miércoles, 9 de noviembre de 2011

9° CAPÍTULO



Estaba indeciso si llamarla o no, tenía su nombre en la pantalla de su celular, sólo tenía que apretar el botón verde.
-¿Has visto mi cartera, Andi?-escuchó la voz de Shania quien estaba parada atrás suyo.
-No, no la he visto.-decidió voltear mientras colgaba su teléfono  y la expresión de su rostro cambió del de preocupación a sorpresa. Estaba ella apoyada a la pared con una ropa interior diminuta que dejaba poco a la imaginación y tenía una bata de dormir. Lo miraba seductoramente con esos hermosos ojos pardos. Andi se dio media vuelta muy asustado.
-¿Qué pasa? ¿Nunca has visto a una mujer semi desnuda?-habló usando un tono muy dulce y meloso.
-Sí, claro que sí…-titubeó nervioso.- Es sólo que eres mi amiga y… no se suele verse a las amigas así y… ¿Podrías ponerte ropa?-la miraba por el reflejo de la ventana.
-¿O qué?-alegó ella aproximándose peligrosamente.
-Es que yo… soy casado.
-Sí, pero tú y ella ya no se llevan bien. Estás sólo, con una mujer… linda, eso creo, y… ella está lejos, jamás se enterará.-masajeó un poco su espalda mientras le propinaba caricias.
Lo hizo darse media vuelta y mirarla.
Llevó las manos a su camisa y empezó a desabotonarlo uno por uno. Andi la evadió y se movió de allí.
-¡Shania, podré estar pasando por malos momentos, pero la amo!-replicó muy serio.
-¿Sí?
De nuevo ella se acercó y lo empujó haciendo que cayera en el sofá,  se puso a horcajadas encima de él y empezó a pasearse por su cuello, Andi quería ser fuerte, pero la atracción que sentía por aquella pelirroja era fuerte. Recordó las palabras de su amigo, todos deseaban a Shania y nadie desaprovecharía una oportunidad así, sólo un idiota…
-No soy un idiota.- dijo entre suspiros.
-Lo sé, demuéstralo. –susurró a su oído mordiéndolo levemente. Se percató de que Andi miraba aún la pantalla de su celular y de nuevo el número de Vai. Se estiró para extirparle  el celular y lanzarlo detrás suyo.
-Pero…-dudó él.
-Sólo disfruta, Andi…                
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Poco a poco fue recobrando la vista, era una pared blanca lo que veía. Giró a un costado y traía una aguja conectada a su brazo, era suero. Caía gota por gota suministrándole algo de energía.
Miró al otro costado y había una ventana. Estaba aún claro lo cual demostraba que aún no era de noche, pero el cielo estaba cubierto de nubes negras que descargaban toda su ira sobre Berlín. La lluvia provocaba un sonido muy fuerte al chocar con las ventanas. No sólo eso, se escuchaba también como golpeaba el suelo y como los carros pasaban a velocidad.
Se sintió desorientado, ¿Él en un hospital? Intentaba recordar cómo llegó ahí, un accidente… ¿Dónde estoy?
Recordó que estaba con su novia en Los ángeles, entonces los hechos empezaron a llegar abruptamente a su cabeza. Enlazó todo. Viaje a Berlín, presentimiento negativo, Vai… pastillas… desfibriladores… su corazón no latía…
-¡Violet!
Se sentó bruscamente, sacó la aguja de su brazo y la lanzó, se puso de pie y cayó a los dos pasos, se mareó un poco pero eso no iba a impedirle saber de su hermana.
Salió, miraba a todas partes sin saber a dónde ir. Eran miles de pasillos y enfermeras moviéndose.
-¿Disculpe?-le habló una a lo lejos.
Al ver que se dirigía a él, empezó a correr haciendo que la enfermera y unos doctores empezaran  a perseguirlo, tenía que hallar a Vai, pero ¿Dónde estaba?
Siguió corriendo, de pronto se estrelló con uno de los doctores, cayó al suelo y lo sujetaron fuerte.
-¡POR FAVOR! Debo encontrar a mi hermana, ella tuvo un accidente, venía con ella en la ambulancia, necesito encontrarla, ¡Necesito encontrarla!-gritó alterado, lo llevaron a cuestas a su habitación.
-¡Necesito saber de ella, se llama Violet Kaulitz, es mi hermana, por favor, enfermera!-clamó a la mujer que lo revisaba intentando colocarle el suero de nuevo.
-¡Quédese quieto!-gruñó enfadada.
-¡Por favor, es mi hermana! Le aplicaron esas cosas para… para… revivirla y no reaccionaba…
Ella se detuvo, lo miró muy abatida.
-¿Desfibriladores? Sólo llegó un caso hoy con un infarto.
-¿Infarto?.... debe ser ella, ¿Dónde está?
La señorita se apiadó de él. Lo tomó por el brazo y lo condujo  a una habitación. Lo miró y abrió la puerta.
Él quedó en shock negando rotundamente, no podía ser ella. Había una persona cubierta con una sábana blanca.
-Falleció hace unas horas, van a trasladarla a la morgue en…
-¡Vai no está muerta!-gritó.
-¡Ya debemos irnos!-lo jaló la señorita. Bill se negó y la empujó haciendo que esta cayera al suelo, empezó a ponerse violento. Lloraba en silencio, la había tenido en sus brazos hace algunas horas y ella estaba allí, sin vida. Se echó encima y oprimió los ojos con fuerza, cerró los puños empezando a llenarse de odio, todo era culpa de Andreas, Bill siempre supo que él no la merecía, él no la entendería. Ella estaba así de fría por la culpa de Andreas, su mejor amigo.
Manos intentaron apartarlo, empezó a golpearlos a todos, llorando de impotencia, no podía ser cierto. ¿Cómo se lo diría a mamá o a Tom? Andreas… a penas lo viera le propinaría un par de puñetazos, quizá más…

Su pequeña… ya no estaba.

Se sentía desolado, vacío, su corazón acababa de irse… y no lo volvería a tener… no quería alejarse de ella, quería verla una vez más, pero cada vez eran más los que intentaban detenerlo. Entonces decidió jalar la sábana y aunque sea verla de lejos por última vez… aunque… ¿Última vez?
No, no podría sobre vivir sin ella, entonces, la vería pronto, muy pronto, prefería la muerte antes que la vida. Si Vai no estaba, ya nada tenía sentido.
Jaló la sábana y la vio y entonces dejó de moverse… la expresión de Bill desapareció de su rostro. Los enfermeros lo jalaron y él ya no opuso resistencia. Ya no.

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El celular de Tom sonó, contestó y halló a su madre desde el otro lado de la línea llorando, había llamado a la novia de Bill y ella le dijo que se había ido a Berlín en la mañana, Vai ni Bill contestaban el celular y ella acababa de despertar de un mal sueño que tuvo. Tom de inmediato, salió del hotel en el que estaba en busca de Vai. Si Bill no estaba en Los Ángeles, estaba en Berlín y su única razón… su pequeña hermana.  Apenas llegó, había un gran tumulto de gente. Sus guardaespaldas lo cubrieron y gracias a una vecina, supo que Bill y Vai estaban en un hospital. Se le erizó la piel al recordar lo mal que la había pasado cuando Vai intentó suicidarse, subió a su auto de lunas polarizadas junto a sus amigos y se fue al hospital.
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El celular de Andreas sonó, él quiso contestar, miraba el celular mientras respiraba agitadamente.
-No contestes. De seguro es tu esposa queriendo saber que haces.-lo disuadió Shania besando su cuello.
-¡Mejor aún!
Intentó contestar, pero ella lo impidió frustrando su intento con la mano. Miró a Andi a los ojos e hizo que soltara el celular poco a poco hasta que este cayó al suelo, la batería se salió y se apagó.
-No es nada importante, confía en mí. La estamos pasando bien, ¿O no?
-Pero…
-¡Shh!-lo calló para besarlo de nuevo. Andi sentía que debía contestar, pero la estaba pasando muy bien. Shania siguió besándolo mientras lo abrazaba.
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Tom carraspeó, si ni Andreas contestaba el celular, entonces si había pasado algo malo. Llegó, se bajó junto a los guardaespaldas de nuevo y preguntó por Bill Kaulitz a la recepcionista. Fue hasta la habitación lo más rápido que pudo y vio a Bill totalmente despeinado y  con el rostro lleno de lágrimas negras. Se veía confundido mientras varias personas lo llevaban por cada brazo.
-¡Bill!- gritó.
Bill al verlo, no mostró sentimiento alguno.
-¡Es mi hermano, suéltenlo!- habló pausadamente, dudaron en soltarlo pero lo hicieron, Bill abrazó a Tom fuertemente y empezó a llorar una vez más.
-¿Y Violet?-preguntó en voz baja, pero la enfermera logró oírlo y respondió por Bill.
-Ella falleció de un infarto hace unas horas… -afirmó la señorita de cabellos dorados suavemente.
-¿Qué?-pronunció Tom con delicadeza. Nadie contestaba los celulares, Bill no decía palabra alguna, sólo lloraba y negaba con la cabeza, diciendo ‘no’ con los labios… entonces era cierto.
-Tom, espera…-lo llamó Bill débilmente. Pero él ya se había ido a buscar a su hermana.
La misma enfermera fue tras Tom esta vez, lo condujo a la habitación.
Tom entró, no quería llorar, no sentía ganas de llorar, estaba neutro.
-Lo dejaré sólo…-cerró la puerta y se fue.
Se aproximó a la camilla y poco a poco fue destapándola, vio sus cabellos castaños, se veían algo… raros. Continuó así, oprimió los ojos temiendo lo que vería y la destapó totalmente. Sabía que al abrirlos podría encontrarse con la escena más desagradable de toda su vida. Tenía que hacerlo. Los abrió entonces y grande fue su sorpresa. Sonrió pero luego la sonrisa se fue de su rostro. Tampoco estaba bien reírse de esa mujer que no era su hermana, eso significaba que estaba viva.
Porque estaba viva, ¿Cierto?
Salió de nuevo a la recepción, corriendo tan rápido como podía.
-¡Violet Kaulitz, por favor!- dijo entre jadeos.
-La habitación 5, justo en el 2 piso.
Tom fue, era cerca. Buscaba puerta por puerta, la seis, pasó por la cuatro, la dos… frunció el ceño, se paró y dio media vuelta, había otro pasillo y divisó el número cinco. Abrió la puerta con lentitud.
Se escuchaba la máquina que detonaba pequeños sonidos, muy constantes. Se acercó y la vio, era su hermana. Sonrió calmado y muy tranquilo. Tomó su mano.
-¡Me asustaste, tonta!- murmuró.
Sacó su celular y llamó a su madre, tenía que darle la noticia de todas formas.
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Bill se echó en la camilla, dejó a la enfermera hacer su trabajo, colocarle el suero. Él miraba el techo, traía formas interesantes. Sintió el pinchazo y sólo cerró los ojos. Los volvió a abrir, de todas formas no podía pararse y correr, ahora estaba sujeto por tipos de seguridad y con algunos cinturones que evitaban que se moviera.
-¿Cuándo puedo irme?-le preguntó a la enfermera.
-Cuando se estabilice físicamente y emocionalmente, en especial.
Vio que ella levantaba una inyección, chequeando que la aguja no estuviera obstruida.
-¿Qué es eso?- volvió a preguntar con una voz muy débil mientras ella aplicaba la última gota de la inyección en el suero, empezaba a sentir como el líquido ingresaba por sus venas y se distribuía por todo su cuerpo.
-Es un tranquilizante, lo hará descansar. Buena noches, señor Kaulitz.
Bill no quería, pero sus párpados pesaban, ya el cuerpo no le obedecía, cerró los ojos y sus pensamientos lo abandonaron.

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Sentí una voz ronca y masculina, dirigí mi rostro a esa voz y abrí los ojos un poco, no veía bien, pero quién no reconocería esas trenzas.
-¿Tom?- balbuceé.
-Descansa, Vai. No sé qué diablos hiciste esta vez, pero según una vecina, Bill se había vuelto loco al verte desmayada. Él te trajo hasta aquí. Lo vi hace un rato y estaba demacrado, al parecer lloró, estaba despeinado, y  se comportó como un idiota según una enfermera. Golpeó a todos por ver a la chica de la habitación.
-¿A mí?- aclaré curvando los labios en una sonrisa.
-Eso creía, la chica de esa habitación estaba muerta y pensó que eras tú. Tuvieron que llamar a 5 guardias para estabilizarlo, empezó a golpear a todos y no quería soltar ese cuerpo pensando que era su hermanita. Luego lo sacaron de ahí y justo lo encontré en el pasillo. Mientras que la enfermera  me contaba todo, me llevó al cuarto y cuando fui a ver a esa Vai, no eras tú. Era otra chica… muy guapa pero fría. Así que me tranquilicé, pensé que habías…. Tú sabes…
No pudo concluir la frase, yo oía atentamente. Siempre Bill me salvaba, él siempre llegaba en el momento preciso. Es como si él y yo estuviéramos… conectados. Lo había hecho sufrir por segunda vez…
-¿Y qué me pasó?- indagué mientras una enfermera se adentró a mi habitación.
-Oh, perdón. Creí que estabas sola. ¿Tú no eres…?
-Sí, el hermano del chico de arriba. Ella es la enfermera, Vai. La que me contó de Bill y su desequilibrio mental.
-¿Ella es… la hermana? ¿No es la de arriba?-replicó ella sin darme mucha importancia.
-Sí, ella es mi hermana. Bill se volvió paranoico al creer que estaba muerta. Será mejor que le vaya a avisar.
-¡No es necesario!- lo interrumpió antes de que saliera de la habitación.-Está durmiendo, le apliqué un sedante por si… intentaba hacer algo en la noche. Estaba fuera de sí… así que tú eres la hermana.
Miró en su registro, negó lentamente.
-Llegaste con un paro cardiaco al hospital y tu hermano desmayado. Logramos estabilizarte a tiempo. Según el doctor-dio la vuelta a su hoja.-Traías una sobredosis, pudiste haber muerto. ¿Cuántos frascos de pastillas tomaste?
-Eh…
-Se honesta.-agregó.
-En la semana me tomé como 4, necesitaba dormir y no lo conseguía por lo que aumentaba la cantidad diariamente.
-Continúa.-me ordenó.
Tom oprimió los labios, se veía molesto.
-Yo… tuve unos problemas… con mi esposo y no podía conciliar el sueño. Tomaba esas pastillas con un poco de amm…-me daba tanta vergüenza tener que admitir que ¡las tomaba con alcohol!
-¿Agua? ¿Alguna soda, café o… alcohol?- su mirada era penetrante…  oprimí los ojos.
-Ron en realidad… creo que soy alcohólica-admití sintiendo como mis mejillas ardían…- Hoy en la mañana, iba a mudarme y vi el  cuarto frasco con algunas pastillas, no me pareció dejarlo con tan pocas así que las tomé todas. ¡Eran sólo 2!
-Continúa-volvió a repetir.
-Ya estaba sintiéndome un poco rara esos últimos días, tenía calor en las noches, constantes dolores de cabeza… pero esas pastillas de la mañana fueron la gota que derramó el vaso y de pronto sentí dolor de pecho, mareos, dolor de cabeza, no podía respirar bien y… me caí.
-Y qué bueno que ese chico la encontró, si no ahora usted estaría probablemente en mejor vida.
-Lo siento, soy una irresponsable. Nunca medí las consecuencias. –admití  jugando con las manos.
-Bien, la revisaré.

No dijo más, me examinó a mí, a las máquinas, revisó el suero y se fue.
Todo quedó en silencio de nuevo, sólo estaba Tom mirándome.
-¿Qué?
-Vai…
-¡Sí, ya sé! Lo siento, no debí hacer eso.
-Ya estás un poco grande para andar jugando así.  Que intentaras aventarte a la autopista cuando un camión venía y el hecho de cortarte las venas… ok. Eras una adolescente… pero ya tienes  26 años. No eres una…
-¿Niña?-lo interrumpí.- Tom… sé muy bien lo que quieres decir…
-Bueno, fuera de eso… ¿Dónde está Andreas?-preguntó apoyado en la pared metiendo las manos a los bolsillos.
Ladeé el rostro a la ventana y suspiré. Llovía muy fuerte. No quería hablar del tema…
-Está de viaje en Italia con Shania, de seguro ahora mismo ellos dos están teniendo sexo. ¡Genial! ¿No?
Mi hermano no respondió.
-No creo, Andi podrá ser lo que quieras menos infiel.
-Es un idiota, Tom. Ya nuestra relación no puede seguir… o voy a terminar suicidándome uno de estos días.-cavilé la idea y me imaginé saltando de un puente.
-¿Por él tomaste esas pastillas?
-Sólo quería olvidarlo todo.  Yo lo amo, Tom. Pero no sé si él me ama de la misma forma.
-Si te ama, sólo que es algo testarudo. Siempre soñó con tener un hijo desde que éramos  niños de 9 años.
-Yo… no los quiero, aún no. Él no lo entiende.
Derramé una lágrima. Intenté esconderla, pero él la notó y cambió de tema de inmediato.
-Fer te habrá contado que me mandó a la mierda, ¿No?
-Sí, Tom, ella te ama, y sólo tienes una opción para recuperarla, claro, si es que quieres. Pero debes estar listo para ello, y no debes tomarte mucho tiempo o la perderás igual.-afirmé haciendo todo un enredo.
-¿De qué hablas?-enarcó una ceja cruzando los brazos muy interesado.
-Si le dices que… te quieres casar con ella, Fer dejaría todo por ti. Todo, Tom. Hasta a Fran.
-¡Ja! Aún no sé si quiero casarme.
-Eres un perro.-admití sonriendo.
-Sí, lo sé.-coincidió conmigo lo cual fue raro. Normalmente cuando lo insultaba, me devolvía el insulto o bien se auto halagaba. Egocéntrico.
-Pero el hijo no es mío, Vai. Hará la prueba cuando nazca y…
-Tom, Fer me dijo que no te lo dijera, pero debo hacerlo. Es tuyo, lo juro. Tienes miedo de perder tu libertad, pero ganarás más que eso y mucha felicidad. Créeme.
-Pero Fer insiste que…
-¡Fernanda está más desequilibrada que yo mentalmente! ¿Ok? Es tuyo.
-¿Mío?... lo sabía. -Empezó a jugar con un anillo que traía en la mano.
-¿Y eso?- curioseé.
-Pensaba decirle que se casara conmigo pero… las fregué porque me arrepentí. Soy un idiota, Vai. Un completo inmaduro e imbécil.
-Espero le propongas matrimonio, Tom. Vas a ser papá.-dije con un tonito algo ridículo. Él sonrió.
-Voy a ser papá.-murmuró luego y volvió a sonreír.
Ambos de pronto dejamos de conversar, él se fue a su mundo con Fer y yo me adentré al mío. ¿De verdad Bill había golpeado a todos por verme?  Sonreí. Recordé las noticias de verlo irse con la poodle, él vino y me encontró en el suelo. Sólo recordaba ver sus zapatos antes de quedar inconsciente. Necesitaba verlo, los años habían transcurrido y yo había enterrado en una fosa mi amor por él, pero al parecer, no fue suficiente, porque después de enterrar mi amor, este creció, salió al exterior, floreció y ahora estaba dando frutos. Nunca murió del todo, sólo lo enterré y en tierra fértil por error…

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Tom entró a la habitación de su hermano, lo vio con los ojos cerrados.
-Estás durmiendo, regresaré luego.-murmuró y se dio media vuelta.
-No, Tom. Pasa.- le dijo Bill repentinamente. Entonces, él se giró y lo vio aún con los ojos cerrados, frunció el seño.
-Sólo pensaba con los ojos cerrados, es más sencillo. Así no me distraigo.
-Ah, claro… ¡Por cierto, casi lo olvido! Vai está…
-Viva.-lo interrumpió.-Lo sé, la destapé y  no puedo creer que abracé a una muerta que no era mi hermana.
-Estás con sentido del humor, hermanito.
-Sí, pero Andreas me lo quitará. Llámalo de nuevo.-ordenó.
Tom marcó el celular de su amigo, pero de nuevo este sonaba apagado.
-Nada.-puntualizó desilusionado, jamás pensó que su mejor amigo, el esposo de su hermana menor, su cuñado, no estaría en un momento tan terrible como este. Al parecer no le interesaba.
Bill negó con la cabeza y cambió de tema.
-¿Y cómo está Vai?
-Ah, vengo de verla… ella está bien, ya está despierta y conversamos un poco sobre Fer.
-¿En qué habitación está?-inquirió Bill.
-La cinco del segundo piso. Resulta que el hijo si es mío, Bill. Así que seré papá. Apenas salgamos de aquí, iré a verla…
-¿Papá? Y yo tío. Eres un idiota.-se burló de él el pelinegro.
-Gracias. Hoy todos me insultan.-contestó mordaz el de trenzas.-Lo mismo me dijo Vai. Bueno, ella me dijo perro. Da igual. Es mi hijo y aún así Fer no quiera verme… voy a correr con todos los gastos del niño. El novio de Fer supongo piensa que es suyo… que pena por él.
-Quisiera ir a verla…
-¿A Fer?-se sorprendió Tom.
-¡No, a Violet! Quiero verla… ¿Podré salir de aquí?
-¡De ninguna manera, señor Kaulitz!-ingresó una enfermera a  la habitación. Traía otra inyección en la mano.- ¿Cómo te sientes?
-Bien, estoy bien. ¿Me puedo ir ahora?
-Lo dudo. Primero le pondré otro sedante y…
-¡Ya no, por favor! Sólo me puse así porque… no imaginaba la muerte de mi hermana… ella es importante para mí…
-¡Hasta más que yo, su gemelo!-lo cortó Tom. La enfermera rió mientras chequeaba signos vitales.
-Y ya estoy bien. Reconozco haberme portado mal y le pido perdón por… bueno… empujarla…
-Sí, aún lo recuerdo. Podrás salir mañana, al parecer, todo marcha bien. Pero claro, antes tendrás una visita por el psicólogo y listo.
-El sedante no lo quiero. Estoy muy cansado como para escaparme de nuevo.
La señorita dudó, pero accedió ante la insistencia de Bill. Se dispuso a salir de la habitación no sin antes decirle a Tom que el horario de visitas había culminado. Los gemelos se despidieron, justo su madre ingresó como una loca a la habitación. Era de imaginarse, lo besó lo abrazó y le dijo que había estado con Vai, por eso tardó. Georg y Gustav entraron también, compartieron una pequeña conversación y la enfermera ingresó a botarlos a todos.  Ya eran casi 10 de la noche. Las luces se apagaron, sólo había resolana de alguna habitación de ese piso, pero era muy baja.  Ya no podía aguantar más, Bill se puso de pie muy despacio y caminó de puntillas a la puerta, observó bien primero y luego abrió la puerta lentamente. Con la bombilla de su celular, se guió. Segundo piso. Tenía que llegar ahí.
Bajó un piso y finalmente, halló la puerta sin mucho esfuerzo.
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-¿Vai?-escuché una voz parecida a la de mi madre…
-¿Mamá?
Ella ingresó y me abrazó con fuerza, empezó a llorar. Me lamenté por todo, recordé la vez que quise suicidarme… odiaba verla llorar y por mi culpa.
-¿Acaso estás loca, hija? ¿Desde cuándo tomas pastillas para dormir?-me gritó.
-¿Cómo lo sabes?-pregunté confundida, la enfermera seguro le dijo.
-¡Responde!
-Mamá, ya estoy grande como para que me regañes. No podía dormir y… tenía que tomarlas.
-¡Intentaste de nuevo hacerte daño! ¿No piensas en tu familia o esposo? ¡Si Bill no iba, estarías muerta!
Cerré los ojos, no aguantaba oírla.
-Si vas a gritarme, por favor, retírate. Mamá, necesito descansar, en serio.
-¡Es que me preocupaste!-tomó mi mano entre las suyas y la apretó fuertemente.- ¡No lo vuelvas a hacer, hija, sabes que te quiero!
-Ok.-dije desganada.
-Alcohólica y con tendencias suicidas…-agregó Simone en un murmuro.
-¡Mamá te oí! Lo siento mucho. Ya sé que no soy una niña y que parezco una inmadura. Ya me lo han dicho. Perdóname, no volverá a pasar.-Simone sólo sonrió y dejó un beso en el dorso de mi mano.
-¿Y dónde está Andreas?-cuestionó buscándolo con la mirada por todo el reciento. La tensión había llegado a mi habitación… Andreas…
-Se fue de viaje a Italia con una ‘amiga’. A él no le importo mamá, por eso no está aquí.-respondí con cólera.
Mi madre se quedó callada. Unió los hechos supongo, pastillas para dormir, Andreas de viaje, las peleas constantes…
-Bueno, ¿Sabes dónde está Bill? Quiero verlo también.
-Pregúntale a la enfermera.-contesté.
-Bueno, te amo mi vida.- dejó un beso en mi frente.-Vamos, Gordon.- y salió.
-Descansa, princesa. Tu madre sólo se preocupa por ti.-agregó Gordon antes de irse.
-Lo siento mucho.
Me sonrió y se fue. Vi a Georg entrar junto a Gustav.
-¡Georg! –murmuré emocionada.
-¡Enana! –Me dijo.-Me alegra que estés bien. En serio. Pero, no hagas estas cosas de nuevo. Bill se pone loco como un caballo y nosotros somos los que sufrimos sus arranques de cólera.
-Ok…
- Vai es cierto. Al menos piensa en nosotros antes de hacer lo que haces.- intervino Gustav.
-¡OK! –sonreí alzando la voz.-Gracias por venir a verme, al menos. Vayan a ver a Bill. Yo ya estoy bien.
-¿Todo bien?-inquirió Gustav.
-Todo bien, comandante Gustav.-bromeé.
-Cuídate.- Geo dejó un beso en mi mejilla y salió. Gustav, besó mi frente y sonrió, le correspondí. Al fin sola de nuevo.
-¡No olvides pensar en nosotros!-apareció la cabeza de Georg.
-¡Ya vete!- le respondí con una sonrisa.

Suspiré largamente y me quedé pensando. Las luces empezaron a apagarse, no sé cuánto tiempo habría pasado, pero deduje que era tiempo de dormir. Cerré mis ojos esperando a que el sueño llegara, pero algo me hizo abrirlos. Miré por debajo de la puerta y vi una sombra. Me asusté un poco. Eso de que en los hospitales penaban me aturdía. La perilla de la puerta se movía a la derecha con lentitud. Cerré los ojos con miedo, a lo mejor era la enfermera… sentí que se abrió, pero no sentí pasos acercarse a mí, lo cual me asustó más. ¿Qué tal si era algún fantasma o espíritu o algo así?
De pronto la tibiez de una mano cogió la mía, haciéndome dar un respingo.
-Lo siento, Vai. Mi Pequeña… sólo quería verte y asegurarme de que estés bien y… viva.-murmuró soltándome de inmediato. Esa voz se me hizo muy conocida, era suave, melodiosa… hermosa.
Abrí los ojos. Podía ver la sombra alta de un chico delgado. Era mi hermano, como no reconocerlo. Se estaba dando media vuelta para salir, no quería que se fuera.
-¡Estoy despierta! –hablé en voz baja. Él se giró y se acercó a mí marcando una sonrisa en su rostro, lo pude ver a pesar de la oscuridad.
-¡Mi pequeña! Creí que dormías. ¿Cómo te sientes?
Yo estaba más concentrada mirando su mano, quería que tome la mía otra vez, pero no lo hacía.
-Eh… bien. Me siento mejor. Dolores de cabeza pero… son menos intensos cada vez. ¿Tú? Me enteré que golpeaste a algunas enfermeras, doctores y guardias.
Él rió inaudiblemente. Yo miré su mano de nuevo, él tenía una en el bolsillo y la otra algo inquieta.
-Sí, así es. Parecía un monstruo.
-Jamás podrías serlo. Eres muy lindo para ser un monstruo.- admití algo tímida.
-No creó que el hombre al que le dejé el ojo morado diga eso.
Ambos reímos.
Parecía que no tenía la mínima intención de tomar mi mano de nuevo. Así que le di una indirecta…
-Tu mano está muy tibia.-balbuceé.
-¿Tú crees? Hace algo de frío afuera. Estuvo lloviendo en la tarde.
Genial, no captó. No quería ser más directa, me daba… algo de cobardía.
-Ah, no sabía. Creo que la mía esta algo fría.-intenté de nuevo.
-Si me di cuenta.
-Ah…-me di por vencida.
-Sí…
-Tus manos siempre han sido lindas… más que las mías.- ¿Será que entendió ahora?
El silencio de nuevo en mi habitación, sólo escuchaba los carros pasar de vez en cuando, Bill bajó la cabeza.
-Si quieres que tome tu mano, sólo tienes que decirlo.-musitó derrepente. Me sorprendió. Al parecer si se había percatado de mis indirectas. Me sonrojé, si la luz estuviera encendida, podría haberme visto de todos los colores. Quería decir que sí, gritar. Pero no me salía nada. Encogí la mano en un puño y miré hacia otro lado. Pude sentir entonces que acarició el dorso de mi mano con las yemas de sus dedos por unos segundos hasta que su mano quedó quieta cubriendo todo mi puño por completo.  Entonces, por inercia, la giré y así nuestras palmas chocaron y juntamos nuestras manos. Se sentía bien.
-Mamá estuvo aquí y me regañó.-metí algún tema de conversación para ya no estar tan nerviosa.
-Si me dijo que vino a verte.
-Tom también, intenté convencerlo que le proponga matrimonio a Fer.-agregué.
-Seguro accedió, la ama mucho.-sonreí.
-Pues no, espero al menos lo piense. Una ayuda no me vendría mal.-insinué.
-Haré lo posible. Tom es terco.-carraspeó.
-Pero el amor… todo lo puede.
-A veces no.-suspiró largamente, sabía perfectamente a lo que se refería. A nosotros.
Inconscientemente quité mi mano muy rápido.
-Creo que mejor… deberías irte. Si te ven fuera de tu habitación…-puntualicé aclarando mi garganta.
-Sí, es cierto… Bueno, sólo quería saber que estabas bien. Ahora que lo sé… me iré. Nos vemos mañana… vendré a verte… ¡claro, si tú quieres!-agregó  veloz.
-¿Por qué no querría?
-No lo sé…
-Nos vemos mañana.-finalicé. Se fue de nuevo de puntillas, cerró la puerta muy despacio. Ahora estaba sola de nuevo y más…. Confundida no era la palabra… quizá más segura de mi misma de que todo había sido un error… Andreas fue mi error.
Bill al parecer seguía amándome, al igual que yo a él…

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-¿Tom?
-Sí, ¿Quién eres?-contestó el celular muy serio.
-Soy Andreas. Vai no contesta el celular ni Bill, menos mal tú sí. ¿Algo pasó?-inquirió despreocupado.
Tom guardó silencio por unos segundos.
-Andreas, Vai casi… casi se nos va. Tuvo un paro cardiaco y dejó de respirar por segundos. Bill la encontró desmayada en su departamento. Te he llamado con insistencia para que vengas, pero tu celular estaba apagado. Mi hermana casi se muere, Andreas. Es tu esposa, ¿Acaso lo olvidaste?
Al otro lado de la línea sólo se oía silencio.
-¿Vai casi muere? ¿Dónde está?
-En un hospital, como era de suponerse. Ya está mejor.
-Gracias por avisarme, ¿Cuándo saldrá?
-No lo sé.
-Bien, ya estaré yendo.
Colgó de inmediato y se sentó en el sofá. Tenía una reunión en 1 hora y su esposa estaba mal. ¿Esposa?... sí, seguía siendo su esposa.  Alguien lo tomó por los hombros con delicadeza, era Shania. Dejó un beso en su cuello, ella estaba sólo con pijama y una bata de seda roja encima.
-Ya vamos a cambiarnos. Preparé la tina con agua caliente y burbujas, ¿Me acompañas?-intentó seducirlo. Había dormido con ella esa noche y fue genial.
-Shania, Vai está en un hospital, casi se muere y yo aquí contigo engañándola. ¿Te parece poco?
-Mi amor, la diferencia es que…  yo si quiero darte un bebé y ella no…
-¡La diferencia aquí es que ella es la firme, mi esposa, y tú sólo eres la otra, mi amante! Esa es la diferencia.-alzó la voz poniéndose de pie y quitando bruscamente las manos de Shania de sus hombros.
-¿La otra?... suena horrible, pero lo sé…  y no me importa. Sé que te gusto, Andreas. Me deseas tanto como yo a ti.-empezó a aproximarse a un confundido Andreas, él sólo miraba al piso intentando hallar respuestas a sus preguntas.
-¡No me toques! –Exclamó- Tenemos que ir a la maldita reunión y de ahí saldré a Berlín.
-Haz lo que quieras, pero no te engañes. Ayer no me decías nada de esto. Tú ya no la quieres y lo sabes, ahora soy yo la que está en tu cabeza. Dime, ¿Qué harás cuando la veas y hables con ella? Regresar a Italia, aquí conmigo a nuestra suite, de nuevo la noche será llena de pasión y listo, es todo lo que harás. Admite que lo tuyo con tu mujercita, se acabó.  Él único favor que puedes hacerle es ser honesto con ella y contigo mismo y decirle la verdad. De todas formas, necesitas tiempo para pensar. Ve tú.
Ella se fue a su habitación, a bañarse sola. Andreas pensaba en lo que ella había dicho, odiaba que todo fuera cierto. Se alistó, iría yendo a la reunión y después a Berlín. Llamó por teléfono para comprar los pasajes. Ver a Vai sería difícil… muy difícil.
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-¡Buenos días!-exclamó un hombre ingresando a mi habitación. Abrió las cortinas de golpe haciendo que cerrara los ojos con fuerza.-Es hora de levantarse, señorita Kaulitz. Ya son 7 de la mañana.
-De la madrugada dirá.-balbuceé con sueño. ¡Estaba loco! ¿Levantarme 7 de la mañana?
¡Malditos hospitales!
-¡Es bueno que los pacientes cuenten con humor! Me gusta, Señorita. A ver, vamos  a chequearla.
Hizo todo lo respectivo de un chequeo, mientras me preguntaba cosas, le conté la historia de porque ingerí tantas pastillas.
-¿Podré salir pronto? Odio los hospitales.
-Pues…-dudó, miró su reloj, las máquinas que mostraban mis signos vitales y finalmente, prosiguió.-De aquí a un par de días.
-¡Pero me siento bien!
-Físicamente, aún está delicada. Mentalmente, está peor. Tiene de todas formas que visitar a un psicólogo de pareja… ¿Su esposo?
-No le intereso, ¿No le dije?-respondí con sarcasmo.
-¿Ve? La herida está ahí, puede volver a  ingerir esas pastillas, además, hay casos de mujeres que se suicidaron por problemas iguales al de usted. Terapia, eso le vendría bien. 2 veces por semana al psicólogo, la ayudará bastante. Mañana le haré el chequeo final porque… la veo bien. Pero vendrá a la siguiente semana para chequearla otra vez.
-Bien, sólo quiero irme.
Alguien abrió la puerta intempestivamente y agitado, era Bill pero esta vez ya peinado y cambiado. Al verme sonrió, lo vio al doctor y se disculpó por entrar así. No pude evitar sonreír al verlo.
-Perdón, es mi hermana.
-¿Tú eres el de arriba que golpeó a unos guardias?-le preguntó el doctor, Bill asintió tímidamente.
-Bien, ¿Ya viste a la psicóloga?-Mi hermano negó.
-Acompáñame. Señorita Kaulitz, descanse. Hasta luego.
El doctor salió, lo seguí con la mirada hasta ya no verlo, entonces él habló.
-Ya me dieron de alta.
-¿En serio? Yo tengo hasta dos días aquí. Y visitar a la psicóloga una vez por semana por… esto de mi problema con…
-No es necesario que lo digas, Vai.-me consoló un poco y de nuevo tomó mi mano, esta vez la suya estaba fría.
-¡Estás helado!-exclamé ante ese contacto, me soltó de inmediato.
-Lo siento… mejor voy con el doctor, ya vengo.-musitó muy tímido y salió de allí.
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Andreas entró a su departamento, estaba igual de siempre y tenía un par de maletas a lado del sofá. Supuso eran de Vai, ¿Se iba?
Era obvio que sí. Salió de allí sin tocar nada. Buscaría algún hotel para quedarse, no quería ir al hospital, no era buen momento para ir a ver a su esposa. Además si alguien fuera, podría encontrarlo como Bill o Tom y no tenía ganas de ver a nadie. Tomó un taxi y se fue.
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Después de que Bill se fuera, mi madre fue a verme llevándome un ramo de flores, esta vez Georg y Gustav me saludaron y se fueron con Tom, a tomar un café. Gordon conversó conmigo, y desde luego me daba consejos sobre mi problema, pronto una mujer llegó, era una chica de unos 30 años, alta y morena de cabellos castaños. Era la psicóloga. Botó a todos educadamente y me preguntaba cosas sobre amor y mi familia. Tenía miedo de que me dijera algo extraño como “Amas a tu hermano de una forma… extraña” o se diera cuenta de todo. Cuidaba cada palabra que salía de mi boca. Se demoró una hora y luego salió, en una semana tendríamos la segunda cita, miércoles para ser exactos. El día se pasó rápido, ya me sentía mejor. La psicóloga me había ayudado mucho. Llegó la noche. Creí que dormiría sola, pero de pronto Bill apareció con una manta y se sentó en el sofá de alado.
-¿Qué… qué haces acá?-le dije algo contrariada.
-Como ya  no estoy echado en una cama… decidí acompañarte. ¡Sólo si quieres!
-Bill, ¿Por qué no querría?
-No lo sé…
Vino una enfermera y me dijo que mañana me daría de alta. Fue la mejor noticia del día, aparte de saber que dormiríamos en la misma habitación Bill y yo. Me quitó finalmente la aguja del suero, esas cosas de la nariz y ahora podría… dormir más cómoda. Le permitieron quedarse conmigo, eso fue bueno. Era mi hermano…
Salió y nos deseó las buenas noches. Él se sentó, apoyaba los codos en las rodillas y miraba al suelo.  Creí que se había dejado atrás el tema de lo “nuestro” y lo de quedarse a dormir sólo si yo quería.
-Creí que quizá no querrías ni verme, Vai. Por todo lo que pasó… y mucho menos dejar que me quede a dormir en tu habitación esta noche. Todo lo que pasamos y… -se quedó callado, me giré a un costado de forma que le daba la espalda, me resultaba incómodo hablar de nuestro pasado.
Pero la curiosidad me ganaba.
-¿Y?-lo animé  continuar.
-Violet, se sincera. A veces yo veo cosas sonde no hay nada pero… Bien, ¿Quieres que me quede?
Era obvio que sí. Pero no podía decírselo porque… me sentía cohibida. Eso era.
-¿Por qué me preguntas eso?-inquirí frunciendo el seño.
-¿Por qué me respondes con otra pregunta? Sólo di sí o no. Me iré si no quieres que me quede, lo entiendo.-soltó con firmeza. Yo tragué saliva y mordí mi labio inferior. Era tan fácil responder pero complicado que saliera de mi boca. Sentí que se puso de pie, me giré y sí, me lamentaría si es que el cruzaba esa puerta, pero el sí no salía de mis labios. Abrió la puerta, se estaba yendo…
-¡No…!-se detuvo.
-¿No qué?-murmuró con frialdad en la voz, eso me entristeció.
-No te vayas, quédate, Bill. –musité con desesperación en la voz. De nuevo cerró  la puerta y yo me giré dándole la espalda otra vez, afligida. Escuché un leve chirriar del sofá, lo había jalado para estar más cerca de mí.
-No era tan difícil.
No dije nada, para mí si lo había sido.
-Violet, quiero que me digas que nos pasó.  Todo era… hermoso cuando tu y yo…
-¿Te parece que ahora debamos hablar de eso? Por si no lo sabes estoy atravesando una crisis emocional, Bill. Todo está gris en mi vida en este momento, no quiero hablar de ese pasado.-gruñí muy fastidiada y al borde del llanto.
-No sé porque me quedé… -murmuró levantándose otra vez.
-¡Maldita sea, no quiero que te vayas!-grité sentándome en la cama de golpe. Las lágrimas empezaron a rodar por mis mejillas.
-N… no llores, por favor, no por mi culpa.-se aproximó a mí sin saber qué hacer, si tocarme la mejilla, abrazarme tal vez…
-¡Cada vez que estás cerca de mío… me… me confundes, me vuelves vulnerable, frágil!... o quizá más estúpida…  ¡No sé qué me pasa! ¡Me frustras! ¿Entiendes?-hable rápido sin dejar de llorar,  escondí mi rostro entre mis manos, apoyé los codos en mis rodillas esperando a que dijera algo, pero nada salió de sus labios.
-Creo que deberías descansar.
Me quedé mirándolo sin comprender.
-¿¡Es todo lo que me vas a decir!?-murmuré molesta.
No respondió, cogió su casaca y salió muy rápido de mí habitación dejándome en la nada, preguntándome qué diablos pasaba por su cabeza… y por su corazón…

1 comentario:

  1. Wuaaa ya casi un mes y no la sigues!! perdon por desaparacer D: haha comentare lo prometo pero siguela!! ok!
    te mando buena bibra bye!

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