una vez…gracias a Bill.
Lo nuestro era un para siempre también pero…no. No duró. Y cuando me di cuenta que ya no podía ser un para siempre, caí en la tristeza y vaya que duró.
-¿Qué pasa?-preguntó tomándome por la cintura y ciñéndome a su cuerpo.
-Es sólo que…no creo en los para siempre. No digas que será un para siempre.
-¿Piensas terminar conmigo?-replicó apresuradamente y algo asustado.
-No, es sólo que…si lo prometes, no se cumple. Sí, soy algo supersticiosa.-reí-Pero si te lo digo es por algo. Te amo, Andi, no me prometas un para siempre. Prométeme un hoy y una noche inolvidable.
Llevé mis manos a su mejilla y la acaricié. Él colocó una mano encima con mucha ternura, espero lo haya comprendido. Me besó de nuevo.
Nos sentamos en la mesa. Estaba adornada con hermosas velas de color rojo, de tamaños diversos; el mantel era precioso, blanco y el tejido era especial. Había una botella de vino aparte de la de champagne y supongo que en cualquier momento… ¿Alguien?...nos traería la cena.
Estuvimos conversando un buen rato, Andy apenas notaba que había terminado mi copa; no dudaba en servirme más y más y… más.
Por un momento tuve la impresión de que intentaba embriagarme. Pero… ¿Para qué?
Disuadí de esa tonta idea, él no sería capaz de eso.
¿Cierto?
¡Por favor, qué el bebé no tenga nada que ver!
Ya dejé de pensar en eso y me dejé llevar.
-Vai, sólo piensa en que te mereces una cena como esta…si no voy al trabajo mañana… ¡Qué es un tonto día! Andy te adora, es el hombre perfecto, jamás haría algo malo contra ti para su beneficio.-me dije a mi misma.
Respiré hondo y bebí otra…y…otra, otra y otra.
Caí en la cuenta de que ya eran 4 botellas de vino después de arrasar con la de champagne.
Un hombre canoso, ya pasaba los 60 definitivamente; llegó con 2 platos de...
-¿Comida?-miré los platos, algo hastiada.
-Sí, mi amor. Tu plato favorito. Crema de…
-¡Cállate, cállate! Dime, ¿Por qué no nos saltamos la cena y vamos con el postre?-me insinué muy coqueta guiñándole un ojo.
-Pero…mi amor, es con…
Bebí lo que quedaba en mi copa de vino, de una.
Miré a mi esposo hablando, excusas y excusas, movía las manos intentando explicarme algo, sólo que no lograba escucharlo porque me perdí en sus labios. El mozo lo miraba, indeciso si colocar el plato que era para mí en la mesa o no. Apoyé el peso de mi cabeza en una mano y mordí mi labio inferior.
Me sentía eufórica repentinamente, llena de energía y de…pasión.
Un impulso me hizo saltar sobre la mesa sin importar embarrarme, caminé de 4 patas acercándome a él y me fui encima.
Ver su cara de sorpresa al verme encima de la mesa me gustó mucho…
Caímos al piso y empecé a besarlo con pasión.
Había olvidado a nuestro único espectador.
El mesero.
Andi intentaba alejarme de él con sutileza mientras yo me comía sus labios, me separé de él y me giré, el también se giró y miró a Alfred con asombro, los ojos sobre abiertos y la respiración agitada.
-¿Acaso quieres ver lo que estamos a punto de hacer?-inquirí con una mirada asesina.
El anciano negó alzando las cejas y se fue.
-Vai, escucha…
Lo callé de nuevo, podía sentir sus manos en mi cintura intentando apartarme de encima suyo.
Yo estaba a horcajadas besándolo con frenesí, él se notaba incómodo.
¿Acaso no era esto lo que quería?
-Espera…Vai, un toque.-habló contra mis labios.
-Disfruta mi amor.-intervine para besarlo de nuevo.
-¡NO!-gritó.
Me detuve.
-¿Acaso no es esto lo que querías?-pregunté en tono burlesco. Noté que no podía pronunciar muy bien las palabras, pero sobria es lo que más estaba.
-No…quería cenar contigo y que… ¿Qué diablos te pasa?-me miró indignado, por un momento caí en su juego de palabras y me sentí fatal, pero conocía a mi marido.
-¡Es exactamente lo que me pregunto yo! ¿Qué diablos te pasa?-repliqué con el mismo tonillo que él había usado.
-Eso lo estoy preguntando yo.-refutó enfadado.
-Mira, Andreas. No soy una idiota. ¿Me viste cara de estúpida o qué? No puedo pronunciar bien las palabras pero estoy sobria, créeme que sé lo que estoy haciendo. Resulta que desde hace casi 1 año no me hacías sorpresitas bonitas. Pero, hoy se te ocurrió y que coincidencia que justo el dilema del bebé empezó hace unas semanas. ¿Suena raro, mi amor, o te parece?
-Estás paranoica.-me miró como si fuera una enferma. Aún seguíamos en el suelo y yo encima de él. Me levanté como pude agarrándome de la mesa con cuidado para no caerme y me apoyé en la silla.
-¿Paranoica? ¿Me estás llamando paranoica? ¡Sé muy bien que intentabas embriagarme para luego aprovecharte de mí, no protegerte y dejarme embarazada! ¡Tú eres el maldito paranoico! ¿No entiendes que no quiero tener un hijo?-gruñí desesperada, lágrimas de rabia ya bordeaban mis mejillas.
-No debí darte de tomar.-se lamentó.
-¿Te das cuenta? ¡No hemos dejado de pelear desde hace semanas! Y todo por el mismo tema: Bebes. ¿Sabes qué? ¡Sí quieres uno, ve a pedírselo a…!.-moví las manos en el aire intentando recordar su nombre.- ¡Jenny, Jani o lo que sea!
-Shania.-me corrigió y me lanzó una mirada de cansancio.-Ya hablamos de ella, es una chica de confianza de “mí” jefe-dándole énfasis a la palabra-y tiene buen olfato para los negocios.
-Claro, porque es una perra, ¿No?
-¡Basta, no voy a dejar que la insultes!-refutó de inmediato. La defendía…
-¡Ah, la defiendes! Con más razón, vete con ella y haz tu sueño realidad. ¡Déjame en paz!-chillé.
-¡Estoy arto, Violet, estás volviéndote loca y paranoica! Ves cosas donde no hay nada. Ya deberías dejar de andar en las nubes.
-¡Estoy siendo sensata! Tú eres quien anda en las nubes.-refuté.
-¡Ya, basta! Mejor…me voy…-retrocedió unos pasos y tomó su cabeza, se giró después, de verdad estaba yéndose.
-¡Sí, vete!-le dije mientras se alejaba.-y mañana me avisas que tal la noche de pasión ¿ok? Y a ver si me vuelves la madrina de tu ansiado hijo.
Negó con la cabeza lentamente y se fue…
Me quedé parada, llorando. Miré la hermosa mesa, lo que quedaba de nuestra cena “romántica”, me acerqué y lancé la mesa al suelo y todo lo que encontré en esa fachada. Luego caí de rodillas, en un rincón y seguí llorando.
Saqué mi celular y marqué el número de mamá, luego de mirarlo por bastante tiempo, me arrepentí y llamé a Fer.
-¿Aló?-respondió agitada.
-Fer…te necesito.-contesté con la voz débil.
-¡Fran, Fran! Un momento es mi amiga. ¡No, no hagas eso!-empezó a reír-¡Oh, por Dios! Sí, me encanta, ¡Ay, sigue, sigue!
-¿Estás ocupada?
-Estaba con Fran, en la cama y… ¡Deja! Eso dolió. Oye tu voz está rara. ¿Todo bien?
-Tuve una discusión con Andi y…
-¿Otra?...
-Sí y esta vez…
- ¡Te dije que te detengas!-se dirigió a Fran- No puedo sentir placer y hablar por teléfono…aunque es excitante.
-Mejor hablamos mañana.
Corté de inmediato, no podía hablar con ellas mientras tenía relaciones. Se la pasaba así todo el tiempo desde que empezó con Fran.
-Qué bueno que la esté pasando bien.-me dije a mi misma.
El frío empezaba a hacerse notar. Acaricié mis brazos, tenía la piel de gallina. Vi el reloj de mi celular y eran las 12:30 de la mañana.
-Genial. Y mañana tengo que ir a trabajar.
Me puse de pie, encima había dejado todas mis cosas en mi cartera que se quedó en el auto de Andreas.
Caminé, vi por una última vez las luces de la ciudad, todo tan pasivo.
Me quité los tacones y caminé hacia la salida. Limpié mis lágrimas, todo mi maquillaje se había corrido.
Cuando iba a bajar las gradas, vi a alguien unas 10 gradas abajo, sentado en el piso, apoyando los codos en sus rodillas y tocando su cabeza.
-Vai.-me llamó. Era Andreas, no se había ido.
Me quedé en silencio, era embarazoso hablar con él después de todo.
-¿Si…sigues acá? ¿Cuánto tiempo llevas…?
-Las 2 horas que te las pasaste llorando.-me interrumpió.
Yo no sabía que decir o que hacer. Seguir de largo y buscar un taxi o quedarme parada o sentarme a su lado o…no sabía.
Su voz no me daba indicios de algo, no parecía molesto ni feliz ni tranquilo…era neutral. Odiaba cuando tenía esa voz porque no sabía qué hacer.
Unos minutos pasaron o quizá más. No me atreví a preguntarle algo ni él tampoco. Eran estos momentos cuando deseaba que la tierra se abriera y yo cayera o bien que…un ovni aparezca y me abduzca. Que me caiga un rayo. ¿Por qué mejor no llovía?
-¿Vamos a casa?-inquirió.
¡QUÉ!
Después de haber peleado y tratarnos mal, viene con un ¿Vamos a casa como si nada hubiera pasado?
De nuevo la sangre me hervía y la ira bordaba ya mi boca.
-¡Olvídalo! No pienso ir a ningún lado contigo. ¡¡Me iré en un taxi y espero no verte nunca más!!
Quizá en unos días, tampoco podía vivir sin él. Bueno, estaba molesta, tenía que entender. Bajé las gradas y me bloqueó el camino parándose rápido.
-¡Vai, por favor!
-¿Por favor qué? Creí haberte dicho que busques a Jenni y que le hagas un hijo, ¿no?
-Shania y… ¿Cómo haría eso si a quien amo eres tú? Eso es estúpido.
-No me importa.
Me fui por su costado y seguí bajando, no sentí que se moviera pero luego reaccionó y bajó rápido por mi costado y me detuvo de nuevo.
-¡Por favor, Vai, nos queremos!
-¿Nos? ¡Por favor! Te quería que es…
No pude terminar de hablar ya que me cayó con un beso. Solté mis tacones de la impresión, abrí los ojos y lo miré. Esperaba a que me soltara y yo lo empujaba con todas mis fuerzas.
Andi me tomó por los brazos y me lanzó a la pared, me acorraló y me besó de nuevo sin darme oportunidad de hablar.
Sentía ira porque él tenía más fuerza que yo. Lo empujaba y tenía unas ganas de propinarle un buen puñetazo, golpeaba su pecho con insistencia, incluso rompí su camisa de tanto jalonearlo.
Hubo un momento en el que algo o alguien me dijo “Ya no puedes más, deja de luchar”
Me dio coraje pero fue por nada. Seguía besándome.
Las fuerzas me abandonaron y me volví más frágil aún.
Dejé de luchar contra su fuerza de hombre y… me dejé llevar. Quizá me suelte cuando se percate que no opongo resistencia y que no sentía lo mismo.
Él siempre respetaba mis decisiones.
Pero al parecer ahora no.
Mis mano empezaron a moverse por si solas y mis labios a corresponderle.
Me asusté por una fracción de segundo, esa no parecía yo…
Sus manos bajaron a mi cintura después de haberme tomado por los hombros con fuerza y me ciñó a él con suavidad.
Ya no era un beso agresivo, ahora era manso. Llevé mis manos a su pecho y mis dedos empezaron a moverse. Desabroché un botón, luego dos y se separó unos centímetros de mí. Oprimí los labios mirando abajo y quitando mis manos. Supongo él no quería…
Me besó de nuevo, pasé los brazos por su cuello y nuestros labios se amoldaron con perfección. No había luz en ese pasillo, sólo un ligero resplandor de una luz de un poste. Sentí sus manos pasearse por mi espalda hasta encontrar el cierre, lo bajó un poco, luego se detuvo.
-¿Por qué paras?-le dije alejándome un poco.
-No aquí…
Sonreí y me lancé de nuevo, lo besé salvajemente y a él pareció gustarle. Me levantó del suelo, coloqué mis piernas alrededor de su cintura y caminó. Me estampó con otra pared, pasó una mano descaradamente por mi pierna desnuda, desde la rodilla hasta mi cintura, tocando mi ropa interior.
Me desvié de sus labios, mordía uno de sus lóbulos, escuchaba que intentaba abrir una puerta y lo logró.
Me introdujo de una habitación de ese lugar, nunca me percaté de haber visto habitaciones.
Ah, me trajo con los ojos cerrados.
Sentía su respiración agitada y también yo sentí la mía.
No sé a dónde diablos me llevó pero parecía un cuarto con una cama, no miraba bien por la oscuridad. Me dejó en el suelo y se quitó la camisa, yo me deshacía de mi brassier delante suyo sin quitarme el vestido, luego lo aventé lejos, él lo vio.
Se fue encima de mí y caímos en la cama, podía sentir la piel de su espalda, caliente. Cambiamos de lugar y me bajó el cierre con lentitud, se deshizo de mi vestido sonreímos y nos unimos en un beso de nuevo.
--------
-¡Bill, ya levántate! Recuerda que David nos dijo que a las 10:30 debíamos ir al estudio. ¿Sabes qué hora son?
-No, ni me importa.-le contestó volteándose para evitar ver la cara de su hermano.
-Son las 11, pedazo de idiota, ¡Ya párate!
Le quitó las frazadas viéndolo sólo en bóxer.
-¡Me arrepiento de haberte quitado las frazadas! No hay nada que ver, Bill te he dicho que…
-¡Ya deja de mirarme!- se levantó Bill de inmediato sin abrir los ojos y se encerró en el baño.
Tom rió.
-Siempre funciona.-se dijo a sí mismo y salió del cuarto.
Él sabía que Bill odiaba que Tom lo viera en ropa interior y lo juzgara por su delgadez.
Después de que se alistara; fueron al estudio algo tarde, pero David llegó tarde también. Vieron unas cuantas canciones y el álbum estaba ya casi listo.
-Ya casi chicos, esto va a ser espectacular.-los animó David. Los chicos compartieron miradas cómplices.
-¿Y ahora qué hicieron, chicos?-cuestionó mirándolos sospechosos.
-¿O qué hiciste tú en la noche?-alegó Tom mirando el bolsillo trasero del manager.
-¡Qué te importa!
Al ver a donde se dirigía la mirada del chico de trenzas, se giró para ver su trasero y vio como un hilo rojo colgaba de ahí.
-Sólo es una tirita, debe ser de alguna chompa o…-jaló ese hilo y salió lo que parecía una prenda íntima femenina.
-¡David, qué horror!-se burlaron los chicos.
-Por Dios…Como Any olvidó su ropa interior.-murmuró avergonzado.
-¿Me das su número, amigo?-pasó un brazo por sus hombros, Tom.
-olvídalo.
Salió de allí marcando algún número en su celular y ocultando la ropa interior en el bolsillo de su pierna.
-Recuerdo que cada que ingresaba a tu cuarto cuando estábamos en casa de mamá, encontraba una ropa interior de chica. ¿Con cuantas te acostabas?-preguntó Bill con intención de vengarse un poco por lo de la mañana.
-Con una, Fer, y todas esas eran sus…de ella. Tú sabes…
-Lo siento, Tom. No quise que te acuerdes de ella…-se arrepintió Bill.
-Olvídalo. Mira, de hecho esta es una de sus prendas y es negra, una de mis favoritas.
La sacó de su bolsillo. Era de encaje y muy diminuta. Los chicos se quedaron algo confundidos.
-¿Siempre… llevas eso en tu bolsillo?-preguntó Gustav.
-Sí, me da suerte. Ella se quedó con uno mío. Fue un intercambio amistoso unos días antes de que…
Todos se quedaron callados, mirándose los unos a los otros. Tom se perdió mirando fuera de la ventana.
-Bueno, ¿Alguien quiere agua, cigarros, una cerveza?-Tom cambió de tema inmediatamente
Todos negaron.
-Bien, conste que pregunté.-sonrió y salió del lugar.
-Soy un idiota.-admitió Bill.
-Sí, bueno. Ya lo superará…fue extraño ver a Tom perdido por una sola chica… por un tiempo creí que Fer era para él y que se casarían o algo así… pero apareció la Olsen y malogró todo. Tom seguía siendo Tom a pesar de estar enamorado.-comentó Georg.
Los chicos se quedaron conversando, cambiando el tema.
Tom se quedó en una ventana viendo pasar los carros y mirando la ropa interior de Fer.
-Quizá ya es hora de dejarla ir…-se dijo a sí mismo.
--------
Un golpe me asustó y me hizo despertar. Oprimí los ojos y me estiré un poco.
Los fui abriendo, estaba algo desubicada. Esa ventana…la mesa de noche, no eran de mi casa.
Miré la cama, toda desordenada, mí vestido en el suelo, mi brassier también y mi ropa interior a lado de la cama.
Me miré bajo las sábanas y me escandalicé.
-Esta no es mi casa y estoy desnuda. ¿Con quién lo hice? ¿Engañé a Andi? No, no, no…
Intenté recordar, me senté en la cama y toqué mi cabeza. Sentí mi cabello enmarañado y despeinado. Sostenía la sábana alrededor de mi pecho. Un dolor de cabeza me atacó repentinamente y tenía sed.
-¿Qué hora es?
Busqué mi celular en el suelo, las mesas de noche y vi debajo de la cama. Ahí estaba.
-¿11:30 de la mañana? ¿Qué día es hoy, domingo? No creo… ¿Dónde diablos estoy?
Recordando un poco…
-¡Oh, por Dios! ¡¡Hoy es martes y debería estar trabajando, mi jefe me va a matar!!-reaccioné
Llevé las manos a mi cabeza, ya era muy tarde para llegar.
Pensaba en alguna buena excusa. ¿Qué le diría a mi jefe? Yo jamás faltaba sin avisar.
-¡Pero qué irresponsable soy!-me regañé.
Me moví un poco, estaba dispuesta a pararme, sólo me cubría con las sábanas.
Escuché una puerta abrirse y luego cerrarse.
Al fin vería a la persona con quien me acosté y no lo recordaba. Sentí sus pasos acercarse a la habitación y cerré los ojos.
-¡Estás despierta!-me dijo muy animado. Esa voz la conocía. Lo miré.
-¿Andi? ¿Qué haces acá? ¿Dónde estoy? Y… ¿Con quién estuve, sabes?
Hizo una de sus clásicas sonrisas torcidas.
-Debes tener sed, traje agua embotellada y… encontré tus zapatos afuera, los traje. –no contestó ni una de mis preguntas como era de costumbre. Salió de la habitación de nuevo.
-¡Hey, responde! Pude haberte sido infiel y ahora estás adornado.
Sentí que se detuvo y lo vi de nuevo en el umbral de la puerta. Se apoyó y cruzó de brazos.
-No me fuiste infiel, porque yo estuve aquí anoche contigo. ¿No lo recuerdas?
-No…
Hice memoria y escenas aparecieron en mi mente… ¡Qué escenas!
-¡Ya lo recordé! Vaya si no parecía yo.
-Qué habrás recordado.-replicó usando un tono extraño.
Se aproximó y se sentó en el lado opuesto. Pronto sentí un cálido beso en mi hombro desnudo. Quitó los cabellos de mi cuello y empezó a besarme lentamente. Qué bien se sentía…tan…
-¡No, para! Mucho por ahora.-me reí poniéndome de pie.
Él también se paró y se dirigió a mí.
-La pasé genial. Es como si no hubieras sido tú anoche.-acomodó los cabellos rebeldes tras mis orejas. Yo sentía mis mejillas arder. De verdad que recordando…no parecía yo anoche si no… una chica descontrolada y ansiosa. Una de esas que están en sus tubos, mordiéndose los labios y tocándose, todas…
¡Mejor ni lo pienso!
-Sí, yo también. Te amo.
Me abrazó y yo también. Acomodó la sábana en mi espalda y dio otro beso en mi hombro.
-Debiste despertarme, tenía trabajo hoy. ¿Sabías?-le recriminé en son de broma.
-Te veías tan tranquila. No quise despertarte porque supuse estarías cansada.
Me sonrojé de nuevo. Me dolía todo, como si hubiera ido a un gimnasio por semanas.
-Tengo sed.-le cambié de tema.
Fui por la botella en la mesa y me vi al espejo.
-¡Ah, pero que horrible me veo! Mi cabello, mi maquillaje…
Me toqué la cara, tenía los párpados negros, la máscara se había corrido y mis labios estaban sin color.
-Te ves hermosa.-dijo él apareciendo por detrás del espejo.
Lo miré por el espejo, seguro se burlaba de mí.
-¡Eres un mentiroso!-me reí. Él sonrió también y salió de la habitación.-¡Eres hermosa!-gritó.
Me cambié de nuevo e intenté arreglar mi cabello un poco.
Nos sentamos en una mesa que había ahí y comí un poco de lo que trajo.
No dejaba de mirarme.
-¿Qué?-hablé sorbiendo otra cucharada de yogurt.
-Nada.-sonrió mirando el suyo de nuevo. Y luego subió la vista a mis ojos.
-¡Ya deja de mirarme!-le reclamé bajando la mirada yo,
-Es que… ¡Vai, no eras tú! A la próxima te daré mucho vino de nuevo, se tiene que repetir.
-¿Acaso antes lo hacía tan mal?-me sentí avergonzada.
-No, es sólo que… es como si hubieras tenido deseos reprimidos y ayer lo dejaste ir todos…
-¡Ya cállate!-me reí.-No habrá próxima.
-Es como si hubiéramos salido de la rutina, lo cual fue espectacular y puedo asegurarte que revivió la llama que se apagaba.
-¡Wow, tan aburrido te tenía!-pregunté o bien afirmé, no sé.
-No…no es aburrimiento. Todo se apagaba y ayer me sentí como si recién nos hubiéramos visto por primera vez y que hubo mucha química. Me sentí como un chiquillo.
-Ya para, yo también me sentí… bien, feliz…muy deseada.
Comí un trozo de manzana después y me llené la boca con lo que se para no tener que responder luego ni poder hablar. Andi movía su café.
-No hay nadie en este mundo que te desee como yo.
-Yo espero que Shania no haya puesto los ojos en mi esposo porque eres mío.
La metí de nuevo, es que esa mujer…
Me la presentó una vez, al principio me pareció muy bonita y sexy, robaba miradas por donde sea que pasara. Podía decir que le tenía envidia. Envidia sana.
Luego, mientras cenábamos con su jefe y ella; me percaté de los ojos con los que miraba a mi esposo.
-No la metas a ella.-dejó de mover su café y tomó su rostro entre sus manos.-mi amor, ella no quiere nada conmigo, sabe que estoy casado.
-No quiero discutir, pero si te diré algo. Una mujer conoce muy bien las formas de insinuación y flirteo que un hombre no captaría. Soy mujer y yo he usado esas formas, ¿Ok? Sé lo que ella pretende, tú no te has dado cuenta aún pero yo sí. Esa noche que cenamos con ella y tu jefe, sus hormonas no podían contenerse. Te comía con los ojos. Estoy segura que si no hubiera estado yo, te hubiera insinuado algo como: ¿No quieres venir a mi casa?
-Exageras.-sorbió un poco de su café, sin tomarle importancia al asunto.
-Acuérdate de mí cuando te bese y te diga. “Perdón, no quise, me siento tan mal”-imité su voz, muy aguda.
-No voy a besarla.-se rió.
-Eres hombre, Andi. Y ella es bonita. No eres de piedra, derrepente caes bajo su embrujo y me dejas porque ya estoy vieja y encima soy una aburrida en la cama y…
Se paró rápido y empezó a besarme para que me callara, luego me puso de pie y me abrazó con fuerza.
-Jamás voy a estar con alguien que no seas tú, te amo demasiado como para engañarte, será bonita pero no la amo, ni siquiera siento algo por ella como lo que siento por ti. Soy todo tuyo, Vai. Te deseo tanto…
Nos besamos de nuevo, pero todo se tornó apasionado e hicimos el amor de nuevo. Con mucha pasión e intenté ser como la de anoche. Mi otro yo desinhibido.
La mañana pasó desapercibida, al atardecer nos cambiamos de nuevo y esta vez si nos fuimos a casa.
-dejé la ventana abierta, el aire entraba con fuerza y me refrescaba. Mi vestido se subió un poco dejando ver mis piernas, sentí la mano de Andi recorrer mi muslo con ternura. Sonreí aún con los ojos cerrados.
-Si no fueras mi marido, te hubiera dado una bofetada por andar tocándome. Pero da igual porque todo lo tuyo es mío y lo mío es tuyo, ¿no?
-¡Exacto!
Ambos reímos y entrelacé una de mis manos con las suyas.
Mi celular empezó a sonar, entonces fue cuando me di cuenta que tenía como 8 llamadas perdidas, todas de Fer y una de mi jefe, me asusté.
-¿Aló?
-¡Dónde diablos te has metido! Tu jefe estuvo preocupado diciendo que tú nunca faltas sin avisar y me dijo que te ubicara.
-Lo siento… ayer te llamé porque…-recordé como me había puesto ayer, no dejaba de llorar y bien que mi esposo estuvo escuchándome todo el rato. Me daba pena decirlo ahora que ya no estábamos peleados.-me sentí un poco mal, pero tú estabas muy ocupada.
-Ah, sí lo recuerdo. Yo estaba…
-¡No me lo digas!-la corté de inmediato. No quería detalles de su noche de pasión, pero si le preguntaría algo.-Pero si te preguntaré algo. ¿Cómo haces para ir a trabajar después de una noche de pasión por no decir otra cosa? ¡Encima es día de semana!
-¿De qué hablas?-me contestó, como si no lo supiera.
-De lo de anoche, te llamé y estabas… ya sabes que haciendo. En la cama con Fran…
-¡Crees que soy una máquina de sexo o que!-replicó aludida, bueno en realidad si pensaba eso.
-Eh…
-¡Me estaba haciendo masajes! ¿Cómo crees que yo podría venir a trabajar después de hacer eso? Vai, no soy la mujer maravilla.
Me quedé en silencio, pero que malpensada era. Sentí mis mejillas arder. ¡Pero qué podía pensar de una chica como Fer! Ella se había vuelto como Tom.
-Bueno, eso creí. Ya que importa. ¿Has visto a mi jefe?-le cambié de tema de inmediato. No quería seguir hablando de eso.
-Sí, como te dije. Está buscándote desesperado.
-Ok, si lo ves, dile que…sufrí un pequeño accidente y…
-¡No le diré eso!-me interrumpió.-Pondrá todo Berlín de cabeza hasta hallarte y saber que te pasó, sabes cómo es de paranoico.
Mi jefe me adoraba tanto…quizá era porque hacía bien mi trabajo, ¿Qué otra cosa? Ambos estamos casados y él es unos 30 años mayor que yo, así que no.
-Bien, entonces no le digas nada. Inventaré una excusa mientras llego a mi casa y yo lo llamaré luego.
-¡Tú si estuviste haciendo otras cosas! ¿No?
-Fer, esto es serio.-se lo recordé. Ya empezaba con sus preguntas nada discretas.
-¡Cómo fue! ¡Cuéntame detalles sucios y exagera!
Ya podía imaginarla atrás de su escritorio con una sonrisa ansiosa y sus ojos brillando para que le cuente lo que pasó.
-¡No! Al llegar, cuando nos veamos, ¿Ya? Se me va la señal, te llamo luego, ¡Adiós!
-¡Pero Vai…!
Colgué el celular si no, no dejaría de hacer preguntas. Podía ver el horizonte con el sol por ponerse, era hermoso,…los colores fogosos y con las nubes cubriéndolos un poco, el viento soplando fuerte… espectacular.
Ya empezábamos a entrar a la ciudad. Después de cortar, Andi me preguntó sobre lo que dijo Fer, le conté lo de mi jefe obviando algunas cosas, luego de eso me contó cosas de sus amigos, trabajo, por lo menos no mencionó a Shania.
¡Oh, recordé su nombre!
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